DECADENCIA COMO DISCIPLINA FILOSÓFICA Y LITERARIA


El tema de la decadencia del Imperio español se inició de forma cronológica a inicios del siglo XVII, durante el reinado de Felipe III, pero que alcanzó su auge en los años finales del de Felipe IV y primeros de Carlos II, situándolo a efectos prácticos en 1680. Si bien, desde el siglo XVIII se inició una lenta pero continua recuperación. Por tanto, este periodo más que decadencia fue realmente una crisis.

Desde 1680, España atravesaba una serie de crisis sucesivas, mediante las cuales intentaba verificar en su vida pública una transmutación de valores, por la que acompasarse a las valoraciones y a las pautas de comportamiento colectivo impuestas en el resto de Europa. A lo largo de la historia de España surgieron dos crisis fundamentales:

1. la primera crisis (1680-1724), caracterizada por una ruptura con la mentalidad imperial del Siglos de Oro.

2. la segunda crisis (1789-1814), supuso la ruptura con el Régimen absolutista y la entrada de la época contemporánea, con las singularidades del caso español.

La lentitud de la incorporación de una normalidad europea, aunque fuese algo específicamente español. Si esto sucedió así fue debido a los ideales y conductas establecidas, apegadas a unas construcciones político-culturales más grandiosas de la Humanidad. Es lógico que no se apartase la visión de aquella época y que con frecuencia se intentase regresar.

El estudio sobre el pensamiento y las ideas sobre la decadencia española como tema no fueron decadentes, sino que construyeron peculiares momentos de grandeza y esplendor en la evolución intelectual nacional. A la literatura de la decadencia pertenecen algunas de las obras imperecederas de los pensadores, escritores y artistas españoles.

El origen de este tema está en la decadencia misma, y la literatura sobre la decadencia no pudo surgir hasta que esta no se produjo. A partir de su aparición, la decadencia se convirtió en tema de estudio, de investigación o de simple elaboración literaria. Y así ocurrió con Francisco de Quevedo, uno de los espíritus más destacados de la época, que no podía permanecer impasible ante lo que contemplaba y había sufrido directamente. Además del gran dramaturgo, el tema de la decadencia se comenzó a plantera en el siglo XVI, a través de los arbitristas y de los críticos de la política.

Surgió así la "conciencia disidente", que ya había hecho sus primeras apariciones en el siglo XVI (Erasmismos, Protestantismo, actitud crítica frente a la conquista y colonización de América).

FILOSOFÍA Y LITERATURA DE LA DECADENCIA ESPAÑOLA

1. FRANCISCO DE QUEVEDO

Francisco de Quevedo fue el primer intelectual español que se hizo cargo del tema con entera conciencia y responsabilidad. Sus escritos al respecto se mueven entre la reacción política y la apología de la cultura. Los más significativos fueron la Carta a Luis XIII, el Lince de Italia, la España defendida y la Epístola satírico-censoria al conde-duque de Olivares, y tienen un carácter fundamentalmente polémico.

La Carta al cristianísimo Luis XIII, de 1635, arremetía contra Francia no sólo por querer hacer la guerra, sino por hacerla contra las normas del derecho de gentes. Fue una justificación de la política internacional de España, defensora de la paz entre las cristianas naciones de Europa.

En una línea muy parecida estaba el Lince de Italia u Zahorí, de 1628, carta dirigida a Felipe IV, donde Quevedo expuso el programa político a seguir en Italia y las causas que llevaron al fracaso española en aquel país.

Ambos escritos anteriores fueron una especie de introducción a su España defendida, opúsculo en el que Quevedo trató la decadencia real de España, intentando buscar sus causas y remedios. El carácter polémico del escrito vino dado por la necesidad de salir en defensa de España, frente a las invectivas reciente de Josepho Scaligero, de Marco Antonio Mureto y de Mercator.

Por lo demás, los frecuentes ataques y el menosprecio de los extranjeros sobre los asuntos españoles le llevó a reconocer la tradicional negligencia culpable, cuando escribió:
"Tenemos, pues dos cosas que llorar los españoles, la una, lo que de nuestras cosas no se ha escrito, y lo otro, que hasta ahora lo que se ha escrito ha sido tan malo que viven contentas con su olvido. Las cosas a que no se han atrevido nuestros cronistas, escarmentadas de que las profanan y no las celebran. Y así, por castigo, ha permitido Dios todas estas calamidades para que con nosotros acabe nuestra memoria."

Pero no se trataba sólo de negligencias para salir en defensa de España, sino que hubo españoles que incluso llegaron a darles la razón a los extranjeros, lo que le hizo exclamar:
"¡Oh desdichada España! Revuelto he mil veces en la memoria de tus antigüedades y anales, y no he hallado por qué causa seas digna de tan porfiada persecución. Sólo cuando veo que eres madre de tales hijos me parece que ellos, porque los criaste, y los extraños porque ven que los consientes, tiene razón en decir mal de ti."

A pesar de mantener la superioridad de España sobre los demás pueblos europeos, Quevedo reconoció claramente la decadencia de España respecto a su pasado, tratando de buscar las causas que llevaron a los españoles de su tiempo a aquella situación. Así escribió:
"Han empezado a contentarse los hombres de España con heredar de sus padres virtud, sin procurar tenerla para que la hereden sus hijos. Alcanzan a todas partes las fuerzas del dinero, o, por lo menos, se atreven, viene que el oro nació con tal imperio en la codicia de los hombres; pobres, conquistamos riquezas ajenas; ricos, las mismas riquezas nos conquistan. ¿A qué vicio no ha abierto la puerta con llave de oro la avaricia? ¡Muchos en este tiempo entierran la gula! ¡Que cosa más fea y contra naturaleza, guisar muerte para sí del sustento natural! Otros, del juego, que fue a moderados ánimos entretenimiento, hicieron oficio. Vióse alimentar la fortuna en ellos de ciudades y estados. Y así aún es perdición jugar lo que sobra, ¿qué sería jugar lo necesario? Grandezas hay que son dádivas del naipe y dado. Y así en España heredan hoy a los más desórdenes y sus vicios antes que sus hijos, mujeres ni hermanos."

Su desesperación por ver sin remedio la decadencia española le llevó a expresar su dolor en aquel famoso soneto en que todas las cosas le recordaban la muerte:
"Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
por quien caduca ya su valentía."

Sus quejas continuaron en la Epístola satírica y censoria al conde-duque de Olivares, donde criticó las costumbres de los castellanos de su época, caídas de la vieja sobriedad y valentía que les llevaron a su encumbramiento. Pero no dejaba nunca de aludir al extranjero, a cuyo pernicioso influjo se debe el estado de postración en nuestro país. El deletéreo impulso a la imitación de los libros ajenos, por un lado, y la envidia de nuestros enemigos, por otro, se conjugaron para infiltrar el virus maléfico. Así lo decía al final de uno de sus sonetos:
"Y es más fácil, ¡oh España!, en muchos modos
que lo que a todos le quitaste sola
de la carrera de la edad cansados
te puedan a ti sola quitar todos.

Quevedo identificaba el inmovilismo y la decadencia de España con la primacía de los hombres de letras frente a los de acción. Por eso dijo:
"Endeudóse una nación a doctos y escritores, el ganso pelado vale más que los mosquetes y las lanzas, y la tinta escrita más que la sangre vertida… y una mano cobarde por un cañón tajado se orbe desde el tintero las honras, las rentas, los títulos y las grandezas. Mucha gente baja se ha visto de negro en los tinteros, de muchos son los algodones solares; muchos título y estados descienden del burrajear."

FRANCISCO DE QUEVEDO

2. PEDRO FERNÁNDEZ DE NAVARRETE

Pedro Fernández de Navarrete fue escritor de Conservación de monarquías y discursos políticos, publicado en 1626, sobre la decadencia del Imperio español. Se trata de un opúsculo en el que analizaba las causas de la crisis desarrollada durante el primer cuatro del siglo XVII y planteaba posibles soluciones.

Entre las causas de la decadencia española, Fernández de Navarrete consideró: la despoblación como consecuencia de la expulsión de moriscos y judíos, la emigración hacia a América y las continuas levas de población masculina joven para servir en las guerras en Flandes; el menosprecio de la nobleza por el trabajo y la vanidad de los aristócratas; la existencia de numerosos vagabundos que permanecían solteros sin formar familias ni aporta hijos; la creación de vínculos entre nobles y campesinos y la excesiva existencia de mayorazgos; la proliferación de nuevas órdenes religiosas y conventos, conllevando más exenciones fiscales y disminución demográfica a causa del celibato; la escasa protección a la agricultura y artes, y lo poco considerada que estaba la industria; los excesivos impuestos que soportaba el estado llano.

Para Fernández de Navarrete, el error no sólo estaba en la rápida despoblación de la España peninsular, momento en el que Portugal formaba parte de la Monarquía hispánica, sino la imposibilidad de cubrir las atenciones del erario público.

Al final del libro expresaba que "la enfermedad es gravísima, pero no incurable", señalando la dificultad del tratamiento: "Enfermedades que se han contraído en muchos años no pueden repararse en un instante con remedios ordinarios", pues "las enfermedades graves y heridas penetrantes no pueden curarse sino con remedios ásperos y duraderos, siendo lo mismo en las de los reinos".

Entre estos remedios, Navarrete citó los siguientes:
"el celibato se va generalizando: ved, pues, de favorecer y fomentar el matrimonio: la industria es nula comparada con la de otros países: ved de llamar a nuestra nación artistas extranjeros;
el oro sale a raudales de nuestra puertos y fronteras: ved que se detenga, porque produzcamos lo que consumimos;
la agricultura está pereciendo: ved de librarla de los terribles censos que la oprimen;
la propiedad se estanca y languidece: ved que desaparezcan los juros, obstáculo el más funesto para su libre desarrollo."

PEDRO FERNÁNDEZ DE NAVARRETE

3. ANTONIO LÓPEZ DE VEGA

Antonio López de Vega fue precursor del espíritu de la Ilustración española en pleno Barroco y uno de los principales escritores del siglo XVII en abordar el tema de la decadencia del Imperio español como tema. Su pensamiento del Neoestoicismo quedó expresado en Paradoxas racionales escritas en forma de diálogos del género narrativo entre un cartesiano y un filósofo, escritas en 1650.

Analizó las causas de la guerra, y consideraba que son muy pocas las que se justifican con algún motivo serio. Según López de Vega la mayoría de los conflictos se deben a "puntillos de razón de Estado, venganças o conveniencias imaginarias de los príncipes." Y la conclusión es reafirmarse en su creencia de que el llamado valor militar es antes fiereza que valor.

Según el pensamiento de López de Vega, la solución a los excesos del pasado que han traído la lamentable situación de la España de su tiempo sólo puede estar en el ejercicio de la razón. Consciente de la decadencia a que ha llegado la sociedad española, López de Vega propuso soluciones por el lado contrario al de los extremos y desmesuras que habían conducido a tal situación. Por eso se pronunció siempre a favor del término medio, de esa aurea mediocritas de influencia erasmista. Al tratar si conviene al filósofo estoico ser pobre o rico, se manifiesta partidario del "cómodo sosiego", renegando al mismo tiempo de la suma riqueza y de la suma pobreza, ambas perturbadoras de la tranquilidad del ánimo.

ANTONIO LÓPEZ DE VEGA

Las aportaciones de Quevedo, Navarrete y López de Vega fueron muy esclarecedoras del movimiento intelectual surgido ya en el siglo XVII, y que se acentuó en la segunda mitad, hasta convertirse en uno de los tópicos de escritores y filósofos. Estos tres autores influyeron en los siguientes, y la literatura de la decadencia tuvo un desarrollo de forma interrumpida hasta el siglo XX.

Las conclusiones son las siguientes:

1. El tema de la decadencia lo es por su objeto, no por el sujeto, puesto que los pensadores y escritores que se ocuparon no sólo no eran decadentes, sino que constituyeron verdaderas cimas de la historia intelectual española.

2. El tema de la decadencia y de una literatura al respecto dividió la historia del pensamiento español en dos grandes edades: la del pensamiento de la grandeza, desde los comienzos del pensamiento en la lengua española hasta la extinción de su grandeza en Gracián y Quevedo; y la del pensamiento de la decadencia desde algunas de las manifestaciones literarias de la primera mitad del XVII hasta el XX.

3. El tema de la decadencia fue iniciado en el siglo XVII, y tuvo sus representantes más destacados en Francisco de Quevedo, en Fernández de Navarrete y en Antonio López de Vega.



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