LIBERALISMO ANTIFISIOCRÁTICO DE VALENTÍN DE FORONDA


Economista, escritor y político ilustrado y liberal, Valentín de Foronda ha sido considerado uno de los máximos representantes de la corriente crítica del pensamiento ilustrado. Sus obras tienen importancia por los principios económicos antimercantilistas y antifisiocráticos sobre los que teorizó.

Estableció los principios del Estado liberal en los derechos de propiedad, libertad y seguridad, y defendió los ideales liberales y constitucionalistas a fines del siglo XVIII y principios del XIX.

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LIBERALISMO ANTIFISIOCRÁTICO DE VALENTÍN DE FORONDA

Valentín Tadeo de Foronda y González de Echavarri era natural de Vitoria, donde nació en 1751, perteneciente a una familia noble y acaudalada. Su padre fue Luis Antonio de Foronda, caballero de la Orden de Santiago y tesorero general de la Santa Cruzada en La Paz; y su madre, Catalina de Echavarri, era hija de un secretario del Consejo del rey y regidor perpetuo de Vitoria. Su familia tenía intereses comerciales en la Compañía Guipuzcoana de Caracas.

Durante el reinado de Carlos III, participó en la creación del Banco de San Carlos con su amigo Francisco de Cabarrús, el principal promotor del proyecto. Cursó estudios de Economía Política en Francia, materia que más tarde impartió en el Seminario de Vergara, que él mismo impulsó, como miembro de la Real Sociedad Económica Bascongada de Amigos del País. Además impartió clases de economía política.

Desengañado del modo de obrar y pensar esta Sociedad Económica, dejó de ser miembro de la misma. Había definido a sus socios los caballeritos de Azcoitia de "fanáticos de la antigüedad", aunque mantuvo un estrecho contacto con sus socios frecuentando esta institución. También se preocupó de las duras ordenanzas de limpieza de sangre y xenofobia contra el forastero en las Provincias Vascongadas.


En 1777, fue elegido regidor de Vitoria, mandato durante el cual ayudó a fundar la Casa de la Misericordia de Vitoria.


SEMINARIO DE VERGARA

Viajó por Italia, Francia, Flandes, Gran Bretaña Alemania y entabló amistad con los profesores extranjeros del Seminario, con lo que accedió a bibliografía exterior difícil de hallar en España. Finalmente, se estableció en Burdeos, donde mantuvo contactos con algunos de los representantes del pensamiento ilustrado del momento.

Su afición al estudio le transformó en un polígrafo interesado por numerosos temas. Tradujo, entre otras obras, Instituciones políticas, del Barón de Bielefeld; Lógica, de Étienne Bonnet de Condillac; Belisario, de Jean François Marmontel, y la Enciclopedia metódica de Charles Panckoucke; escribió asimismo diversos estudios sobre Jean Jacques Rousseau.


Publicó habitualmente en la prensa periódica (Diario de Madrid, Diario de Zaragoza, Semanario de Salamanca, etc.). Publicó obras sobre química, lógica economía y política. Fue elegido miembro de las sociedades económicas de Zaragoza y de Valladolid, de Ciencias Naturales de Barcelona, de Ciencias y Artes de Burdeos y posteriormente de nada menos que la Sociedad Filosófica Americana de Filadelfia, fundada por Benjamín Franklin. 
Con anterioridad a 1789, el contenido político y económico de las propuestas de Foronda fue relativamente moderado, pero, después de esa fecha, evolucionó hacia el más puro Liberalismo.

Hasta 1789, fue reflejando en su obra las ideas de Montesquieu, Coyer y el Humanismo de Filangieri, Hume y Brissot de Warville. Desde ese año, empezó a publicar una serie de cartas en las que radicalizaba los principios económicos liberales, publicadas en el Espíritu de los Mejores Diarios. Estas cartas fueron reeditadas en Madrid (primer tomo, 1789; segundo, 1794; después reimpresos en 1799) y en Pamplona (1821), bajo el título Cartas sobre los asuntos más exquisitos de la economía política, clara defensa de los ideales políticos y económicos liberales y crítica del análisis económico fisiocrático de François Quesnay
. Se trataba de una gran crítica al intervencionismo estatal que reflejaban las preocupaciones de las clases burguesas españolas de un modo que era imposible encontrar en escritos anteriores. En ellas afirmó:
"Los derechos de propiedad, libertad y seguridad son los tres manantiales de la felicidad de los estados."
En dichas cartas citaba las obras de Davenant, John Locke, Adam Smith, Accarias de Serionne, Nicolás Donato, Forbonnais, Graslin, Herbert, Necker, Plumard de Dangeul, etc. En realidad, su pensamiento estaba formado en la escuela fisiocrática de Quesnay y en el Iusnaturalismo, a través de las relaciones que tuvo con Burdeos y con Guillaume Grivel, abogado y fisiócrata tardío afincado allí, pero se separó de dicha doctrina en puntos muy importantes. Rechazaba la descripción del orden social físico de esta escuela y se negaba a aceptar algunos de los principios analíticos de la misma (impuesto único sobre la tierra y el gran cultivo, por ejemplo) y las políticas derivadas de los mismos. Por otra parte, interpretaba el principio de seguridad según las ideas de Holbach y de Grivel. Por eso criticaba el despotismo y defendía los derechos políticos del ciudadano y la primacía de la soberanía popular sobre la real.

CARTAS SOBRE LA POLÍTICA

También publicó sus Cartas sobre la policía (1781). La variedad de su producción se aprecia en libros como Miscelánea o Colección de varios discursos, que es una compilación de los discursos pronunciados en la Sociedad Bascongada de Amigos del País, que incluye, entre otros textos, Disertación sobre lo honrosa que es la profesión del comercio (1778), Disertación sobre la nueva Compañía de Indias Orientales (1784) y Cartas sobre el Banco de San Carlos (1786-1787). Se ganó rápidamente enemigos por sus ideas. Fue multado y obligado a abandonar Vergara por practicar con su hijo Fausto la inoculación de la viruela, y fue denunciado a la Inquisición por leer libros prohibidos. Además el inquisidor Juan Francisco Torrano le acusó de connivencia con los franceses durante la Guerra de la Convención (1794-1795) y la ocupación de Guipúzcoa, acusado de ser un colaboracionista francés. Ante estas delaciones, se exilió unos años a París.

Consiguió el cargo de cónsul general en Filadelfia en 1801. En 1807, asumió además el puesto de encargado de asuntos económicos del reino de España en Estados Unidos por el regreso del embajador. En esta ciudad publicó unas interesantes Observaciones sobre algunos puntos de la obra de Don Quijote (1807), aunque fue publicada en Londres bajo firma de T. E. (sus segundos nombre y apellido, Tadeo Echavarri), temeroso de la crítica cervantófoba que se volcó en esta obra; las cartas habían empezado a redactarse en 1793 en Vergara y reprochaban a la obra no ser todo lo edificante ni decorosa que fue recomendable, así como ciertas flojedades e incorrecciones de estilo, en lo que el mismo autor reconocía no conocer suficientemente la lengua de la época; parte de esas acusaciones fueron después rebatidas por Diego Clemencín.


En otro panfleto anónimo defendió la necesidad de abandonar las colonias españolas: Carta sobre lo que debe hacer un príncipe que tenga colonias a gran distancia, en Filadelfia (1803). También publicó allí Cartas presentadas a la Sociedad Filosófica de Philadelphia, (1807).
INSTITUTO DE HISTORIA SOCIAL VALENTÍN DE FORONDA

Tras la invasión francesa y unos momentos de indecisión, en los que se le llegó a acusar de jacobino, en vísperas de su llegada a Cádiz publicó en Filadelfia unos Apuntes ligeros sobre la Nueva Constitución proyectada por la Junta Suprema de España y reformas que intenta hacer en las leyes, que merecieron los elogios del presidente Thomas. En tal escrito defendía un gobierno constitucional con separación de poderes, la soberanía del pueblo y las libertades individuales frente al despotismo.


Harto de la camarilla de Casa-Irujo y las dificultades que le ponían para solucionar los problemas que provocaba el comercio español con los Estados Unidos, solicitó su retorno a España, obteniéndolo en 1809. La Junta Suprema le nombró en 1810 intendente honorario del Ejército, y, tras las Cortes de Cádiz celebradas entre 1810 y 1813 en las que formó parte, fue nombrado miembro de la Junta de Censura, protectora de la libertad de imprenta, en Galicia.


En estos años, fue publicando diversas cartas sobre temas constitucionales: Cartas sobre varias materias políticas, en Santiago (1811), Ligeras observaciones sobre el proyecto de Nueva Constitución, La Coruña (1811). En estos escritos denunciaba una constitución que no especifica claramente los derechos individuales, otorga excesivos poderes al rey y no separa los espacios político y religioso. El proyecto territorial de Valentín de Foronda para la Constitución de 1812 trataba de dividir a España en dieciocho partes geométricas denominadas con números a fin de suprimir los nombres de Vizcaya, Castilla, Andalucía, etc., "que solo eran origen de disputas crueles, pueriles y funestas".

Siendo protegido del ministro de Hacienda, Francisco Cabarrús, Foronda defendió la pervivencia del Banco Nacional de San Carlos y participó como accionista en la Compañía naviera de Filipinas.

BARCO DE ESPAÑA ANTIGUO BANCO DE SAN CARLOS

Sus ideas se vertían en los periódicos El Patriota Constitucional, El Ciudadano por la Constitución y La Gaceta Marcial y Política, desde los cuales combatió la tortura, la Inquisición, los abusos del clero gallego, la falta de garantías procesales en los pleitos, etc. Escribió además unas Cartas sobre la obra de Rousseau titulada Contrato social, en La Coruña, en 1814. Por sus escritos críticos contra el Antiguo Régimen, se ganó la enemistad de la Iglesia gallega y de los absolutistas de la región.

Tras la derogación de la Constitución de 1812 y la vuelta del Absolutismo fernandino en 1814, ingresó en una prisión madrileña como consecuencia de sus ideas políticas, y al año siguiente fue sentenciado a diez años de destierro en Pamplona. En la ciudad navarra, a través de Vidarte, pudo colaborar en las Cortes de Navarra en 1817 y 1818 para la inclusión de los principios liberales. Al ser rehabilitado políticamente en el Trienio liberal, intentó infructuosamente conseguir el Consulado general de Francia, aunque logró que las Cortes reconocieran públicamente su labor y fue nombrado ministro del Tribunal especial de Guerra y Marina.


Reeditó algunas de sus obras, relató el juicio político a que había sido sometido en Defensa de los dieciséis cargos hechos por don José de Valdenebro, en 1820, y escribió nuevos artículos para El Liberal Guipuzcoano, en 1821. Ese año murió en Pamplona.

DIVISIÓN REGIONAL DE ESPAÑA SEGÚN VALENTÍN DE FORONDA

En el ámbito de la filosofía, Foronda ha pasado por ser uno de los más eficaces difusores del Sensualismo de Étienne Bonnot de Condillac, mediante la traducción de su Lógica. Unos años antes, el capitán Bernardo María de Calzada ya había hecho una traducción con el título Lógica o los primeros elementos del arte de pensar (1784).

Sin duda, Foronda no la encontró suficientemente asequible para todo el mundo, por lo que se propuso elaborar otra traducción, acomodada a la capacidad de su hijo, y para lo cual se esforzó en ponerla en diálogo: Lógica de Condillac puesta en diálogo por don Valentín de Foronda. Su amplio subtítulo ofrece ya una idea de los varios temas filosóficos a tratar: Y adicionada con un pequeño tratado sobre toda clase de argumentos y sofismas, y con varias reflexiones sobre la Aritmética moral de Buffon, sobre medir las cosas inciertas, sobre el modo de apreciar las relaciones de verosimilitud, los grados de probabilidad, el valor de los testimonios, la influencio de las casualidades el inconveniente de los riesgos, y sobre formar el juicio del valor real de nuestros temores y esperanzas.

Foronda consiguió el objetivo que se propuso con esta nueva versión, que fue publicada en Madrid, en 1789 y 1794. Marcelino Menéndez Pelayo se refirió a él en su Historia de los heterodoxos españoles:
"El estilo de Foronda es agradable y sencillo, casi igual en limpieza y claridad al del autor que traduce."

QUIETISMO DE MIGUEL DE MOLINO


Miguel de Molinos fue un teólogo y místico del Barroco español que ha pasado a la historia del pensamiento por innovar una corriente filosófica y espiritual heterodoxa denominada Quietismo, también llamada Molinerismo. Su Guía espiritual tuvo mucha repercusión en Europa, especialmente en Italia y Francia.

QUIETISMO DE MIGUEL DE MOLINOS

Miguel de Molinos Zuxia nació en Muniesa, provincia de Teruel, en 1628. A los dieciocho años comenzó a estudiar Teología en el Colegio de San Pablo de la Compañía de Jesús, en Valencia. Tras ordenarse sacerdote el 21 de diciembre de 1652, fue confesor de monjas, perteneciendo al Colegio del Corpus Christi y a la Cofradía Escuela de Cristo, que fomentaba la reflexión espiritual.

En 1663, la Diputación valenciana le nombró postulador en Roma de los tres Estados de Valencia para promover un proceso de beatificación de Francisco Jerónimo Simón de Rojas. En esta ciudad transcurrió el resto de su vida, estaba asentado en la Iglesia de San Alfonso de los agustinos y pertenecía a la cofradía española de la Escuela de Cristo, donde tendría una influencia extraordinaria.

Llegó a convertirse en una de las figuras centrales de los círculos eclesiásticos e intelectuales de Roma. Su prestigio en los medios romanos fue aumentando hasta alcanzar la confianza y la admiración de personalidades como el cardenal d'Estrées, agente de Luis XIV de Francia, de Cristina de Suecia, del cardenal Petrucci y del mismo papa Inocencio XI. Su actividad en estos años se centró en la dirección espiritual, en la predicación, en la confesión, en el diálogo y en la práctica espiritual.

En 1675, publicó su gran obra Guía espiritual en las romanas prensas de Miguel Hércules, en su versión italiana y en su original español a la vez. Tenía el significativo subtítulo de Que desembaraza al alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz. Representó el último ejemplar de la tradición mística española, un auténtico "best-seller" de la época cuyas ediciones se sucedieron en los años siguientes años.

Desde su publicación, la Guía Espiritual alcanzó en apenas una década ocho ediciones con traducciones a las lenguas más importantes del Cristianismo: Madrid (1676), Roma, Zaragoza y Venecia (1677), Venecia (1678), Roma y Palermo (1680), Venecia (1683), Venecia y Sevilla (1685). Para entonces, su fama era alta, pero iría aumentando y consiguiendo destacados adeptos.

Escribió en prosa anterior a la decadencia de la época barroca, e incluso a la de Quevedo o Gracián, que recuerda la de fray Luis de León o san Juan de la Cruz. En Valencia ya había publicado La devoción de la buena muerte, en 1662. En Roma publicó un Breve tratado de la comunión cotidiana, en 1675, y unas Cartas a un caballero español desengañado para animarle a tener oración mental, en 1676, y una Defensa de la contemplación, que quedó inédita hasta el siglo XX.

A partir de 1685, hubo una retracción de la Guía espiritual con motivo del enjuiciamiento a Molinos y, tras su condena, en 1687, la retracción se convirtió en una prohibición en el territorio católico.

CASA NATAL DE MIGUEL DE MOLINOS

Miguel de Molinos fue una figura eminente de un movimiento ligado con el Jansenismo, Carmelismo y Jesuitismo, pero al que Molinos aportó originalidad. La doctrina Quietista está muy relacionada con el Budismo y su búsqueda del nirvana, existían ya antecedentes en las religiones orientales y en el Neoplatonismo, pero también estuvo influenciada por la obra de San Agustín.

Denominó a su doctrina mística Quietismo, que fue llamada Molinosismo por los inquisidores durante su proceso de enjuiciamiento, y que no debe confundirse con el Molinismo, atribuida a Luis de Molina.

El objetivo central de la Guía espiritual es una defensa de la oración de quietud como medio para alcanzar la unión mística. Para el Quietismo molinista, la mística es ciencia de experiencia y de sentimiento que "no entra en el alma por los oídos, ni por la continua lección de los libros, sino por la liberal infusión del espíritu divino, cuya gracia se comunica con regaladísima intimidad a los sencillos y pequeños".

Existen dos vías para llegar a Dios: el de la meditación y el de la contemplación. La vía de la meditación es por consideración y por discurso; es sensible e incluye el uso del razonamiento y por eso es para principiantes. La vía de la contemplación es por pureza de fe y el recogimiento interior; es más desnudo, puro e interior, es para los más avanzados, que saben dejar atrás el entendimiento para entregarse pasiva e indistintamente a la obra de Dios en el alma.

Se trataba de una concepción dualista esotérico-elitista. Consideraba que su modelo de fe era superior, el otro inferior; por ello lanzó críticas contra el método escolástico y los padres espirituales que defendían un tipo de fe conceptual y externa.

Aunque tanto la meditación como la contemplación son formas de oración, sólo la segunda es perfecta y adecuada al místico, pues sólo por ella se abandonan los objetos creados, tanto materiales como espirituales, y se pone en manos de Dios. Supone una entrega total al amor divino que para así en el alma para producir paz y quietud. Por eso escribió Molinos:
"Debe, pues, pasar adelante con su amor, dejándose atrás todo su entender. Ame a a Dios como es en sí, y no como se lo dice y forma su imaginación; y si no lo puede conocer como es en sí, ámelo sin conocerlo debajo de los velos obscuros de la fe: de la manera que un hijo que nunca ha visto a su padre, por lo que de él han informado, a quien da todo crédito, le ama como si ya le hubiera visto. El alma a quien se le ha quitado el discurso debe no violentarse ni buscar por fuerza noticia más clara o particular, sino sin yugos ni arrimos de consuelo o noticias sensibles, con pobreza de espíritu y vacío de todo lo que su apetito natural le pide, estar quieto, firme y constante, dejando obrar al Señor, aunque se vea sola, seca y llena de tinieblas; que si bien le parecerá ociosidad, es sólo de su sensible material actividad, no de la de Dios, el cual está obrando en ella la ciencia verdadera."

La contemplación se divide en activa-adquirida y en pasiva-infusa. La primera es imperfecta y cualquiera puede llegara a ella si tiene condiciones para ellos y Dios le ofrece la ayuda de la gracia. La segunda no está en manos del hombre acceder a ella, sino que es una pura gracia que Dios concede a quien quiere. El auténtico contemplativo debe procurar hacer posible la segunda, para lo cual desterraría todo apetito voluntario propio, conduciendo el alma a la paz y recogimiento interior.
"Has de saber que es tu alma el centro, la morada y reino de Dios; pero, para que el gran rey descanse en ese trono de tu alma, has de procurar tenerla limpia, quieta, vacía y pacífica. Limpia de culpas y defectos; quieta de temores; vacía de afectos, deseos y pensamientos, y pacífica en la tentaciones y tribulaciones."

La verdadera oración consiste en lograr ese estado de quietud interior, y no se trataba de algún tipo de oscuridad, pues el Espíritu Santo trabajaría así la contemplación pura de la verdad divina. En este estado de aceptación de la voluntad divina, ni las tribulaciones, ni los sufrimientos, ni las tentaciones son obstáculos, sino el camino más fácil y seguro para alcanzar la perfección espiritual.
"Tu mayor felicidad es la tentación; y así, cuando más te apretase, has de alegrarte con paz, en vez de entristecerte, y agradecer a Dios el beneficio que te hace... Finalmente has de saber que la mayor tentación es estar sin tentación; y así, debes alegrarte cuando te acometiere, y resistir a ella con paz, constancia y resignación; porque si quieres servir a Dios y llegar a la alta región de la interior paz, por esta penosa senda de la tentación has de pasar, con estas pesadas armas te has de vestir, en esta cruel y abominable guerra has de batallar, y por este fuego abrasador te has de pulir, renovar y purificar."

GUÍA ESPIRITUAL DE MIGUEL DE MOLINOS

Por la vía de la contemplación, Molinos llegó a la proclamación de los rasgos más característicos de su doctrina: el Nihilismo absoluto, que desarrolló en el libro III de la Guía espiritual. Su doctrina representa la autonegación del Yo llevada a su máximo extremo: la aniquilación personal como espacio de relación con Dios. Esta auto-aniquilación se fundamenta en dos principios: el desprecio hacia nosotros mismos; y la alta estimación de Dios. Y ambas llevan a una total transformación de la actitud espiritual del alma hasta renacer, como explica en el capítulo XIX.

En definitiva, que para llegar a la paz y quietud interior es necesario renunciar a la propia voluntad y someterse sin condiciones a la voluntad divina, eliminando todo vestigio de amor propio y de autoestima: "Esta hidra de siete cabezas del amor propio se ha de degollar para llegar a la cumbre del alto monte de la paz". Quien ama a Dios no puede amarse a sí mismo: "No está la dicha en gozar sino en padecer con quietud y resignación."

Molinos definía como perfecta aniquilación a "tenerse en baja estima a sí mismo y a todas las cosas del mundo". El camino para llegar a la fusión con Dios es la nada: "Vístete de esa nada y de esa miseria, y procura que esa miseria y esa nada sea tu continuo sustento y morada." La elección voluntaria del no-ser o del no-yo es la culminación del verdadero ser: "Por el camino de la nada has de llegarte a perderte en Dios, que es el último grado de la perfección."

Y, por eso, Molinos culminó su capítulo XX con una poética exaltación de la nada, en los siguientes términos:
"El camino para llegar a aquel alto estado del ánimo reformado, por donde inmediatamente se llega al sumo bien, a nuestro primer origen y suma paz, es la nada. Procura estar siempre sepultado en esa miseria. Es nada y esa conocida miseria es el medio para que el Señor obre en tu alma maravillas. Vístete de esa nada y de esa miseria, y procura que esa miseria y es nada sea tu continuo sustento y morada, hasta profundarte en ella; yo te aseguro que siendo tú de esta manera la nada, sea el Señor el todo en tu alma...
Por medio de esa nada has de morir en ti mismo de muchas maneras, en todos tiempos y a todas horas. Y cuanto más fueres muriendo, tanto más te irás profundando en tu miseria y bajeza; y tanto más te irá el Señor elevando y a sí mismo uniendo..."

En definitiva, el mejor camino para llegar a Dios y encontrar la felicidad es no hacer nada: el alma tiene que estar pura y sin pecado, aligerada de toda preocupación o meditación, y para ello debe estar quieta. Este vacío y pureza del espíritu es el camino más corto para llegar a Dios, y este se encargará de hacer lo demás.

GUÍA ESPIRITUAL DE MIGUEL DE MOLINOS

Fuera del contexto teológico, en su Dictionnaire Historique et Critique de 1697, Pierre Bayle lo consideró un antecedente de la Ilustración, efectuando una descalificación del pensamiento oriental sobre la base de homologarlo al Quietismo. La filosofía de Schopenhauer y su crítica a la voluntad como la encarnación del mal están muy cerca del Quietismo molinista. También existe una relación entre la sublimación molinista de la nada y la ontología existencial de Heidegger, aunque éste designe lo realmente auténtico no en ser-nada, sino como ser-para-la muerte.

Los miembros de la Compañía de Jesús, cada vez más reacios a aceptar la experiencia mística como vía legítima del conocimiento de Dios, establecieron una campaña difamatoria contra Molinos. Fue el método de unión mística basado en la aniquilación, el recogimiento, la muerte mística, la oración de quietud y la suspensión de palabra y entendimiento, lo que cayó bajo sospecha teológica. Se estaban enfrentando dos conceptos de espiritualidad: el contemplativo molinista y el discusivo jesuita.

En 1678, movidos en parte por la envidia de éxito además de su oposición doctrinal, los jesuitas Gotardo Bell'Uomo y Paolo Segneri criticaron las teorías molinistas, y pusieron sobre aviso a la Inquisición. Para hacer frente a las acusaciones, en 1680, Molinos escribió Defensa de la contemplación, defendiendo sus ideas, que no pudo ser editada.

Pero el mayor frente contra el eclesiástico español lo abrió el rey Luis XIV de Francia, que intervino a través de su embajador en el Vaticano, el cardenal César d'Estrées, quien le denunció ante el Santo Oficio, por un doble motivo. Primero, pretendía desprestigiar al papa Inocencio XI, tan vinculado a la figura de Molinos, y con el cual rivalizaba por la cuestión de las regalías. Y el deseo de liquidar al grupo español pro-austriaco de Roma, liderado por Juan de Santa María, amigo de Molinos y promotor de la Guía. En aquellos años, ya se empezaba a sospechar que el rey Carlos II de España moriría sin descendencia, surgiendo una disputa entre el sector pro-austriaco Habsburgo y el sector pro-francés Borbón, previo a la Guerra de Sucesión. Por tanto, Luis XIV consideraba a los quietistas partidarios de la Casa de Austria y enemigos de su país y Molinos fue víctima de la causa política francesa.

MIGUEL DE MOLINOS

El 18 de julio de 1685, Molinos fue detenido por el Tribunal de la Inquisición junto a algunos de sus discípulos en Roma. Fue acusado de inmoralidad y heterodoxia, cayendo en el descrédito. Su proceso de enjuiciamiento se prolongó dos años ante la dificultad de hallar pruebas incriminatorias sobre las supuestas desviaciones doctrinales de su Guía Espiritual.

Cuando se publicó en 1675, no levantaba sospechas de heterodoxia, es más, fue aceptada por eminentes teólogos del momento con contundencia de sus aprobaciones. Por ejemplo, el arzobispo Rojas, teólogo del papa, escribió:
"La doctrina común al sentir de los Santos Padres y muy común a los místicos... sigue las pisadas de los antiguos, apoyada siempre en sus principios."

Según fray Francisco de Bolonia:
"... declarada doctrina sana y conforme a los dichos de los santos, realza con espirituales reglas la ciencia mística..., toca el ápice de la contemplación."

Y sobre su vida, Molinos era una figura irreprochable y de extraordinario prestigio, según el historiador contemporáneo Jean Mabillon, testigo imparcial del suceso:
"Nada más dividido que Roma en lo que al asunto de Molinos y de los demás quietistas se refiere. Observo que la mayoría de las personas ecuánimes convienen en dicho doctor era irreprochable en su vida y en sus costumbres."

El Tribunal estuvo investigado el contenido de hasta 263 correspondencias epistolares emitidas por Molinos, de la cuales 68 fueron consideradas proposiciones heréticas, blasfemas, subversivas, inmorales e incitar al pecado sexual.

El 13 de septiembre de 1687, tuvo lugar el acto solemne de abjuración por el cual el tribunal obligaba a Molinos a rechazar sus doctrinas en la Iglesia de Santa María Sopra Minerva. Bajo tortura y ante veintitrés cardenales, pidió perdón y confesó cualquier cosa que le imputaban.

Dos testigos en el acto de abjuración dejaron recuerdo del carácter hermético e imperturbable que Molinos mantuvo durante la ceremonia. Uno de ellos relató lo siguiente:
"Su propio comportamiento en la Minerva no fue ni el de quien estuviese confundido bajo el peso de los descubrimientos que se habían hecho ni el de quien se arrepintiese de sus actos o de su herejía; de tal modo que la benignidad de la censura impuesta a quien tan poca humildad o arrepentimiento demostraba parece resultar más de la insuficiencia de las pruebas que de la clemencia de los jueces."

Finalmente, fue condenado por "inmoralidad y heterodoxia" a prisión perpetua en una mazmorra de un monasterio de Roma, a permanecer vestido con un hábito penitencial y a rezos diarios. Aunque su vida fue extinguiéndose en aquella cárcel de la Inquisición romana, su fama y su doctrina se estaba extendiendo por toda Europa.

El 20 de noviembre de 1687, el papa Inocencio XI publicó la bula Coelestis Pastor condenando 68 proposiciones molinosistas obtenidas de su cartas, no de sus libros, por "heréticas, sospechosas, erróneas, escandalosas, blasfemas, ofensivas a los piadosos oídos, temerarias, rebajadoras de la disciplina cristiana, subversivas y sediciosas". Y la Guía Espiritual fue incluida en el Índice de libros prohibidos.

El argumento teológico más reiterado es el de la inmoralidad y la incitación al pecado, es decir, al deseo sexual. Acusaba a Molinos de promover una espiritualidad que dejaría en suspenso, en virtud de la apelación a la quietud, la responsabilidad moral, que derivaría hacia la irresponsabilidad moral del pecado sexual. En síntesis, los tres principales argumentos serían los siguientes:

1. encarnar la tendencia natural a evitar esfuerzos y práctica de virtudes.

2. exagerar la gracia divina y la pasividad espiritual, hasta el punto de eliminar la voluntad, el esfuerzo y la responsabilidad, lo que conduciría a la ociosidad espiritual.

3. modificar el carácter de la unión mística, derivando hacia una especie de panteísmo donde no queda definido el límite entre el hombre y Dios.

Esta era la imagen oficial que los inquisidores quisieron ofrecer de su enemigo, la de un erótico desenfrenado y de un espíritu moralmente aberrante en su conducta, totalmente contraria a la imagen real que siempre había representado su figura de costumbres irreprochables.

En 1695, una ola de anti-Misticismo, encabezada por Boussuet, condenaba en Francia la doctrina del Quietismo y perseguía a todos sus fieles.

El 28 de diciembre de 1696, Miguel de Molinos moría encerrado en prisión.

Estudiosos modernos de la vida y obra de Molinos consideran que en el proceso inquisitorial y su posterior sentencia hubo una intención más política por Francia que dogmática por la Inquisición. Por ejemplo, el filósofo y teólogo Ignacio Ellacuría Beascoechea consideró sobre la Guía:
"Si en esta obra estuvieran estas proposiciones contenidas explícita o implícitamente, sin duda alguna no hubiera tenido las aprobaciones que obtuvo de teólogos notables de la época."

Y el ensayista y traductor José Ángel Valente concluyó:
"La Guía era en sí misma un blanco difícilmente alcanzable. Por eso, el libro queda sepultado bajo las 68 proposiciones de la bula papal."

MIGUEL DE MOLINOS

Molinos fue el último gran místico español dentro de la tradición católica, al menos dentro de la ortodoxia. Después de él, el Misticismo español se movió de modos consciente en el terreno de la heterodoxia. El historiador Domingo Ricart le definió así:
"Miguel de Molinos, que formuló definitivamente la doctrina quietista en magnífica prosa castellana, es el último gran místico español, legítimo continuador de la tradición espiritual hispana, cuya fama e influencia desbordan las fronteras nacionales y sectarias. Su voz, que resuena desde Italia, como la de Valdés más de un siglo antes, se deja sentir poderosamente en el resto de Europa."

Pero lo que los inquisidores no pudieron impedir fue la irradiación e influencia del Quietismo por naciones católicas y protestantes. El texto de su Guía espiritual resultó fundamental para el posterior desarrollo del Misticismo, llegando hasta la literatura del siglo XX. Tan curiosa doctrina sobre la oración mental ganó numerosos adeptos, y no sólo en monasterios y conventos. Fue recibido por personalidades de su época, como el general de la Compañía de Jesús, Paolo Oliva, se hizo amigo del papa Inocencio XI, y mantuvo correspondencia con la reina Cristina de Suecia.

El Quietismo repercutió sobre todo en Italia y en Francia. En Italia, Molinos consiguió ganarse la amistad de los cardenales Casanata, Carpegna y Azzolini, y tuvo como seguidores a Leandro Coloredi, Cíceri y el cardenal Petruzzi, obispo de Jesi, que también fue detenido, expulsados de sus cargos eclesiásticos y tuvo que abjurar de 54 proposiciones. Pero el Quietismo había encontrado un ambiente apropiado que se había formado por la difusión de la doctrina de los pelaginos, secta fundada por Giacoppo di Filippo y extendida por todo el norte de la actual República italiana. El Molinismo y doctrinas afines se extendieron también por lugares como Córcega, Nápoles y Sicilia.

En Francia, ya existía una larga tradición de lectura y admiración hacia los místicos españoles, cuyas obras estaban traducidas desde hacía décadas, y este terreno abonado sirvió para la expansión de su doctrina de forma rápida. Molinos consiguió ganarse la amistad del cardenal D'Estress, embajador francés en Roma que después le traicionó. Otros difundieron el Quietismo, como el padre François Lacombe, madame Jeanne-Marie de la Mothe Guyon, y el escritor Fénelon, que apoyó las doctrinas de Molinos sobre el amor divino. Inspirados en las doctrinas quietistas, Lacombe publicó su Análisis de la oración mental, en 1688, y Madame Guyon la Explicación de las Máxima de los Santos, en 1679, y que ambos libros fueron también condenados por Inocencio XII.

En Inglaterra la Guía espiritual ejerció una notable influencia sobre el movimiento cuáquero, y en Alemania sobre el místico August Hermann Francke.

A pesar de que en el extranjero lograse bastante notoriedad, Molinos no tuvo la misma reputación en España. El historiador Marcelino Menéndez Pelayo lo llamó "clérigo oscuro" en su Historia de los heterodoxos españoles. A mediados del siglo XX, el Quietismo influyó en José Ángel Valente, que inspiró su poesía del silencio en algunos postulados de Molinos, y en el escritor portugués Miguel Torga.

MIGUEL DE MOLINOS

A pesar que en 1687 se prohibiese la reproducción y lectura de la obra molinista en los reinos católicos, continuaron las traducciones en otros ámbitos del Cristianismo: edición latina (Leipzig, 1687), francesa (Amsterdam, 1688), holandesa (Rotterdam, 1688), inglesa (Londres, 1688 y 1699) y alemán (Frankfurt, 1699), haciéndose hasta veinte ediciones en quince años.

En el siglo XVII, sólo se produjo una edición, al idioma ruso (Moscú, 1784), pero en el XIX volvieron a aparecer nuevas ediciones sobre todo en inglés: Glasgow (1885), Filadelfia (1885) y traducciones abreviadas al mismo idioma por Wesley (1819) y Shorthouse (1883). En el siglo XX, se produjeron otras dos francesas (París, 1905 y 1970), varias iglesias (Londres, 1907, 19128 y la abreviada de 1909), y también varias italianas (Nápoles, 1908, y Torino, 1931, esta última reproducida en 1944).

Por todo esto, la Guía espiritual de Molinos ha sido uno de los grandes éxitos editoriales obtenidos por un autor español en el extranjero. En el siglo XVI, se colocaría al lado de los libros de enorme repercusión ideológica y doctrinal como el Discurso del método, de Descartes, o las Provinciales, de Pascal.

En España, la ediciones de la Guía volvieron a aparecer a inicios del siglo XX: la edición de Rafael Urbano (Barcelona, 1910), las de Eduardo Ovejero y Mauri (Madrid, 1935) para la colección Biblioteca de Filósofos Españoles de la editorial Espasa-Calpe, y la segunda de Joaquín de Entrambasaguas (también Madrid, 1935), para la colección Biblioteca de la Cultura Española de la editorial Aguilar. Las tres ediciones reproducen la edición madrileña de 1676, con todas las erratas que contenía. También son ediciones textuales y más modernas las realizadas por Claudio Lendínez, por José Ángel Valente y por José Ignacio Tellechea Idígoras.

La edición de José Ángel Valente es muy valiosa por haber reproducido la edición romana de 1675 en latín, sin las erratas infiltradas en el resto de ediciones, y por estar acompañada de la obra Defensa de la contemplación.

Pero la más fiable es la de José Ignacio Tellechea Idígoras, por corregir las erratas de las ediciones anteriores y señalar las variantes correspondientes, basándose en un códice de la Guía encontrado en la Biblioteca Vaticana y desconocido hasta entonces.

LITERATURA SATÍRICA DEL ARBITRISMO ECONÓMICO


A finales del siglo XVI, surgió en España un género literario especializado en la burla y parodia al denominado Arbitrismo político y económico. Aquellos arbitristas que ofrecieron supuestas soluciones ilógicas y consejos partidistas para revertir la decadencia de la Monarquía hispánica fueron el objetivo a ridiculizar por los literatos del Siglo de OroMiguel de Cervantes, Félix Lope de Vega, Alonso de Salas Barbadillo, Francisco de Quevedo o Tirso de Molina, entro otros, originaron una abundante literatura memorialista de carácter satírico.

LITERATURA SATÍRICA DEL ARBITRISMO ECONÓMICO

El relativo éxito obtenido por los arbitristas de la segunda mitad del siglo XVI, y otros tantos que les siguieron más tarde, animó a algunos neo-solucionadores a probar fortuna, analizando causas y proponiendo remedios, la mayoría sin preparación alguna. El error más típico entre ellos fue el de creer que un remedio sencillo o una solución parcial podría resolver el complejo problema que en su conjunto representaba la calamitosa decadencia del gran Imperio español.

Además de la ignorancia y el desconocimiento surgidos en el movimiento arbitrista, en 1586 aparecía también la picaresca y la mala fe gracias a un proyecto que expuso un italiano, Esteban de Lezcaro, llamado Arbitrio del vino. Consistía en adquirir el monopolio de la venta del vino en todos los territorios de la Corona de Castilla, incluidos los americanos durante doce años. A cambio, el distribuidor pagaría a la Real Hacienda pública un montante de 100.000 ducados al año. Este arbitrio se llevó a Cortes en 1588 y 1590. La proposición fue rechazada, pero supuso el comienzo de una oleada de peticiones arbitrales ingeniosas para conseguir negocios monopolísticos de menor calibre. El capellán de Felipe III, Sebastián de Covarrubias, advirtió 
que los arbitrios con tintes de picaresca trataban de "dar trazas de cómo sacar dinero, siendo muy perjudiciales para el Reino".

coloquio perros novelas ejemplares miguel cervantes
EL COLOQUIO DE LOS PERROS, POR MIGUEL DE CERVANTES

Estos personajes fueron el objetivo a ridiculizar por de los literatos del Siglo de Oro, originándose una abundante literatura memorialista de carácter satírico.

La primera obra fue El coloquio de los perros, una de las Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes, escrita en 1613. Supuso la primera caracterización literaria de un arbitrista. La obra se centra en cuatro pacientes del hospital de Valladolid: un alquimista, un poeta, un matemático y "un de los que llaman arbitrista, contraste entre la altura quimérica de sus preocupaciones y la miseria de su situación". Según Jean Vilar, eran "cuatro pobres diablos, cuatro pensamientos en ebullición".

La caricatura del arbitrista era la de un "pobre diablo" junto a un nostálgico de los tiempos caballerescos, un buscador de la piedra filosofal y un especulador de la cuadratura del círculo, todos ellos encamados. Tres colgados a los que se suma "el nuevo despropósito del remedio único de los males del Estado". El propio arbitrista se encarga de explicar sus intenciones:
"Yo, señores, soy arbitrista y he dado a Su Majestad en diferentes tiempos muchos y diferentes arbitrios, todos en provecho suyo y sin daño del reino; y ahora tengo hecho un memorial donde le suplico me señale persona con quien comunique un nuevo arbitrio que tengo, tal que ha de ser la total restauración de sus empeños."
El mismo tono indulgente que con el que Cervantes dedicó a su arbitrista se repetía en la segunda parte del Quijote, cuando el cura y el barbero trataban de constatar la supuesta recuperación mental del hidalgo y para ello charlan sobre las noticias que viene de la Corte. Hasta don Quijote les confiesa que tiene la intención de dar al rey una serie de consejos. El pobre señor se despacha así "de la cumbre de la locura hasta el profundo abismo de la simplicidad", que es el Arbitrismo.

DIBUJO DE DON QUIJOTE, EL CURA Y EL BARBERO

Pero el Arbitrismo literario empezó a adquirir importancia a partir de 1620, y el movimiento arbitrista fue adoptando un carácter despectivo en la época, que terminó denominando a los arbitristas como "locos razonadores" y "locos repúblicos y de gobierno", y considerando sus dictámenes como disparatados e imposibles.

Si durante algún tiempo, el arbitrio de medidas simples y sencillas resultó efectivo para el pueblo y el Estado, con el tiempo aquellas cayeron en desprestigio porque parecían descabelladas y fantásticas, en un caso, simplonas e infantiles, en otro. Una de las medidas arbitristas que movieron a la hilaridad fue aquella de "queda prohibido a los piratas abordar a los barcos españoles".

La mala fama que alcanzaron los arbitrista fue debido en la mayor parte a que más que ayudar perjudicaron los intereses del Estado, siendo gravosos para la Hacienda pública. Así es como lo consideraron literatos como Cervantes, Lope de Vega, Salas Barbadillo o Quevedo. Porque si Cervantes y otros escritores de menor renombre atribuyeron a los arbitristas vicios derivados de su nulidad mental, otros como Caxa de Leruela los despreciaban por su idealismo. Muchos, como Covarrubias, los acusaron de usar malas formas, y los hubo, como Pedro de Valencia, que consideraron que sus arbitrios eran un "un veneno lisongero y engañoso" enfermando al Estado.

parnasso español francisco quevedo juan noort arbitrismo económico
EL PARNASSO ESPAÑOL, POR FRANCISCO DE QUEVEDO

Quien con mayor dureza criticó a los arbitristas fue Francisco de Quevedo. Aseguraba que Judas y el demonio eran arbitristas, lo situaba a medio camino entre aventureros y charlatanes, y los definía en lengua latina con epítetos tales como arcigogolantes, alkemistas, arbitristas inicuos, etc. En varios pasajes de sus obras los acusa de ser la causa de toda clase de catástrofes. Según el literato, uno de ellos está tan enfrascado en escribir sus teorías que no se da cuenta de que se ha sacado a sí mismo un ojo con la pluma. El arbitrista ridiculizado por Quevedo es el que "quita a todos cuanto tienen, convenciéndole de que le enriquece con quitárselo" y el que persuade al expoliado de que, en lugar de quitarle, le dan.

La primera obra en la que Quevedo hizo referencia al Arbitrismo fue Sueños, escrita en 1605. en ella 
reflejó magistralmente la percepción de fracaso económico, como parte de la más general decadencia española en su célebre poema:
"Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España,
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,
poderoso caballero
es don Dinero."
Décadas más tarde, en 1636, publicaba La hora de todos y la fortuna con seso, donde hizo la más dura crítica contra los arbitristas a quienes llegó a considerarles fuego y Anticristos.

SUEÑO DEL INFIERNO, POR FRANCISCO SANS CABOT

Uno de los pioneros en este género literario fue el mayor satírico italiano del momento, Boccalini. Una de sus sátiras parte de una embarcación llena de estos embaucadores, "dedicados al lucrativo negocio de las gabelas"; esta es enviada por el dios Apolo desde el Parnaso con destino al Imperio otomano con la intención de que, a base de insistir en descomunales sugerencias, consigan hundir al Gran Turco. Esta sátira enlazó con otra receta, escrita en italiano, llamada Avisos del Parnaso. En él, Júpiter se propuso reformar el Universo asistido por un arbitrio que le permitía reorganizar el mundo con sólo fijar en los mercados un precio justo para las coles y las sardinas.

La estrategia militar fue un capítulo predilecto para los arbitristas. Un arbitrista que se asoma a la Vida del Buscón no ofrece una bizarra ocurrencia que, según él, permitirá a los españoles culminar el sitio de Ostende de 1601. La ciudad estaba defendida por el general inglés Francis Vere, quien había protegido el entorno de la fortaleza abriendo las esclusas de los canales. El arbitrista tenía la solución: esponjar los canales y así desecar los cauces y permitir a los españoles el asalto definitivo. 

Bernardino de Escalante presentó a Felipe II una propuesta de ocupación de Inglaterra con 30.000 infantes embarcados en Lisboa con rumbo a Escocia, aprovechando que los ingleses luchaban en los Países Bajos. La clave del operativo trazado por Escalante sería la toma de la Torre de Londres, que reproduce en su memorial.

La mayor parte de los memoriales relacionados con la estrategia militar pretendía sacar consecuencias de la guerra de los Países Bajos y apoyar remedios y soluciones para, según dijo Diego de Villalobos en 1594, "evitar el manifiesto agravio que algunos escritores extranjeros han hecho a la nación española atribuyendo sus hechos famosos a sus propias naciones".

En la Vida del Buscón de Francisco de Quevedo, el arbitrista aparece ensimismado mientras le explica a Pablillos, el personaje del buscón, un plan que tiene para reconquistar Tierra Santa y Argel.

OBRAS DE FRANCISCO DE QUEVEDO

También fueron frecuentes los arbitrios relacionados con la ingeniería como la canalización de los ríos, el regadío de tierras de secano o la construcción de molinos que no necesitaran de la acción del viento o el agua para desarrollar trabajo. Uno de aquellos ingenieros fue Juanelo Turriano, que había construido una máquina para trasvasar el agua del río Tajo hasta el alcázar de Toledo, pero sufrió el desprecio de aquellos que desconfiaban de quienes subvertían el orden natural de las cosas.

Los escritores del Siglo de Oro observaron con especial inquietud a aquellos arbitristas inventores. Antonio de Liñán, por ejemplo, los llamó "ingenieros-arbitrarios" en Guía y avisos de forasteros, escrito en 1620. Un personaje de obra de teatro de Tirso de Molina propuso un arbitrio científico para que el río Manzanares compita en caudal y salida al mar con el río Nilo.

En la única obra teatral dedicada al Arbitrismo, El arbitrista y el órgano de los gatos, plantea la construcción de un puente desde América hasta España para transportar los metales preciosos. Parecida reflexión mantiene un arbitrista de la obra El casamentero, de Castillo Solórzano, que propone la instalación de otro puente desde Ibiza hasta Valencia con el objetivo de alejar a los corsarios.

Terminado el Siglo de Oro y entrando en el de la Ilustración, la figura del arbitrista superó la mofa e ironía de los estudiosos y pasaron a ser considerados como reformadores. Las ideas de muchos arbitristas políticos e inventores empezaron a tener lógica en su intuición, y a ser posibles en su ejecución. Con el impulso científico y reformador que se generó en el Siglo de las Luces, muchas de aquellas ridículas ideas imposibles de cumplir empezaron a analizarse y tomar forma.

Se ejemplarizó la figura de Cristóbal Colón, un extraordinario arbitrista de los Reyes Católicos, que creyó en su intuición y convirtió un ideal utópico en un grandísimo hallazgo.

Con el tiempo, atores como Earl J. Hamilton, José Larraz, José Antonio Maravall, Fabián Estapé o Pierre y Jean Vilar consideraron a los arbitristas representantes del pensamiento económico, analizadores de precios y cambios, técnicos en la contabilidad nacional, denunciantes de la mayor parte de los problemas que arruinaron a España, apasionados estudiosos de la decadencia nacional, que buscaron medios de detenerla.

ARTIFICIO DEL ARBITRISTA JUANELO TURRIANO EN TOLEDO

VIAJES DE JOSÉ MARÍA DE MURGA AL MARRUECOS ESPAÑOL


El comandante y africanista José María de Murga realizó una expedición por el Marruecos imperial con el objetivo de conocer, aprender y divulgar su organización política, costumbres y usos sociales desde 1863 hasta 1866. Al regresar a España, publicó en Bilbao en 1868 sus Recuerdos Marroquíes del Moro Vizcaíno: un compendio de datos geográficos, históricos, sociales y económicos, así como de experiencias personales, resultando una guía etnográfica con un marcado carácter romántico. Junto al alavés Manuel Iradier, está considerado el mayor africanista vasco del siglo XIX.

José María de Murga expedición Marruecos imperial
VIAJES DE JOSÉ MARÍA DE MURGA AL MARRUECOS ESPAÑOL

José María de Murga y Murgátegui fue un romántico disfrazado en el Marruecos profundo, un escritor y militar, un viajero y aventurero natural de Bilbao, donde nació el 21 de junio de 1817, cuya fama le hizo ganarse el apelativo de el "moro vizcaíno".

Pertenecía a la familia de Murga, del poderoso linaje de Ayala, señores de la Torre de Vidarte, de Xemein. Fue esta una larga saga de diputados de Vizcaya.

A los ocho años leía el Quijote con devoción. Estudió en Madrid y Loyola, antes de comenzar la carrera militar. Adquirió nociones de medicina. Durante su vida llegó a conocer varios idiomas: euskera, castellano, francés, latín, griego, inglés y árabe.

Fue oficial del Ejército español en el cuerpo de Húsares de Pavía y de Montesa. Más tarde participó como voluntario en la comisión española que tomó parte en la Guerra de Crimea de 1854-1856, con los aliados (Francia, Gran Bretaña y el Imperio Otomano). Coincidió con un soldado vasco que luchaba con los rusos. Murga fue nombrado comandante militar de caballería.

Allí conoció las costumbres orientales y algunos jefes de las cabilas del norte de Marruecos. Incluso visitó Estambul. Fue durante su estancia en Crimea cuando se le despertó con fuerza la pasión por el misterioso Oriente. Tanto es así que nada más regresar a España comenzó el aprendizaje del arábigo en París. Pasó más tarde a Madrid y se doctoró en cirugía menor por la Universidad de San Carlos de Madrid, lo que le permitió, más tarde durante su aventura africana, ejercer de curandero y dentista.

No pudo tomar parte en la Guerra de África de 1859-1860, después de haberse preparado para la ocasión, eso le supuso una terrible frustración, por lo que decidió abandonar el ejército tras casi veinte años de servicio activo.

José María Murga Húsar Liberal
JOSÉ MARÍA DE MURGA

Inició entonces los preparativos del que sería el viaje de su vida: una expedición por el Imperio de Marruecos, que efectuó con el objetivo de conocer, aprender y divulgar su organización política, costumbres y usos sociales.

El 27 de febrero de 1863, Murga llegó a Tánger. Allí se desvistió de español y se vistió de peregrino, cubierto su cuerpo con una chilaba corta y amplio turbante, apoyado en un palo, sin más compañía que la de un burro. En Tánger tomó contacto por primera vez con la realidad del territorio de sus sueños. Se dirigió a Larache y desde allí comenzó su apasionante inmersión en el Marruecos profundo y oculto, relacionándose con el pueblo llano. Su idea básica era la de "conocer el alma del pueblo vecino". Fue en aquel momento cuando decidió camuflar también su identidad, haciéndose pasar por un renegado y darse a conocer bajo el nombre de Mohamed el Bagády.

Durante su estancia, ejerció de sacamuelas, partero, exorcista, buhonero, mercader, cuenta cuentos, peregrino, mendigo e incluso santón. Mientras ponía en juego sus habilidades curativas, conoció la vida cotidiana de los magrebies y sus mezquitas, tomando notas y más notas, siempre secretamente para no ser reconocido como europeo y cristiano, pues según afirmó el historiador Federico Verastegui: "Hubiera puesto en riesgo su vida."

José María Murga moro vizcaíno
JOSÉ MARÍA DE MURGA

Tres años, de 1863 a 1866, duró su peregrinaje por el Magreb. En el transcurso de ese lustro de andanzas y aventuras, llegó a admitir que se había convertido en un verdadero moro, lo que le originó que le denominasen el "moro vizcaíno". En aquel primer viaje recorrió la distancia entre Tánger y Tetuán para proseguir después hacia Larache y luego a Alcazarquivir, Mequinez, Fez, Salé, Rabat y Fedala.


A la muerte de su madre en Markina, en 1865, regresó a España y tres años después, en 1868, publicó en Bilbao su hermoso Recuerdos Marroquíes del Moro Vizcaíno. Un compendio de impresiones, datos geográficos, históricos y económicos, observaciones etnográficas, radiografía social y reflexiones personales, producto de sus vivencias. Se trata de un texto de marcado carácter romántico, fruto del tiempo que le tocó vivir. Encargó doscientos ejemplares y se los regaló a sus amigos tanto de España como de Marruecos.

RECUERDOS MARROQUÍES DEL MORO VIZCAÍNO

En 1870, ocupó un cargo político como diputado foral del Señorío de Vizcaya por el bando gamboíno y estuvo a punto de ser secuestrado por una partida de carlistas. Esta labor fue desempeñada tan solo durante dos años, el mínimo permitido por las ordenanzas de la Diputación. En cuanto pudo se desvinculó de esta actividad para preparar su segunda expedición a Marruecos.

Así, en 1873, estaba ya de nuevo de expedición en Marruecos. Partió en abril y regresó en agosto. Esta vez estuvo poco tiempo, ya que unas fiebres le obligaron a regresar a Tánger a los pocos meses de su llegada. Sin embargo, visitó lugares desconocidos para él, pasó por Azemur, Marrakech, Mogador, Mazagán, Casablanca, Rabat y Tánger, llegando incluso a las islas Canarias.

Durante su rehabilitación en Tanger, Murga conoció el estallido de la Tercera Guerra Carlista de 1873-1876. La defensa de sus ideales liberales le hicieron regresar a España, para alistarse como voluntario del Ejército liberal, defendiendo su ciudad natal, Bilbao, del asedio de los carlistas.

En 1876, intentó de nuevo un asalto a Marruecos desde Cádiz. Previamente, estudió la técnica fotográfica y adquirió una máquina importada desde París. Cuando se dispuso a comenzar su tercera aventura, un grave problema hepático con complicaciones irremediables puso fin a sus días el 30 de noviembre de 1876.

Junto al alavés Manuel Iradier, está considerado el mayor africanista vasco del siglo XIX.

RECUERDOS MARROQUÍES DEL MORO VIZCAÍNO