ASTRONOMÍA Y NÁUTICA ESPAÑOLA ILUSTRADA


Durante el Siglo de las Luces, la labor de las academias de Guardias Marinas y de los observatorios y laboratorios astronómicos consiguieron alcanzar grandes resultados en las ciencias de la astronomía y la náutica. El objetivo era la navegación segura por los océanos a fin de preservar el Imperio y proteger las rutas comerciales.

Sus principales responsables fueron científicos y marinos ilustrados del prestigio de Jorge Juan, José de Mazarredo, Vicente de Tofiño, José Varela, Antonio de Gaztañeta o Pedro Manuel Cedillo. Los principales centros de investigación astronómica fueron los Reales Observatorios Astronómicos instalados en Madrid y en San Fernando de Cádiz.

ASTRONOMÍA Y NÁUTICA DE LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA

Durante la época de la Ilustración española, las ciencias de la astronomía y la náutica estaban relacionadas con la geografía y muy especialmente con el dominio de las rutas marítimas que debían surcar los barcos mercantes y navales. Los conflictos bélicos o el comercio internacional precisaban de cartas de navegación lo más exactas posibles. La política colonial de las potencias europeas requería el conocimiento preciso de las rutas marítimas. Para ello, el firmamento debía ser convenientemente estudiado.

Los sucesivos intentos de demostración de las ideas de Newton expresadas en sus Principia (1687) dominaron la mayor parte del panorama astronómico de la Europa ilustrada. Fue necesario un esfuerzo teórico y técnico de las academias y laboratorios. Ciencia y economía, conocimiento y política se encontraron con comodidad en los campos de la astronomía y de sus aplicaciones más concretas en el mundo de la náutica, todo por conseguir un mismo objetivo: la navegación segura por los océanos.

Desde los tiempos de Felipe V, la Armada dirigió el desarrollo de la disciplina astronómica. Las causas deben remitirse a los altos costes del material investigador y de la preparación de los estudiosos, pero sobre todo a cuestiones de carácter económico relacionadas con la conservación y explotación del Imperio de ultramar. Fue este segundo elemento el que dio un sesgo eminentemente práctico y menos teórico a la astronomía española.

JOSÉ DE MAZARREDO Y JORGE JUAN

Jorge Juan y Santacilia fue un experto marino y un prestigioso cosmógrafo y matemático que asesoraba al gobierno en lo concerniente a técnicas náuticas. Pronosticando las exigencias del futuro de la navegación y comprendiendo la necesidad de aumentar la exactitud de los instrumentos para la misma, en 1749, propuso al ministro de Marina, Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada, la fundación de un observatorio astronómico. Este centro debía servir para la formación de los cadetes de la Escuela de Guardias Marinas de Cádiz y tenía que contar con medios suficientes para medir la posición de las estrellas y sus pasos por el meridiano; es decir, que los marinos aprendieran la ciencia de la astronomía. La medición de la posición de las estrellas y sus pasos por el meridiano era el método empleado en la época para mantener un servicio horario de precisión.

El Real Observatorio de Cádiz se instaló en el Castillo de la Villa, sede de la Academia que dirigía, en 1753, entonces era el más meridional de Europa. Gracias a la insistencia de Jorge Juan, su maquinaria e instrumentación fueron las más avanzadas, y astrónomos como Godín o Tofiño desarrollaron su actividad allí.

Más tarde, en 1798, fue trasladado a la cercana isla de San Fernando, bajo la supervisión de José de Mazarredo y Salazar, donde quedó definitivamente ubicado. En dicho observatorio se empezaron a publicar las Efemérides Astronómicas, en 1791, y el Almanaque Náutico, en 1792, publicaciones que se viene editando hasta la actualidad.

REAL OBSERVATORIO DE SAN FERNANDO DE CÁDIZ

El Real Observatorio de San Fernando estaba destinado inicialmente a trabajos de posición, pero después, al incorporar nuevas especialidades y medios, se convirtió en un centro polivalente adaptado en todo momento a las tecnologías de vanguardia. En 1879, se instaló una estación magnética, en 1897 una sísmica y, recientemente, una estación de seguimiento de satélites. En la actualidad sigue prestando excelentes servicios como Real Instituto y Observatorio de la Armada.

Bajo el reinado de Carlos IV, en 1790, se inauguró el Real Observatorio Astronómico de Madrid. Fue instalado en el edificio que construyó el arquitecto Juan de Villanueva, en una colina a las afueras de Madrid en lo que hoy es el Parque del Buen Retiro. Estaba construido a semejanza de los de Greenwich y París, aunque en sus comienzos sólo contaba con instrumentos de posición.

La labor que se realizó bajo la dirección de Salvador Jiménez puede calificarse de fructífera. Sus principales logros fueron la creación de una cátedra de meteorología y la implantación de un telescopio con reflector de 76 centímetros de diámetro por el astrónomo William Herschell, en 1802, igual al que ingenió en Londres. Durante la Guerra de la Independencia, el Observatorio fue usado por las tropas francesas como polvorín.

REAL OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE MADRID

En el último cuarto de siglo XVIII, los avances científicos fueron mejoraron. Varios fueron los síntomas de dicha mejoría:

1. Los hallazgos de Copérnico fueron admitidos sin demasiados problemas.

2. Jorge Juan publicó el Estado de las astronomía en Europa, en 1773, a la vez que se reeditaron sus Observaciones astronómicas.

3. Vicente Tofiño y José Varela publicaron en la década de los 80 sus resultados sobre las observaciones astronómicas que habían realizado en el Observatorio de Cádiz.

4. Vilanova Muñoz editó su Cursos del nuevo planeta Herschel>, en 1785.

5. La Universidad de Valencia fundó, debido al plan de reforma de Blasco, una cátedra de astronomía en 1786. También iniciaba la construcción de un Observatorio Universitario, que sería el primero de España.

6. En Madrid se instaló una escuela de construcción de instrumentos, y el observatorio compró un gran telescopio construido por el prestigioso Herschel, el segundo de tamaño del mundo y de gran calidad óptica.

Vicente Tofiño Antonio Gaztañeta
VICENTE DE TOFIÑO Y ANTONIO DE GAZTAÑETA

En 1796, tuvo lugar la fundación del Cuerpo de Cosmógrafos del Estado que, además de dedicarse a la cartografía, se ocupó de los fenómenos celestes. Sin embargo, las dificultades económicas y bélicas acabaron con buena parte de estos proyectos que conocieron una vida efímera. En definitiva, la astronomía vivió una vida anodina, únicamente alterada por una cierta revitalización en el último cuarto del siglo de la mano de insignes individualidades y de algún esfuerzo institucional.

La náutica, además del renovado interés que hubo por su enseñanza, tuvo también un destacado auge desde el punto de vista de la búsqueda de las innovaciones tecnológicas. Tanto en lo que se refiere a las artes de navegar como a la confección de cartas de navegación, la Monarquía española no debía descuidar esta clase de asuntos científicos-técnicos tan útiles para fomentar las actividades del comercio y para explotar convenientemente sus colonias americanas.

Tres textos básicos fueron los que conformaron el arte de la navegación en España a finales del siglo XVII y en las primeras décadas del XVIII. El primero fue Norte de navegación, de Antonio de Gaztañeta, editado en 1692; los otros dos correspondían a Pedro Manuel Cedillo, profesor de la escuela de San Telmo, titulados Compendio del arte de navegación (1718) y Trigonometría aplicada a la navegación (1718).

Norte Navegación Antonio Gaztañeta
NORTE DE NAVEGACIÓN

A mediados del siglo, aparecieron varias obras que aportaron nuevos conocimientos. En 1756, fueron a la imprenta las obras Lecciones náuticas de Miguel Archer y Compendio de navegación de Jorge Juan.

Con la misma finalidad de renovación aparecieron Tratado de Navegación (1787) de José Mendoza y Ríos y Lecciones de Navegación de Dionisio Macarte, que tendía un puente entre las teorías renovadoras y las prácticas tradicionales.

A su lado, se publicaron algunas obras de marcado carácter conservador como Tratado de Cosmografía y Náutica (1745) de Pedro Manuel Cedillo, o El marinero instruido (1765) de Francisco de Barreda.

Cartografía Tratado Navegación Mendoza Ríos
TRATADO DE NAVEGACIÓN POR MENDOZA Y RÍOS

Con todo, la náutica parecía que continuaba en una situación ambivalente, dividida entre aportaciones teóricas innovadoras que se imponían en los centros de enseñanza y una práctica excesivamente anclada en el pasado, cuestión que puede comprobarse con cierta facilidad en el plan de estudios que Winthuysen propuso a finales del siglo para las escuelas de náuticas existentes en España.

Donde hubo un panorama relativamente aceptable fue en los instrumentos para la observación astronómica. En general, los marinos españoles instalados en la América y el Observatorio de Cádiz estuvieron al día en adelantos tecnológicos tales como el cronómetro marino. En realidad, en la segunda mitad del siglo XVIII, se produjo un definitivo acercamiento entre la navegación y la astronomía. Para esta puesta al día de los nuevos conocimientos que se conseguían en Europa se utilizaron sistemáticamente los viajes de pensionados a Londres o París con el objetivo de aprender técnicas y conocer nuevos instrumentos científicos, que algunas veces fueron importados.

Así ocurrió, entre otros casos, con Cayetano Sánchez, que a su regreso de la capital francesa fue encargado por la Armada de gestionar un taller de construcción y reparación de instrumentos relacionados con la astronomía aplicada a la navegación. La experiencia no tuvo mucha continuidad por los azares de la peste amarilla, que en 1801 acabó con el personal cualificado del taller.

NOCIONES DE NAVEGACIÓN POR DIONISIO MACARTE

SAN FRANCISCO JAVIER MODELO DE MISIONERO MODERNO


San Francisco de Javier se convirtió en el siglo XVI en el modelo de misionero moderno. El llamado Apóstol de las Indias pasó a la historia del humanitarismo por la organización de varios proyectos misioneros por el sureste asiático. Su vida fue una formidable aventura entre tierras exóticas y peligrosas, desde la India hasta Japón, entre piratas malayos y samurais.

SAN FRANCISCO JAVIER MODELO DE MISIONERO MODERNO

El navarro Francisco de Jaso y Azpilicueta, patrón de Navarra, fue uno de los fundadores de la Compañía de Jesús junto a San Ignacio de Loyola. Había nacido en Javier, en 1506, y pertenecía a un linaje navarro de alta alcurnia, con fortaleza propia en esta villa al noreste de Navarra: el Castillo de Javier.

Su vida religiosa comenzó en París, a donde llegó en 1525 para estudiar filosofía en la Universidad de la Sorbona a la edad de 19 años. En el colegio de Santa Bárbara de esta ciudad estudió bajo la protección de la corona portuguesas. En 1528 obtuvo el grado de licenciado. Según las fuentes de la época, le retrataron como un tipo bien plantado, muy activo e inteligente. 

Durante su estancia en el colegio conoció a dos personalidades importantes del siglo XVI: uno es un estudiante suizo con fama de arrogante, Juan Calvino; el otro es un guipuzcoano algo mayor y un poco extravagante, vestido con harapos, medio cojo, que vivía de las limosnas, sumergido en el fervor religioso, San Ignacio de Loyola, autor de los Ejercicios Espirituales.

El encuentro fue determinante en la vida de Javier. Ignacio había sido militar y había combatido, bajo las banderas de Castilla, en el bando de los beaumonteses contra la familia de Javier, del bando de los agramonteses, satélites de Francia. En el sitio de Pamplona, Ignacio quedó herido de una pierna y casi le costó la vida.

CASTILLO DE JAVIER

Después de un camino de discernimiento mutuo, Ignacio se fue ganando la amistad del navarro, Francisco fue tocado muy profundamente por una frase que determinaría el rumbo de su vida: "¿de qué sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?". Francisco prefirió ganar su alma y la de muchos.


En torno al guipuzcoano se fue creando una pequeña comunidad: el saboyano Pedro Fabro, el portugués Simón Rodríguez, los castellanos Diego Laínez, Nicolás Bobadilla y Alonso Salmerón y el propio navarro Franco Javier.

Una idea les obsesionaba, viajar a Tierra Santa y conquistar las almas, en una nueva cruzada, pero esta vez de carácter apostólica. El 15 de agosto de 1534, esta pequeña comunidad se recogió en la cripta de Montmartre. Bajo la dirección de Ignacio, pronunciaron votos de pobreza y castidad, y se comprometieron a peregrinar a Jerusalén. Y decidieron que, caso de no haber podido viajar antes de un año, se pondrían a disposición del Papa, y de esta manera se fundó la Compañía de Jesús.

SAN IGNACIO DE LOYOLA Y SAN FRANCISCO JAVIER

El viaje a Tierra Santa fue extremadamente peligroso, porque entre piratas berberiscos y galeotas otomanas, el Mediterráneo había dejado de ser europeo. El único puerto relativamente seguro era Venecia, pero para llegar había que atravesar Francia e Italia, que estaban en guerra. La comunidad lo intentaba a través de Alemania y Suiza, y en penosas condiciones, viviendo de limosnas y cuidando enfermos para sufragar gastos.


En 1537, llegaron a Venecia, donde navarro y guipuzcoano se ordenaron sacerdotes. Al año siguiente viajaron a Roma para recibir la bendición del Papa, Pablo III.

El proyecto de viaje a Tierra Santa resultaba muy difícil ya que el pirata Barbarroja causaba el temor en los mares Adriático y Mediterráneo debido a la guerra entre venecianos y otomanos. La Compañía se dedicó a realizar obras de caridad en varias ciudades italianas, mientras que Francisco Javier se quedaba en Roma junto a Ignacio trabajando como secretario y ayudándole en la redacción de las Constituciones de la Compañía de Jesús.

Mártires Manar Predicación San Francisco Godofredo Maes Museo
PREDICACIÓN DE SAN FRANCISCO

En 1540, se les presentó el embajador de Portugal, Mascareñas, que pedía a Ignacio misioneros para evangelizar las Indias Orientales a raíz de una petición de Juan de Portugal. El Imperio luso había establecido numerosas factorías desde África hasta la India y el mar de China. Esa fue el destino de Javier: la gran expedición misionera en el Imperio marítimo portugués. 

Zarpó desde Lisboa el 7 de abril de 1541, cuando tenía 35 años. El itinerario hacia las Indias Orientales fue el portugués, es decir, doblando África por el sur en dirección Este y atravesando el océano Índico, en lugar de la ruta española, doblando el estrecho de Magallanes y atravesando el Pacífico. Con él, partieron el italiano fray Pablo de Camerino y el portugués Francisco Mansilhas. Otros cuatro navíos completaban la flota. En el barco viaja el gobernador de la India, Martín Alfonso Sousa y, además de la tripulación, hay pasajeros, soldados, esclavos y convictos; gente de toda clase entre los que Javier tuvo que mediar en reyertas, combatir la blasfemia, el juego y otros desórdenes, y catequizarlos a todos.

Durante el viaje sufrió las grandes marejadas del Atlántico, después el intenso calor de la zona ecuatorial pudre el agua y los alimentos, y por último las grandes calmas del océano que provocan un parón en el golfo de Guinea. Con el barco inmóvil, se declara la peste y el escorbuto a bordo. Javier convierte su camarote en enfermería, dedicándose a cuidar a los enfermos y arrojar los cadáveres al mar.

Tras doblar el cabo de Buena Esperanza, realiza su primera parada en Mozambique. Durante su estancia de un año, ayuda en el hospital y percibe la realidad del trato que se da a los negros, lo cual le lleva a tener los primeros enfrentamientos. Después sigue por la costa este del África oriental y efectúa escalas en Melinde y Socotora, pequeños puertos entregados a su propia suerte, donde marinos árabes comparten soledad con mercaderes portugueses, misioneros de vida precaria y nativos africanos.

escultura estatuilla san Francisco Javier museo castillo
SAN FRANCISCO JAVIER

Por fin, la expedición llegó a Goa, en la costa occidental de la India, el 7 de mayo de 1542. Era una brillante ciudad hindú capturada por los árabes y, después conquistada por Alfonso de Alburquerque para la corona portuguesa. Capital del Imperio portugués de oriente, contaba con más de 225.000 habitantes y más de un centenar de iglesias y conventos de dominicos y franciscanos. Desde Goa organizó sus expediciones evangelizadoras y misionales. 

Javier residió en Goa y alrededores durante cinco años como delegado del Papa, reorganizó la catequesis y el sistema de evangelización basándose en el catecismo de Juan Barros, tradujo los textos sagrados a las lenguas vernáculas, asistía a moribundos y cura enfermos, visitaba a presos y socorría a pobres, abrió escuelas, colegios y dispensarios, bautizaba y catequizaba a miles, y descubrió a todos el amor de Dios.

Goa se convirtió en la base de operaciones de todas las misiones en Asia. Allí se instaló el Seminario de San Pablo y desde allí partió la misión jesuita al Tíbet con el sacerdote portugués Andrade: el primer europeo que entró en la ciudad de los lamas. 

Hacia octubre de 1542, viajó por los pueblos de los pescadores de la costa del sur de la península, con intención de revitalizar el cristianismo, casi perdido por falta de sacerdotes. Para lograr un acercamiento más intenso, se dedicó a aprender la lengua del país. Evangelizó a los indios Paravas y recorrió las ciudades de Tuticorrín, Trichendur, Manapar y Combuture. Encontró la oposición de los brahmanes, que habitaban las pagodas de la región. Aprendió tamil y tradujo a esa lengua parte de los textos cristianos y una plática sobre el cielo y el infierno.

milagros Francisco Javier pintura Rubens
LOS MILAGROS DE SAN FRANCISCO DE JAVIER

Pasó casi tres años desempeñando la labor misionera en el oeste de la India. En sus andanzas llegó hasta Sri Lanka. En noviembre de 1543 se encontró con sus compañeros Micer Paulo y Mansilla en Goa y se entrevistó con el obispo de la ciudad, Juan de Alburquerque, para pedirle misioneros. El obispo destinó a 6 sacerdotes para esa labor.

Con los nuevos colaboradores marchó de nuevo a la Pesquería, donde estableció un sistema de asignación de territorios a un responsable, el cual debía de mantenerle informado del devenir de la misión. Una vez organizado ese territorio, partió hacia Manapar y el distrito sur, donde permaneció un mes con los makuas, bautizando a más de 10.000.

En 1544 estuvo realizando más de veinte viajes de evangelización. El rey de los hindúes de Ceilán del norte, Jaffna, ordenó la ejecución de seiscientos cristianos en Manar. Ante estas noticias, Francisco volvió a Goa y habló con el gobernador, Martín de Sousa, para acompañar a la expedición punitiva para castigar las acciones contra los cristianos. Por diferentes causas dicha acción nunca se llevó a cabo. 

Durante tres meses Francisco Javier estuvo aprendiendo una base del idioma y se familiarizó con la cultura local; también tradujo, con ayuda de gentes entendidas, la parte básica de los textos de la doctrina católica. Ese mismo año escribió al rey de Portugal Sobre las injusticias y vejaciones que les imponen los propios oficiales de Vuestra Majestad.

VIAJE DE ESPAÑA A JAPÓN

En 1545, continuó su misión de predicación en las islas Molucas en compañía de Juan Eiro, llegando a Malaca poco después y terminando en la isla de Mindanao, siendo San Francisco Javier el primer apóstol de Filipinas.

Desde 1546 hasta 1548, no paró de viajar. Salió hacia las islas de Amborio y Ternate, después de escribir las Instrucciones para los catequistas de la Compañía de Jesús. Recorrió diferentes islas de la región y en Baranula (Ceran), continuando por Ternate, rico centro comercial de especias y última posesión portuguesa, las islas del Moro, y terminando de vuelta en Cochín.

Después de seis años en Asia, realizando labores de reordenación y supervisión de las misiones establecidas en India y Molucas, donde se sintió decepcionado con el deterioro sufrido, recibió la noticia de que un rey de Japón desea convertirse. Japón estaba muy lejos; hasta allá el mar estaba lleno de piratas; no había tropas portuguesas para cubrir el camino, pero Javier resolvió acudir a la llamada. Terminó siendo otro viaje portentoso y terrible, como de antigua leyenda. Para empezar, no había barcos disponibles, pero el viaje urgía, porque la estación de los vientos favorables se acercaba. El capitán de Malaca, Pedro de Silva, hijo del gran marino Vasco de Gama, no pudo ofrecer a Javier otra cosa que el junco del pirata chino Aván. Como Silva no se fía del chino, apresó a su mujer, confiscó sus bienes y le hizo jurar que irá directamente al Japón en cuanto soplase el viento.

Fue el 24 de Junio de 1549 cuando en el junco de bambú se apelotonaron doscientos hombres y trescientos sacos de pimienta, tan valiosa como el oro. Viajaban con Javier el valenciano Cosme de Torres y el cordobés Juan Fernández. Después de mil peripecias, donde no faltaron los piratas, los tifones, las triquiñuelas de Aván y hasta un encuentro con la escuadra imperial china, con el último viento del sur lograban arribar un 15 de agosto a Kagoshima, entonces capital del reino Sur del Japón.

EVANGELIZAIÓN DE FRANCISCO DE JAVIER EN INDIA Y JAPÓN

En esta ciudad permaneció durante un año, aprendió el idioma japonés, e hizo traducir la obra Declaración de los artículos de la Fe. Para responder a las preguntas que los transeúntes realizaban se valió de un intérprete. Se ganó la confianza del señor feudal de la provincia, Shimazu Takahisha, pero también sufrió las hostilidades de los bonzos.

Creyó en la posibilidad de que si el rey se convirtiera al catolicismo, el pueblo también los haría, por ello, en 1550 se dirigió a Miyako, principal ciudad de Japón, situada en la parte central. Fundó una pequeña colectividad cristiana en Hirado. Llegó a Yamaguchi, luego a Sakai y finalmente a Miyako. Aquella ciudad sufría las penalidades de una guerra, por eso se instaló en Yamaguchi, obteniendo del príncipe la garantía de respeto a los conversos al cristianismo. Ante esa perspectiva estuvo realizando, junto con sus dos compañeros, una intensa labor de predicación y la creación de una pequeña comunidad católica. Muchos de los convertidos eran samuráis. La oposición del clero local, los bonzos, fue siempre fuerte.

Tras dos años de misión, Javier logró difundir el Evangelio en algunas ciudades del sur suscitando interés y fundando comunidades cristianas que más tarde crecerían muy rápidamente. Llegó a la conclusión de que la cultura japonesa dependía de la cultura china, y que si lograba sembrar el evangelio en China, entonces el Japón lo abrazaría. Ideó un plan para misionar en China.

Utilizando su título de embajador de Portugal, fue recibido en septiembre de 1551 por el príncipe de Bungo. Aquel gobernador quedó tan encantado con el sacerdote que otorgó su permiso para predicar, su protección oficial y le cedió un antiguo templo budista para que se alojase mientras estuviese ahí.

Un mes después y dejando algunos conversos, Francisco Javier regresó a la India aprovechando la llegada de un navío portugués a Funai. Quedó alertado por las noticias que le llegaron sobre las crecientes dificultades y abusos que se cometían en la India tanto entre los misioneros como entre las autoridades portuguesas.

El viaje de vuelta fue a bordo de la nao Santa Cruz, que capitaneaba Diego de Pereira, quien le ofreció la idea de organizar una embajada a China en nombre del rey de Portugal para entablar negociaciones de paz. Cuando llegó a Malaca se enteró de que la India había sido nombrada provincia jesuítica independiente de Portugal y que él es su provincial.

En 1552 llegó a Cochín y a Goa. Después de solucionar algunos problemas de las misiones, comenzó a preparar la expedición a China. Él mismo lo explicaba así:
"La China es una tierra grandísima, pacífica y gobernada con grandes leyes, hay un sólo rey, y es en gran manera obedecido. Es un riquísimo reino y abundantísimo. Estos chinos son muy ingeniosos y dados al estudio, principalmente a las leyes humanas sobre la gobernación de la república; son muy deseosos de saber. Si acá en la India no hubiere algunos impedimentos que me estorben la partida, este año espero ir a la China por el gran servicio de Dios nuestro Señor que se puede seguir, así en la China como en Japón; porque sabiendo los japoneses que la ley de Dios la reciben los chinos, han de perder más presto la fe que tienen a sus sectas. Grande esperanza tengo que así los chinos como los japoneses, por la Compañía del nombre de Jesús, han de salir de sus idolatrías y adorar a Dios y a Jesucristo, salvador de todas las gentes."

Partió hacia China en abril de 1552 acompañado de otros evangelizadores. El viaje se retrasó, llegando a la isla de Sanshoan a finales de agosto. Esta isla era el lugar de encuentro entre los mercaderes chinos y portugueses y punto de embarque hasta el continente, dista unos veinte kilómetros de la costa y está situada a cien kilómetros al sur de Hong Kong. Nunca llegaría a China. El 3 de diciembre de ese año moría Francisco de Javier cuando contaba 46 años de edad, víctima de unas fiebres. Su cuerpo fue conducido a Goa, donde llegó en la primavera de 1554, siendo enterrado en esa ciudad.

Francisco Javier evangelización pinturas Japón
EVANGELIZAIÓN DE FRANCISCO DE JAVIER EN JAPÓN

Aquí terminó la expedición evangelizadora y misionera de Francisco de Javier que fue el precedente de futuras misiones cristianas en Asia. 

Fue canonizado el 12 de marzo de 1622 por Gregorio XV, con el nombre de San Francisco Javier, al mismo tiempo que Ignacio de Loyola, Teresa de Ávila, Felipe Neri e Isidro el Labrador.

Por su inestimable empresa en las Indias, Benedicto XIV le concedió el título de Patrono Universal de las Misiones de Oriente en 1749. Se conservaron algunas de las cartas que San Francisco escribió a San Ignacio. También hay pequeños escritos catequísticos conocidos, como el pequeño catecismo (1542), y el gran catecismo (1546). Con motivo del V Centenario de su nacimiento se multiplicaron los estudios y ediciones en la red y en papel.

En 1949, en el monte del castillo de Kagoshima, aquella ciudad japonesa, se elevó una piedra con la siguiente inscripción:
"Este es el lugar donde el príncipe Shimazu Takahisa se encontró con el misionero Zabiel."
MONUMENTO EN KAGOSHIMA

DESCUBRIMIENTO DE PERSÉPOLIS POR SILVA Y FIGUEROA


García de Silva y Figueroa fue el primer occidental en identificar las ruinas de Takht-e Jamshid como Persépolis, la antigua capital del Imperio persa durante la dinastía de Aqueménida, en 1618. Fue el primer europeo en ofrecer la primera descripción de la escritura cuneiforme que en aquella civilización se practicaba, un gran hallazgo para la arqueología universal.

Dejó escrita una crónica completa de sus viajes, tratándose de la mejor descripción de Persia de su época Persidisque comentarii.

García Silva Figueroa Persépolis Imperio persa
DESCUBRIMIENTO DE PERSÉPOLIS POR SILVA Y FIGUEROA

Persépolis está situada a 70 kilómetros de Shiraz, en el sur del actual Irán. Literalmente significa "la ciudad persa". Era la antigua capital del Imperio persa durante la época aqueménida, fundada por Darío I en 520 a. C., y ampliada por su hijo Jerjes I y su nieto Artajerjes I. Mientras las capitales administrativas de los reyes aqueménidas fueron Susa, Ecbatana y Babilonia, la ciudadela palaciega de Persépolis mantuvo la función de capital ceremonial, donde se celebraban las fiestas de Año Nuevo. Construida en una región remota y montañosa, Persépolis era una residencia real poco conveniente, y era visitada principalmente en primavera. La urbe fue incendiada y el Palacio de Jerjes fue destruido por orden de Alejandro Magno en 330 a. C., posiblemente como revancha de la guerra panhelénica contra los persas.

En 316 a. C., Persépolis era todavía la capital de Persia, una provincia del nuevo Imperio macedónico. La ciudad decayó gradualmente durante el periodo seléucida y las épocas posteriores. En el siglo III, la cercana ciudad de Istakhr se convirtió en centro del Imperio sasánida.

El paradero de Persépolis fue poco a poco difuminándose y la identidad de los restos de esta ciudad había permanecido oculta a lo largo de los siglos.

Ruinas arqueológicas Persépolis Aqueménida
ANTIGUA PERSÉPOLIS

Las ruinas reciben el nombre actual de Takht-e Jamshid que significa "el trono de Jamshid", un héroe mítico. El sitio fue objeto de numerosas visitas por los occidentales del siglo XIV al siglo XVIII. Las simples observaciones anecdóticas de los comienzos fueron sustituidas progresivamente por trabajos cada vez más descriptivos.

El sitio fue mencionado ya en 1318 por un monje viajero de nombre Odorico, en 1474 por un viajero veneciano llamado Josaphat Barbaro. El misionero portugués Antonio de Gouvea visitó el sitio en 1602, observando las inscripciones cuneiformes y las representaciones de "animales con cabezas humanas". Pero no sería hasta 1619, cuando un occidental identificase estos restos con la ciudad de Persépolis, apoyándose en textos griegos. Fue el embajador de España en la Corte de Abbás el Grande, shah de Persia.

Mapa Imperio Safávida Abbás shah
IMPERIO SAFÁVIDA Y SHAH ABBÁS

En 1612, Felipe III decidió enviar una embajada al shah Abbas I el Grande de Persia, en respuesta a otra que había arribado a Madrid en 1610, con el objetivo de entablar una alianza entre ambas potencias contra el expansivo Imperio otomano que suponía una auténtica amenaza. Un antiguo destacado militar en la guerra de Flandes, García de Silva y Figueroa, fue seleccionado para encabezar esta misión diplomática a la corte del shah Abbas I, del Imperio Safávida.

García de Silva y Figueroa era natural de Zafra (Badajoz) donde nació en 1550. Estudió Leyes en la Universidad de Salamanca, y después de servir en los Tercios de Infantería de Flandes y ser un antiguo paje de Felipe II fue nombrado gobernador de Badajoz. Prestó después sus servicios en la Secretaría de Estado de Felipe III. Era hombre de autoridad y de vasto saber, acreditado por sus informes y observaciones en geografía, en historia natural, en arqueología y en la generalidad de los conocimientos humanos. Fue esta hoja de servicios la mejor garantía para llevar a cabo el proyecto diplomático.

García Silva Figueroa rey Felipe
GARCÍA DE SILVA Y FIGUEROA Y FELIPE III

Los objetivos diplomáticos eran de suma importancia: tratar de la expansión de Abbas I en el golfo Pérsico, observar de cerca su relación con los ingleses de cara a mantener el monopolio comercial portugués en el Índico y con la intención manifiesta de que "el persa persevere en la guerra contra el Turco para que (éste) no progrese en el Mediterráneo".

La expedición partió del puerto de Lisboa el 8 de abril de 1614 a bordo de la nave capitana de la Armada de la India, y en noviembre del mismo año llegó a Goa, capital de la India portuguesa, una colonia asiática perteneciente a la Monarquía hispánica gracias a la unión de las Coronas de España y Portugal, que en 1580 acaparó Felipe II. Tuvo serios problemas con los portugueses, que se defendían hasta lo irracional de presuntas "injerencias castellanas", e incluso permaneció retenido en esta ciudad casi dos años.

Continuó el viaje bordeando las costas de Omán y atravesando el peligroso estrecho de Ormuz, hasta llegar a Bandar Abbas, en octubre de 1617.

Llevaba consigo un impresionante séquito 100 criados y otros centenar de camelleros, encargados de la conducción estos animales cargados de equipajes y de regalos destinados al shah. Fue bien recibido en Isfahán, sin embargo no consiguió ninguno de sus objetivos. García de Silva recorrió casi toda Persia, parte de la Mesopotamia y del Asia Menor, visitando Shiraz y Qom, entre otras ciudades. Entonces descubrieron que el shah no se encontraba en la capital, Kazwin, sino en el mar Caspio. De esta forma decidió permanecer los meses venideros de invierno en Shiraz para acudir al encuentro del soberano en primavera.

Ruinas arqueológicas Persépolis Aqueménida
RUINAS DE PERSÉPOLIS

El 6 de abril de 1618, fecha marcada en los anales de la arqueología, Silva contempló las ruinas de Takht-e Jamsid, la ciudad palacio que había fundado Darío I el Grande. Después de un detallado estudio, las identificó con las ruinas de Persépolis. La noticia se conoció rápido en Europa después de que el embajador Silva enviara una carta contando sus descubrimientos a su amigo el marqués de Bedmar.

Esta misiva causó una gran impresión en los círculos ilustrados de Europa, y fue rápidamente traducida al latín y al inglés. Una de sus conclusiones fue que los símbolos cuneiformes que adornaban los templos no eran ornamentos, sino una forma de escritura. Fue el primer europeo en ofrecer la primera descripción de la escritura cuneiforme:
"Existe una impresionante inscripción tallada en jaspe negro. Sus caracteres son todavía claros y brillantes, increíblemente libres de daño y deterioro a pesar de su muy grande edad. Las letras mismas no son ni caldeo, ni hebreo, ni griego, ni árabe ni de ningún pueblo que pueda haberse conocido hasta ahora o que haya existido jamás. Son triangulares, en la forma de pirámides u obeliscos diminutos, como están ilustradas en el margen y son todas idénticas excepto por su posición y ordenación. Sin embargo, los caracteres resultantes de la composición son extraordinariamente diferentes."

escritura cuneiforme Persépolis García Figueroa
ESCRITURA CUNEIFORME PERSÉPOLIS

Mandó hacer dibujos de las más notables esculturas y de algunas inscripciones. Durante sus viajes acumuló una extraordinaria colección de antigüedades y obras de arte de gran valor, que se llevó consigo al emprender el viaje de vuelta a España, iniciado en 1619.

En la India portuguesa fue nuevamente retenido hasta febrero de 1624. Durante el largo viaje de regreso el llamado "mal de Luanda" le sorprendió en alta mar, en el océano Atlántico, produciéndole la muerte, sin que se sepa del paradero de su colección.

Silva dejó escrito una crónica completa de sus viajes, tratándose de la mejor descripción de Persia de su época: Totius legationis suae et indicarum rerum, Persidisque comentarii. Describe sus ciudades, su geografía y sus costumbres tales como las prácticas funerarias del zoroastrismo, la práctica de la tauromaquia en las ciudades y el cultivo de palmeras datileras en el sur de Persia.

Esta crónica fue traducida al francés por el holandés Abraham de Wicquefort en 1667. El manuscrito se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Embajada Silva y Figueroa Persia Pietro Valle
EMBAJADA DE GARCÍA DE SILVA Y FIGUEROA

CARTOGRAFÍA ESPAÑOLA ILUSTRADA


Es indiscutible que en la Edad de Oro de las expediciones científicas la aportación española fue ciertamente deslumbrante. El Imperio español era un vasto laboratorio para la experimentación de las ciencias, entre las que estaban la cartografía, la hidrografía y la geografía. Era necesario un conocimiento más preciso del el territorio porque de él dependía el mantenimiento del Imperio y la hegemonía política. Sus aportaciones fueron las siguientes.

CARTOGRAFÍA DE LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA

En el Arsenal de La Carraca en San Fernando y en la Escuela Naval Militar de Marín, donde se formaban los futuros guardiamarinas de la Armada española, queda como reminiscencia del siglo XVIII la inscripción latina: "Tu regere imperio fluctus hispane memento" (Acuérdate España que tú registe el imperio de los mares). Los fundadores ilustrados de la institución eran conscientes de la relación directa entre el Imperio y el mar, a través de la cartografía.

Tradicionalmente, los marinos utilizaron el portulano como libro de ruta que permitía la navegación por el mar Mediterráneo. Con el inicio de las navegaciones africanas y americanas, el derrotero sustituyó al portulano, al que se unió el tratado de navegación que recogía toda la información sobre pilotaje del buque. Además, con el advenimiento de la navegación astronómica, el tratado comenzó a cobrar una notable complejidad técnica. En el siglo XVII, se introdujo la navegación mediante la carta marítima con la proyección de Mercator, además de disponer de nuevos instrumentos para observar la altura de los astros sobre el horizonte.

La nueva concepción de la figura del planeta y el intento de establecer un meridiano de referencia conllevaron la posibilidad de determinar de manera exacta las coordenadas de latitud y la longitud en el mar, a fin de situar debidamente los accidentes geográficos y marítimos en un mapa. Obtenida la latitud, la longitud constituyó un problema para los gobiernos europeos. Para su resolución, las marinas de la época desarrollaron métodos variados: primario empleo de la brújula, utilización de cronómetros, declinación de la aguja magnética, empleo de relojes, método de las distancias lunares, etc.

El cálculo de las distancias lunares resultó ser el más ventajoso por no depender de fenómenos estelares de difícil observación o que se produjesen de forma extraordinaria. Además, la exigencia de una mayor exactitud de los cálculos matemáticos se consiguió a mediados de siglo XVIII con el establecimiento y publicación de unas tablas lunares a partir de las que fue posible determinar la posición en el mar gracias a la utilización de cronómetros en instrumentos ópticos más avanzados como el octante de Hadley.

La cartografía española del último tercio del siglo XVIII fue deudora de este método de navegación y observación astronómica. Fue introducido por José de Mazarredo y difundido entre los guardias marinas a través de sus Lecciones de Navegación, una revisión y actualización de la obra de Jorge Juan, publicada en 1798.

Sin embargo, a medida que se hallaban nuevos y más sofisticados métodos d
e navegación y observación astronómica, aumentaban las dificultades para su realización por la carencia de personal capaz de manejar los instrumentos y realizar determinados cálculos matemáticos. Fue necesaria la fundación de un curso de Estudios Mayores para oficiales guardiamarinas donde se difundieron técnicas y cálculos de más rigor matemático y envergadura intelectual.

INSTRUMENTOS DE MEDICIÓN UTILIZADOS POR JORGE JUAN REPRODUCIDOS EN LA RELACIÓN HISTÓRICA DEL VIAJE A LA AMÉRICA MERIDIONAL (1748)


Respecto a la evolución de los conocimientos para la representación cartográfica, la necesidad de conocer las potencialidades existentes en el propio país expresada en los textos y programas políticos reformistas de los primeros Borbones y sus ministros (división administrativa y reforma fiscal) condujo a la puesta en marcha de exploraciones geográficas sobre la base de mapas más exactos gracias a las nuevas técnicas de posición de los lugares y accidentes a representar.

A pesar de la tradición exploratoria y de conquista en la historia de España, a principios del siglo XVIII se carecía de una cartografía científica tanto para la península y las islas como para los territorios ultramarinos.

La técnica cartográfica fue evolucionando desde los mapas reducidos en su representación a perfiles costeros o de relieves significativos anteriores al siglo XVII, a que se generaliza entre los marinos una formación más atenta a las innovaciones técnicas y científicas que pudiera aportar datos más exactos: situación por coordenadas de longitud y latitud, escala, sondeo relieve, etc.

A la tradicional tarea del cartógrafo de gabinete dedicado a la recopilación de mapas, comparación de datos y reelaboración de representaciones, sucedió la más especializada y directa labor de observación y medición de los nuevos especialistas en astronomía y matemáticas. Comenzaba a diferenciarse la labor de los geógrafos 
de los cosmógrafos. Geógrafos fueron Tomás López (e hijos) y Juan de la Cruz Cano, quienes realizaron una obra sintética en su método y de objetivo universalista. Cosmógrafos eran aquellos hombres formados en matemáticas y astronomía que, fuera de los salones de estudio, observaban los fenómenos celestes con los instrumentos precisos.

Así pues, a los largo del siglo XVIII se acrecentó la actividad cartográfica de quienes podían realizar esas observaciones en los lugares alejados del Imperio, en aquellos espacios que interesaba conocer en el plano científico, plasmarlos en una cartografía más certera y poder controlarlos en lo político a fin de facilitar las transacciones comerciales y el trasiego de los buques de la Armada de los mares americanos y pacíficos.

De este modo, fueron los marinos quienes, gracias a su formación y práctica muy variadas, desde derroteros a atlas marítimos, cartas náuticas, descripciones de costas y sondas, mapas de desembocaduras, de ríos y ensenadas, planos de puertos, ciudades e islas.

El relevante desarrollo de la cartografía española y de sus expediciones marítimas en el último cuarto de siglo fue debido a la elaboración de una normativa y una empresa, en el contexto de las reformas ilustradas. Además de las aportaciones de Jorge Juan y sus ideas modernizadoras en la formación de los marinos.

Un precursor de la cartografía española de la Ilustración científica fue Pedro Murillo Velarde, por su composición del Mapa de las islas Filipinas, en 1744. Contiene información detallada sobre los productos agrícolas, ganaderos, forestales y los que se comercializan en las islas, tales como oro, perlas, cera o canela, y de las "yerbas medicinales". Continúa con la organización eclesiástica, gubernamental, municipal, militar y universitaria, y finaliza aportando el número de cristiano en el archipiélago.

La otra gran carta de Murillo Velarde es el Plano hidrographico y geographico del reyno de Tierra Firme y sus provincias de Veragua y Darién, ambos en 1744. Este último mapa inserta los planos de Chagres y Portobelo en su ángulo superior y el de la ciudad de Panamá en el inferior. En los dos primeros detalla los efectos de los ataques ingleses de la Escuadra de Vernon durante la Guerra de la Oreja de Jenkins. Chagre fue incendiado y los castillos de Santiago, San Felipe y San Jerónimo, en Portobelo, fueron demolidos. 

Dionisio Alcedo, responsable de la defensa de la zona contra el enemigo inglés, elaboró en 1741 un proyecto de "arbitrios útiles y medios fáciles para la reedificación de las fortalezas" de Portobelo y Chagres que incluía también un pequeño mapa manuscrito del itsmo de Tierra Firme.


La nueva normativa fueron las Ordenanzas de 1748 con la que la Armada asumía todas las funciones que se desempeñaban en el Colegio de San Telmo de Sevilla, dedicado a la formación de huérfanos como pilotos de navegación, y en la Casa de Contratación, tradicional centro de estudios hidrográficos y náuticos. Ambas instituciones eran ya inoperantes, pero referentes decisivos para la política reformista por la relevancia científica de sus profesores.

La empresa era de carácter cartográfico y fue la elaboración del Atlas Marítimo de España bajo la dirección de Vicente Tofiño. Esta fue figura decisiva en la formación de los astrónomos y cartógrafos españoles del último tercio del siglo XVIII. Realizó importantes observaciones en el Observatorio de Cádiz, fue comandante de levantamiento cartográfico de las costas peninsulares y del norte de África que constituyó el Atlas, publicado en 1789, y cuya elaboración se articuló como "una academia flotante" ya que muchos de los que participaron en ella de un modo u otro, acometieron trabajos relacionados con la cartografía ultramarina.


El gran científico ilustrado Jorge Juan fue el gran promotor de la cartografía española del siglo XVIII. Protegido por el ministro de Marina, Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada, tomó parte de la Expedición Geodésica en Perú para la medición del tamaño de la tierra, junto a Antonio de Ulloa. A su vuelta, propuso la creación de un nuevo mapa español a través de un sistema de triangulación que permitiera medir correctamente la península Ibérica. El plan elaborado en 1751 era ambicioso y suponía la constitución de varios grupos de trabajo.

El proyecto no fue puesto en marcha por insuficiencias presupuestarias y problemas técnico, como la falta de especialistas en diversas materias. Pero aquel intento hizo reaccionar al gobierno, que decidió pensionar a cuatro jóvenes científicos en París, con el objetivo de aprender el arte del grabado para la realización de mapas, entre otras cuestiones. Dos de ellos fueron Juan de la Cruz Cano y Tomás López, relevantes geógrafos de la segunda mitad de la centuria.

Instalados en España, a partir de 1760, la serie de trabajos realizados por ambos fue realmente impresionante. Primero, colaboraron en la dirección de mapas sobre los diversos lugares en los que España estaba desarrollando conflictos bélicos, tales como Portugal (1762), Luisiana (1763), Sacramento (1778) y Nueva Inglaterra (1779), y realizaron las cartografías de los territorios peninsulares en manos extranjeras, como eran los casos de Gibraltar o Menorca. Y, en segundo lugar, colaboraron en los grabados que debían ilustrar obras históricas o geográficas, tales como las Guías de Forasteros o La España Sagrada.


MAPA DE AMÉRICA MERIDIONAL, POR JUAN DE LA CRUZ CANO (1775)

Con todo, su obra más significativa fue la elaboración de un mapa de España y sus dominios indianos. Para ello, se trazó en 1766 un plan de recogida de datos en todas las regiones de España, a fin de obtener noticia puntual de montes y ríos, producciones agrarias y manufactureras, centros educativos y restos arqueológicos. De este vasto plan, fue en los datos topográficos en los que mayor insistencia se puso durante los treinta años que duró la recogida de materiales. En esta tarea, el método de acumulación de mapas parciales tuvo inconvenientes técnicos que no siempre se supieron salvar, tales como la reducción a una misma escala de los diferentes planos regionales. En 1810, se publicó finalmente el Atlas general de España, 
de la mano de Antonio López.

Naturalmente, la iniciativa de estos dos importantes geógrafos no fue suficiente para las necesidades concretas que fueron planteándose. Los gobiernos acudieron para la consecución de sus objetivos cartográficos a la Marina. Ante la necesidad de informaciones geográficas precisas se tuvo que acudir a instituciones que dispusieran de los técnicos y del instrumental más adecuado posible. La Marina, que era la responsable de la defensa de las costas metropolitanas y americanas, tuvo en este sentido un destacado papel. La Academia de Guardias Marinas y el Observatorio Astronómico instalados en Cádiz, así como los existentes desde 1777 en Cartagena y El Ferrol, aseguraban una buena preparación técnica a los marinos.

ATLAS GENERAL DE ESPAÑOLA, POR ANTONIO LÓPEZ

MAPA DEL REINO DE VALENCIA, POR TOMÁS LÓPEZ

En 1772, José Antonio de Alzate y Ramírez compuso su Plano geográfico de la mayor parte de la América septentrional española. Este mapa es una representación de los territorios de Nueva España, que incluye por el norte los actuales Estados norteamericanos de California, Arizona, Nuevo México, Texas, Luisiana y Florida, y por el sur llega hasta Honduras y Nicaragua.

En la esquina superior izquierda del mapa, una singular rosa de los vientos coronada con flor de lis orienta el mapa flanqueada por la leyenda "se ignoran las naciones que habitan esta parte de la California". Sobre ella, y como límite costero por el norte, Alzate dibujó un mar al que llamó "Mar o Bahía de Vest" en el que se identifica el estrecho de Juan de Fuca, al sur de la ciudad de Vancouver. Más al sur, la provincia de la Quivira, a la que relacionó con su leyenda mitológica, es una de tantas provincias, poblaciones o misiones que aparecen identificadas con inscripciones históricas sobre hechos acaecidos en las mismas y sus fechas correspondientes. Demostraba también un gran conocimiento de las tribus indias, pues todas ellas están identificadas y situadas en los territorios en los que se asientan (apaches, navajos, yumas, etc.). Concretamente en el caso de los indios apaches se encuentran hasta catorce denominaciones diferentes.

PLANO GEOGRÁFICO DE AMERICA SEPTENTRIONAL ESPAÑOLA, POR AZCARATE RAMÍREZ

En 1781, el mariscal de campo Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana, lideró la toma de Pensacola por el Ejército español que apoyaba a los rebeldes estadounidenses durante la Guerra de Emancipación norteamericana. Se conserva un mapa de la Toma de la plaza de Panzacola y con ella la rendición de la Florida occidental a las armas del rey Carlos Tercero. Se trata de un documento original por su contenido y por su disposición y diseño. En su contenido, porque está realizado con la clara intención de narrar la historia de una batalla, y en su disposición, porque está dividido en ocho viñetas.

La viñeta central ofrece una vista general del escenario donde tuvo lugar la batalla de Pensacola. Las fuerzas navales españolas están frente a la isla de Santa Rosa, antes de comenzar la ofensiva, y la derrota seguida por los buques hasta la plaza de Pensacola. Las otras siete viñetas laterales presentan el desarrollo cronológico de la batalla, los movimientos de la escuadra hasta conseguir la rendición. En cada una, los dibujos van acompañados de un texto explicativo.

TOMA DE LA PLAZA DE PANZACOLA Y LA RENDICIÓN DE LA FLORIDA

1783, el ministro de Marina, Antonio Valdés, encargó al director de la academia gaditana, Tofiño, un mapa general de las costas españolas. Tres años después de iniciado el periplo, en una fragata y un bergantín, se publicaron los Derroteros de las costas de España y Atlas Marino de España, islas Azores y adyacentes. Además, la expedición tuvo como virtud la formación de un equipo de expertos, como Dionisio Alcalá Galiano, José Espinosa, José de Vargas Ponce o Alejandro Belmonte, por citar algunos. Con el tiempo, estos se dedicaron a realizar viajes por las diversas costas del planeta, respondiendo a las necesidades militares, económicas y políticas mediante la cartografía.

Estas expediciones cartográficas fueron numerosas. Destacaron los viajes por las costas de África y, sobre todo, por América. En 1785 y 1786, al mando de Antonio de Córdoba y con Alcalá Galiano a bordo, se efectuó una incursión por la Patagonia y el estrecho de Magallanes para contrarrestar la información que franceses e ingleses estaban consiguiendo. Asimismo, desde 1777 se iniciaron expediciones al norte del continente, donde Behring había descubierto en 1726-1730 el estrecho que llevaría su nombre.

MAPA DE LA COSTA DE LIMA Y ALREDEDORES, POR ALEJANDRO MALASPINA (1790)

El conjunto de los viajes cartográficos de la Ilustración científica permitió a los españoles un buen conocimiento de las costas norteamericanas. Finalmente, tuvo lugar la expedición del Alejandro Malaspina, que tenía por objeto dar la vuelta al mundo para realizar investigaciones botánicas pero también para levantar cartas hidrográficas en las regiones más remotas de América, en un intento de facilitar, entre otros objetivos, unos mejores intercambios mercantiles.

El marqués de Valdelirios y la expedición de Antón Iturriaga en tierras brasileñas dieron también interesantes frutos cartográficos.

Dentro de la España peninsular, los ingenieros militares realizaron una meritoria misión: la cartografía planimétrica de la Monarquía; acorde al nuevo ordenamiento territorial. La obra ejecutada fue ingente: miles de planos y mapas con valiosa información acerca de las diversas provincias de España fueron levantadas por estos militares.

Fue asimismo destacable la colaboración de los eclesiásticos. Los obispos, especialmente los afines a la Ilustración, tuvieron verdadero interés en conocer geográficamente sus diócesis. En Toledo, Valencia o Cuenca se estimularon tal tipo de empresas. Algunos prelados colaboraron incluso personalmente. Éste fue el caso del futuro cardenal Antonio Despuig, antiguo acompañante de la expedición de Tofiño, que tomó la determinación de realizar junto con su secretario un mapa de la isla de Mallorca, en 1784. En los dominios americanos también hubo realizaciones llevadas a cabo por el clero, como las emprendidas, por ejemplo, por el obispo de Nueva España. Tampoco los jesuitas descuidaron la realización de planos en los territorios donde tenían intereses.

MAPA DE ESPAÑA, POR ANTONIO DE ANTILLÓN

Por último, en el campo de la geografía, es preciso resaltar la obra de uno de los mejores geógrafos del siglo, como fue el aragonés Isidoro de Antillón. Desde su cátedra del Seminario de Nobles Artes, representó la síntesis de la geografía ilustrada y la eclosión de los nuevos enfoques, hechos especialmente detectables en sus manuales geográficos y en los atlas sobre su tierra o en sus observaciones astronómicas.

Colaboró en la construcción de un Diccionario geográfico e histórico de España y fue autor de las Lecciones de Geografía, editadas en 1804-1806, y de los Elementos de la geografía astronomía, natural y política de España y Portugal, publicados en 1808. En ellos se recopila una buena parte de la información recogida por los mejores eruditos del siglo, como Ponz, Bowles, Labrada o Asso, dando realce con estas publicaciones a la geografía humana.

De hecho, la geografía se mostró como una disciplina especialmente ilustrada por sus múltiples virtualidades en el conocimiento de la realidad española. Su versatilidad se demostró acudiendo al socorro de cuestiones geopolíticas en las que España estaba interesada, pero también en la ayuda prestada a las necesidades internas a las que aportó los conocimientos necesarios para la construcción de obras hidráulicas, la planificación de ciudades o las decisiones en los pleitos jurisdiccionales o de propiedad. Por eso, no es extraño que se aspirase desde el reinado del segundo Borbón a realizar una geografía física del país.

Para su realización, por consejo de Antonio de Ulloa, se contrató al irlandés Guillermo Bowles, que durante años se dedicó a recorrer los territorios de la Monarquía. Resultado de este largo periplo fue su Introducción a la historia natural y a la geografía física de España (1775), en la que puede apreciarse las variadas implicaciones que para los coetáneos existían entre botánica y geografía. De carácter también recopilador y sistemático surgieron algunas publicaciones que aunaban las informaciones geográficas e históricas y que adoptaban la forma de diccionarios.

En la península, la iniciativa más interesante fue la que desde 1740 inició la Real Academia de la Historia para la elaboración de un Diccionario Geográfico Histórico de España. Pese al material ingente recogido y al apoyo de Campomanes hacia la iniciativa, cuando asumió la presidencia de la academia, lo cierto es que la empresa no vería la luz hasta la centuria siguiente. Con respecto al continente americano es digna de mención la obra de José de Alcedo, Diccionario geográfico de América (1786-1789).

DICCIONARIO GEOGRÁFICO-HISTÓRICO DE AMÉRICA, POR JOSÉ DE ALCEDO