Miembro de la Escuela de Salamanca, teólogo moralista y doctor en Derecho Canónico, Martín de Azpilcueta fue uno de los precursores de la Economía moderna gracias a describir, por primera vez, la relación entre el aumento de la cantidad de dinero en circulación y el aumento de los precios en un país, originando la Teoría Cuantitativa del Dinero y la Teoría del Valor-Escasez, dos de los principios básicos de la macroeconomía moderna. Estas teorías quedaron escritas en su Manual de confessores y penitentes.
Considerado como uno de los más importantes intelectuales de su tiempo, fue célebre en Europa por sus originales teorías sobre ética económica y política, también por su importante labor tanto en el terreno de la docencia como en el de las letras y el Derecho.
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| TEORÍA CUANTITATIVA DEL DINERO POR MARTÍN DE AZPILCUETA |
Martín de Azpilcueta Jaureguízar nació en 1492 en la localidad navarra de Barásoain. Su padre, también Martín, pertenecía a la nobleza del valle de Baztán, que había sido leal a la dinastía francesa de los Albrecht tras la muerte del rey Juan III, en 1479, y aliada del bando de los agramonteses, liderado por Pierre de Peralta y a favor de la vinculación del Reino de Navarra con Francia. Por tanto, los Azpilcueta estaban enfrentados al bando de los beamonteses, liderado por Luis de Beaumont, conde de Lerín, y a favor de la anexión navarra con Castilla, en 1512. Su madre María de Jaureguízar heredó el palacio de Barásoain, donde nació el joven Martín, junto a sus cuatro hermanos. Además, era primo de Francisco de Jasso y Azpilcueta, quien se convertiría en el san Francisco de Javier y cofundador de la Compañía de Jesús.
Sus primeros estudios de Gramática los realizó en Pamplona. En 1509, comenzó a estudiar en la Universidad de Alcalá, recién fundada por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros un año antes, centro humanístico de primer nivel, en el que la Teología estaba abierta a las principales doctrinas del momento (tomista, escotista, nominalista). Allí estuvo durante siete años estudiando Filosofía y Teología, como ramas principales, además de otras Humanidades como Filología, Gramática y Lenguas Clásicas. Aunque su formación académica fue muy provechosa, Azpilcueta no se dejó influenciar por la doctrina de Desiderio de Erasmo, principal exponente del Humanismo entre los complutenses, incluso más bien se mostró contrario a sus ideas según los textos escritos con posterioridad.
En 1516, marchó la Universidad de Toulouse para estudiar Derecho Canónigo, el centro más prestigioso en esta materia. Tras doctorarse, fue ordenando sacerdote acompañado de su padre y algún hermano. Se dedicó a impartir clases de esta disciplina en esta universidad y más tarde en la de Cahors. Durante su docencia francesa, alcanzó gran fama de excelente profesor que se acrecentaría aún más en Castilla y Portugal.
En 1523, abandonó su docencia francesa para regresar a Navarra. En una visita a la Colegiata de Roncesvalles, el prior, amigo y compañero de estudios Francisco de Navarra le convenció para entrar en la Orden de los Canónigos de San Agustín, a la edad de treinta años. Permaneció allí durante un tiempo realizando el noviciado y los primeros votos, hasta que quiso regresar al oficio de la docencia universitaria.
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| CASA-TORRE NATAL MARTÍN DE AZPILCUETA |
En 1524, entró en la Universidad de Salamanca, donde regentó algunas cátedra menores. Esta era uno de los más antiguos y prestigiosos centros académicos de la Cristiandad, centrado en la renovación de la tradicional Escolástica y el Iusnaturalismo, nada que ver con la novedosa Universidad complutense de Alcalá y su Humanismo erasmista. Años después, en 1532, ganó la cátedra de Decretos, pero para ingresar en el Claustro Universitario tenía que revalidad los grados de licenciatura y doctorado que había conseguido en Toulouse, pruebas académicas que consiguió con excelencia. Su ascenso fue rápido pues, al año siguiente, accedió a la cátedra de Prima de Cánones, en Derecho Canónigo, máximo nivel universitario que ejerció hasta 1537.
Obtuvo un gran éxito como profesor por su alto grado de conocimiento filosófico y científico, llegando a impartir clases a cerca de un millar de alumnos universitarios en sus diferentes aulas y materias. Incluso, llegó a igualar al otro gran maestro del momento, Francisco de Vitoria. Dejó por discípulos ilustres a Diego de Covarrubias, quien le sustituyó en la cátedra de Prima, Arias Pinelo, Francisco Sarmiento y Pedro de Deza, entre otros.
Un momento cumbre de su trayectoria lo alcanzó dura la visita del emperador Carlos V, a quien conoció en persona e impartió algunas clases que trataban del origen democrático del poder civil.
Pero sería por su pertenencia a la Escuela de Salamanca por lo que pasaría a la historia del pensamiento universal, convirtiéndose en uno de los precursores de la Economía moderna. Este movimiento escolástico español fue muy anterior a los fundadores de la Economía Clásica inglesa del siglo XVIII encabezada por Adam Smith. Considerado teólogo, jurisconsulto y economista, Azpilcueta fue autor de numerosos ensayos sobre diferentes campos del saber y uno de los fundadores de la escuela salmantina junto a Francisco de Vitoria.
| UNIVERSIDAD DE SALAMANCA |
Como moralista, Azpilcueta se preocupó de la economía en lo que afecta a la convivencia humana. Sus dos grandes obras relativas a esta temática fueron Comentario resolutorio de cambios y Comentario resolutorio de usuras, ambas publicadas en Salamanca, en 1556 y 1559. En realidad, ambos textos fueron apéndices de la principal Manual de confesores y penitentes, concretamente formaban el capítulo XVII.
En el Comentario de cambios, enunció una teoría del dinero como base para una regulación moral de las relaciones económicas entre ciudadanos del mismo país y con los de otras naciones. Tenía un carácter práctico para "acabar de desterrar de sus reinos los remolinos de las usuras" y su influencia a lo largo de todo el siglo XVI fue muy considerable.
Azpilcueta pasó a la historia de la economía por analizar las actividades mercantiles y los efectos monetario que se estaban produciendo en la España de su tiempo derivados de la llegada de metales preciosos acuñados en moneda circulante desde América.
Aunque en sus primeros años defendía la concepción medieval, manteniendo criterios muy restrictivos sobre la usura y las actividades crediticias, el tiempo y la experiencia le hicieron cambiar de opinión. Sobre todo, porque en esos años se inició el auge del Mercantilismo, con el consiguiente desequilibrio de los niveles europeos de precios, lo que a su vez produciría la quiebra de los conceptos tradicionales sobre la usura y el dinero.
Primero, Azpilcueta observó la subida de los precios, los beneficios obtenidos de la especulación cambiaria y el movimiento del dinero, a través de cuyos efectos percibía cómo el valor del dinero está en relación con su abundancia o escasez, y éstas a su vez en relación con las mercaderías. La afluencia de metales preciosos de las Indias acuñados en moneda circulante produjo una abundancia de dinero en el mercado, que se tradujo en una impresionante elevación de los precios de bienes y servicios al consumo. Estas circunstancias le permitieron describir por primera vez el fenómeno de la Inflación y extraer de ello las correspondientes consecuencias teóricas.
Por otra parte, analizó y dividió los tipos cambios entre monedas nacionales de distintos países, así como la diferencia del valor de dichas monedas nacionales en relación con la abundancia o escasez relativa de metales preciosos que hubiera en ellos.
Finalmente, pudo concluir que el aumento del nivel de precios de los productos españoles estaba directamente relacionado con la constante afluencia de metales preciosos convertidos en moneda circulante traídos de América, como consecuencia de una mayor masa monetaria disponible en el mercado. Por definir este fenómeno monetario por primera vez, Azpilcueta está considerado como el precursor de la Teoría Cuantitativa del Dinero.
En su Comentario resolutorio de cambios explicó que:
"En las tierras do ay gran falta de dinero, todas las otras cosas vendibles, y aun las manos y trabajos de los hombres se dan por menos dinero que do ay abundancia del; como por la experiencia se vee que en Francia, do ay menos dinero que en España, valen mucho menos el pan, vino, paños, manos, y trabajos; y aun en España, el tiempo, que avia menos dinero, por mucho menos se davan las cosas vendibles, las manos y los trabajos de los hombres, que despues que las Indias descubiertas la cubrieron de oro y plata. La causa de lo qual es, que el dinero vale mas donde y quando ay falta del, que donde y quando ay abundancia."
Concluyó con que el aumento de la inflación nacional fue motivada, no sólo por la masiva llegada de metal acuñado indiano, también por la especulación cambiaria y el movimiento de dinero. Por eso, se posicionó a favor de cierto intervencionismo político en la vida económica y la elaboración de una teoría del dinero como base para una regulación moral de las relaciones económicas entre ciudadanos del mismo país y con los de otras naciones.
Hasta mediados del siglo XX, se consideraba al francés Jean Bodin como el primer economista que había formulado la llamada Teoría Cuantitativista de la moneda. Sin embargo, la aparición de las obras de los historiadores y economistas José Larraz y, más tarde, Marjorie Grice-Hutchinson sobre los escolásticos de la Escuela de Salamanca de mediados del siglo XVI, ha dejado claro que dicha teoría fue formulada por primera vez por el doctor navarro.
El Comentario resolutorio de usuras de Azpilcueta, publicado en 1556, no sólo apareció doce años antes de la Réponse de Jean Bodin, en 1568, sino que además, el autor navarro desarrolló su primera teoría cuantitativa de una forma más completa que el teórico francés, empleándola como punto de partida para elaborar una teoría de paridad de poder adquisitivo del dinero en los cambios internacionales.
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| OBRAS LITERARIAS DE MARTÍN DE AZPILCUETA |
El otro núcleo de cuestiones que abordó Azpilcueta estaban relacionadas con el Interés crediticio, estableciendo el concepto, funciones y valor del dinero. Entonces, las operaciones financieras y crediticias estaban englobadas con el nombre de "usura".
Primero, se manifestó a favor de una concepción metalista del dinero, es decir, que el valor nominal de una moneda estuviera en función del peso y valor del metal acuñado.
Continuaba aceptando la concepción moderna que reconoce la productividad del dinero. Por tanto, defendía la idea de que la moneda es una mercancía más y sufre las mismas variaciones que cualquier otro producto. Según el navarro:
"La moneda de oro, por su particular falta, puede valer más de lo que valdría si hubiese abundancia de ella."
Y, en base a esta concepción del dinero, trató de precisar racionalmente los dos factores que determinan el interés de los préstamos: cantidad prestada y tiempo de devolución); los mismo con respecto a los cambios, que sometió a un detallado análisis y división.
Así, definió lo que se llamó la Teoría del Valor-Escasez del dinero en los siguientes términos:
"Todas las mercaderías encarecen por la mucha necesidad que ay, y poca cantidad dellas, y el dinero en cuanto es cosa vendible, trocable o conmutable por otro contrato es mercadería... luego también él se encarecerá con la mucha necesidad y poca quantidad dél."
Por último, realizó una de las primeras exposiciones del concepto de la preferencia temporal, es decir, que a igualdad de circunstancias, los bienes presentes siempre se valoran más que los bienes futuros. Esta idea está en la base del Concepto de Interés de la Escuela Austríaca, que considera a Azpilcueta como uno de sus precursores.
Desde un análisis precapitalista, se preocupó también de la moral económica. Ayudó a eliminar el estigma de la usura y del cobro de intereses, así como a erradicar la tesis aristotélica sobre la esterilidad del dinero. Abordó los problemas morales derivados de las operaciones mercantiles y transacciones económicas de la Modernidad conciliándolos con la moral tradicional. Y defendió la licitud del cobro de intereses en préstamos, contra el criterio de la Iglesia católica de entonces.
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| UNIVERSIDAD DE COIMBRA Y MARTÍN DE AZPILCUETA |
En 1537, Juan III de Portugal fundó la Universidad de Coimbra. Queriendo dotarla de profesores prestigiosos, solicitó a Carlos V que le enviase al doctor Azpilcueta, valiéndose del apoyo de su hermana Isabel de Portugal, esposa del emperador. Esta decisión contó con la negativo de la Universidad salmantina, que no estaba dispuesto a perder a tan insigne figura, aunque tuvo que ceder bajo presiones. Por otra parte, el monarca le sedujo con una pensión jubilatoria de 1.000 ducados de oro, la mayor pagada a un profesor de la época.
En 1538, se trasladó a la ciudad lusa dedicarse a la actividad docente en Prima de Cánones en Derecho. Además de obtener el mismo éxito entre los estudiantes que en la otra, tomó participación en la vida pública portuguesa como consejero y confesor de personalidades relevantes.
En la ciudad lusa publicó su obra más conocida, Manual de confessores y penitentes, de carácter moralista. Apareció en español y en portugués en Coimbra, en 1553. Fue escrita en latín como Enchiridion sive Manuale confessariorum et paenitentium, en Amberes, en 1575. Esta obra le convirtió probablemente en el canonista más importante de su época, ya que llegó a tener más de 50 ediciones y fue publicada en diversas lenguas: español, portugués, italiano, francés, latín, etc.
Se suele considerar que Azpilcueta unió la especulación jurídica con la moral en relación con el sacramento de la penitencia. Y que estableció profundas relaciones entre el Derecho Canónico y la Teología. Además, logro dar un enfoque práctico a muchos problemas morales que afectaban a planteamientos novedosos de la época. Esta importante obra influyó durante varias generaciones sobre todo en la formación de los seminaristas.
Como pensador iusnaturalista, defendió la tesis por la cual "el reino no es del rey, sino de la comunidad, y la misma potestad regia por derecho natural es de la misma comunidad y no del rey, por lo cual no puede la comunidad abdicar totalmente en ese poder". Tesis defendida cuando aún estaba en auge el espíritu de los comuneros de Castilla ejecutados por Carlos V. Su pensamiento era opuesto a la deriva absolutista que las Monarquías europeas estaban desarrollando en sus Cortes, incluyendo a la hispánica de los Habsburgo.
Azpilcueta fue defensor de la paz como eje de convivencia de los pueblos. Este es uno de los textos más significativos de su pensamiento, escrito en su Carta apologética:
"He visto entre españoles y franceses que muchos varones, aun eruditos y profundamente piadosos, sienten tan pasión por su pueblo y sus jefes, que no dudan en favor de ellos dar lo falso por verdadero y los injusto por justo, y afirman lo dudoso por cierto; y se llenan de ira contra aquellos que les contradicen. Veo también, oh dolor, veo que hombres de una monarquía y pueblo odian y llaman con nombres infames a los súbditos de otras monarquías y otros pueblos por el solo hecho de que pertenecen a este o aquel país."
Y tras una serie de consideraciones sobre estos hechos, en el apartado De Iudaeis, concluyó:
"Nadie debe se odiado y condenado por el solo hecho de que pertenece a otros países. Persuádanse de que los enemigos no deben ser aniquilados ni sus ciudades incendiadas o destruidas. Procuren más bien arrepentirse y restituir lo que ha sido mal cogido, dar satisfacciones por la injurias inferidas y hacer una paz verdadera con buenas condiciones. Venza también una misma caridad a los que unió un mismo bautismo, una misma fe y una misma esperanza en una misma Iglesia."
Ambos textos fueron incluidos en su obra Comentario resolutorio de cambios.
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| MANUAL DE CONFESSORES Y PENITENTES, POR MARTÍN DE AZPILCUETA |
Después de dieciséis años de docencia en aquella universidad portuguesa, en 1555, decidió retirarse de su profesión y regresar a Barásoain para dedicarse al estudio y a la redacción de sus obras, muy estimadas por teólogos y canonistas de todos los tiempos. De todas formas, estuvo involucrado en actividades muy diferentes.
Fue asignado obispo de Santiago de Compostela, aunque no aceptó el cargo por su avanzada edad. Fue consultado acerca de diversos asuntos por los tribunales de la Inquisición española. Y fue visitador de varios monasterios, entre otros el de San Isidoro de León.
Permaneció en Salamanca, junto a sus compañeros de Escuela jurídica-filosófica, para la elaboración de sus escritos. Y, finalmente, se estableció en la Corte de Felipe II sirviendo como consejero en jurisprudencia hasta 1567. Para él realizó el dictamen sobre la reforma del Concilio de Trento en los cabildos catedralicios, o dirigió su defensa personal frente al papa Paulo IV.
En estos años continuó la publicación de interesantes obras. En 1558, ya había editado Comentarios al Catecismo Christiano en Flandes mientras acompañaba a Felipe II. Pretendió formular una novedosa y original doctrina cristiana al gran público, en consonancia con el Erasmismo y otras corrientes espirituales del Renacimiento. Su intención fue algo arriesgada e incomprendida en un momento de enorme confusión entre las corrientes iluministas y ascéticas en España y la irrupción de los movimientos protestantes en Europa.
También conocido es su Tratado sobre las rentas de los beneficios eclesiásticos que alcanzó numerosas ediciones a partir de su primera publicación en Valladolid, en 1566.
En 1569, aparecieron unas Additiones al Manual, acompañando a De Usuras y Simonía, en las que el autor justificaba la licitud de los préstamos con interés.
Durante su viaje a Flandes, había sido nombrado arzobispo de Toledo y primado de España, con la aprobación de Felipe II y la consagración del cardenal Granvela en Bruselas. Sin embargo, el libro Comentarios al Catecismo había levantado sospechas a la Inquisición y el inquisidor general y arzobispo sevillano, Fernando de Valdés, en abrió un proceso de enjuiciamiento. Se trataba de una lucha de poder para acceder a la supremacía de la jerarquía eclesiástica, y su principal rival no iba a permitir que se lo arrebatase un fraile dominico, cuyo pleito se resolvió con la renuncia del navarro a tal cargo.
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| FRANCISCO DE VITORIA Y BARTOLOMÉ DE CARRANZA |
Poco después, en 1561, Azpilcueta fue requerido por el también navarro Bartolomé de Carranza y Miranda, arzobispo de Toledo y cardenal primado de España, acusado de herejía ante el tribunal de la Inquisición. A Valladolid se trasladó, donde su tribunal de la Inquisición estaba dirigiendo el auto, en un proceso lleno de complejidades, intrigas e intereses. Comprobando las irregularidades que se estaban cometiendo, Azpilcueta lo puso en manos del Vaticano el proceso, bajo la autoridad de Pío V. Aunque en un principio, la Corte española se negó a aceptar el seguimiento del auto por parte de Roma, no tuvo más remedio que aceptar. El abogado navarro sabía que allí encontraría circunstancias más favorables y que Felipe II se había convertido en otro opositor más al nivel que las autoridades inquisitoriales.
En 1567, ya establecido en Roma, el proceso judicial de Carranza comenzaba de nuevo. El papa Pío V estaba a favor de la absolución de Carranza, pero falleció sucediéndole Gregorio XIII. La Cortes española presentaba unas pruebas contrarias a las de Azpilcueta, quien ya era considerado otro enemigo más. Finalmente, la sentencia de 1576, tras nueve años de proceso, absolvía a Carranza de herejía formal, pero lo condenaba por irregularidades menores.
Gracias a su brillante defensa, Azpilcueta consiguió el aprecio de las sedes vaticanas de Pío V, Gregorio XIII o Sixto V, siendo consultor y consejero de ellos. Pío V le nombró consultor de la Sagrada Penitenciaría Apostólica y materias diversas. Sixto V le quiso nombrar cardenal, a lo que la Corona española se negó.
No regresaría a España y prefirió seguir trabajando para la Santa Sede mientras redactaba nuevos estudios científicos. Conocía el ambiente de hostilidad que se estaba generando contra él, pues sus enemigos se basaban en mentiras como un supuesto favoritismo hacia Francia en el contencioso del Reino de Navarra. De nada sirvió que Azpilcueta jurase su lealtad al rey Felipe II y su patriotismo a España, pues le echaban en cara viejos escritos de su juventud cuando defendía la causa agramontesa.
Al final de sus días, en un carta dirigida al duque de Alburquerque, resumía así su dilatada trayectoria profesional:
"Navarra me engendró, Castilla la Nueva me educó en Alcalá, Francia me hizo hombre, Castilla la Vieja me ensalzó en Salamanca, Portugal me honró y esclareció; finalmente, a través de las múltiples incidencias y situaciones de la vida, vine a Italia, la más escogida tierra del mundo eterno, y resido en la madre y maestra del Orbe, Roma, hace ya tres años frisando mi edad en los 78 años."
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| MARTÍN DE AZPILCUETA |
En 1586, falleció en Roma a los 94 años, edad insólita para la época, con carácter de santidad. Fue enterrado según su voluntad en la Iglesia de San António de los Portugueses ante todas las autoridades eclesiásticas romanas. El sacerdote, teólogo moralista y profesor de Derecho Canónico en Toulouse, Salamanca y Coimbra fue llamado "Doctor Navarrus" por su origen y profesión.
Con posterioridad a su muerte, aparecieron sus obras completas publicadas en Venecia, en 1598, bajo el título de Compendium horum omnium Navarri operum.
Ha tenido el honor de estar incluido en el Corpus Hispanorum de Pace, colección dirigida por Luciano Pereña sobre la historia del pensamiento español y editada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.







Estas genuinas concepciones económicas tendrían para las nuevas generaciones de estudiosos, si las obras de m. ezpilicueta las encontráramos en nuestras bibliotecas
ResponderEliminarAsí es Leovigildo, serían muy útiles, pero como se trata de teorías y conceptos originarios y poco evolucionados han quedado desfasados por tratados más modernos y mejor explicados. Por otra parte, están escritos en latín, en el siglo XVI era una lengua culta, pero ahora están en desuso académico.
Eliminarmuchas gracias