EXPLORACIÓN DE LAS COSTAS DE VENEZUELA POR ALONSO DE OJEDA


El marino, explorador y gobernador Alonso de Ojeda realizó la primera exploración de las costas de los actuales estados de Colombia, Venezuela, Guyana, Trinidad, Tobago, Curazao y Aruba.

Pasó a la historia de América por dar nombre a Venezuela, junto a Américo Vespucio, y por haber descubierto el lago Maracaibo, fundando a su vez Santa Cruz (La Guajira) en la actual Colombia. En sus dos primeros viajes, Juan de la Cosa pudo representar gran parte de las costas atlánticas de América en un Mapamundi, quedando expuesto que el Nuevo Mundo era un continente diferente.

EXPLORACIÓN DE LAS COSTAS DE NUEVA ANDALUCÍA

Alonso de Ojeda nació en Torrejoncillo del Rey, en Cuenca, en 1468. Pertenecía a una familia hidalga sin apenas recursos, por eso trabajó como paje y criado para Luis de la Cerda, duque de Medinaceli. Participó en la toma de Granada, donde dejó constancia de sus habilidades militares.

El hecho de ser pariente de un compañero de oficio de Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Badajoz, fue aprovechado por Ojeda para conseguir su protección y promoción. Fonseca llegaría a ser presidente de la Junta de Indias, y como rival que era de Cristóbal Colón, vio en Ojeda un militar con valentía y experiencia, capacitado para hacer frente al almirante genovés en sus aspiraciones de dominación colonial. Por este motivo, Fonseca permitió a Ojeda embarcarse en el segundo de los Viajes Colombinos, rumbo al recién descubierto Nuevo Mundo, en septiembre de 1493.

EXPEDICIONES DE ALONSO DE OJEDA

En enero de 1494, tras llegar a la isla
La Española (Santo Domingo), el almirante Colón encargaba a Ojeda la búsqueda de españoles perdidos o supervivientes que aún quedasen de la primera expedición colombina de 1492. Al mando de quince hombres, Ojeda partió desde el asentamiento llamado La Isabela con el objetivo de explorar la peligrosa región de Cibao, donde se asentaban los indios cigüayos del cacique local Caonabó. La exploración no encontró supervivientes, pero si supo de riquezas minerales. Esta noticia hizo que Colón ordenase la construcción del fuerte Santo Tomás en esa región de Cibao, nombrando alcaide a Ojeda.

El cacique Caonabó emprendió varios ataques al fuerte Santo Tomás y a la villa La Isabela, sin llegar a someter o poner en huida a los colonizadores. Incluso, el líder cigüayo fue apresado en un contrataque que dirigió Ojeda al campamento indígena.

La reacción de los indígenas de Cibao generó la batalla de la Vega Real, también llamada Jáquimo. Por la fuerza de las cargas a caballo que aterrorizaron a los guerreros cigüayos, Ojeda recibió el apodo de Centauro de Jáquimo.

La noticia de la captura de Caonabó en toda la isla supuso que se estableciese una alianza militar de todas las tribus indias de la isla, y lanzasen un ataque contra la villa La Isabela. El nuevo cacique cigúayo era Maniocatex, hermano del anterior, reunió a más de diez mil guerreros que se enfrentaron a unos cuatrocientos soldados españoles. Lo que parecía el fin de estos en La Española, se convirtió en una breve batalla. Años después, Bartolomé de las Casas escribió en su crónica de las Indias de forma exagerada que Ojeda había abatido a los diez mil gurreros indios con tan solo media docena de soldados españoles. Tras aquella gesta, en 1496, Ojeda regresaba a España.

Alonso Ojeda Caonabo taino cacique indios
ALONSO DE OJEDA CAPTURA A CAONABO

Los llamados Viajes Andaluces o Viajes Menores dieron un nuevo impulso al descubrimiento, colonización y conquista de América, consiguiendo reconocer, en tan solo cuatro años, casi toda la costa atlántica de América central y sur. Estos viajes fueron comandados en diferentes expediciones por los hermanos Cristóbal y Luis Guerra, Rodrigo de Bastidas, Pedro Alonso Niño, Vicente Yáñez Pinzón, Diego de Lepe y otros.

El 18 de mayo de 1499, partía desde el gaditano Puerto de Santa María la primera de las expediciones andaluzas no comandada por Cristóbal Colón. Estaba promovido por el obispo Fonseca, rival de Colón, al que le había despojado de sus derechos de exclusividad en la colonización. Ojeda tenía el objetivo de comprobar la veracidad de los informes de Colón sobre las riquezas y extensiones territoriales de sus hallazgos, por petición de los Reyes Católicos. Estaba acompañado del cartógrafo Juan de la Cosa y el navegante Américo Vespucio.

Durante el trayecto bordeando la costa occidental africana hasta Cabo Verda, la flota se separó. Mientras que Vespucio lo hizo en dirección al actual estado de Brasil, Ojeda puso rumbo hacia el mar Caribe, hasta que alcanzó las desembocaduras de los ríos Esequibo y Orinoco, así como el golfo de Paria, las penínsulas de Paria y Araya, y las islas de Trinidad y Margarita.

Después siguió a lo largo de tierra firme por costas cumanesas, pasando luego por el cabo Codera, la Vela de Coro, el cabo de San Román y la isla de Curazao, que fue llamada isla de los Gigantes. También hizo la visita a la isla de Aruba y el archipiélago de los Frailes, siempre con el objetivo de encontrar un pasaje que le llevase al otro lado del territorio, en aguas inexploradas y de ahí poner rumbo a la Asia.

Desembarco Alonso Ojeda playa Guajira Augusto Ferrer Dalmau
DESEMBARCO DE ALONSO DE OJEDA EN UNA PLAYA DE GUAJIRA

En agosto de 1499, la exploración conjunta pasó a reconocer parte de la península de Paraguaná y el golfo de Venezuela. Este nombre, que significa Pequeña Venecia, fue dado por Américo Vespucio debido a que junto a la orilla vivían indígenas en casas sobre el agua, sostenidas con troncos, de igual parecido que ocurría en la Venecia renacentista. Después, la expedición encontró la entrada del lago Maracaibo, bautizada con el nombre de San Bartolomé. Y, por último, llegó hasta el cabo de la Vela, en la península de la Guajira, que fue llamada Coquibacoa.

Desde el punto de vista científico, esta expedición supuso la primera exploración geográfica de la costa venezolana. Además, el cartógrafo Juan de la Cosa realizó el primer mapamundi donde aparecen representadas gran parte las costas americanas del Atlántico, como si fuera un nuevo continente.

Pero sería su compañero Américo Vespucio quien consiguió más repercusión en la historia. Fue el encargado de informar en la Corte española y en la Junta de Indias que las tierras descubiertas por Cristóbal Colón no pertenecían a Asia, sino que formaban parte de una cuarta parte del mundo a la que daría nombre de forma involuntaria.

Aquellas novedosas revelaciones fascinaron al cosmógrafo alemán Martin Waldseemüller, quien incluyó en su Cosmographiae Introductio las cartas de Vespucio, en 1507. Esta obra contenía los retratos de Ptolomeo y Vespucio, y en su prefacio escribió:
"Ahora que esas partes del mundo han sido extensamente examinadas y otra cuarta parte ha sido descubierta por Américo Vespucio, no veo razón para que no la llamemos América, es decir, tierra de América, su descubridor, así como Europa, África y Asia recibieron nombres de mujeres."
De esta manera, el nombre de América se popularizó en toda Europa, quedando así bautizado el Nuevo Mundo. Un hecho algo incomprensible, cómo un protagonista secundario de origen italiano puede dar nombre al continente gracias a un alemán que jamás visitó América.

Según el historiador estadounidense Charles F. Lummis en su obra Exploradores españoles en el siglo XVI:
"Vespucio no tuvo la menor participación en los verdaderos descubrimientos del Nuevo Mundo. La historia está llena de injusticias; pero nunca se ha cometido otra mayor que ese bautismo de América. El primer mapa del Nuevo Mundo lo hizo el español Juan de la Cosa, en 1500, y ese mapa le parecía hoy raro a cualquier chico de escuela. La primera geografía de América, que data de 1517, se debe a Enciso, un español."

EXPEDICIONES DE OJEDA EN LA COSTA DEL CARIBE

Ojeda decidió emprender otra nueva expedición a América. Por los resultados conseguidos en el primer viaje, fue nombrado gobernador de Coquibacoa, el 8 de junio de 1501, mediante capitulaciones por los Reyes Católicos. Obtuvo licencia para fundar un asentamiento en el territorio explorado dos años antes. Para este proyecto se asoció con los mercaderes sevillanos Juan de Vergara y García de Campos.

En enero de 1502, zarpaba la expedición formaba por cuatro carabelas, realizando el mismo itinerario que el anterior. Esta vez no hizo escala en el golfo de Paria y finalizó en isla Margarita. Después, recorrió las costas venezolanas desde Curiana hasta la península de Paraguaná. El 3 de mayo, fundó un asentamiento en la península de la Guajira, exactamente en bahía Honda, a la que llamó Santa Cruz, que se convirtió en el primer poblado español en territorio colombiano y, por tanto, el primero en tierra firme. Esta villa se convirtió en el primer poblado español en contar con cabildo y fortaleza en territorio firme continental, pero la segunda de la región de Sudamérica después de la actual ciudad sumergida Nueva Cádiz de Isla Cubagua, en el estado venezolano de Nueva España.

Sin embargo, Ojeda iba a sufrir una serie de problemas. Primero, los expedicionarios debían defenderse de continuos ataques que las tribus indias de la zona les lanzaban. Además, Ojeda mantenía disputas personales con sus hombres, hasta que sus socios Vergara y Campos decidieron apresarle, poco después de haber fundado Santa Cruz.

Esta segunda expedición resultó un fracaso, ya que no se habían descubierto nuevas tierras y no obtuvieron prácticamente riquezas. Además, el asentamiento Santa Cruz fue abandonado, y la gobernación de Coquibacoa fue abolida.

FUNDACIÓN DE SANTA CRUZ POR ALONSO DE OJEDA

Desde mayo de 1502 hasta 1504, Ojeda estuvo preso en La Española. Mediante una apelación del obispo Rodríguez de Fonseca, pudo ser liberado, aunque pagando una cuantiosa indemnización que lo dejó bastante empobrecido. Durante los cuatro años siguiente permaneció en la isla.

En 1508, Ojeda se ofreció voluntario a la llamada del rey Fernando el Católico. Había promovido a concurso la gobernación y colonización de tierra firme, un espacio que abarcaba las tierras entre el cabo Gracias a Dios, situado entre los actuales estados de Honduras y Nicaragua, y el cabo de la Vela, situado en Colombia. Juan de la Cosa marchó a la Corte en representación de Ojeda. También apareció a concurso Diego de Nicuesa, en clara rivalidad por las aspiraciones de Ojeda. Como ambos candidatos tenían una buena reputación, la Corona decidió dividir el territorio en dos gobernaciones: Veragua al oeste y Nueva Andalucía al este, con límites en el golfo de Urabá.

Mediante la capitulación de 6 de junio de 1508, Ojeda recibía la gobernación de Nueva Andalucía; y Nicuesa la de Castilla de Oro (Veragua). Juan de la Cosa concretó que el límite exacto entre ambas gobernaciones sería el río Atrato, que desemboca en dicho golfo de Urabá.

El 10 de noviembre de 1509, Ojeda partía desde el puerto de Santo Domingo al mando de una expedición formada por trescientos hombres en dos bergantines y otros dos barcos pequeños.

Se sumaría al proyecto colonizador el geógrafo y abogado Martín Fernández de Enciso, quien llegaría en un viaje posterior con más provisiones y hombres para reforzar la colonización en las ciudades que se iban a fundar. A cambio esta ayuda, Ojera le permitió ocupar el cargo de alcalde mayor de la nueva gobernación. Antes de salir, el abogado hizo redactar al escribano Juan López de Palacios Rubios una meticulosa proclamación por la que persuadía a los indígenas a formar parte del Imperio español y guardar fidelidad a la Corona de forma voluntaria, y cuya negación conllevaría represalias por la fuerza.

Alonso Ojeda retrato Historia Colombia Academia
ALONSO DE OJEDA

Ojeda llegó a la bahía de Calamar, en la actual ciudad colombiana de Cartagena. Pretendía tomar posesión de las tierras aledañas enviando a unos misioneros religiosos para que realizaran la proclamación frente a un grupo de indígenas, acompañados de intérpretes nativos. Después, ofreció un intercambio comercial. Y el resultado final fue un enfrentamiento con huida de los indios.

Tras llegar a la aldea de Turbaco, los indios lanzaron de nuevo otra ofensiva en la que murieron gran número de expedicionarios. Entre los caídos estaba Juan de la Cosa, quien sacrificó su vida para que Ojeda escapara. El gobernador consiguió llegar a la playa y ser rescatado por la flotilla anclada en la bahía. Pocos días después, fueron alcanzados por la flota de Diego de Nicuesa, mucho más numerosa en cuanto efectivos. Tras olvidar las diferencias entre ambos gobernadores, se unieron para emprender un ataque conjunto a Turbaco, que fue arrasada.

Con una pequeña flota sobreviviente reforzada con algunos hombres y armadas comprados a Nicuesa, Ojeda continuó su proyecto colonizador de la gobernación de Nueva Andalucía hacia el suroeste.

VILLAS FUNDADAS POR OJEDA EN NUEVA ANDALUCÍA

El 20 de enero de 1510, fundó el enclave llamado San Sebastián de Urabá, en el golfo de Urabá. Tras ocho meses y medio de exploración, el fuerte allí construido sufrió un durísimo ataque de los indios urabaes de la zona. Ojeda fue herido en una pierna por una flecha envenenada, y la situación de los resistentes era insostenible por la falta de alimentos y el ambiente insalubre. Esperaba que llegara la flota de Enciso que prometió enviar. Ante la tardanza, Ojeda decidió ir a por ellos a Cartagena de Indias.

En sustitución, dejó a un joven soldado extremeño llamado Francisco Pizarro, quien años más tarde conquistaría el Reino incaico del Perú. Se le encomendó defender el fuerte de San Sebastián junto a unos setenta soldados y colonos durante cincuenta días hasta su posterior regreso. Si esta condición no se cumplía, todos los supervivientes tenían licencia para regresar a Santo Domingo a bordo de los dos bergantines.

Por fin llegaron los refuerzos de Fernández de Enciso al fuerte de San Sebastián, al mando de una carabela y un bergantín. Estaba acompañado de un polizón llamado Vasco Núñez de Balboa, quien poco más tarde descubriría el océano Pacífico atravesando el istmo de Panamá. Ambos encontraron un lamentable fuerte y a unos defensores desesperados por el hostil cerco efectuado por los urabaes.

Tras socorrer a los pocos supervivientes de Pizarro, fueron embarcarlos y trasladados al otro lado del golfo, por orden de Balboa. Allí los indios eran más dóciles, y pudieron fundar Santa María la Antigua del Darién, excluida de la gobernación de Diego de Nicusia. Estaban incumpliendo la división entre gobernaciones establecida por De la Cosa, pues la nueva villa estaba justo en la orilla oeste del río Atrato, que era territorio de Castilla de Oro. 

Desde Cartagena, Ojeda había huido en el bergantín de un pirata español llamado Bernardino de Talavera, que trató de refugiarse ante la orden en su búsqueda y captura por las autoridades virreinales de La Española. Durante el trayecto, la embarcación naufragó en Jagua, Sancti Spíritus, al sur de Cuba, debido al arrastre que ejerció un temporal. Desde allí, recorrieron la costa sur de la isla caminando hasta punta Maisí. Allí fueron recogidos por Pánfilo de Narváez, desde donde navegaron hasta Jamaica. Entonces, Talavera fue detenido por practicar la piratería y Ojeda se enteró de la llegada de la flota de Enciso.

Tras este fracaso, Ojeda renunció a su cargo de gobernador de Nueva Andalucía y no volvió a dirigir ninguna otra expedición. Pasó los últimos cinco años de su vida en Santo Domingo, hasta que se retiró al Monasterio de San Francisco, donde murió, en 1515.

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NOVELAS DEDICADAS A ALONSO DE OJEDA

En 1936, el presidente de la República de Venezuela, Eleazar López Contreras, puso el nombra a Ciudad Ojeda en reconocimiento al explorador español por haber descubierto el lago de Maracaibo y dar nombra a Venezuela.

Las aventuras del primer gobernador de Nueva Andalucía se han llevado a la novela por Vicente Blasco Ibáñez, en su obra El caballero de la Virgen, publicada en 1929; y por Alberto Vázquez-Figueroa, en su obra Centauros, en 2007.

FILOSOFÍA HISPANO-ROMANA


La Hispania romana no solo aportaba emperadores a Roma como Trajano, Adriano y Teodosio, además intelectuales de primer nivel como Marco Valerio Marcial, Moderato de Gades, Calcidio, Quintiliano, Lucano y Prisciliano. El más sobresaliente fue Lucio Anneo Séneca.

GRANDES FILÓSOFOS DE LA HISPANIA ROMANA

No puede haber pensamiento español anterior a la existencia de la nación España, pero la España histórica comenzó con iberos y celtas, y por tanto la Hispania romana de la Edad Antigua fue el embrión de la plena España.

El primer filósofo español de rango universal fue sin duda el cordobés Lucio Anneo Séneca, nacido en Córdoba a comienzos del siglo I. Fue la gran figura hispano-romana en el ámbito del pensamiento y representante de una filosofía específicamente hispana. Era hispano de provincia, aunque vivió la mayor parte de su vida en Roma, ocupando altos cargos de su administración. Su filosofía escrita en latín pertenece a la corriente del Estoicismo, una de las principales del pensamiento romano de su época. Además de filósofo, estadista y dramaturgo, destacó por ser un moralista.

Sobrino de Séneca fue Marco Anneo Lucano, también nacido en Córdoba (39d.C.-65d.C.). Pasó a la historia por ser uno de los grandes poetas épicos y dramaturgos de su tiempo, y que su obra siga reeditándose en toda Europa. Su mayor obra fue Farsalia, un poema narrativo muy realista que comenta la guerra civil entre César y Pompeyo, aunque el protagonista es Catón de Utica, un héroe republican que representaba las virtudes del Estoicismo.



BUSTO DE MARCO ANNEO LUCANO EN CÓRDOBA

Lucio Junio Moderato Columela de Gades nació en Cádiz (4d.C.-70d.C.). Aunque sus grandes libros han estado dedicados a la agricultura y la botánica, también escribió obras filosóficas, que fueron Vida de Pitágoras, Vida de Plotino y Lecciones pitagóricas. En ellos atribuía símbolos místicos a los números, y escribía sobre la trascendencia, la inteligencia, las ideas y el alma.


ESTATUA DE COLUMELA EN CÁDIZ

Quintiliano y Marcial no son estrictamente filósofos, pero su obra poética y literaria contiene abundantes elementos de carácter ético-pedagógico, especialmente en los 12 libros que componen las Instituciones del primero y los 15 Epigramas del segundo.

Marco Valerio Marcial, nacido en Calatayud (40d.C.-104d.C.), fue protegido de Séneca en Roma. Compuso 15 libros de versos más un prólogo, que reunían más de 1.500 poemas pertenecientes al género literario Epigrama. 

Los Epigramas de Marcial se caracterizaron por su ingenio satírico y por documentar la sociedad romana de su época, por eso ha sido considerado como el primero de los conceptistas españoles. Toda la comedia humana de la metrópoli romana fue descrita y criticada en sus poemas, extrayendo la miseria oculta de personajes desde su aparente grandeza, combinando la sátira, la lírica y hasta la obscenidad. 

Marcial superó a sus antecesores y modelos, y no tuvo rival en su época. Sus epigramas leían en todo el Imperio romano y su influencia se mantuvo hasta finales de la Edad Media. Tras la invención de la imprenta se multiplicaron las ediciones de su obra en París, Amsterdam, Leipzig y otras capitales europeas. Influenció a Góngora, Quevedo, Boccacio, Voltaire y otros autores extranjeros.

En el cuadro renacentistas Retrato de Giovanna Tornabuoni, pintado por Domenico Ghirlandaio en 1488, aparece escrito uno de sus epigramas en el fondo de la escena que dice: "ARS VTINAM MORES ANIMVMQUE EFFINGERE POSSES PVLCHRIOR IN TERRIS NVLLA TABELLA FORET" (Arte, ojalá pudieras plasmar la conducta y el espíritu, no habría en la tierra pintura más hermosa).

EPIGRAMA DE MARCIAL EN EL RETRATO DE GIOVANNA TORNABUONI

Marco Fabio Quintiliano, nacido en Calahorra (35d.C.-95d.C.), fue abogado y profesor de retórica de la Roma de Vepasiano, Tito y Domiciano. Junto a Isócrates, está considerado como el mejor profesor de retórica de la Edad Antigua. 

Los 12 libros que componen sus Instituciones oratorias son una enciclopedia para la formación de un orador, tratando la educación elemental y métodos aprendizaje de la retórica, técnicas de oratoria, beneficios de la lectura, cualidades del buen orador, y un estudio de grandes escritores en griego y latín. Basándose en el estilo de Cicerón y con una gran lucidez y originalidad, esta obra defiende la formación integral del orador como ser humano y como hombre público. 

Durante el Renacimiento, ejerció una gran influencia a las teorías pedagógicas que sustentaron la corriente del Humanismo, como por ejemplo al español Luis Vives. 

ESTATUA DE QUINTILIANO EN CALAHORRA

Calcidio nació en Córdoba (siglo IV). Fue filósofo neo-platónico, continuista de la tradición exegética iniciada por el estoico Posidonio. Como comentarista de las obras de Platón consiguió gran relevancia en la posterioridad a su época. Escribió el Timeo, dedicado al obispo de Córdoba Osio, una traducción latina comentada que llegó a ser la más utilizada por la intelectualidad europea de Occidente durante el Medievo y parte de la Modernidad para entender las doctrinas platónicas.

Fue un neo-pitagórico, que cita a Filón y Orígenes. Considera la filosofía el mayor beneficio que ha recibido el ser humano, y la divide en teorética y práctica. Distingue las ideas, las cosas sensibles y la materia.

Sobre cosmología, Calcidio considera que el universo está rodeado de una esfera envolvente, dentro de la cual existen esferas móviles, en las que se ubican los astros; bajo el cielo hay cuatro regiones: la del fuego, la del éter, la del aire y la húmeda, con la Tierra en el centro.

Siguió el modelo aristotélico, visión dual del hombre, adaptándolo al pensamiento cristiano. El hombre está compuesto de alma y cuerpo. Su Dios es Sumo Bien, con proceso descendente y ascendente; creación eterna y mundo de las Ideas, ejemplares eternos de lo sensible.

RESTOS DEL TEMPLO ROMANO DE CÓRDOBA

Como la fuente narrativa más antigua de la Historia de España se puede considerar a la descripción del viaje de circunnavegación de un viajero massaliota, es decir, un griego de la colonia focense de Massalia (Marsella), escrita en el siglo V a.C. y recogida en el poema latino de Ruño Festo Avieno (siglo I a.C.) titulado Ora marítima. Este periplo massaliota describe las costas levantinas y meridionales de la península y con menos precisión las occidentales, y proporciona ya algunos datos sobre sus habitantes. 

En general, hay referencias a España en un gran número de obras de la Antigüedad clásica, y los pasajes relativos a la península, su geografía, etnografía, costumbres e instituciones de los pueblos indígenas y a la historia de las guerras con cartagineses y romanos pueden verse en la colección de Fontes Hispaniae Antiquae, publicadas bajo los auspicios de la Universidad de Barcelona por A. Schulten, P. Bosch Gimpera y L. Pericot.

Los principales historiadores y geógrafos de la Antigüedad que han dedicado en sus obras mayor atención a España son los griegos Polibio (200-120 a.C.), Estrabón (63 a.C.-19 d.C.), Diodoro de Sicilia (siglo I d.C.) y Apiano (siglo I d.C.), y los latinos Cayo Julio César (100-44 a.C.), Tito Livio (59 a.C.-17 d.C.), y Cayo Plinio el Viejo (24-79 d.C.).


ORÍGENES ESPAÑOLES DE LA ANTROPOLOGÍA CULTURAL MODERNA


Durante la colonización de América de los siglos XVI y XVII, España realizó una precursora labor de investigación etnográfica sobre las tierras descubiertas y las etnias precolombinas, por un interés económico y político por parte de la Monarquía y los colonizadores y una intencionalidad religiosa por parte de misioneros y eclesiásticos.

La acumulación de un abundante material etnográfico fue el origen de la Antropología cultural moderna. No fue un material al nivel científico de la Antropología cultural actual, pero sí representó los inicios de esta ciencia.

Entre aquellos investigadores y cronistas fue fundamental la labor de José de Acosta, Bernardino de Sahagún, Diego Durán, Bernal Díaz del Castillo, Toribio de Benavente, Pedro Cieza de León, Garcilaso de la Vega, Gonzalo Fernández de Oviedo o Diego de Landa.

ORÍGENES ESPAÑOLES DE LA ANTROPOLOGÍA CULTURAL MODERNA

Las características del descubrimiento de América habían dado lugar a las condiciones más favorables para el surgimiento de las ciencias Etnografía y Antropología cultural. Los misioneros y evangelizadores españoles desarrollaron una muy meritoria tarea de conocimiento científico de pueblos indígenas y territorios colonizados que iba unido al interés de conversión cristiana.

Los usos y costumbres, la flora y la fauna, las lenguas y las creencias de las etnias indígenas del Nuevo Mundo fueron materias de estudio por los misioneros, desarrollando con todo ello una incipiente Antropología hispanoamericana.

El origen de estos estudios partió de la necesidad de conocer las lenguas nativas así como sus creencias paganas con el objetivo de convertir al Cristianismo con mayor eficacia a los naturales. Tras su aparente conversión, el indígena no quedaba totalmente impregnado en la fe de Dios, continuando con sus idolatrías y cultos ancestrales. A veces incluso ocultaban sus ídolos en los muros cercanos al altar mayor de las iglesias, a los cuales adoraban, mientras parecía que lo hacían hacia Cristo u otros santos católicos. Por eso los misioneros tuvieron que conocer y analizar los esquemas mentales, creencias y conducta de los indígenas, llegando a metodologías de bastante precisión.

Códice Florentino Historia Nueva España Bernardino Sahagún
CÓDICE FLORENTINO

Así lo explicaron eclesiásticos como Pablo José de Arriaga en su Extirpación de la idolatría del Perú, publicada en 1621, Establece el programa siguiente:

1. conocer los hechos

2. averiguar las causas de esos hechos

3. aplicar el remedio para que desaparezcan o no actúen

4. aprovechar la experiencia de otros en todo ello

Diego Durán en el Libro de los ritos y ceremonias, publicado en 1570, se expresa con suficiente claridad sobre el asunto:
"Hame movido, cristiano lector, a tomar esta ocupación de poner y contar por escrito las idolatrías antiguas y religión falsa con que el demonio era servido, antes que llegase a estas partes la predicación de Santo Evangelio, el haber entendido que los que nos ocupamos en la doctrina de los indios nunca acabaremos de enseñarles a conocer al verdadero Dios si primero no fueran raídas y borradas totalmente de su memoria las supersticiones, creencias y cultos falsos de los falsos dioses que adoraban, de la suerte que no es posible darse bien la sementera de trigo y los frutales en la tierra montuosa y llena de breñas y maleza, si no estuvieren primero gastados todas las raíces y cepas que en ella de su natural producía..."
"Y así, de estas y otras colijo... que jamás podremos hacerles conocer de veras a Dios, mientras de raíz no les hubiéramos tirado todo lo que huela a la vieja religión de sus antepasados... (están) tan temerosos de dejar lo que conocen, que todo el tiempo que les dure en la memoria han de acudir a ello, como lo hacen cuando algunos se ven enfermos o en alguna necesidad, que juntamente con llamar a Dios acuden a los hechiceros y médicos burladores y a las supersticiones e idolatrías y agüeros de sus antepasados."
"Pues visto esto, he entendido que, aunque queramos quitarles de todo punto esta memoria de Amalek, no podremos, por mucho trabajo que en ello se ponga, si no tenemos noticia de todos los modos de religión en que vivían. Porque, a mi pobre juicio, no creo que hay hoy cosa en el mundo que trabajo más baldío que ocuparse toda la vida el hombre trayendo siempre entre las manos lo que no entiende, teniendo tan estrecha necesidad se saber de raíz los antiguos engaños y supersticiones, para evitar que esta miserable y flaca gente no mezcle sus ritos antiguos y supersticiones con nuestra divina Ley y Religión cristiana."

En realidad, en esta línea de pensamiento e intención se mueven las siguientes obras de Durán y otros tantos eclesiásticos españoles desplegados en América:

1. Historia de las Indias de Nueva España de la Tierra Firme, de Diego Durán

2. Relación de las cosas del Yucatán, de Diego de Landa

3. Historia general de las cosas de la Nueva España, de Bernardino de Sahagún

4. Historia natural y moral de las Indias, de José de Acosta

5. Crónica del Perú, de Pedro Cieza de León

6. Historia de los Indios de Nueva España, de Toribio de Benavente

7. Historia general y natural de las Indias, de Gonzalo Fernández de Oviedo

No son las únicas, pero sí algunas las más importantes crónicas de Indias conservadas hasta el momento.

HISTORIA DE LAS INDIAS DE LA NUEVA ESPAÑA

Pero las órdenes eclesiásticas no fueron las únicas instituciones dedicadas a la investigación antropológica en tierras americanas. A esta actividad científica también contribuyó con importancia la Corona de España, que estuvo interesada desde el primer momento en la obtención de noticias sobre la geografía de las tierras descubiertas, su agricultura y su ganadería, sus características naturales y climáticas, así como sobre la naturaleza y costumbres de sus habitantes, además de unas intenciones políticas.

Desde la fundación de la Casa de la Contratación en Sevilla, en 1503, toda esa información fue tratada de forma sistemática. Los gobernadores de Indias exigieron a los expedicionarios y colonizadores que regresaran provistos de relaciones sobre gentes, organizaciones, tierras, animales, plantas, minas y cultivos. Los cargos de cosmógrafo y cronista mayor de Indias estaban dirigidos a recopilar informaciones sobre la realidad indiana.

El propósito de administrar las nuevas tierras virreinales desde el punto de vista político, económico, social y religioso generó la necesidad por parte de la Monarquía española a recabar toda la información posible, mediante relaciones, informes, estadísticas, mapas y descripciones. Sobre la importancia de esta política escribió Carmelo Lisón Tolosana:
"La clarividencia de la Corona y empleados fue excepcional para su tiempo, sin comparación posible a nivel europeo, y pienso que desde entonces no ha sido superada aún aquí en España."

El resultado final fue la acumulación de un abundante material etnográfico de forma metodológica, considerado el origen de la Antropología cultural moderna.

HISTORIA GENERAL Y NATURAL DE LAS INDIAS

En 1570, se confeccionó un cuestionario de 200 preguntas para recoger información antropológica para su posterior análisis sistemático. Al mismo objetivo también respondía la Cédula, Instrucción y Memoria para la formación de las relaciones y descripciones de los pueblos de Indias elaborada en 1577, que constaba de 5p capítulos. Se inquirían los datos más diversos, desde los caracteres de la tierra, las aguas y los pastos, hasta las tribus indias, su lengua, organización, creencias, administración pasando por ciudades, edificaciones de casas, clima, tratos, costumbres, animales, clases de hierbas, etc.

Fueron destacables las figuras de Bernardino de Sahagún, de José de Acosta y de Diego de Landa, padres de la Antropología cultural como disciplina científica.

Diego de Landa fue obispo de la archidiócesis del Yucatán entre los años 1572 y 1579. Logró reunir una gran información sobre la historia de los mayas, sus modos de vida y costumbres, y sus creencias religiosas. También consiguió entender el sistema vigesimal de las matemáticas y el calendario de esta civilización. Diego de Landa encontró algunas similitudes entre el Cristianismo y la religión maya en el aspecto de los ritos sagrados que consistían en sacrificios humanos y ofrendas de sangre, que relacionó con carácter sacrificial de la figura de Cristo, el cual había entregado su vida para salvar a la Humanidad.

Escribió Relación de las cosas del Yucatán, publicada en 1560, su obra clave para entender el mundo maya durante su época. En ella hizo un relato de la historia de esta etnia, finalizando con una crónica del descubrimiento de aquellas tierras y la colonización española. Su obra ha sido la base de las posteriores investigaciones antropológicas de la civilización maya.

RELACIÓN DE LAS COSAS DEL YUCATÁN

El franciscano Bernardino de Sahagún fue un hombre culto del Renacimiento. Miembro de la Universidad de Salamanca, fue el pionero en la elaboración de los primeros estudios de Etnografía moderna por medio de obras bilingües en náhuatl y español.

En 1525, fue destinado en Nueva España, allí fundó el convento de Xochimilco y el Imperial Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, donde enseñó latín a los indios, e instruyó a jóvenes nahuas y al clero local. Continuó su labor misionera y formativa por varias pueblos y conventos, hasta que en 1547 se dedicó a la elaboración de su obra histórico-antropológica.

En la primera imprenta de Méjico publicó un Vocabulario trilingüe, en castellano, latín y náhuatl, y una Gramática del náhuatl, una Vida de San Bernardino, en náhuatl, y otras tantas como un Tratado de Retórica y Teología a la gente mexicana, un Arte de la lengua mexicana, un Manual del cristiano, un Calendario, etc.

Su obra monumental es Historia general de las cosas de la Nueva España, redactada entre 1557 y 1577, considerada la mejor fuente para el estudio de la antigüedad mexicana. Gracias a esta enciclopedia de la etnografía y de la historia de los mexicas, Sahagún está considerado el primer antropólogo de América. Está narrada directamente por indios conversos e ilustrada con multitud de dibujos, muchos de los cuales se encuentran en el Códice Florentino. La mayor parte de esta enorme investigación está dedicada a la naturaleza mejicana y a las costumbres de los indios de Nueva España. También trató sobre la antigua religión mexicana, con sus fiestas, ritos, ofrendas y cantos, gracias a la colaboración de los sacerdotes y notables del extinto Imperio azteca.

HISTORIA GENERAL DE LAS COSAS DE NUEVA ESPAÑA

El jesuita José de Acosta estudió filosofía y teología en la Universidad de Alcalá de Henares y trabajó como rector en la de Salamanca. En 1572, fue enviado al virreinato del Perú y más tarde al de Nueva España, regresando después a España, en 1578. Allí pudo observar la naturaleza americana y meditar sobre sus novedades. En Arequipa y La Paz predicó a los indios, observando sus costumbres y mentalidad, y pensando los medios más adecuados para su evangelización. Por tal razón fue comisionado para redactar catecismos y confesionarios en castellano, quechua y aimara.

De su experiencia americana brotaron obras como De procuranda Indorun salute en 1575, De natura Novi Orbis en 1589, Peregrinación del hermano Bartolomé Lorenzo, y De promulgando Evangelio apud barbaros, impresas conjuntamente en 1588 un volumen.

Todas estas obras sobre la etnografía americana fueron recopiladas en su obra más importante Historia natural y moral de las Indias, publicada en Sevilla, en 1590), redactada ya en España, en siete libros, dedicando el V a la cultura mexicana, y el VI a la peruana. Redacta sólo lo que es novedoso en Europa, excluyendo los hechos y acontecimientos de los españoles que residían en América, y todo lo que afecta a la evangelización. Usa la historia moral con concepto diltheano, considerando que el estudio de los pueblos indígenas y su cultura constituyen una disciplina nueva: la Antropología cultural.

historia Indias José de Acosta
HISTORIA NATURAL Y MORAL DE LAS INDIAS

Insistió en la exposición de novedades y exotismos americanos, formando el Nuevo Mundo parte del mundo habitado. Proporciona numerosa información sobre metales, plantas, especies botánicas (patata, coca, guayabo, palta o agracate) y animales (chinchilla, vizcacha, cuy o tominejos). Fue precursor en el estudio de las variaciones magnéticas en su obra De la propiedad y virtud admirable de la piedra imán para navegar, en el cual trata sobre la posible existencia de antípodas, zonas tórridas o equinocciales, meteorología, civilizaciones azteca y peruana, etc.

En De promulgando evangelio apud Indos clasificó a los indios en tres grados:

1. los que conocen la escritura y poseen cierto grado de civilización.

2. los que no saben escribir, pero poseen gobierno, sociedad organizada y religión.

3. los salvajes que viven como bestias y poseen una organización rudimentaria.

Poniendo de acuerdo razón y experiencia, supone que el origen del hombre americano no es distinto al del resto y llega a la conclusión de que los habitantes americanos debieron llegar por tierra o alguna estrecha franja de terreno.

CÓDICE BORGIA

Este enorme conocimiento aportado por los misioneros unidos al valioso material etnográfico recogido con carácter oficial por las instituciones de la Monarquía hispánica desplegada en América ha supuesto el origen de la Antropología cultural. No fue un material al nivel científico de la antropología cultural actual, pero sí representó los inicios de dicha ciencia.

El antropólogo contemporáneo español Carmelo Lisón Tolosana, en su Antropología social en España, publicada en Madrid en 1974:
"Ninguna nación puede aportar a la Historia de la Cultura nada equivalente a la riqueza y maestría etnográfica española."

Pero el mismo Lisón se atrevió a matizar que este material no tuvo un carácter de auténtica Antropología cultural; es indudable que no tiene el nivel científico de la actualidad, pero representa los inicios de dicha ciencia. Las razones fueron:

1. que tenía metas concretas en su investigación, unas de carácter económico, otras político, religioso y social, y a esas metas dirigían su indagación, más que a un conocimiento desinteresado e integral de otras culturas.

2. que no podían servirse de una metodología científica que sólo la Antropología contemporánea, con su diversidad de conceptos, teorías, métodos y técnicas, ha desarrollado plenamente.

Pero Lisón afirma que aquellos primeros exploradores sociales fueron los pioneros de este tipo de acercamiento a pueblos desconocidos. Los primeros reconocimientos de la comunidad científica internacional aparecieron en el siglo XIX, especialmente en el ámbito anglosajón.

John Howland Rowe, en su obra Traditions and paradigms: Studies in the History of linguisties, publicada por la Indiana University Press, en 1975, afirmó que:
"El gobierno español parece haber sido el primero en el siglo XV que reconoció la importancia de la Antropología aplicada."

El investigador Fermín del Pino, en su obra Primera reunión de antropólogos españoles, publicado en Sevilla en 1975, escribió que, entre los considerados padres de la Antropología científica contemporánea (Tylor, Morgan y Schmidt), la utilización de fuentes españolas antiguas es un hecho.

El antropólogo inglés del siglo XIX, Edward Burnett Tylor, ofreció mucha importancia al descubrimiento de América, y al interés científico mostrado por los españoles en los Virreinatos del Perú y de Nueva España. En la primera obra, Anahuac, or mexico and the Mexicans, ancient and modern, publicada en Londres, en 1861, citó a Bernal Díaz, Torquemada, Boturini y el doctor Francisco Hernández de Toledo. En la segunda, Research into the Early History of Mankind, en 1865, citó hasta 35 autores españoles, entre los cuales Cieza de León y Garcilaso son sus preferidos. Y en su tercera y más importante obra, Primitive culture, publicada también en Londres en 1871, en dos volúmenes, se encuentran hasta 62 citas de cronistas y naturalistas españoles, por ejemplo a Bernardino de Sahagún, José de Acosta, Félix de Azahara, Bernal Díaz, Cieza de León, Garcilaso de la Vega, Torquemada, Oviedo, Piedrahíta, Herrera y Martín.

En el prefacio que Tylor redactó especialmente para la traducción española:
"La Ciencia del hombre, en su pleno y último desarrollo, tiene una historia particularmente interesante para los lectores españoles... La necesidad y el uso de la Antropología como Ciencia del Mundo no llega a ser evidente hasta el periodo moderno, en que los descubrimientos de las Indias orientales y occidentales colocaron a los europeos frente a pueblos hasta ahora desconocidos, cuyos estados sociales comprendían desde el más rudo salvaje hasta el semicivilizado de Perú y México. Cuando los españoles recuerden la gran parte que a su nación corresponde en la extensión del conocimiento del género humano mediante la adicción de un nuevo mundo al antiguo, sentirán un interés, tanto científico como patriótico, por la Antropología del siglo XIX; aún hoy países que hablan el español ofrecen uno de los más amplios campos para las observaciones antropológicas."

CÓDICE MENDOZINO

El antropólogo, etnólogo y escritor estadounidense Lewis Henry Morgan, en su obra Ancient Society, citó 53 fuentes españolas para investigar la evolución de la humanidad.

El padre Wilhelm Schmidt, lingüista, etnólogo y antropólogo, concedió una gran importancia a las misiones españolas en América en su Historia comparada de la religión, obra escrita en 1940. En su traducción española explica:
"Así sucedió que la primera gran cosecha etnográfica y científica que las religiones lograron con el descubrimiento de nuevos continentes, fue casi exclusivamente hecha por las misiones católicas... Sobre las relaciones de los misioneros, que por su naturaleza misma son generalmente monografías de un único país o tribu, contenémonos aquí con remitir al lector a la Historia de la Etnografía... Merece especial mención aquí la obra Historia universal de la Nueva España, del misionero francisco Bernardino Rivera de Sahagún, que hizo minuciosas indagaciones ante los sacerdotes y notables del antiguo México acerca de toda la antigua religión mexicana, con sus fiestas, ritos, ofrendas y cantos, y que los transmitió en detallada exposición en la lengua original, ilustradas con figuras y dibujos."

Schmidt supo valorar la importancia de las fuentes españolas para la aparición de la Antropología científica en los siglos XIX y XX.

Por último, el profesor Fermín del Pino, en el artículo Los cronistas de las culturas indígenas de América: su valor antropológico, de la obra Primera reunión de antropólogos españoles, examinó traducciones de crónicas españolas en Inglaterra, Francia y Estados Unidos, que se consideran antecedentes de la Antropología científica de nuestro tiempo.

Aunque algunos prefieren llamar Etnología a la labor desarrollada por los españoles en Hispanoamérica, en México y Perú principalmente, no hay ninguna duda de que el nacimiento de esta disciplina está relacionada con la frecuencia de traducciones al inglés y francés de crónicas españolas sobre los indígenas americanos.

TACITISMO POLÍTICO DE BALTASAR ÁLAMOS DE BARRIENTOS


Baltasar Álamos de Barrientos fue uno de los principales pensadores del Barroco español, defensor de la doctrina del Tacitismo político y primer teórico del realismo político español. Mediante su principal obra Tácito español, ilustrado en aforismos, publicada en 1614, desarrolló las nuevas razones de Estado y de Poder para príncipes, consejeros y ministros. Representó uno de los mejores análisis del pensamiento político tacitista en Europa, durante el cambio de épocas del Renacimiento al Barroco.

La política del gobernador debía estar basada en la experiencia de la historia, desde una perspectiva científica, y de forma autónoma respecto a la ética. Para el buen gobierno del príncipe cristiano español deben apoyarse en los súbditos y no en las instituciones.

TACITISMO POLÍTICO DE BALTASAR ÁLAMOS DE BARRIENTOS

Baltasar Álamos de Barrientos nació en Medina del Campo, Valladolid, en 1555. Realizó estudios de jurisprudencia en Salamanca. Estuvo casado con Ana de Colón y Toledo, biznieta del almirante Cristóbal Colón, con la cual tuvo una hija, Teresa Colón de Álamos y Barrientos.

Alcanzó una alta posición dentro de los gobiernos de Felipe II y Felipe III gracias a su relación de amistad con algunos consejeros reales como el duque de Lerma y el conde-duque de Olivares. Llegó a ser miembro del Consejo de Guerra, Hacienda e Indias. Además fue caballero de la Orden de Santiago, abogado de la Audiencia criminal y protonotario de Aragón.

Temible y muy satírico, no le faltaron enemigos. Sus vínculos profesionales y personales con el valido de Felipe II Antonio Pérez, le causó en 1590 una pena de prisión de ocho años.

Álamos compuso buen número de tratados políticos, algunos de los cuales fueron firmados a nombre de Antonio Pérez, ideas coincidentes en ambos, aunque variaban mucho en el estilo.

Su obra más importante fue Tácito español, ilustrado en aforismos, redactado en 1614. El género literario del aforismo consiguió un gran éxito el siglo XVI, tan fértil en sentencias y comentarios morales. En ella expuso su defensa del Tacitismo, es decir de la doctrina política de Cayo Cornelio Tácito, un historiador y administrador del Imperio romano.

La filosofía política de Tácito varió entre la antigua noción romana del Estado senatorial oligárquico, dirigido por "los mejores", y la idea helenística de un estado regido por un monarca. Sus tendencias estoicas le hicieron desconfiar de la solidez moral de un modelo político basado en las arbitrariedades de un solo hombre. En numerosas ocasiones parece añorar la república y su concepto de libertad, aunque sus pronunciamientos en este sentido estén camuflados lo necesario para no resultar molestos al régimen imperial.

Casi toda la obra de Tácito está dominada por el empeño de denunciar las infamias cometidas por la mayoría de los emperadores desde la muerte de Augusto a la de Domiciano. Pero sus análisis se centraron sobre todo por los aspectos psicológicos y dramáticos de la Corte imperial, que ofrecía una rica materia para el análisis moral.

LOS AFORISMO DE ÁLAMOS DE BARRIENTO Y CAYO CORNELIO TÁCITO

El Tácito español es una traducción de casi toda la obra de Tácito, que Álamos efectuó durante su cautiverio en la cárcel, según informó en el prólogo. Finalizada su versión, solicitó licencia para imprimirla. Aunque en un principio la obra fue aprobada por Antonio de Covarrubias, no contó con el respaldo del rey Felipe II, quien confiscó la obra y prohibió su edición. La causa fue seguramente a la existencia de algunos aforismos con interpretaciones políticas que pudieran inducir a los lectores a formar el paralelo entre el rey Felipe II y el emperador Tiberio, y Antonio Pérez con Sejano.

Una vez en libertad, Álamos recuperó su manuscrito en posesión de los archivos del Consejo y realizó algunas modificaciones: corrigió la traducción de los Anales y de las Historias, añadió la de la Vida de Agrícola y las Costumbres de los Germanos, que no había hecho en un principio, y suprimió las frases más directamente alusivas al gobierno de Felipe II en comentarios y aforismos. En 1604, fue publicado en Madrid a comienzos del reinado de Felipe III y gracias a la intervención del duque de Lerma, su libertador, a quien fueron dedicados los aforismos.

Finalmente, el Tácito español quedó organizado en cuatro secciones:

1. Una traducción castellana de los Anales (libros I-VI y XI-XVI), los cinco primeros libros de las Historiae, la Germania y Agricola, todos ellos basados en la traducción de Lipsio.

2. Una serie de secciones introductorias, que incluyen instrucciones para usar los aforismos, así como los motivos y objetivos del autor.

3. Los aforismos, escritos al margen del texto, traducidos al italiano en 1618 por Carini d'Anghiari.

A pesar de la aprobación dada a los Comentarios, Álamos desistió de imprimirlos, por no abultar el tomo, ya bastante voluminoso. Aquellos comentarios fueron reservados para una edición aparte que fueron publicados después de su muerte. En ellos realizó una triple tarea: análisis filológico del texto; estudio histórico del mismo; y un comentario político final.

TÁCITO ESPAÑOL ILUSTRADO, POR BALTASAR ÁLAMOS DE BARRIENTOS

El objetivo de su obra fue el enriquecimiento de la lengua española con la traducción de Tácito y la utilización como lectura para príncipes, consejeros y ministros. El hecho de que fuese redactada durante su cautiverio en prisión pudo influir en aspectos tan característicos del pensamiento político taciteo, especialmente en su rechazo hacia el despotismo y la tiranía.

Álamos defendía la idea de que los príncipes deben apoyarse en los súbditos y no en las instituciones. A partir de aquí, la política aparece construida sobre el acto volitivo, que conexiona los dos elementos constitutivos de toda política: el psicológico-subjetivo y el estructural-objetivo. Estos quiere decir que para todo político, el punto primario de reflexión es el hombre, el cual fue analizado por Álamos desde una perspectiva psicológica y afectiva. Concluyó que lo que interesa particularmente al político son los afectos humanos.

Las condiciones que determinan los afectos humanos y que el político debe tener en cuenta para cumplir su cometido son estas cuatro:

1. los hombres en cuanto cuerpos condicionados fisiológicamente, que producen humores con inclinaciones particulares determinadas.

2. la familia, a través de la cual se heredan ciertas costumbres e inclinaciones, vinculadas al status social de la misma.

3. la clase social y la profesión que se tiene, lo que involucra el plano de las relaciones socioeconómicas en su dimensión política.

4. la nación, en cuanto conjunto de caracteres comunes al grupo humano que el príncipe debe gobernar.

Una vez estructurado el contenido objetivo de la política en esas cuatro divisiones generales, se impone la necesidad de construir una rigurosa teoría política basada en la experiencia histórica. En cambio, los tratadistas tradicionales prefirieron basar su teoría política en los principios generales de la moral y las virtudes políticas inspirados en ellos.

Desde esa perspectiva, a Álamos se le planteó el problema de las relaciones entre moral y política. Desde el primer momento, sostuvo la independencia entre la ética y la política; pero al darse cuenta de la resistencia que tal tesis encontró en el ámbito español, optó intentar una teoría próxima a la de Maquiavelo, pero basada sobre principios distintos.

TÁCITO ESPAÑOL ILUSTRADO, POR BALTASAR ÁLAMOS DE BARRIENTOS

Su metodología para construcción de la teoría política se basó más en una ciencia, ajena a la moral, aunque relacionada con ella. Para dar una explicación al respecto, puso la medicina como ejemplo:
"Lo mismo que la medicina es un conjunto de principios y reglas que enseñan a restituir y conservar la salud del cuerpo, la política se constituye como el conjunto de principios y reglas que enseñan a restituir y conservar la salud del Estado; y del mismo modo que la medicina no es ni mala ni buena en sí, sino que la bondad y la maldad aparecen cuando se aplica, como cuando el médico emplea sus conocimientos para envenenar, la política no es, en cuanto ciencia, ni buena ni mala; estos valores surgirán en cada caso de aplicación, y sólo son vigentes en el fuero interior, en la conciencia del político o del médico."

Siguiendo a Tácito, Álamos había conseguido establecer la autonomía científica de la política, independiente de la moral. Pero, a continuación debía especificar los fundamentos, sobre lo que consideró y dejó escrito en el Discurso para la inteligencia de los aforismos:
"Ciencia es la de Gobierno y Estado; y su escuela tiene que es la experiencia particular y la lección de las historias que constituye la Universal. La cual cierto serviría de poco si de ella no se sacasen los principios y reglas que digo. Y sus maestros también tiene que son los antiguos ministros y consejeros de los príncipes y lo que éstos nos dejaron escrito y oímos dellos."

En este Discurso hacía una referencia clara a la experiencia de la historia y su aplicación a la gobernación del presente mediante los aforismos. Se fundamentaba en que en el transcurso del tiempo los determinantes generales de la afección humana sobre los que debe operar el político permanecen inmutables: la fisiología corporal, la familia, lo social, y lo nacional. De forma resumida, explicó que "la historia es base experimental para inducir la regla al caso presente".

De la mano de Álamos, el Tacitismo político se incorporó como movimiento de gran vitalidad en el conjunto de los círculos intelectuales del Barroco español en la tarea de la construcción de unas reglas de Estado y de una Ciencia de la política, desde unas bases realistas y prácticas, y con la historia y la psicología como fuente de conocimiento.

Álamos había demostrado tener una mentalidad renacentista y vanguardista que había superado los planteamientos de la escolástica medieval, en un intento de renovar las teorías de la razón de Estado de la Contrarreforma y del Maquiavelismo.

TÁCITO ESPAÑOL ILUSTRADO, POR BALTASAR ÁLAMOS DE BARRIENTOS

En Europa, esta obra representó uno de los mejores análisis del pensamiento político de Tácito. Durante el cambio de épocas del Renacimiento al Barroco, las razones de Estado y del Poder cambiaron su visión, convirtiéndose el enfoque histórico en la mejor guía para la actuación de un gobernante. Seguidores del Tacitismo de finales de siglo XVI fueron Pasquale, Muret, Scoto o Lipsio, pero la publicación del Tácito español significó el comienzo de una serie de comentarios sobre la obra del autor latino.

Su carácter racional y científico le llevó al historiador Manuel F. Escalante a calificarle como de "primer teorizante de realismo político en España", en su obra Álamos de Barrientos y la teoría de la razón de Estado en España. Otros seguidores del Tacistismo español durante el tránsito del Renacimiento al Barroco fueron Fadrique Furió Ceriol, Antonio López de Vega y Mateo López Bravo.

Pero también consiguió una gran oposición en su tiempo, y algo después, por aquellos políticos y filósofos que aceptaban la definición aristotélico-tomista de la ciencia, según la cual ésta es un saber universal sin discusión. Pero, no se estaba refiriendo a la noción de ciencia basada en la experiencia y en inducciones, como practicaban Galileo y Bacon.

Con probabilidad también se le puede atribuir el Discurso del gobierno al Rey, de 1598, también conocido como El conocimiento de las naciones, y que fue asignado erróneamente a Antonio Pérez.

También fue coautor de Norte de príncipes, virreyes, consejeros y embajadores, con advertencies políticas muy importantes sobre lo particular y público de una Monarquía, fundada para el gobierno de Estado y Guerra, publicado en 1603, y Discurso político al rey Felipe III al comienzo de su reinado.

ACADEMIA REAL DE MATEMÁTICAS DEL ESCORIAL


La Academia Real de Matemáticas fue fundada en 1582 por el rey Felipe II con sede en el Real Monasterio de El Escorial para el estudio y la enseñanza de las ciencias exactas, teóricas y prácticas, y materias relacionadas con las Matemáticas, y poner los conocimientos al servicio de España.

Fue un proyecto del arquitecto renacentista Juan de Herrera, y contó con los más grandes genios de la teoría militar de su tiempo como Cristóbal de Rojas o Bernardino de Mendoza, cosmógrafos como Andrés García de Céspedes y Juan Bautista de Labaña, y el matemático Pedro Ambrosio de Ondériz.

ACADEMIA REAL DE MATEMÁTICAS DEL ESCORIAL

En diciembre 1582, el rey Felipe II aprobó la constitución de la denominada Academia Real Mathematica con sede en una de las instalaciones del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial. La real cédula fue aprobada por este monarca durante su estancia en Lisboa, capital del Reino de Portugal perteneciente al Imperio de su Monarquía hispánica y católica. Fue la materialización de un proyecto que empezó el arquitecto renacentista Juan de Herrera dos años antes.

El objeto era el estudio y la enseñanza de las ciencias exactas, tanto teóricas como prácticas, y materias relacionadas con las Matemáticas: Aritmética, Geometría, Geografía, Astronomía, Cosmografía y, muy especialmente, Arquitectura. Pretendía albergar a los mejores geógrafos, astrónomos, arquitectos, ingenieros y, en general, cualquier destacado matemático, con el objetico expreso del poner sus conocimientos al servicio de España.

MONASTERIO DE EL ESCORIAL Y JUAN DE HERRERA

En octubre de 1583, se aprobaron sus estatutos, iniciando sus actividades con gran cantidad de alumnos. Seguía un programa con una duración de tres cursos minuciosamente preparado por Juan de Herrera, quien además se encargaba de impartir la cátedra de Arquitectura y de coordinar los trabajos. El arquitecto cántabro tuvo un papel protagonista en el diseño de la política científica de la monarquía. El éxito de la Academia fue muy prometedor, por lo que Felipe II dispuso que los estudios de Arquitectura, que formaban parte del plan general, se diesen por separado para la mejor formación de los futuros profesionales.

Aunque en la Academia Real se estudiaban todas las disciplinas de esta ciencia, las necesidades de defender el amplio imperio geográfico que se estaba expandiendo por el Mundo hicieron que se impusiera el desarrollo de la Náutica, la Cosmografía y las relacionadas con la milicia.

BIBLIOTECA REAL DE EL ESCORIAL

Bajo esta institución destacaron los más grandes cosmógrafos de su tiempo:

Juan Bautista de Labaña, de origen portugués, fue el primer cosmógrafo mayor durante el reinado de Felipe II. Comenzó en la Academia como lector de Matemáticas con una remuneración de 400 ducados anuales, más que el por entonces cosmógrafo mayor del Consejo de Indias.

Pedro Ambrosio de Ondériz, discípulo del humanista Pedro Simón Abril, comenzó como segundo cosmógrafo mayor, supeditado a Labaña. Realizó una importante labor de traducción de los textos más necesarios para la Academia. A escasos dos años de empezar a trabajar ya había traducido al castellano los libros XI y XII de los Elementos y la Perspectiva Escapularía de Euclides, los Esféricos de Teodosio y los Equiponderantes de Arquímedes, y redactó el tratado Uno de Globos.

Andrés García de Céspedes fue cosmógrafo mayor del Consejo de Indias entre 1596 y 1611, y catedrático de la Academia de Matemáticas entre 1607 y 1611.

También fueron profesores Juan Arias de Loyola, Juan Cedillo o el milanés Ferrofino. Pertenecieron a esta Academia dos importantes genios de la teoría militar del momento:

Cristóbal de Rojas fue autor de la Teoría y Práctica de la Fortificación, considerado como el más representativo ingeniero militar entre finales del siglo XVI e inicios del XVII.

Bernardino de Mendoza fue otro ingeniero militar, autor de Teoría y Práctica de la Guerra, publicado en 1595, que fue traducido al alemán, francés, italiano e inglés.

CLASES EN LA ACADEMIA REAL DE MATEMÁTICAS DE EL ESCORIAL

La Academia llevó adelante una meritoria labor no sólo docente, sino que además ejecutaba trabajos de fondo de gran altura científica como traducir al español las obras clásicas de matemáticas que solo tenían edición en latín, como estuvo haciendo Pedro Ambrosio de Ondériz. Destacó la traducción parcial del famoso De revolutionibus Orbium Caelestium de Nicolás Copérnicorealizada por Juan Cedillo Díaz, sin referencia de autoría y bajo el confuso título de Ydea Astronómica de la Fábrica del mundo y movimiento de los cuerpos celestiales. Pero también, se tradujeron obras medievales de Suisseth, Bradwardine y Sacrobosco, entre otros.

La financiación del centro corrió a cargo del Real Consejo de Indias, que protestó a menudo de tener que pagar a unos profesionales cuyas tareas no se correspondían directamente con la empresa de América y que desarrollaban su labor en la Corte.

Uno de los principales problemas a los que se enfrentó la Academia fue el de la dotación de sus profesores, que se realizaba con la consabida comunicación a las Universidades Mayores del Reino (Salamanca, Valladolid y Alcalá), que habitualmente desobedecían la demanda real. La otra forma de contratación del profesorado fue la petición a algún experto en la materia que sustituya al catedrático ya en edad de jubilación o tras su fallecimiento. Esto ocurrió con Cedillo, quien sustituyó a García de Céspedes, a su muerte en 1625.

REAL MONASTERIO DE SAN LORENZO DE EL ESCORIAL

El Colegio Imperial de Felipe IV fue fundado como estudios reales en 1625. Contaba con cuatro cátedras encargadas de las materias científicas y su gestión y funcionamiento se encomendó a los jesuitas que, sin embargo, vieron frustrado su deseo de que tal centro fuera homologado como Universidad.

En 1628, la dirección consiguió que las clases de la Academia de Matemáticas se impartieran en las instalaciones del Colegio Imperial y que el profesorado encargado recibiera el nombramiento de catedrático y cosmógrafo mayor de Indias. La materialización de esta nueva reglamentación se produjo en 1629, cuando fue designado el francés Claude Richard, más conocido como Claudio Ricardo.

En 1636, se dictaron nuevos estatutos y la docencia quedó a cargo de la Orden de los Jesuitas. Durante todo este periodo, el Colegio funcionó como un activo centro intelectual, cuyos responsables, buena parte de una valía indudable, se mantuvieron al día de las novedades científicas que se producían en Europa, aunque buena parte de su producción quedara manuscrita.

La Academia mantuvo un altísimo nivel durante todo el siglo XII y parte del XVIII. Su existencia resultó fundamental para comprender el fenómeno de renovación científica protagonizado por los novatores.

La orden de expulsión de los jesuitas por Carlos III generó la salida de los científicos y docentes de esta institución, lo que generó su clausura final.

COLEGIO IMPERIAL