(1839). Stendhal reconoció en su autobiografía
.
, presentó a Fabricio del Dongo, un hidalgo que al igual que el manchego pierde su ilusión tras una derrota, solo que esta fue la de Waterloo.
(1856), cuyos personajes Emma Bovary y Fréderic Moreau llevan la impronta del mortal hidalgo. Américo Castro y Ortega y Gasset vieron en su protagonista un Quijote femenino. Lo mismo puede decirse del personaje Charles Deslauries de
se identificó epistolarmente con don Quijote en varias ocasiones, encontrando en este personaje el modelo para algunas de sus creaciones como el Balthasar Claes de
El
Quijote también influenció a la
literatura rusa, a cuya lengua se tradujo tardíamente en la segunda mitad del siglo XVIII, y no a partir del castellano sino del francés. La primera edición apareció en 1769 por
Ignati Antonovich Teils. Sin embargo, la recepción tardía fue fecunda en resultados y más a partir de la traducción que en 1806 realizó
Jukovsky.
Konstantín Bátiushkov cita en su poema
La respuesta a Turguéniev (1812) a don Quijote y lo mismo hace
Karamzín en su poema
A un pobre poeta (1796). Aunque
Turquéniev dedicó a don Quijote un ensayo y trató de traducir la novela al ruso, lo cierto es que la mayor influencia se produjo en el terreno de la novela. Karamzím pretende comparase con el Quijote en
El caballero de nuestro tiempo (1803).
Las
Almas muertas (1842) de
Nikolai Gógol están empapadas de quijotismo aunque su humor sea más ácido y negro que el de Cervantes. Lo mismo puede decirse de algunos de los personajes de
León Tolstói desde el Pierre de
Guerra y paz (1865) al Nejliudov de
Resurreción (1899), pasando por el Liovin de
Ana Karénina.
La influencia del Quijote resulta también obvia en
Fiódor Dostoyevsky. Su primera mención del Quijote se encuentra en
Una novela en nueve cartas (1847). Los ecos cervantinos se perciben también en
Crimen y castigo (1866) y
Los hermanos Karamázov (1880) pero, sin duda, el mayor influjo quijotesco se halla en
El idiota (1872). Su principal protagonista, el príncipe Myshkin, un loco idealista y bueno condenado al fracaso, constituye un trasunto de don Quijote. De hecho, en las notas de Dostoyevsky durante el período de redacción de la novela se hace referencia expresa a paralelismo, por ejemplo, relacionando el monólogo de Myshkin "a la salud del sol" con el discurso de don Quijote sobre la Edad de Oro.
Con estos antecedentes no resultan extrañas las referencias a la novela de Cervantes que aparecen en su
Diario de un escritor (1877). Tras que el Quijote es "el más generoso de cuantos héroes ha habido en este mundo". Dostoyevsky señala:
"Este libro, el más triste de todos, no debe el hombre olvidar llevarlo consigo el día del Juicio Final. Y anunciará el misterio más profundo y terrible del hombre y de la Humanidad que se encuentra contenido en el mismo: que la belleza suprema del hombre, su mayor pureza, su castidad, su lealtad, toda su valía y, al final, todo su mayor talento se consumen infinidad de veces, por desgracia, sin haber reportado a la Humanidad ningún beneficio y convirtiéndose, si llega el caso, el ser humano en hazmerreír sólo porque le ha faltado al ser adornado de tan hermosas cualidades una suprema: el genio necesario para dominar la riqueza y el poder de esos dones, gobernarlos y encaminarlos, no por los fantásticos senderos de la locura, sino por el camino recto, empleándolos en bien del género humano."
Con todo, es posible que fuera
Nikolai Leskóv el autor ruso del siglo XIX más influido por la figura del Quijote. Los héroes de novelas suyas como
El pensador solitario,
Los ingenieros desinteresados o
Una familia en decadencia son claramente quijotescos. En la última de las mencionadas, Dormidón Rogojin, apodado don Quijote Rogojin, se dedica a recorrer los alrededores acompañado de Zinka, un cochero sanchopancesco, dedicándose a "desfacer entuertos".
También la novela española del siglo XIX es tributaria en buena medida del
Quijote. Esa influencia se puede percibir en el rico cosmos de
La Regenta (1884) de
Leopoldo Alas Clarín, o en el cúmulo de guiños cervantinos que constituye
La desheredada (1881) de
Benito Pérez Galdós. Su protagonista, Isidora Rufete, ha enloquecido leyendo folletines y vive en una nebulosa irreal que terminará desplomándose. Su padre, un loco, tiene además un nombre significativo, Santiago Quijano-Quijada, como igual de significativo es el origen de los Miquis: el Toboso. Rasgos quijotescos se encuentran también en
Nazarín (1895), otro de los personajes que como Myshkin han sido emparentados con Jesucristo,
El amigo Manso (1882),
Misericordia y
Ángel Guerra (1891).
Ni siquiera los cambios efectuados en la técnica
novelística durante el siglo XX han tenido fuerza para excluir al
Quijote de las fuentes visitadas por los autores contemporáneos. Casi puede afirmarse que ni uno solo de los innovadores desde Joyce a Faulkner pasando por Proust o Kafka han evitado el
Quijote. El
Ulises (1922) de J
ames Joyce,
En busca del tiempo perdido (1913-1927) de
Marcel Proust,
La montaña mágica (1924) de
Thomas Mann,
Los monederos falsos (1925) de
André Gide,
La vida de don Quijote y Sancho (1905) y
Niebla (1914) de
Miguel de Unamuno,
Tiempo de silencio (1622) de
Luis Martín Santos,
La saga/fuga de J.B. (1972) de
Gonzalo Torrente Ballester,
Monseñor Quijote de
Graham Greene,
Contrapunto de
Aldous Huxley,
Las palmeras salvajes de
William Faulkner, o
Pedro Páramo de
Juan Rulfo, son sólo algunas de las obras, en mayor o menos medida, tributarias del
Quijote.
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| ÓLEO DE JOSÉ MORENO |
En el
teatro, mención especial merece el reflejo de la figura del hidalgo manchego y de la novela en que se narran sus aventuras. Hoy en día está comúnmente aceptado que las técnicas de Bertolt Brecht, Luigi Pirandello y Samuel Beckett son tributarias del
Quijote. El efecto de distanciamiento del primero para llevar al espectador a reflexionar más profundamente, la autonomía de los personajes del segundo y la insistencia del tercero en que sea el mismo espectador el que aclare e interprete las situaciones están ya presentes en la novela más famosa de Cervantes. Tampoco ha sido reticente el teatro en intentar adaptar a la escena las aventuras de don Quijote.
Fielding escribió una comedia, sin mucho mérito, titulada
Don Quijote en Inglaterra cuando tenía veinte años. La aportación más interesante posiblemente sea la del escritor ruso
Mijaíl Bulgákov, quien consideraba a Cervantes el "rey de los escritores españoles" y en 1938 escribió parte de la correspondencia dirigida a su esposa en español como consecuencia de un estado emocional en el que "tomaba el Quijote por asalto". Fruto de este entusiasmo fue su
Don Quijote, en el que intenta reducir al lenguaje teatral la novela cervantina. Bulgákov no logra su objetivo aunque es realmente fiel al original, pero sí consigue crear un alegato en favor de la libertad precisamente en la época de las grandes purgas estalinistas. El don Quijote que, al final, se lamenta porque aunque apenas le ha hecho daño el acero del caballero de la Blanca Luna, su acción le ha privado de libertad, recuerda dramáticamente a un Bulgákov que no fue deportado ni detenido por Stalin pero que se vio desprovisto de la libertad de crear y publicar.
Dentro del teatro, pero ya en el género musical, se encuentra
The man of La Mancha con texto de
Dale Wasserman y música de Mitch Leigh, que posteriormente sería convertido en película protagonizada por
Peter O´Toole en el papel de don Quijote y por
Sofia Loren en el de Aldonza-Dulcinea. Es una obra de hermosa música y brillantes letras que recogen parte del espíritu quijotesco, aunque es deficiente su adaptación del texto cervantino. Aldonza Lorenzo-Dulcinea es confundida con una prostituta de la venta lejanamente parecida a Maritornes, y del Quijote original queda rastro sólo en la aventura de los molinos de viento y en la del yelmo de Manbrino. Además, Cervantes es reducido a prisión por la Inquisición como escritor disidente, algo un tanto distanciado de la Historia por más que el escritor no dejara de manifestar en su novela cervantina aunque en los aspectos ya señalados no resulte del todo desafortunada.
Desde el punto de vista musical y cinematográfico ha habido referencias al Quijote mucho más brillantes. La ópera
Don Quijote de Massenet (1910), magistralmente interpretada por el ruso
Fiodor Shaliapin, el
Don Quijote de
Richard Strauss,
Las ausencias de Dulcinea y
El retablo de Maese Pedro del maestro
Rodrigo y el
Don Quijote velando las armas de
Óscar Esplá son buena muestra en el terreno musical.
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| QUEMA DE LIBROS POR EL CURA, EL BARBERO Y EL AMA, POR JOSÉ SEGRE |
6.
OBRA CINEMATOGRÁFICA DEL QUIJOTE
Al igual que hiciesen los artistas del pasado, guionistas y directores han venido adaptando el
Quijote desde el mismo nacimiento del cine. Al punto, que se tiene noticias de una film francés de 1898, titulado
Don Quichotte, que no sería más que una corta escena muda. A ésta le sucedieron películas italianas, inglesas y españolas, coincidentes con la celebración del tercer centenario de su publicación, en 1905. Y el proceso se repetirá hasta nuestros días, en que superamos la cuarentena de versiones sobre esta obra, dentro de la filmografía mundial. En esa relación existen dos constantes: una, la adecuación de la novela a los valores dominantes en cada época, como ha sucedido con las biografías de Cervantes; y otra, la nacionalización de los arquetipos de don Quijote y Sancho.
De este modo, en lo que atañe a los valores, mientras
Don Quiijote de La Mancha (España, 1948) de
Rafael Gil se inscribía en la corriente historicista de la posguerra, el
Don Quijote de Orson Wells (1992) reflejó el exotismo con que un norteamericano observaba el mundo rural hispano, mientras que las dos partes filmadas por
Manuel Gutiérrez Aragón (
El Quijote, en 1991, y
El Caballero don Quijote, en 2002) son más fieles a la sociedad del Siglos de Oro, en la que se desarrolla la acción.
En cuanto a la apropiación localista de unos personajes universales, es destacable
Don Quixote (Francia, 1932) de
Georg Pabst, en el que el cantante de ópera Chaliapin se mueve en aldeas galas; la soviética
Don-Kibot (URSS, 1957), con excelente interpretaciones y cuidada fotografía de la estepa, está protagonizada por Nikolai Cherkassov y dirigida por
Grigori kozintsev; o
Don Quijote en el Oeste (USA, 1971) de
Robert Butler, en la que mudan las caballería por los trenes y las lanzas por las pistolas y cartucheras.
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| PELÍCULAS SOBRE EL QUIJOTE |
La novela cervantina no sólo ha sido llevada a la gran pantalla, sino a los formatos más diversos, a los géneros más dispares. Entre los formatos se encuentran la televisión, el cortometraje, los documentos, el vídeo, el DVD y la Red. En cuanto a los géneros, van desde la comedia, como las protagonizadas por
Cantinflas, hasta los musicales, como
El hombre de La Mancha (Italia, 1972). Pero también ballets, dibujos animados, cintas eróticas y aún pornográficas.
De este modo, en los que atañe a los valores, mientras
Don Quijote de La Mancha (España, 1947) de
Rafael Gil se inscribe en la corriente historicista de la postguerra, el
Don Quijote de Orson Welles (1992) refleja el exotismo con que un norteamericano observa el mundo rural hispano.
La mejor adaptación en serie televisiva es sin duda
El Quijote (1990), bajo la dirección de
Manuel Gutiérrez Aragón, interpretada por Fernando Rey y Alfredo Landa en sus principales papeles y con guion entre otros del Premio Nobel de Literatura
Camilo José Cela. El resultado fueron cinco horas de metraje sobre la primera parte de la novela. Gutiérrez Aragón continuó con otra adaptación realizada en el siglo XXI, denominada
El caballero don Quijote (2002) e interpretada por Juan Luis Galiardo y Carlos Iglesias. Ambas obras cinematográficas son bastante fieles a la sociedad del Siglos de Oro, en la que se desarrolla la acción.
Pero también ballets, dibujos animados, cintas eróticas y aún pornográficas. Un film sobre la "inadaptación" del Quijote como es
Lost in La Mancha (USA, 2003) de
Terry Guiliam. Pues bien, hasta en este Quijote deconstruido, en este rodaje fracasado, puede respirarse algo del espíritu aventurero de nuestro ingenioso hidalgo. Toda una fuente de inspiración para el cine.
La temática de todas estas obras de arte, en sus diversos géneros, trata desde la búsqueda del amor nobel al idealismo, desde el anhelo de libertad al deseo de supervivencia, entre otros aspectos. Pero además esta temática queda expresada en un juego de caracteres y situaciones cargados de ternura, compasión y fresco humor. Esas características son las que explican la influencia imperecedera del Quijote y su dilatado y continuo influjo en culturas que en ocasiones poco o nada están relacionadas con la española.
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| PELÍCULAS SOBRE EL QUIJOTE |
7.
LA OBRA GRÁFICA DEL QUIJOTE
Las primeras imágenes del Quijote de las que se tiene noticia corresponden a un texto francés:
Seconde partie de l'histoire de l'ingénieux et redoutable chevalier Don Quichot de la Manche (París, 1618). Las que habían aparecido con anterioridad en las portadas de dos de las impresiones de Lisboa en 1605, por ejemplo, repetían el estereotipo de caballeros y escuderos que habían heredado de los viejos libros de caballerías.
Jacob Savery (1617-1666) parece ser el primer ilustrador de la novela
Den Verstandin en Vroonien Ridder Don Quichot de la Mancha (1657), para la que creó veinticuatro estampas, pues con anterioridad sólo habían aparecido colecciones de láminas sueltas o ediciones con número muy reducido de grabados. Las escenas escogidas se centraban en los episodios más burlescos, de acuerdo con la interpretación divertida del Quijote de sus primeros lectores. Su primer imitador fue
Frederick Boutatts (1610-1676), quien realizó dieciséis estampas (Bruselas, 1662) aunque en ediciones posteriores fue ampliando ese número hasta treinta y dos.
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| SERIE DIBUJOS ANIMADOS |
La obra de Cervantes atrajo desde sus orígenes a numerosos artistas. Entre otros
Jérome David (primera mitad del siglo XVIII),
Jean-Honré Fragonard (1732-1806),
Adolph Schrödter (1805-1875) u
Honoré Daumier (1808-1879), quienes realizaron colecciones de estampas quijotescas. También el caso de
Charles-Joseph Natoire (1700-1777),
Johann Christian Lotsch (1790-1873),
Antonio Muñoz Degrain (1840-1924),
Ignacio Zuoloaga (1870-1945),
Pablo Ruiz Picasso,
Antio Winkelhofer (1904-1977) o
José Vela Zanetti (1913-1999), quienes recrearon varias escenas de la novela, aunque ninguna de ellas fuese creada, en un principio, para una edición del
Quijote. Entre los autores más recientes destacan
Eugenio Salvador Dalí,
Eduardo Arroyo,
Antonio Saura o
Antonio Mingote.
Las primeras ilustraciones del Quijote realizadas en España fueron las de
Diego de Obregón, hacia la mitad del siglo XVIII. La mayoría son copias de las que habían aparecido en los Países Bajos y, aunque su ejecución resultó muy tosca, supo captar mejor que sus modelos la expresión y el movimiento de los personajes. Las ilustraciones de Obregón para
Vida y hechos del Quijote (1735), en su mayor parte inspiradas en impresiones anteriores, fueron imitadas a lo largo del siglo XVIII, primero en grabados al cobre y más tarde al boj. Imprentas como las de Antonio Sanz o Juan de San Martín, en Madrid, o la de Jolis, en Barcelona, utilizaron estos tacos de madera para acompañar el texto de las ediciones más populares.
Concebidas originalmente como una serie de lujosos tapices, las ilustraciones de
Charles-Antoine Coypel (1694-1725) reflejan sobre todo escenas divertidas y cortesanas. Fueron las más reproducidas e imitadas de las ilustraciones dieciochescas.
La primera edición del Quijote en lengua original publicada en Inglaterra fue
Vida y hechos del ingenioso hidalgo Don Quixote de la Mancha, impresa en Londres en 1738 por
Tonson, con variedad de ilustraciones.
En la vida de Cervantes escrita por
Gregorio Mayans y Siscar, con texto corregido por Pedro Pineda, destaca el retrato del autor, obra de Kent. Esta obra estaba ilustrada con 68 grabados al cobre por Vander Gucht, Vertne, Baron y Claude de Bosc, dibujadas por Vanderbanck y G. Kent. Para otro Quijote publicado en Inglaterra en 1738, las estampas se encargaron a
John Vanderbank. Este realizó el primer gran intento de ilustrar el Quijote ciñéndose a las indicaciones de la novela, de acuerdo con el magno proyecto editorial de Lord Carteerd.
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| CUENTOS DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA |
Las ilustraciones de
Francis Hayman (1708-1776) que retratan paisajes agrestes en una edición de 1755, se asemejan más a decorados teatrales con ecos shakerpeareanos en los que don Quijote suele aparecer con aspecto alocado. Las ediciones inglesas fueron un aliciente para que, por fin, auspiciada por la Real Academia Española, apareciera la más ambiciosa de las impresiones del Quijote:
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, edición Real Academia Española,
Joaquín Ibarra (Madrid, 1780), en cuatro volúmenes. Al frente de los ilustrados figuraban
José del Castillo (1737-1793) y
Antonio Carnicero (1748-1814). La fidelidad al texto quedó de manifiesto en casi todas las escenas representadas, de un marcado tono clásico y, sobre todo, en su cuidada ambientación netamente española.
El éxito del Quijote de la Real Academia movió a otros impresores españoles a realizar grandes ediciones ilustradas de la novela. Es destacable la de
Juan Antonio Pellicer, cuyas estampas fueron dibujadas por un equipo de ilustradores dirigido por
Agustín Navarro (1754-1787) y
José Camarón (1730-1803). Tan interesante como su trabajo, que es un modelo de clasicismo, resulta su deseo de ceñirse a los detalles históricos. En buena medida, las composiciones de
Roben Smirke (1752-1845) se pueden considerar la primera interpretación romántica de la novela desde el punto de vista plástico. El ejemplar de bibliofilia
Don Quichotte de la Manche o
El Quijote de Florián, llamado así por la libre traducción de esta obra maestra, impreso por
Didot L´ainé (París, 1799), en tres volúmenes, con una bella encuadernación con piel y decoración arbórea, con 24 láminas dibujadas por Jefebre y Lebardier; grabadas por Masquelier, Coiny, Halbou, Godefroy, Gaucher y Dambrun.
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| DON QUIJOTE, GUIADO POR LA LOCURA, ABANDONA SU HOGAR PARA CONVERTIRSE EN CABALLERO ANDANTE, POR ANTOINE COYPEL |
Desde la óptica del romanticismo,
Tony Johannot (1803-1853) consiguió reflejar la dualidad en que vive don Quijote, escindido entre su mundo de fantasías caballerescas y la dura realidad que le rodea. La nueva técnica de la xilografía le permitió incluir en una edición de 1836 ilustraciones no sólo en hojas intercaladas en el libro (como había sido habitual hasta entonces), sino en cualquier lugar del texto. Fue el ilustrador más reproducido en el siglo XIX, hasta que se vio superado por el éxito de Doré. Más cercanos al clasicismo de las ilustraciones dieciochescas que a las nuevas tendencias románticas los dibujantes de esta monumental edición que vio la luz en Barcelona en 1859, entre los que destacan
Claudio Lorenzale (1814-1889),
Luis de Madrazo (1825-1897) y
Raimundo de Madrazo (1841-1929), supieron recrear fielmente el espíritu a la vez trágico y burlón de la novela.
Pero nadie como
Gustave Doré (1832-1883) supo reflejar los sueños de don Quijote, la realidad que le rodea y el contraste entre su deseo de gloria, su desánimo, su sufrimiento o la profundidad de su melancolía. Estas estampas han sido las más populares y aún hoy se siguen reproduciendo con éxito. Sin abandonar plenamente la escuela romántica,
Adolphe Lalauze (1838-1900) supo crear un estilo propio que lo superaba y lo acercaba al realismo. Su don Quijote es solemne y heroico en todos sus detalles y sus ilustraciones no incluyeron ningún episodio cómico, aunque para ello tuviera que traicionar algunas de las indicaciones del texto.
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| CERVANTES, POR MIGUELANTXO PRADO |
La tendencia realista volvió a aparecer en las ilustraciones de
Ricardo de los Ríos (1846-1929) de disposición aparentemente sencilla, pero cuidada hasta en los últimos detalles en una edición de 1880. También en este caso el artista rehuyó los episodios cómicos para mostrar un protagonista heroico, aunque sin elevarlo a sublime. Los postulados del realismo quedan de manifiesto en las ilustraciones en las que
Ricardo Balaca (1844-1880) y su continuador
José Luis Pellicer (1842-1901) reflejaron el mundo de la novela de una manera fiel y objetiva.
Con una perspectiva muy renovadora,
William Heath Robinson (1872-1144) realizó en 1897 un programa de ilustraciones completamente diferentes de los aparecidos hasta el momento, pues escogió escenas y retratos de personajes que nunca antes se habían representando. En su obra se reflejan las nuevas tendencias del arte de la segunda mitad del siglo XIX, como el prerrafaelismo o el simbolismo. Tras una larga experiencia como pintor de escenas quijotescas por las que cobró gran fama,
José Moreno Carbonero (1860-1942) recibió el encargo de ilustrar una edición de la obra en colaboración con
Laureano Barrau (1863-1950). Dentro de la óptica realista en sus composiciones, queda de manifiesto la importancia del paisaje castellano, árido y cegador, en el que los personajes se encuentran solos frente a todas las desgracias en la edición del
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de 1898.
El gran renovador de los ilustrados españoles fue sin duda
Daniel Urrabieta Vierge (1851-1904). Sus imágenes, realizadas con trazos enérgicos y decididos, transmiten una gran impresión de fuerza, acorde con las escenas que retratan. Tras un primer intento frustrado de ilustrar la novela (hacia 1875), sólo póstumamente se pudo publicar todo el programa iconográfico que creó para ella. Ya en pleno camino hacia las vanguardias se encuentran las ilustraciones de
Karl Walser (1877-1943), de una falsa simplicidad infantil. Su estilo es desenvuelto en franca oposición a los postulados realistas.
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| QUIJOTE ARRODILLADO |
Un digno sucesor de Urrabieta Vierge podría ser
Ricardo Marín (1874-1942). Su estilo es periodístico e impresionista, rápido y vigoroso, heredero de los apuntes periodísticos con que se formó y de las corrientes impresionistas del momento, consiguen transmitir en un Quijote publicado en 1916 una sensación de inmediatez.
El estilo desenfadado, pero expresivo, de
Gustave Blanchot (1888-1968), quien firmaba con el pseudónimo de
Gus Bofio, influenciado por las revistas humorísticas de los primeros decenios del siglo XX, supo ahondar en la interpretación divertida de la novela. Todos los personajes aparecen deformados de una manera ridícula, plasmados con una comicidad brutal. Pocos artistas renovaron profundamente el mundo de las ilustraciones quijotescas como
Hermann Paul René Georges (1874-1940). Sus grabados públicos en 1931 son puro simbolismo y evocación.

Al igual que hizo con las otras grandes obras que ilustró,
Salvador Dalí no se limitó a convertir en imágenes el texto de Cervantes, sino que volcó sobre él su propia fantasía, sus visiones oníricas y sus propias obsesiones aunque para ello tuviera que traicionar parte del texto original. El surrealismo encontró en esta novela un campo abierto para manifestarse con completa libertad. Se pueden encontrar en el libro:
The life and Achivements of the Renowned don Quijote de la Mancha, (Rand House, Nueva York, 1946).
José Segrelles (1885-1969) dedicó toda su vida a ilustrar el Quijote, pues empezó su labor en 1918 y no la concluyó hasta 1966. En
El ingenioso hidalgo son Quijote de la Mancha (Espasa Calpe, Madrid, 1966) supo llenar la lámina con pocos elementos, siempre en movimiento o inestables, creando fuertes contrastes entre colores o entre luces y sombras.
Las abundantes ilustraciones de
Eberhard Schlotter (1921), realizadas desde la óptica expresionista, pero a la vez herederas de los grandes grabados alemanes del Renacimiento, intentan captar la esencia de los personajes y las situaciones que reflejan. Estas ilustraciones aparecen en
El Quijote leído por Camilo José Cela (Editorial Rembrandt, Alicante, 1979-1982).
Finalmente, entre los autores contemporáneos deben mencionarse las composiciones y dibujos de
Antonio Saura (1930-1998), en la línea del Neofiguracionismo, en la obra
Don Quijote de la Mancha (ed. Martín de Riquer, Círculos de Lectores, Barcelona, 1987). Su visión busca la destrucción o la distorsión del objeto, someterlo a una cierta violencia gestual para que aparezca su más honda esencia.
Otros ilustradores a tener en cuenta son Daniel Chodowiecki (1726-1801), Thomas Stothard (1755-1834), George Cruishank (1792-1878), J. Grandville (1803-1847), Célestin Nanteuil (1813-1873), Walter Crane (1845-1915), Jean de Bosschére (1881-1953), Albert Becaris (1901-1980) y Gérad Garouste (1946).
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| DON QUIJOTE CONTRA LOS MOLINOS |
8.
EL QUIJOTE COMO EXPRESIÓN DE LA CRISIS BARROCA
Cervantes ha sido considerado escritor tardío del Renacimiento por su estilo claro y moderado, alejado de conceptismos y culteranismos; pero puede ser considerado también autor barroco, en valores estéticos e interpretación filosófica.
Como obra de arte el Quijote es barroco por la polaridad Quijote-Sancho, representando el primero el idealismo, y el segundo el realismo. Son pues representantes de dos interpretaciones de la realidad antagónicas, lejos del
aurea mediocritas renacentista.
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| EL QUIJOTE Y LOS MOLINOS DE VIENTO |
El
Quijote es por tanto un constante salto entre ficción y realidad, siendo don Quijote una persona real que se convierte en personaje literario, y siendo toda la novela un laberinto barroco, de carácter abierto, apareciendo la primera parte conclusa, mientras que fue ampliada por Miguel de Cervantes y Alonso Fernández de Avellaneda. Y barroca es también la inserción que escribió en el
Quijote de novelas cortas y episodios paralelos.
La propia figura de don Quijote como caballero andante es un arquetipo barroco, que realiza el ideal de discreción de la época. Y el fin último que guía a don Quijote es la fe en una restauración de la utopía renacentista: los ideales caballerescos; que son una actitud típica barroca, opuesta a la racionalista del Renacimiento.
El
Quijote posee pues componentes estilísticos barrocos, con independencia de su significado contextual: expresiones cerradas, inserciones equilibradas, quiasmos
paralelo-antitéticos, sumas, exageraciones, etc.
 |
| DON QUIJOTE Y LA MULA MUERTA, POR HONORÉ DAUMIER |
Cervantes compartió por tanto la ideología de la Contrarreforma, e incluso sintió admiración por los jesuitas. Y barroco es también el
Quijote por condenar los libros de caballerías y exaltar el espíritu caballeresco; ideal medieval de la caballería andante, y aspiración utópica renacentista; línea bucólico-pastoril, y la heroica del ideal caballeresco; restauración de la edad dorada mediante la restauración del ideal caballeresco.
El
Quijote expresó los contrastes de la cultura barroca: visión riquísima de la realidad problemática, exaltación y burla del idealismo, ilusiones de una España católica y su crítica racionalista; novela de la incertidumbre y ambigüedad de la vida barroca; juego dialéctico y de perspectivas, y constante oposición de ser-parecer, realidad-fantasía, locura-cordura, drama-comedia, sublime-grotesco; naturaleza de la verdad, ilusión y fantasía, carácter proteico de la realidad, ideal de vida humana, significado de la locura,
relaciones entre poesía e historia.
La compatibilidad entre lo medieval y lo renacentista se realiza a través de la ideología erasmista: discurso de las Armas y las Letras, por ejemplo, en el que la aspiración suprema de las armas es la paz. Pero el
Quijotees barroco también en esto, porque demuestra la imposibilidad de la realización del ideal erasmista en un tiempo que ya ha comenzado a vivir los ideales de la edad moderna a través de la artillería. Y es que Cervantes participó en la herencia de elementos utópicos del reinado de Carlos I, que considera utópicos en el ambiente socio-político de su mundo histórico.
 |
| VISIONES DEL QUIJOTE, POR OCTAVIO OCAMPO |
El
Quijote es así expresión en parte del desengaño barroco contrarreformista, eje de la novela. Y don Quijote ejemplifica ese proceso cuando ve transformada a Dulcinea en tosca labradora, o durante su estancia en casa de los duques; incluso cuando se retira a su aldea tras la derrota final a cargo del bachiller Sansón Carrasco. Es por eso choque entre los ideales guerreros y caballerescos del Medievo y las aspiraciones modernizantes del Renacimiento.
Cervantes tuvo pues presente el cogito unos años antes que Descartes, aunque la realidad objetiva se le impone constantemente mediante la forma de fracaso (episodios de los molinos de viento, cueros de vino tinto, galeotes, etc.). Compatibilizando la realidad objetiva y su representación subjetiva mediante el encantamiento. Los fracasos de don Quijote son pues mera apariencia, producto del encantamiento. Aunque en don Quijote su representación del mundo se conjuga con un elemento ético, pues esa representación tiende a hacerse realidad, transformándola mediante la voluntad del héroe que quiere imponer la justicia. Y el enamoramiento de Dulcinea resulta también necesario,
"porque el caballero andante sin amores es árbol sin hojas y sin fruto".
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| PENITENCIA DE DON QUIJOTE EN SIERRA MORENA |
9.
FILOSOFÍA DEL QUIJOTE O DONQUIJOTISMO FILOSÓFICO
La genialidad de Cervantes emana de su identificación con el pueblo español, por lo que el
Quijote se convirtió en símbolo de la personalidad de Cervantes y de la España de su tiempo. El libro de Cervantes no tiene nada que ver con los tratados de filosofía, pero el personaje creado por él y los discursos que pronuncia a lo largo de su periplo de aventuras constituyen la esencia más pura y acabada del Humanismo español. El hidalgo manchego encarna todos los valores defendidos por nuestros mejores filósofos, místicos y hombres de letras. Eso explica la atención especial que el mundo ha prestado a la obra de Cervantes, sea para admirarla o para burlarse de ella.
Existe una
conexión entre el donquijotismo filosófico y el alma española que hacen entender nuestra historia, nuestra identidad humana y espiritual más íntima. Varios son los autores españoles que así lo han considerado.
Fue en el siglo XIX cuando se apreció en España el Quijote como subjetivismo moderno, llegando
Patricio de Azcárate en
Exposición histórica-crítica de los sistemas filosóficos modernos y verdaderos principios de la ciencia (1861) a considerar a Cervantes antecedente de Descartes.
Ramón de Campoamor afirmó que el Cervantes psicólogo procede del socrático, en su discurso de ingreso en la Real Academia Española:
La metafísica limpia, fija y da esplendor al lenguaje (1862).
Federico de Castro, en
Cervantes y la filosofía española (1870), dijo que Cervantes
"retrató en sus héroes la lucha entre el espiritualismo mítico y el sensualismo materialista".
Y
Emilio Lledó, en
Interpretación y teoría de don Quijote (1957) vio teoría en la interpretación de la realidad que fue haciendo don Quijote, pues la realidad cotidiana se sobrepone a la interior, estructurada en torno al ideal caballeresco; imponiéndose la supremacía del yo quijotesco a la realidad histórica y objetiva, sin dejar de admitirla.
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| ESTATUA DE DULCINEA Y DON QUIJOTE EN LA VILLA DE TOBOSO |
Juan Valera, Menéndez Pelayo y José María Asensio negaron valores ideológicos a la creación cervantina, destacando en ella sólo sus aspectos estéticos, literarios y humanos.
Fue la
Generación del 98 la que inició una recta y justa interpretación del Quijote, publicando
Santiago Ramón y Cajal en
Psicología de don Quijote y el quijotismo (1905);
Juan José Morato Don Quijote y los oprimidos;
Rafael Salillas El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1905);
Claudio Sánchez Albornoz Raíces medievales del Quijote (1958);
Lorenzo de Benito El sentimiento de la justicia en don Quijote y Sancho;
Cayetano Alvear y Ramírez de Arellano Causa de la universalidad del Quijote.
Adolfo Bonilla y San Martín, en
Don Quijote y el pensamiento español (1905), afirmó que la filosofía española es la de don Quijote y Sancho Panza, porque ambos integran y componen el conjunto.
Ramiro de Maeztu explica en su obra
Don Quijote, don Juan y la Celestina (1926), que don Quijote es
"la filosofía que ha llegado a convertirse en máxima única
de nuestra alma española".
Miguel de Unamuno se preguntó que de haber una filosofía española esa era la del donquijotismo. El escritor bilbaíno escribió
Vida de don Quijote y Sancho (1905) y
Sobre la lectura e interpretación del Quijote.
Ángel Ganivet señaló que
"el entendimiento que más hondo ha penetrado en el alma de nuestra nación es el del libro inmortal de Cervantes".
Menéndez Pelayo consideró que la derrota de nuestro caballero
"no es más que aparente, porque su aspiración generosa permanece íntegra, y se vería cumplida en un mundo mejor".
Joaquín Costa, uno de los españoles más críticos con nuestros defectos y males endémicos, escribió en 1906 en el prólogo al libro
Juan Corazón de R. Sánchez Díaz:
"En medio de los defectos de España resplandece una virtud que ninguna otra nación ha demostrado poseer en igual grado. Es la representación de un ideal de piedad, de humanidad, de justicia, de viva y efectiva solidaridad… Es aquel espíritu romántico y aun místico que en la declinación de su Siglo de Oro la llevó a erigirse temerariamente en brazo armado de una idea espiritual, después de todo elevada, sacrificándole, sublime Quijote de las naciones, su presente y su porvenir."
Américo Castro en
El pensamiento de Cervantes (1925) afirmó que
"El cristianismo de Cervantes es esencialmente erasmista".
"El Quijote va contra los libros de caballerías, pero está animado del espíritu caballeresco", había opinado
Juan Valera.
"España produjo el último florecimiento de la literatura caballeresca en Europa, haciendo penetrar los ideales caballerescos por la puerta de la edad moderna", añadió
Ramón Menéndez Pidal.
"En el pensamiento de Cervantes están vigentes creencias e ideales ligados íntimamente a las corrientes espirituales que vienen de los siglos anteriores", concluyó
José Antonio Maravall.
En cambio, algún otro como
Ortega y Gasset considera en sus
Meditaciones del Quijote (1914) que suponer todo eso es un "equívoco". Para él
"Cervantes mira al mundo desde la cumbre del Renacimiento".
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| LAS CRIADAS LAVAN LAS BARBAS DE DON QUIJOTE, POR JOHN VANDERBANK |
También ha habido filósofos y escritores extranjeros que se han visto influidos por el pensamiento y la acción del Quijote:
Ivo Höllhuber señala en su
Historia sobre la filosofía en el ámbito cultural español (1967) que aunque el Donquijotismo no pertenece propiamente a la historia de la filosofía española, constituye, sin embargo,
"la clave más idónea para conocer la cosmovisión" de nuestro pueblo.
Richard Löwenthal, miembro de la Teoría Crítica de Frankfurt, señaló que el libro de Cervantes es la primera crítica a la moral burguesa.
De manera parecida el filósofo italo-germano
Vittorio Hösle escribió años después en su obra
Moral und Politik:
"Don Quijote es el gran derrotado de la Edad Moderna, pero nuestra simpatía por él es mayor que la que sentimos por los administradores de las oficinas comerciales puritanas, que en sus contractos con los demás no hacen más que calcular las ventajas que pueden sacar de ellos."

Existió, por tanto, un abismo axiológico entre la moral generosa y desinteresada de nuestro héroe y la moral utilitaria, fría y calculadora de la burguesía protestante, un abismo simbolizado también por las figuras de
Cervantes y Hobbes. El español escribió
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, el inglés
The Leviathan, que es el primer tratado sistemático sobre la ética burguesa, en el que el autor defiende los pseudo valores que el caballero hispano combate: la voluntad de poder, la moral mercantil y la lucha de todos contra todos. Es la
confrontación entre el Pragmatismo británico y el Idealismo hispano, entre el "bussiness" y la grandeza de alma, entre el afán de posesión y el espíritu de redención, entre el amor a sí mismo y el amor al prójimo.
El caballero manchego sucumbe a la moral utilitaria de sus adversarios, pero su nombre pasa a la historia universal como el paradigma más puro de los valores humanos.
En
Inglaterra son varios los que le rindieron homenaje. Bajo la influencia de la filosofía moral de Shaftesbury, la figura de don Quijote pasó a convertirse en sinónimo de
"gentleman". En la segunda mitad del siglo XVIII, ante la llegada del romanticismo,
Mortimer identificó al caballero de la triste figura como el
homo melancolicus por antonomasia, y vio en él la expresión más acabada de lo sublime y lo trágico.
En
Francia no comprendieron en general la conducta ilógica de nuestro hidalgo, prisioneros de su lógica cartesiana, con excepciones como las de
Gustave Flaubert Verlaine.
En el siglo XVIII comenzaron las interpretaciones filosóficas del Quijote, a cargo de los románticos alemanes. En
Alemania la figura de don Quijote fascinó a muchos hombres de letras, empezando por su primer traductor
Ludwig Tieck, quien el calificó de "espíritu noble". Los hermanos Schlegel descubrieron en él la génesis del "romanticismo irónico",
Federico Schlegel escribió en uno de sus textos sobre Cervantes:
"En la literatura de todos los tiempos y de todas las naciones hay pocas obras que puedan compararse a la de don Quijote."
Su más admirador fue el poeta y prosista
Heinrich Heine, quien no dudó en calificarle como
"el hombre más valiente y noble del mundo". También Hegel se ocupó en su Estética de don Quijote, pero sólo para explicar el aspecto cómico de su figura, pasando por alto su dimensión heroica. Por el contrario, el joven
Marx fue un devoto lector de la obra de Cervantes, como pudo comprobar el militante obrero madrileño Anselmo Lorenzo durante su primer encuentro en Londres.
Ya en el siglo XX, en la época del Nacional-Sindicalismo, el teólogo protestante
Dietrich Bonhoeffer escribió en su Ética:
"Sólo los espíritus viles pueden seguir las aventuras de don Quijote sin emocionarse e identificarse con él." Y
Tomas Mann, uno de los novelistas más importantes de ese siglo, le consagró el libro
Viaje en mar con don Quijote, en el que definía a nuestro hidalgo como un producto de "la cultura cristiana y humanitaria".
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| PASAJES DEL QUIJOTE |
También
Rusia, los escritores veneraron la figura don Quijote, especialmente
Turgeniev. Uno de sus últimos admiradores,
Ilja Ehrenburg, escribió en sus Memorias sobre nuestra incivil guerra del 36:
"En el mismo momento en que las naciones más poderosas, más importantes y mejor organizadas de Europa se las arreglaron para capitular ante el Fascismo, el pueblo español se arrojó a la desigual lucha. Don Quijote rindió con ello honor a su dignidad y a la dignidad humana."
El hidalgo caballero no es sólo el
símbolo de una manera de ser muy arraigada en el alma española, sino que los motivos que le impulsan a enderezar entuertos y combatir la injusticia están ya preconfigurados en el ideario de los teólogos y humanistas españoles más representativos, como Francisco de las Casas, Ramón Llull, Francisco de Vitoria, Luis Vives o Mariana.
¿Y por qué esa tendencia tan arraigada a defender al débil y a combatir al fuerte? ¿De dónde procede? ¿Cuál es la causa genética? El motivo más profundo ha sido quizá la necesidad de ofrecer resistencia a los muchos opresores extranjeros y nacionales que a lo largo de nuestra historia hemos tenido.
El Donquijotismo filosófico es la lucha por un ideal nunca alcanzado y atropellado, una y otra vez, por el poder establecido.
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| DESHOLLINADOR Y QUIJOTE Y SANCHO |
Don Quijote no es un simple loco, sino un defensor del honor y la fe, del orden y de la moral, de la inocencia y nobleza. Es el símbolo ejemplar de la España de los Austrias, encarnando Dulcinea del Toboso la monarquía, la nacionalidad y la fe, y Sancho Panza el realismo español del barroco, del hervor de la sangre, del triunfo de los instintos, de los sentidos, por lo que el Quijote como modo de pensamiento y de vida supo sentir y expresar las alternativas y contrastes, las desgarraduras y tensiones del realismo e idealismo.
El caballero don Quijote y su escudero Sancho Panza son dos arquetipos que expresan la complejidad de la condición humana, idealista don Quijote y realista Sancho Panza: dos mitos universales, humanos y concretos. Idealismo y realismo son los dos grandes polos del alma española del Barroco, y Cervantes fue quien mejor los interpretó, pues la caballería andante era el símbolo más expresivo del idealismo español de la época, encarnación viviente de anhelos, ideales y sueños.
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| DON QUIJOTE DE LA MANCHA Y QUIJOTE CARLISTA |
10.
CERVANTES EN EL RETRATO
Miguel de Cervantes, en un estilo tan propio de jugar con costumbres editoriales de su época, incluyó al inicio del prólogo de las
Novelas Ejemplares (1613) un retrato de palabras donde era habitual hacerlo con líneas y punzones. Un particular retrato donde destacan los detalles realistas, como la pérdida de la mayoría de los dientes o su espalda encorvada.
"Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; tus barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeña, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies."
Este retrato en palabras se convertiría en imagen en la edición del
Quijote de 1738. Junto a la obsesión por encontrar el "verdadero" retrato de Miguel de Cervantes, el que pintara Juan de Jáuregui a principios del siglo XVII, a lo largo de los últimos siglos, Cervantes fue espejo de los modelos artísticos y de las lecturas que se fueron sucediendo en cada época. Desde la visión más canónica a la representación como soldado a mediados del siglo XIX, sin olvidar las versiones más personales de artistas como Dalí o Schlotter en el siglo XX. Mil cara de un personaje, de un mito que partes de un Cervantes hombre sin rostro.
Retrato de Cervantes Saavedra por él mismo, por
George Vertue pintado a partir del dibujo de William Kent para la edición del
Quijote traducido por J. y R. Tonson (Londres, 1738). Biblioteca Nacional de España.
Ante la dificultad de encontrar un retrato verdadero de Cervantes, Lord Carteret, el impulsor de la primera edición de lujo del
Quijote, propuso al pintor inglés William Kent que pasara a imagen el retrato de palabras que escribiera Miguel de Cervantes en el prólogo de las
Novelas ejemplares, de ahí lo de "por él mismo" que aparece en el título.
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| RETRATO DE CERVANTES SAAVEDRA POR ÉL MISMO, POR GEORGE VERTUE |
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, por
Jacob Folkema a partir del dibujo de William Kent para la edición de las Novelas ejemplares, a costa de J. Neaulme
(La Haya, 1739).
En esta edición de 1739 de las
Novelas ejemplares se incluyó una versión del dibujo de William Kent realizado por el grabador Jacob Folkema, donde el fondo con los personajes de don Quijote y Sancho se sustituyó por una biblioteca. Esta imagen es la que sería copiada una y otra vez en decenas de ediciones, fijando un determinado imaginario cervantino a partir del siglo XVIII.
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| RETRATO DE MIGUEL DE CERVANTES, POR JABOB FOKELMA |
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, por
José del Castillo, dibujo original para la edición del
Quijote de Joaquín Ibarra, a costa de la RAE (1780). Real Academia Española
A pesar de que se reconociera que el retrato de Alonso del Arco era en realidad una copia del realizado por William Kent, sería el modelo que utilizó José del Castillo para llevar a cabo su estampa, cuyo dibujo original es el expuesto, siguiendo las indicaciones que el hizo llegar la Real Academia Española:
"Lamina 2ª El retrato de Cervantes sacado del de Alonso del Arco, se pondrá en la misma postura que está en el original y abajo se le pondrá a un lado una España y algunos trofeos de guerra y al otro lado una escribanía, un libro abierto y otros cerrados con sus rótulos que dirá Viaje del Parnaso, Novelas, Persiles y Segismunda, Comedias, Galatea."
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| RETRATO DE MIGUEL DE CERVANTES, POR JOSÉ DEL CASTILLO |
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, por
Fernando Selma, a partir del dibujo de Gregorio Ferro (Madrid, 1791). Biblioteca Nacional de España
Esta estampa forma parte de la serie de
Retratos de los españoles ilustres con un epítome de sus vidas, que se imprimió en 1791, y en su realización estuvieron presentes dos de los artistas más renombrados del momento: el pintor Gregorio Ferro y el grabado Fernando Selma. Su representación es el triunfo del Cervantes mito como escritor:
"ingenio original, admirable en el habla castellana."
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| RETRATO DE MIGUEL DE CERVANTES, POR FERNANDO SELMA |
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, atribuido a
Alonso del Arco, óleo del siglo XVIII. Real Academia Española
Cuando la Real Academia Española inició en 1773 sus trabajos para realizar una nueva edición del Quijote, comenzó la búsqueda del "verdadero retrato de Cervantes" para poner al inicio de una nueva biografía que está escribiendo Vicente de los Ríos. En estos momentos, llegó la noticia de que Miguel de Espinosa y Maldonado, conde de Águila, tenía en su casa sevillana un retrato de Cervantes pintado por Alonso de Arco, pintor barroco español de la escuela madrileña.
La alegría por el descubrimiento se convirtió en decepción cuando, al llegar el cuadro a la RAE después de haber sido regalado por el conde, se dieron cuenta los académicos que no era más que una copia del retrato de William Kent, grabado para la edición de 1738. El primero de una larga serie de retratos apócrifos de Cervantes.
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| RETRATO DE MIGUEL DE CERVANTES ATRIBUIDO A VELÁZQUEZ, POR ALONSO DEL ARCO |
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra atribuido a Velázquez, pintado por
Enrique Gómez Polo, a partir de dibujo de García, edición del
Quijote de José Gil Dorregaray (Madrid, 1879). Biblioteca Nacional de España
En 1825, la Sociéte des Amis des Beaux-Arts de Ginebra dio a conocer un nuevo retrato de Cervantes, según estampa de Bouvier, a partir de un cuadro original "du Cabinet de M. Briére". El cuadro fue atribuido al mismo Velázquez. La difusión de este nuevo (falso) retrato cervantino fue imparable en toda Europa al escribir en 1851 Viardot un artículo en
L'illustration refiriendo la autenticidad del retrato. Su conclusión no pudo ser más clara, más científica:
"... hay perfecta concordancia entre los rasgos del rostro que presenta el cuadro de Velázquez y los que Cervantes se dio a sí mismo cuando en el prólogo de un edición completa de sus Novelas Ejemplares trazó su retrato con su pluma."
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| RETRATO DE MIGUEL DE CERVANTES ATRIBUIDO A VELÁZQUEZ, POR ENRIQUE GÓMEZ POLO |
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, de pintor anónimo (1800). Museo Casa de Cervantes de Valladolid
Durante muchos años este cuadro ha sido atribuido al pintor y dibujante holandés Cornelis van Haarlem, que murió en 1638. Pera nada más lejos de la realidad, pues resultó una nueva copia anónima del retrato ideado por William Kent en 1738, que se ha datado de principios del siglo XIX. Al fondo a la derecha, se representa la penitencia de Sancho Panza narrado en el capítulo 71 de la segunda parte, siguiendo el dibujo de Vanderbank que aparece en la misma edición.
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| RETRATO DE MIGUEL DE CERVANTES, ANÓNIMO |
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, por
Célestin Nanteuil (Madrid, 1855). Biblioteca Nacional de España
En este retrato de Miguel de Cervantes, que comienza la serie de 12 cromolitografías que dedicó al
Quijote en 1855, Célestin Nanteuil destacó el carácter militar de nuestro autor, con su mano izquierda apoyada con firmeza en la espada, sin olvidar tampoco aquello que le ha dado la fama: la escritura del
Quijote. Se trata de una imagen romántica caracterizada por el deseo de ser fiel a la descripción física del prólogo de las
Novelas ejemplares.
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| RETRATO DE MIGUEL DE CERVANTES, POR CÉLESTIN NATEUIL |
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, por
Bartolomé Maura Montaner (Barcelona, 1880). Biblioteca Nacional de España
Este retrato realizado por Bartolomé Maura encabeza la edición de lujo del Quijote que los editores Montaner y Simón publicaron en Barcelona entre 1880 y 1883. Givanel y Mas, en su
Historia gráfica de Cervantes y del Quijote, la considera
"le último de los retratos cervantinos interesantes", pues en él cree ver una interpretación de su época, de los convulsos decenios finales del siglo XIX:
"Y este retrato de Bartolomé Maura, tan nuevo y tan desconcertante, representa eso: el descubrimiento de la melancolía de Cervantes, de la insondable ruina de su propia vida. Es un Cervantes que mira con esos ojos de piedad, con que le estaban ahora contemplando a él por vez primera."

Retrato de Miguel de Cervantes, por pintor anónimo (finales siglo XIX). Biblioteca particular de José Manuel Lucía Megías
No habrá lenguaje, no habrá tecnología que no tenga su propia representación de Cervantes. Esta fotografía, una singular
carte de visite, muestra cómo un particular imaginario a la hora de representar a Cervantes, a pesar de una aparente disparidad entre los distintos artistas, se ha consolidado a finales del siglo XIX.

Retrato de Miguel de Cervantes, por pintor anónimo. Biblioteca Nacional de España
La Biblioteca Nacional de España conserva una magnífica colección de dibujos originales donde es posible rescatar algunas representaciones inéditas de Cervantes. Una de ellas es este del siglo XIX, donde Cervantes aparece tocado con la corona de laurel, muestra del éxito de unas propuestas iconográficas que se consolidaron a los largo de la centuria.

Cervantes en la batalla de Lepanto, por
Manuel Castellano. Biblioteca Nacional de España.
Miguel de Cervantes participó en la
batalla de Lepanto como soldado bisoño. Fue su primera empresa militar, por lo que ni le debía de corresponder ninguna posición de vanguardia o de responsabilidad, que eran propios de soldados aventajados. La Información de Argel, documento que el mismo Cervantes redactó antes de volver del cautiverio en 1580, muestra una imagen heroica de su comportamiento, que más tiene que ver con el Cervantes personaje que con el real, el verdadero soldado en Lepanto. Embarcó en la galera Marquesa, arrojando piñas incendiarias a las galeras enemigas desde el esquife para así proteger a los arcabuceros que disparaban tantos otros de sus compañeros, recibió varias heridas de arcabuz.

Cervantes escribiendo el prólogo del Quijote, por
Luis Paret y Alcázar. Biblioteca Nacional de España
Miguel de Cervantes se retrató a sí mismo como escritor en el prólogo de la primera parte del
Quijote:
"Muchas veces tomé la pluma para escribirle, y muchas la dejé, por no saber lo que escribiría; y estando una suspenso, con el papel delante, la pluma en la oreja, el codo en el bufete y la mano en la mejilla, pensando lo que diría, entró a deshora un
amigo mío, gracioso y bien entendido..."
Esta escena fue representada por primera vez en esta imagen, que ilustra la edición del
Quijote que publicó Gabriel de Sancha en Madrid en 1797.

Cervantes y don Juan de Austria, por
Eduardo de la Peña (1860). Museo de Cádiz
Cervantes se curó de sus heridas en el hospital de Messina, como tantos otros heridos de la batalla de Lepanto. Y, como tantos otros, recibió de don Juan de Austria "tres escudos de ventaja", lo que le convertía en un "soldado aventajado". Y, también seguramente, el capitán, como suele ser habitual, visitaría a los enfermos en el hospital. A medida que el mito Cervantes se fue consolidando también fue llenándose de detalles, llegando a esta escena en el que el Gran Capitán ofreció su mano a un Cervantes convaleciente. El siglo XIX consolidó el triunfo del mito Cervantes sobre el hombre.

Cervantes con su sobrina y un estudiante leyendo el Quijote a orillas del Manzanares (1875), por
Eduardo Cano de la Peña, Museo de Bella Artes de Sevilla
El propio Cervantes dejó escrito al inicio de la segunda parte del
Quijote cómo fue recibida su obra en 1605, imagen que ha perdurado a través del tiempo:
"Los niños la manosean, los mozos la leen, los hombres la entienden y los viejos la celebran; y, finalmente, es tan trillada y tan leída y tan sabida de todo género de gentes, que, apenas han visto algún rocín flaco, cuando dicen "Allí va Rocinante". Y los que más se han dado a su lectura son los pajes: no hay antecámara de señor donde no se halle un Don Quijote, unos le toman si otros le dejan; estos le embisten y aquellos le piden."

Los últimos momentos de Cervantes (1856), por
Víctor Manzano y Mejorada, Museo Nacional del Prado.
Cervantes, como Lope de Vega, no puede dejar de escribir hasta el último momento de su vida. Así lo hizo con la carta dedicatoria al conde de Lemos en el
Persiles, y así lo representaron los pintores durante el siglo XIX. Imagen del Cervantes personaje que ha sido la base para la consolidación de su mu mito.
Los restos de Cervantes permanecen desde 1616 en el convento de las Trinitarias de Madrid. Ahora, después de una exhaustiva investigación se conoce el rincón exacto en la cripta donde fueron recolocados los 17 enterramientos (de 1613 a 1628) después de las obras realizadas en la iglesia primitiva durante el siglo XVII. Como homenaje en su IV aniversario de su muerte, Madrid recuperó en 2016 el Barrio de las Letras, el espacio en que vivió, en el que se relacionó con otros escritores, en el que escribió, y en que ha triunfado tanto el Cervantes personaje como el mito.

Cervantes escribiendo la dedicatoria de su obra al conde de Lemos (1916), por
Antonio Muñoz Degraín, Biblioteca Nacional de España
Este cuadro forma parte de un conjunto de 19 óleos que Antonio Muñoz Degraín regaló a la Biblioteca Nacional de España para decorar la Sala Cervantes. Aunque el proyecto comenzó a idearse en 1915, como homenaje a Cervantes por el tricentenario de su muerte, no fue inaugurada hasta el 6 de marzo de 1920. Alfonso XIII le hizo entrega al pintor valenciano de la Gran Cruz de Alfonso XII en agradecimiento de tan quijotesco empeño.

Cervantes, por
Gilmer. Biblioteca Nacional de España
Resulta muy curiosa y desconocida esta imagen de Cervantes como escritor, que viene a ser muestra de un cuadro del pintor francés Louis-Ernest Hillemacher, uno de los más asiduos artistas de los Salones de Pintura de París del siglo XIX. Un Cervantes más joven del que debería haber ya escrito el
Quijote, que aparece como libro en la esquina izquierda.

Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, por
Martí-Ramón Durán Bielsa, Biblioteca Nacional de España.
Este fabuloso retrato de Cervantes forma parte del manuscrito del
Quijote realizado por Pío Cabañas, que fue comprado por el cervantófilo Juan Sedó Perís-Mencheta en 15 de diciembre de 1933, y continuado en los años 1934-1936. Además de este retrato, Durbán realizó otros don Quijote y Sancho para esta misma copia manuscrita, una de las piezas más singulares que alberga la colección cervantina de la Biblioteca Nacional de España.

Cervantes encuentra el manuscrito del Quijote en la alcaná de Toledo (1979), aguafuerte de
Eberhard Schotter, incluido en la obra
El Quijote leído por Camilo José Cela, publicado en Alicante en 1979.
En 1979 se terminó de imprimir la importante edición del Quijote con 160 estampas sueltas y de 186 viñetas, firmadas por Eberhard Schlotter, artista alemán afincado en España, que sobresalen por su originalidad y sus particulares propuestas técnicas. En este caso, el retrato de Cervantes se llena de detalles del episodio quijotesco donde encuentra la continuación de la obra de la alcaná de Toledo.

Miguel de Cervantes Saavedra escribiendo, por
Pedro Hortigosa (Barcelona, 1879), a partir de un dibujo de Luis de Madrazo. Biblioteca Nacional de España
Luis de Madrazo ideó esta imagen del Cervantes escritor para que encabezara una de las primeras ediciones del lujo del
Quijote en tierras hispánicas, la que le dedicara Gorchs desde Barcelona en 1859. Imagen plasmada en estampa, aguafuerte y buril, que dado su éxito, fue repetida en varias ocasiones. A pesar de que sea el genio creador el que protagoniza la escena basada en el momento de la escritura, los libros en la mesa, la biblioteca al fondo, etc., aparecen las armas en la pared. Una clara alusión a su pasado como soldado de la Monarquía hispánica o tal vez un símbolo de las armas del propio don Quijote.

Retrato de Miguel de Cervantes, litografía de
Célestin Nanteuil (siglo XIX)
11.
EL MITO DE CERVANTES
Gracias a los escasos datos biográficos que se conocen de Cervantes y a las continuas referencias que Miguel fue esparciendo en sus obras literarias, se pusieron las bases para la creación del Cervantes personaje. Solo era cuestión de tiempo que se fuera configurando sobre estos cimientos el Cervantes mito. Un mito que comienza en las lecturas inglesas que rescatan al escritor, que lo sitúan como modelo de una nueva forma de entender la narrativa y que terminaría por ser expresión del "genio nacional" a partir del siglo XIX, donde la "vida heroica" del personaje se destaca para difundir un determinado modelo de conducta.
Pero Cervantes, el Cervantes hombre que creó gracias a sus vivencias una obra llena de enseñanza y de ejemplos, todavía tiene mucho que decir en el siglo XXI. Se hace necesaria la reivindicación de un nuevo Cervantismo, de rescatar el pensamiento de Cervantes para proyectarlo en el modelo de personas que queremos ser, de sociedad en la que queremos vivir.
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, atribuido a
Juan de Jáuregui (siglo XVII). Real Academia Española
El 11 de junio de 1911 en las páginas de la
Ilustración Española y Americana se vio por primera vez el retrato de Cervantes atribuido a Juan de Jáuregui, el famoso retrato del que hace alusión el propio Miguel de Cervantes en el prólogo de sus
Novelas ejemplares. En el artículo, Narciso Sentenach aporta detalles de su descubrimiento:
"En la primavera de 1910 el artista valenciano y restaurador de cuadros, José Albiol, profesor en Oviedo, le informa de la existencia de este cuadro, que había comprado y mandado restaurar, apareciendo entonces las inscripciones que no dejaban lugar a dudas de su identidad (Miguel de Cervantes) y de su autoría (Juan de Jáuregui)."
En cervantista Francisco Rodríguez Marín, director de la Biblioteca Nacional, fue el gran defensor de la autenticidad del cuadro.
Alejandro Pidal, director de la RAE, y Mariano de Cavia apoyaron a Rodríguez Marín en su entusiasmo, frente a las opiniones más críticas que fueron deslizándose en la prensa: León Mainez, Fouché-Delbosc, Fitzmaurice-Kelly, Puyol,… El 15 de enero de 1912, Alejandro Pidal convocó a la prensa para anunciar que el retrato de Cervantes ocuparía, a partir de aquel momento, el lugar de mayor prestigio en el salón de actos de la Academia.
Puede afirmarse que el retrato atribuido a Juan de Jáuregui es la prueba del éxito del Cervantes personaje (el dibujado con letras por el propio autor en el prólogo de las
Novelas ejemplares) convertido en mito del "genio creador" que sigue triunfando hoy en día. Desde esta perspectiva, puede afirmarse que es el "verdadero" retrato del mito de Cervantes. Retrato que nunca antes desde 1912 había salido de la Real Academia Española.

Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, por
Rafael Ximeno y Planes (1787). Biblioteca Nacional de España
Es un dibujo originario de la estampa que grabó Pierre Duflos como frontispicio de la edición de Gabriel de Sancha de 1797, donde puede leerse su descripción:
"En la primera se representa (a Cervantes) en un busto, coronado de laurel por mano de la España, figuran en una matrona con castillos en la cabeza, y simbolizada con un conejo a los pies; al otro lado del busto se ve la Fama sonando el clarín, y dilatando por los aires el nombre del autor. En la parte inferior se registran dos figuras: la una es un Genio, que significa el talento inventor de Cervantes; la otra, la Envidia, que se come las carnes de despecho y rabia. Encima de la Envidia se descubre a lo lejos la ciudad de Alcalá, ciudad natal del autor, con su río y puente."

Miguel de Cervantes entregando su Quijote a la musa Talía, por
Rafael Ximeno y Planes. Biblioteca Nacional de España
"En la segunda, se representa a Cervantes, puesto de pie, entregando su Don Quixote a la musa Talía que le admite, dando al mismo tiempo orden a Mercurio, que está detrás de ella, para que lo coloque en el Templo de la Inmortalidad. A los pies de la Musa hay un rostro de sátiro, y una larva o carátula, con que representaban antiguamente los histriones, que denotan el genio satírico y cómico del autor de Don Quijote. En la parte inferior, se ve también el río Henares representado por un viejo, con algunas de sus ninfas."

A mediados del siglo XIX, en la Guerra de África, se rescató la figura del
Cervantes soldado y cautivo; una imagen heroica como triunfante debía de ser la actuación del ejército español.
Las tropas españolas desfilaron delante de la estatua de Cervantes, frente al Congreso de los Diputados. Fue el momento de la glorificación de Cervantes como soldado victorioso en el mar Mediterráneo. Un recuerdo que se convirtió en literatura con el anuncio en 1863 de la aparición de la Epístola a Meto Vázquez, escrita por Miguel de Cervantes durante su cautiverio en Argel.
Cervantes en Lepanto, por
Emilio Arrieta (Madrid, 1876). Biblioteca Nacional de España
Esta obra, estrenada en 1876, está basada en la
Epístola a Mateo Vázquez de Miguel de Cervantes, como se indica en la portada, lo que muestra los diferentes modos con que se mantuvo y difundió por aquellos años el mito de Cervantes soldado, triunfador en las campañas africanas, tanto en el
combate de Lepanto como en su salida de Argel. La Biblioteca Nacional de España conserva también el manuscrito autógrafo.

Cervantes, por
Manuel Wssel de Guimbarda (1880). Patrimonio Histórico Universidad Complutense de Madrid
El pintor de origen cubano Manuel Wssel de Guimbarda, afincado en Sevilla desde los años 60 del siglo XIX, supo en esta imagen reunir todos los elementos que han ido configurando la imagen mítica de Cervantes; detalles de una biografía heroica (la espada que reposa en el respaldo del sillón, o de la rodela que cuelga de la pared) y, sobre toda, de su oficio escritor: esa mano derecha apoyada sobre un ejemplar del Amadis de Gaula, modelo de su propio libro de caballerías; la izquierda que sujeta otro ejemplar, sin olvidar el estante lleno de libros del fondo. A los pies, un galgo corredor. Vida y ficción unidas en una imagen en que la representación de Cervantes se entrecruza con la del bueno de Alonso Quijano leyendo libros de caballerías en su lugar de La Mancha, de cuyo nombre ni Cervantes ni sus lectores quisieron acordarse.

A finales del siglo XIX, en la llamada crisis del 98, fue la figura del
Cervantes escritor, el mito del "genio español" el que se recordó para demostrar el aporte de España en el avance científico y cultural europeo. El mito que se amolda a los tiempos gracias a la complejidad del personaje triunfante, dejando en el olvido al hombre.
Pero la derrota de España en la guerra hispano-cubana-norteamericana de 1898 fue el inicio de una grave crisis. Antes que una crisis política o económica, fue en realidad una crisis de identidad, una pérdida de fe en el concepto de España. Había que "regenerarse". Pero ¿sobre qué bases culturales? ¿Las del Catolicismo conservador o las del Liberalismo laico? El personaje y el mito de Cervantes les sirvió a todos como apoyo en sus argumentaciones. Todo está comprendido en la obra de Cervantes. Todo es posible en el mito creado a partir de su personaje.
El nuevo modelo de vida quedó representado en la figura de Miguel de Cervantes. Según Javier Gomá:
"El nuevo ideal es Cervantes. Si el Quijote fue el libro de la conciencia moderna, la perdurable imagen de su autor está llamada a valer de gran mito postmoderno.
España sería mejor, más cívica, más urbana, más humana, si se asemejase más a Cervantes, si imitara más su ejemplo, si fuera más cervantina.
Y el resto del mundo también."
Meditaciones del Quijote: meditación preliminar, meditación primera, por
José Ortega y Gasset (Madrid, 1914). Biblioteca Nacional de España
En esta obra, Ortega y Gasset convirtió a don Quijote en el símbolo de la psicología española, el modo para expresar el estilo que el pueblo español tiene para crear arte. Para Ortega los pueblos europeos se dividen entre los que cultivan la razón y los que viven la vida. El español, junto al francés y al italiano, pertenece al segundo grupo. Y así Cervantes se presenta como un gran filósofo, pero lo hace sobre conceptos débiles y oscuros, propios de la "raza española".

Sobre el Quijote y sobre las diferentes maneras de comentarle y juzgarle, por
Juan Valera (Madrid, 1864). Biblioteca Nacional de España
El escritor Juan Valera, que dedicó numerosos escritos a Cervantes y al Quijote a lo largo de su vida, dejó ya establecidas las bases de su pensamiento en este discurso, que leyó en la Real Academia Española el 25 de septiembre de 1864. Junto con Marcelino Menéndez Pelayo, Valera fue uno de los primeros en reivindicar la figura de Cervantes como símbolo de la identidad nacional:
"Cervantes era un hombre de su nación y de su época, con todas las nobles cualidades de nuestro gran ser, pero con todas las pasiones, preocupaciones y creencias de un español de entonces."

Vida de Don Quijote y Sancho según Miguel de Cervantes Saavedra, por
Miguel de Unamuno (Madrid, 1905). Biblioteca Nacional de España
A pesar de que en los años noventa del siglo XIX, Miguel de Unamuno había defendido el abandono del Quijotismo con su mítica frase
"¡Muera don Quijote!", su
Vida de don Quijote y Sancho, de 1905, realizó una
"libre y personal exégesis" de la obra, dialogando con los personajes más allá de la voluntad del autor. Una identificación con don Quijote, que llevó a Unamuno a la siguiente plegaria:
"¡Pégame tu locura, Don Quijote mío, pégame por entero y que digan lo que quieran. Déjame luchar conmigo mismo ¡déjame sufrir! ¡Alma de mi alma, corazón de mi vida, insaciable sed de eternidad, sé mi pan de cada día!"
Carta a Camille Pitollet hablando de su obra quijotesca, por
Miguel de Unamuno (1905). Biblioteca Nacional de España
Después de criticar a Echegaray, Galdós, Azorín o Gil Robles como solo Unamuno es capaz de hacerlo, habla de "mi Quijote", de
La vida de don Quijote y Sancho con estas
palabras:
"Es un libro en el que he puesto toda mi alma y para el que deseo la mayor resonancia posible. Es un libro de efusión y de combate, una obra lírica, un acto tanto o más que un escrito. Es mi estirón a este viejo dormido de pueblo español, a ver si a fuerza de estirones lo despertamos. Y me dicen que es una obra mística. Tal ve…! Va en ella mi alma, de la juventud española. Qué labor hará? No lo sé, pero estoy satisfecho de hacerlo escrito."
Retrato de Miguel de Cervantes Saavedra, por
Salvador Dalí (1965). Biblioteca particular de José Manuel Lucía Megías
Salvador Dalí sintió una gran fascinación por el
Quijote. Desde 1930 a 1980 no dejó de representar sus aventuras en diferentes medios: dibujos, acuarelas, litografías, esculturas, relieves, óleos, etc. El
Quijote como una espiral, uno de sus temas más recurrentes, apareció en diversas obras. Incluso aparece al fondo de esta litografía que representa a Cervantes, a quien también se sintió Dalí muy cercano, pues siempre creyó y difundió que era descendientes del corsario Dalí Mamí, uno de los primeros amos de Cervantes en Argel. Esta litografía, muy reproducida, forma parte de una serie
Cinco españoles inmortales: El Cid, Cervantes, Velázquez, el Quijote y el Greco.

Dibuix preparatorio de l´esgrafiat sobre la História de la Literatura i la Poesía. Época Moderna, por
Josep Mirabent i Gatell (1883). Biblioteca Museu Victor Balaguer. Vilanova i la Geltrú
La representación del Parnaso y de Cervantes dentro de él como figura esencial no solo puede ser encontrada en espacios privados, sino también en la ornamentación arquitectónica exterior. Para ser esgrafiada en la fachada posterior de la Biblioteca Museo Victor Balaguer de Vilanova i la Geltrú, Josep Mirabent i Gatell concibió una composición en la que se encuentran Cervantes, sentado escribiendo, junto a Shakespeare, en pies con un libro, y Canderón, con un papel y una pluma, en representación de la época moderna de la historia de la literatura.
12.
COLECCIONES CERVANTINAS
Habilitación de habanos con el busto de Cervantes, por la
American Lithographic Company (siglo XX). Biblioteca Nacional de España
La habilitación es la etiqueta o "vista" con la que se decora el interior de la caja de habanos. Los personajes representados de acompañan de toda una simbología que muestra la imagen que se quiere proyectar en cada momento. Como es habitual en el caso de Cervantes, a la corona de laurel y al libro, símbolos de su genio creador, se le acompaña de una espada, muestra del éxito de su carrera militar.

Papel Cervantes. Envoltorio de librito de papel de fumar (1930-1960). Biblioteca Nacional de España
Aunque no es comparable con lo que sucede con Don Quijote, Sancho Panza y tantos otros personajes de su genial libro de caballerías, también "Cervantes" es utilizado como nombre de varios artículos, como el papel de fumar, de origen argentino.

Publicidad del medicamento La Passiflorine, con imagen de Cervantes, por José Pla Narbona (1914-1950). Biblioteca Nacional de España
La Passiflorine, el "medicamento de los insomnios nerviosos", utilizó fragmentos de obras literarias para mostrar los beneficios del sueño. Además de Cervantes, en esta serie se encuentran los nombres de Larra, Musset, Maupassant, Rusiñol, Ortega y Gasset, Marañón, Gavinet, Benavente, Unamuno o Wagner. En el caso de Cervantes, se utilizó un fragmento del último capítulo de la segunda parte del Quijote.

Colección de cromos de hombres célebres, por pintor anónimo (1930-1940), Barcelona. Biblioteca Nacional de España
Colección de veinticuatro cromos de publicidad de la fábrica de chocolate de Evaristo Juncosa, con una pequeña biografía de cada uno de los personajes seleccionados. Diez de los cromos están dedicados a escritores: Lope de Vega (nº3), Quevedo (nº7), Cervantes (nº9), Calderón de la Barca (nº12), José Zorrila (nº17), Campoamor (nº18), Larra (nº19), Ercilla (nº21), Tirso de Molina (nº22), y Espronceda (nº23).

Envoltorio de caja de caramelos del Quijote, por la
Casa de Matías Lopez

Cajas de cerillas dedicado a Don Quijote que se puede datar en 1925.

Colección de 10 cromos sobre la vida de Cervantes (1940-1950)

Postal de la Ruta del Quijote, Alcazar de San Juan - Consuegra (Toledo)

13.
BIOGRAFÍAS CERVANTINAS
The Life of Michael de Cervantes Saavedra, por
Gregorio Mayáns y Siscar, traducido al inglés por John Ozell (Londres, 1738). Biblioteca Nacional de España
La biografía cervantina y el estudio del Quijote que escribió Gregorio Mayáns y Siscar fueron traducidas al inglés el mismo año de su edición. Esta es la versión que se difundió por toda Europa imponiendo la lectura particular que Lord Carteret quería del Quijote, una sátira moral. Para afianzar esta lectura era necesario que Cervantes fuera considerado un clásico, alguien capaz de escribir una obra única. Según la Carta de Lord Carteret el 25 de marzo de 1737:
"La vida de un tan singular varón, compuesta por la mejor pluma de España, será recibida en estos países como lo merece; dando luz y ornamento a la más graciosa y agradable obra de invención que jamás salió en el mundo, siendo preciso confesar que la Historia de don Quixote es libro original y único en su género."

Vida de Miguel de Cervantes Saavedra y análisis del Quixote, por
Vicente de los Ríos
Dentro de la edición de
El ingenioso hidalgo don Quixote de la Mancha, por Joaquín Ibarra, a costa de la RAE, (Madrid, 1780). Biblioteca Nacional de España
Frente al modelo editorial de una edición anotada, que continuó el reverendo John Bowle en su edición del
Quijote de 1781 y que luego retomó Juan Antonio Pellicer en la suya de 1797-1798, la Real Academia Española prefiere seguir el modelo de la edición de lujo de Londres de 1738, por lo que incluirá al inicio de la obra una nueva biografía, acompañada de un meticuloso análisis literario del
Quijote. La de Vicente de los Ríos fue una de las biografías cervantinas más seguidas y respetadas hasta que llegó la de Martín Fernández de Navarrete en 1819.


Primera edición del Quijote en Jerez: Cervantes y su época, por
Ramón León Maínez (Jerez de la Frontera, 1901). Biblioteca Nacional de España
Esta es sin duda una de las mejores biografías de Cervantes. Publicada a principios del siglo XX, la escribió uno de los cervantistas más prestigiosos del siglo XX: Ramón León Maínez, fundador de la
Crónica de los cervantistas. Además de 12 documentos cervantinos inéditos, ofrece transcripciones mejoradas de muchos de los ya editados y conocidos hasta el momento.

Un aspecto en la elaboración del Quijote, por
Ramón Menéndez Pidal
En este discurso que Ramón Menéndez Pidal leyó en el Ateneo de Madrid el 1 de diciembre de 1920, analizó cómo podía entenderse la primera salida de don Quijote (primeros seis capítulos) como una "novela", un texto independiente que luego fue ampliando hasta configurar el texto publicado en 1605. En la línea de identidad nacional destacó el
Quijote como un representante de la perfección caballeresca, vinculado a la épica española y al romancero.
La invención del Quijote y otros ensayos, por
Manuel Azaña
En esta conferencia pronunciada en 1930, Manuel Azaña anunció los rumbos de la interpretación cervantina a partir de este momento, más allá de los ensayos y de las preocupaciones del "problema de España", sobre el que había girado el estudio desde finales del siglo XIX hasta las primeras décadas del XX.
"Me interesa Cervantes, más que nada, como escritor", sería su planteamiento de partida, recuperando el mito cervantino como genio de las letras universales, alejándolo de las interpretaciones sobre las esencias nacionales.
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| DON QUIJOTE, POR MARTI-RAMÓN DURBÁN BIELSA |
14.
ESTATUAS A CERVANTES
Miguel de Cervantes fue el primer civil al que se le erige una estatua pública en España, y fue en Madrid en 1833. Estatuas y monumentos fueron esculpidas en bronce y piedra en homenaje al genio creador. Por este motivo, no faltó nunca una pluma o referencias a sus personajes en sus representaciones monumentales.
La estatua pública de Plaza de las Cortes (Madrid, 1835)
En 1740, se instalaba la estatua de Shakespeare en el Poet´s Corner de Westminster Abbey de Londres, y hubo que esperar a 1844 para que se construyese la fuente de Moliére entre las calles de Moliére y Richelieu en París. En junio de 1835, se levantó en la Plaza de las Cortes la primera estatua pública dedicada a Cervantes. Pero, fue José Bonaparte, en 1810, el primero en decretar que se levantara una estatua al genio complutense en Madrid. Estatuas y placas que son un eslabón más en la construcción de una identidad nacional que tendría en el Cervantes soldado y escritor a uno de sus referentes.

Vista del Palacio de las Cortes, en la plaza que fue de Santa Catalina (Madrid, 1841). Biblioteca Nacional de España
La estatua de Cervantes situada frente al Palacio de Congresos en Madrid, la primera que se erigió a un civil en España, tuvo como motivo el desagravio que supuso que el rey Fernando VII no fuese capaz de detener la demolición en 1833 de la casa en que vivió Cervantes los últimos años de su vida hasta 1616. La estatua fue encargada al escultor catalán Antonio Solá. Se inauguró en el verano de 1835, justo en el momento en que la regente, la reina María Cristina se acercaba a los liberales para contrarrestar el poder de los carlistas. No quedó ningún recuerdo de la verja que tenía alrededor en sus primeros años, y que llevó al pueblo de Madrid a bautizarla con el nombre de "jaula del jilguero".

Homenaje a Cervantes del Congreso Literario y Artístico internacional, por
Le monde illustré (22 de octubre de 1887)
Desde sus inicios, la estatua de Cervantes se convirtió en un lugar de encuentro. Allí se reunían los diplomáticos y políticos antes de entrar en el Congreso de los Diputados; allí se concertaban alianzas y se tejían estrategias políticas. Pero la estatua de Cervantes ideada por Solá, con sus pliegos de papeles en la mano derecha, es también la glorificación del escritor, por lo que no extraña que los autores reunidos en el
Congreso literario y artístico internacional, celebrado en Madrid, el 15 de octubre de 1887, decidieran realizar su particular homenaje al "inmortel auteur de Don Quichotte".

Estatua de Cervantes, por
J. Laurent (1870). Biblioteca Nacional de España
La estatua de Cervantes en Madrid siempre ha estado en la misma plaza, aunque en el año 2009 se cambió de ubicación, descubriéndose bajo su pedestal una "cápsula del tiempo" con 41 documentos (libros, periódicos, monedas, dibujos y litografías). En octubre de 1849, mientras gobernaban los conservadores de Narváez, al terminarse las obras de la fachada principal del Congreso de los Diputados, se solicitó trasladar la estatua de Cervantes a la cercana plaza del Ángel. La falta de fondos, a pesar de haberse presupuestado 18.700 reales, impidió que se llevara a cabo este proyecto ya aprobado.
Hay cuatro réplicas de esta estatua en Moscú, Nueva York, La Paz y Pekín. Regalos que hizo entre 1981 y 1986 Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid, a estas cuatro ciudades con las que mantiene un vínculo de hermanamiento.

Las provincias de ultra mar españolas fueron promotoras de muchos de los monumentos dedicados a Cervantes y, sobre todo, al Quijote, a lo largo y ancho de todo el mundo. Algunos se han quedado en simples proyectos y otros en realidades que han ido acomodándose a diferentes espacios a medida que las ciudades han ido creciendo.
Copia del proyecto de un monumento a Cervantes en Nueva York presentado a la colonia española por D. F. Miranda, por la
Ilustración española y americana (1879). Biblioteca particular de José Manuel Lucía Megías
La consolidación de Cervantes como héroe nacional, y sobre todo su personaje Don Quijote, propició que muchas colonias españolas en el extranjero promovieran monumentos al autor complutense y al hidalgo manchego para ocupar un lugar destacado en plazas o en avenidas. Muchos de ellos, quedaron en meros proyectos, como el presentado por D. F. Miranda para la ciudad de Nueva York.

Lápida del Quijote, por
J. Lacoste
Lorenzo Caullaut-Valera ganó el concurso promovido por la Academia de Bellas Letras de San Fernando para la realización de la placa conmemorativa de la primera edición del
Quijote, que se colocó en la fachada de la Sociedad Cervantina en la madrileña calle de Atocha, en el mismo lugar donde estuvo el local donde se imprimió la primera parte del
Quijote en los último meses de 1604. Miguel de Cervantes, en el medallón superior parece estar mirando al bajorrelieve que representa a don Quijote y Sancho en busca de aventuras.

Monumento a Cervantes en San Francisco
El 3 de septiembre de 1916, Juan Cebrián Cervera y E. Molera donaron a la ciudad de San Francisco un monumento en homenaje a Cervantes, realizado por el escultor uruguayo José Jacinto Mora. Es también autor de otro busto de Cervantes que el propio Cebrián regaló a la Universidad de Berkeley con buena parte de su colección. El Monumento a Cervantes se encuentra en la actualidad en el Golden Gate Park de San Francisco.

Maqueta del 2º premio nacional para un monumento dedicado a Cervantes en Alcalá de Henares, por
José Gargallo (1947).
Para conmemorar los 400 años del nacimiento de Cervantes en 1947, se convocaron concursos nacionales de escultura, pintura, grabado, artes decorativas, literatura, música y arquitectura. El de escultura llevaba el siguiente tema: "Proyecto de Monumento a Cervantes para ser situado en la plaza de Santa María, de Alcalá de Henares, en sustitución del actual". El Monumento no podía superar el metro y medio y se fijó un premio de 15.000 pesetas y un accésit de 4.000. El primer premio fue adjudicado al proyecto presentado por Ramón Mateu Montesinos y al accésit a José Gargallo, que es el que muestra en la fotografía. No llegó a materializarse el proyecto.

Maqueta de un proyecto de un monumento al Quijote en El Toboso, presentado por el escultor
Manuel Garci-González
En otoño de 1922, se formó una comisión para elegir el proyecto de un conjunto escultórico en homenaje a Don Quijote en El Toboso, que eligió finalmente el proyecto del escultor Manuel Garci-González. Proyecto ambicioso, pues habría tenido una altura de 40 metros, y en su interior se habría albergado un museo y una biblioteca. Pero nunca llegó a realizarse y tampoco el sueño del escultor:
"Dulcinea allá, en la altura, erguida sobre el llano de La Mancha, personificará todo el quijotismo."

El monumento a Cervantes. Los proyectos premiados por
La Esfera (1915)
De las 53 propuestas, un jurado eligió tres finalistas. El periodista de
La Esfera los describió de esta manera:
1.
Proyecto de Teodoro de Anasagasti y Mateo Inurria:
"Los señores Anasagasti e Inurria han concebido un poema de piedra y de agua… En la base del monumento, de donde arranca la enorme columna sostén del grupo de Cervantes, coronado por la Historia y por la Patria, bajo la protección simbólica de Minerva, está la biblioteca y museo cervantino. Se entra a este museo por dos puestas laterales, sobre cuyos dinteles están simbolizadas las Armas y las Letras por un Apolo cabalgando sobre un Pegaso y Marte sobre un corcel guerrero.
Fluye el idioma de cristalina agua de la fuente central y va a llenar el estanque, símbolo del Océano, que llevó a las veintidós naciones americanas que hoy hablan castellano, la civilización española."

2.
Proyecto de Martínez Zapatero y Lorenzo Caullaut-Valera:
"Es menos simbólico y responde a un criterio que pudiéramos llamar literario… Este proyecto tiene el propósito de comentar la obra de Cervantes y monumentos de su vida, tan ligados a la historia española como la batalla de Lepanto y el cautiverio de Argel. Además fija en el estilo plateresco de su arquitectura el recuerdo del arte de la época en que fuera escrito Don Quijote de la Mancha.
En relieves y grupos aislados represéntanse diversos momentos de la Novelas ejemplares, y como remate, el monumento vuela una victoria con las alas desplegadas y una corona de luarel en las manos."

3.
Proyecto de Hernández Briz y Ángel Ferrant:
"Concebida en su sentido moderno…, este monumento simboliza las armas y las letras. Inspirándose en el famoso discurso del Quijote, habrá de ser esta obra un resumen de los dos senderos que siguiera Miguel de Cervantes Saavedra: la guerra y la literatura; y símbolos también de aquella época en que los ejércitos españoles y los escritores españoles impusieron sus credos de fuerza y de belleza al mundo entero."

Monumento a Cervantes en la Plaza de España, por
Lorenzo Coullaut-Valera y Rafael Martínez
El 29 de marzo de 1915, se convocó un concurso de anteproyectos para erigir un monumento a Miguel de Cervantes en la recién concluida Plaza de España, final de la madrileña Gran Vía. Se presentaron un total de 53 propuestas, siendo la ganadora la del escultor Lorenzo Coullaut-Valera y del arquitecto Rafael Martínez y Zapatero. El monumento fue inaugurado el 13 de octubre de 1923, aunque habrá que esperar a 1960 para verlo finalizado tal y como se expone en la actualidad.

Aquel proyecto se centró en Miguel de Cervantes como escritor, alejándose un poco de ese movimiento de mitificación nacional muy en auge durante el siglo XIX, y que se apreciaba de manera simbólica en muchos de otros proyectos presentados. Y así lo dejaron claro en La significación del monumento:
"Se trata de erigir un monumento conmemorativo de la gloria inmarcesible y universal del Príncipe de los ingenios; no de un monumento dedicado a la Raza, al Genio, al idioma ni a ningún otro concepto abstracto o entidad metafísica sin representación material propia y concreta, sino a Miguel de Cervantes Saavedra como escritor, esto es, como autor de las obras inmortales nacidas de su estreno peregrino. Debe, pues, en nuestro concepto, la efigie del insigne manco presidir de modo ostensible el monumento que a su gloria se consagra, y su espíritu, esto es, la centella de su genio, hecha carne y sangre en sus creaciones, vivificar y esclarecer con su recuerdo todas y cada una de sus partes."
Este monumento fue inaugurado sin haberse terminado del todo, pues faltaban las dos Dulcineas de los pedestales, y los grupos escultóricos de los laterales que representan escenas de
La gitana y de
Rinconete y Cortadillo. El hijo de Lorenzo Caullaut-Valera, Federico, se encargó de ello. En 1957, había terminado en piedra rosa de Sepúlveda, las dos Dulcineas, y tres años después, las escenas de las
Novelas ejemplares. Para los modelos de escayola de los dos pícaros, utilizó Federico como modelos a sus dos hijos.
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| MONUMENTO A CERVANTES |
Detrás del monumento se encuentra el
Edificio España, que comenzó a construirse en 1948 y no se terminó hasta cinco años después, se convirtió en uno de los edificios más emblemáticos de Madrid. Con el paso del tiempo y la transformación de las vías más importantes en el centro de la ciudad, la parte que más sobresale en su colocación actual es la posterior, la Fuente del Idioma Castellano, dejando a Cervantes y a sus dos criaturas a espaldas de la plaza. Una remodelación de esta plaza debería estudiar el modo de permitir apreciar el mítico monumento a Cervantes tal y como lo idearon sus promotores.
La
Fuente del Idioma Castellano es descrita de esta manera en el proyecto de 1920:
"La Literatura está representada por una aristocrática dama, contemporánea de la mocedad de Cervantes, con un libro en la mano; figurando a ambos lados de su pedestal dos estatuas representativas de los rasgos salientes del carácter español de aquella época, o sean el Valor militar y el Misticismo.
En un espacio resultante a los pies de la matrona aparecen escritos los títulos de toda las obras cervantinas, y de él manará una fuente, cuyas aguas, al caer a un tazón inferior, bañarán los bordes de este, en los cuales van esculpidos todos los escudos de todas las naciones de habla castellana."
Protección del Monumento a Cervantes en Plaza de España durante la Guerra Civil
En 1936, los grupos escultóricos del Monumento a Cervantes en Plaza de España, así como otras estatuas emblemáticas de Madrid (Cibeles, Apolo y Neptuno), fueron protegidos con sacos de arena por la Comandancia de Obras y Fortificaciones, y de 1937 por el Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid. Gracias a este trabajo de cientos de anónimo voluntarios hoy se han preservado muchas de estas obras escultóricas, blanco fácil para los bombardeos de los aviones fascistas.

Estatua de Cervantes en la Biblioteca Nacional de España, por
Joan Vancell (siglo XX). Biblioteca Nacional de España
Entre otros escultores que participaron en el programa inconográfico de la fachada de la Biblioteca Nacional hay que destacar a Joan Vancell, autor de la estatua de Miguel de Cervantes, de casi tres metros, realizada en mármol de Carrara. Al entender que el Quijote
"es la obra de más transcendencia y que más contribuyó a inmortalizar su fama", lo representa como autor de la misma. Según escribió en su
Memoria presentada el 5 de mayo de 1892, este fue el motivo el cual, Cervantes lleva en la mano derecha la pluma, y en la izquierda
"el libro de su sublime creación, teniendo a sus plantas varias obras de caballería, cuya destrucción (…) era el objeto de su sátira fina y prodigiosa. La estatua está apoyada en un pedestal, que sostiene varios objetos alusivos a la misma obra, y que fueron la base de su argumento, las armas y el amor".

Cervantes, por
Juan Cristóbal, tallado en madera dorada, pintada y estofada sobre base de madera (1928). Ministerio de Defensa
El hallazgo del "retrato" de Miguel de Cervantes atribuido a Juan de Jáuregui coincidió con la recuperación crítica del Greco y el énfasis en los valores espirituales y raciales de la cultura. Las representaciones de Cervantes no pudieron prescindir, a partir de entonces, de esas nuevas fuentes que reorientaron la caracterización del escritor hacia una especie de mística existencial impregnada de componentes patrióticos, como se puede apreciar en esta escultura policromada de Juan Cristóbal.

Cervantes esculpido en busto con nombre en su base

Miguel de Cervantes Saavedra es una estatuilla tallada en bronce por Sergio Blanco esculpida en 1999, se expone en el Museo Naval de Madrid.
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| MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA, POR SERGIO BLANCO |
15.
CERVANTES Y SHAKESPEARE
La anual confluencia cronológica de los dos genios universales de la historia de la literatura universal celebraron en 2016 el IV Centenario de la muerte de ambos. La celebración en Madrid del congreso Cervantes y Shakespeare y la Edad de Oro de la escena permitió la oportunidad de confrontar la vida y la obra de dos autores hermanados en la distancia.
Miguel de Cervantes y
William Shakespeare no murieron el mismo día 23 de abril de 1616. Cervantes, nacido posiblemente el 29 de septiembre, día de San Miguel de 1547, falleció el 22 de abril y fue enterrado al día siguiente, fecha que ha trascendido a la cultura popular. La diferencia es aún mayor en el caso inglés, ya que el calendario juliano, que contaba con once días más que el gregoriano, el usado en España en el momento, por lo que murió el 3 de mayo. Es decir, Shakespeare y Cervantes murieron en la misma fecha, pero no en el mismo día. No fue hasta mucho más tarde que comenzó a difundirse el mito del 23 de abril, que se utilizó a partir del XIX y ya en el siglo XX para declarar el Día Internacional del Libro.
No hay tampoco prueba alguna de que Cervantes y Shakespeare se conocieran en persona. Existe la posibilidad de que el último formara parte de la expedición que llegó a Valladolid en la primavera de 1605 como respuesta diplomática a una comitiva española que había visitado tierras inglesas en agosto de 1604. Aunque carece de fiabilidad histórica, el dato ha sido utilizado para la confección de novelas, obras teatrales (
Encuentro en Valladolid, de Anthony Burgess) y películas (Miguel y William). No obstante, el imaginario colectivo ha insistido en hermanar la pareja Cervantes y Shakespeare, los dos miembros coetáneos, y junto a ellos Dante para cerrar el trío de los máximos exponentes de la literatura en sus tres principales géneros: novela, teatro y poesía.
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| CERVATES Y SHAKESPEARE |
Las biografía de Cervantes y Shakespeare mantienen paralelismos, ya que ambos fueron grandes escritores que no gozaron de una educación letrada universitaria y que apenas acabaron el equivalente al actual bachillerato: el inglés seguramente estudió en la King's New School de Thomas Jenkins, que usaba obras de Plauto con fines didácticos; el español posiblemente se formó en el madrileño estudio de Juan López de Hoyos, uno de los últimos erasmistas del siglo.
Seguramente los dos asistieron a representaciones teatrales: el inglés podría haber contemplado las funciones de The Queen's Men en Stratford upon Avon en 1569; el español confesó haber visto a Lope de Rueda.
En términos filosóficos, ambos formaron parte de la etapa final del Humanismo en la Europa del siglo XVI; en términos socio-económicos, ambos son capaces de triunfar en el nuevo modelo social pre-Mercantilista que se iba imponiendo lentamente y que permitió vivir de la venta de entradas de teatro a Shakespeare, incluso llegó a ser accionista de su propia compañía teatral
The Globe, y de la venta de libros en el caso de Cervantes.
En el plano estrictamente literario también existen apreciados parecidos entre Cervantes y Shakespeare: sus personajes son tan cercanos que también conforman vidas paralelas. Ambos autores desarrollaron situaciones psicológicas extremas: en el caso del español fueron el loco don Quijote, la engañada Dorotea o el niño suicida Variato de
La Numancia; en el caso del inglés fueron el ciego loco Lear, el moro Otelo, la despiadada Lady Macbeth o el impávido Hamlet. Crearon personajes femeninos muy complejos como Marcela y Dorotea en el
Quijote; Lira en
La Numancia, o Preciosa en
La gitana; Lady Macbeth en
Macbeth, Ofelia en
Hamlet, o Cordelia en
El rey Lear. Y desplegaron conocimientos de magia y esoterismo, con el fin de discutir los límites de los verosímil: los perros parlantes Cipón y Berganza de
El coloquio de los perros; las brujas de Macbeth, el duende Puck en
El sueño de una noche de verano o el mago Próspero de
La tempestad.
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| CERVATES Y SHAKESPEARE |
Pese a estos maravillosos personajes, la recepción de sus obras ha sufrido variaciones. Prosista genial, el teatro y la poesía cervantinos han sido tradicionalmente poco valorados. Estos de debe en gran parte a un entendimiento muy precario de los versos del
Viaje del Parnaso:
"Yo, que siempre trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo."
En realidad, el
Viaje del Parnaso narra la aventura de un poetastro por el monte de los poetas y es éste el que habla.
Por el lado inglés, pese a la popularidad de sus ciento cincuenta y cuatro
Sonetos, publicado en 1609, la poesía narrativa shakespeariana no ha alcanzado la misma consideración que su teatro y hubo que esperara a mediados del siglo XIX para encontrarse con grandes estudios monográficos de
La violación de Lucrecia, de 1594, y
Venus y Adonis, de 1593. De hecho, algunos de sus grandes poemas alegóricos como El Fénix y la tortuga, de 1601, son todavía poco valorados en su magnífica complejidad.
Pero las historias paralelas convergen en un punto fundamental: es muy probable que Shakespeare leyera
Don Quijote. En un recibo fechado el 20 de mayo de 1613, el tesorero de cámara del rey de Inglaterra mencionaba el pago de 93 libras, 6 chelines y 8 peniques a la compañía de John Henninges (uno de los actores de la compañía King's Men junto a William) por la puesta en escena de
Mucho ruido y pocas nueces,
La tempestad,
Cuento de Invierno,
Julio Cesar,
Otelo,
Las alegres comadres de Windsor y un sospechoso
Cardenno. Cardenio es el nombre del apasionado amante de Luscinda en la primera parte del
Quijote, y éste comparte cartel con seis de los más conocidos textos de Shakespeare. Seguramente sería un éxito pues la obra se repuso el 9 de julio de 1613.
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| DON QUIJOTE DE CARNAVAL DE SAO PAULO |
16.
DON QUIJOTE POR CERVANTES
¿Por qué Cervantes llamó Don Quijote a su hidalgo? ¿Qué significa el nombre de Don Quijote y por qué lo escogió Cervantes para el protagonista de su más famosa novela?
Durante muchos años los académicos han discutido acerca de su origen sin llegar a una conclusión definitiva. Ahora, un nuevo estudio realizado por un investigador de la Universidad Central de Washington apunta nada menos que a Homero como origen del nombre del ingenioso hidalgo.
Entre 2003 y 2005, los investigadores Carroll B. Johnson y el español Alfredo Baras Escolá tuvieron una serie de intercambios de impresiones acerca de qué significaba la palabra "quijote". El análisis de Johnson refería al origen semítico de la palabra (una derivación de la voz árabe kisa, que significa capa o manta), mientras que Baras pensaba que el nombre del universal hidalgo había sido puesto por Cervantes apuntando a la pieza de la armadura que cubre el muslo. La definición dada por Covarrubias en 1611 refuerza esta última teoría:
"Quixote: En el arnés las piezas que cubren los muslos, quasicuxotes, de cuxa en italiano, que vale muslo (sic)."
Según afirma ahora Eric Mayer en el último número del
Bulletin of the Cervantes Society of America, la segunda propuesta podría ser acertada. A esa conclusión ha llegado tras estudiar a fondo la
Etiópica de Heliodoro, un libro muy leído en su traducción del Siglo de Oro y que ejerció una cierta influencia en Cervantes y otros contemporáneos suyos como Calderón o Lope de Vega. En concreto, dice Mayer, la relación entre Don Quijote, Homero y la palabra muslo aparece en el tercer volumen de
Etiópica, donde el narrador Calasiris cuenta que Homero tenía una pierna llena de vello como consecuencia de la relación incestuosa de su madre con el dios Mercurio y que después
"andando por muchas tierras (...) cantando su poesía, ganó el nombre de Homero, porque sin decir él ni descubrir su propio nombre ni su patria ni su linaje, los que sabían aquella señal de su muslo se la dieron por propio nombre".

17.
ANÁLISIS GRAFOLÓGICO DE CERVANTES
A través de la letra es posible averiguar rasgos de la personalidad o del carácter de una persona. Hay patrones que revelan formas de ser y actuar de las personas, ciencia que se encarga la grafología.
El estudio grafológico de la letra Miguel de Cervantes muestra una persona ágil, de enrome creatividad y con gran claridad de ideas. Es muy inteligente, con una buena capacidad asociativa y lógica, buena memoria y dote de observación.
Posee una imaginación constructiva y creadora, una gran talento inventivo y una elegancia personal en las ideas. Es persona noble, bondadosa, afable, cordial y prudente, aunque en ocasiones puede presentar cierta impaciencia, pudiendo llegar a perder el control de la situación.
Acostumbra a acometer sus actividades con entusiasmo, ardor y alegría, pero a veces las dificultades le derrumban, aunque lucha y no da tregua al desánimo. Posee una voluntad firme y tenaz ante las contrariedades y fracasos, es ordenado y optimista.
Se aprecian en él rasgos de preocupación por las cosas materiales. Hombre tradicional, con cierta nostalgia del pasado, y una buena relación materna.
Persona apasionada, impulsiva y seductora, que goza de lo sensitivo. Es equilibrado y sincero, se siente satisfecho de sí mismo y de sus logros.
En resumen, cabe destacar como rasgos más evidentes la claridad de ideas y la inteligencia con que las interpreta, siendo capaz de unir la fantasía y la creatividad con la realidad.
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| FIRMA DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA |
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| TEXTO CERVANTINO |