COMENTARIOS DEL APOCALIPSIS POR BEATO DE LIÉBANA


El Beato es un género librario específicamente hispánico. Su origen se remonta al códice Comentarios del Apocalipsis de San Juan, escrito por un abad de Cantabria en el siglo VIII, cuyo nombre es Beato de Liébana.

Su originalidad se encuentra en sus ilustraciones de gran fuerza expresiva e iluminación, que consiguió una repercusión en el arte medieval de la España cristiana e incluso de la Europa del sur occidental. El manuscrito más representativo es el Beato de Fernando I y doña Sancha del año 1047.

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COMENTARIOS DEL APOCALIPSIS POR BEATO DE LIÉBANA

Según los datos conocidos, fue en la isla de Patmos donde el apóstol San Juan tuvo una visión de la cual escribió el texto del Apocalipsis.

Ya en el siglo VIII, en el año 786, un abad del Monasterio de San Martín de Turieno (Santo Toribio), en la comarca de Liébana, perteneciente al Ducado de Cantabria, escribió unos Comentarios al Libro del Apocalipsis de San Juan. Su nombre era Beato de Liébana, un teólogo y experto exegeta, que tuvo relación con la proto-monarquía astur. Vivía en una región protegida por la cordillera cantábrica, donde se refugiaban en su tiempo multitud de hispano-visigodos que huían de la conquista islámica al sur peninsular.

Beato alcanzó una gran popularidad en la Alta Edad Media por su enfrentamiento a la herejía adopcionista mantenida por el arzobispo primado Elipando de Toledo, que sostenía que Jesucristo era hijo adoptivo de Dios, no por naturaleza, sino por adopción. Elipando defendía el Adopcionismo con la intención de conciliar el Cristianismo con las creencias islámicas que consideraban a Jesucristo como un profeta, ya que Toledo estaba en poder musulmán.

En este enfrentamiento religioso existía un interés político. Beato defendía al Reino de Oviedo como nueva entidad cristiana, heredera de la tradición hispano-visigoda, y estaba apoyado por el papa de Roma y por Carlomagno, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Viviendo en una tierra libre del poder musulmán, defendía la pureza, independencia y ortodoxia de los dogmas cristianos. Sus ideales quedaron escritos en diversas cartas a su adversario y en su libro Apologético. Al toledano lo calificó de hereje, llamándolo "testículo de Anticristo".

La importancia de su obra es mayor porque es el primer hispano en citar a Santiago como patrón de España en su Comentario al Apocalipsis, dedicándole el himno O Dei Verbum del que escribió que era "caput refulgens aureum Ispaniae" (áurea cabeza refulgente de España). La difusión de este cántico generó la creencia de Santiago como patriarca de la España cristiana en lucha contra la invasión islámica en los comienzos de la Reconquista; e incluso para la aparición de su tumba en Santiago de Compostela, en el año 814.

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BEATO DE FACUNDO

Los
Comentarios al Apocalipsis son de estilo mozárabe con influencias carolingias, y constituyen la primera gran manifestación artística de la pintura española. Su contenido se inicia con una dedicatoria a Heterio y las explicaciones de Beato sobre las razones que impulsaron su realización:
"Santo Padre e obispo Heterio, te dedico este libro, escrito a petición tuya para edificación y estímulo de los hermanos, para que sea heredero también de mi obra el que me honro en tener como hermano religioso."
El libro se dedica, en su mayor parte, al estudio de las misteriosas revelaciones del evangelista San Juan a través de los escritos de importantes autores cristianos, de siglos anteriores, como San Isidoro de Sevilla, San Ambrosio, San Jerónimo, San Fulgencio, San Gregorio, Apringio de Beja, Primario, Ticonio e Ireneo.

Pero el objetivo de estas interpretaciones sobre el Apocalipsis era tratar de calmar la inquietud espiritual de los creyentes, preocupados por los males de su tiempo, el cercano "fin del mundo", y la muerte. Por aquel tiempo, la España cristiana del Reino visigodo representaba una materialización del apocalipsis final provocado por la invasión islámica.

Su popularidad se acrecentó durante el siglo X, coincidiendo con la más lamentable situación de los cristianos, como consecuencia de la grandeza del Califato de Córdoba. Es la obra más famosa de Beato de Liébana, aunque no la única, pues fue autor de obras como Adversus Elipandum, Apologético y Dei Verbum.

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BEATO DE FACUNDO

De este original Comentarios surgieron otras copias manuscritas elaboradas en los escriptorios medievales, que 
se conocen con el nombre genérico de "beatos", a través de la copia del texto por copistas y de su ilustración por iluministas. Circulaban como anónimos, ya que ninguno de los manuscritos conservados afirma la autoría de Beato.

Pero lo más llamativo de los beatos no es su texto, sino sus maravillosas ilustraciones, de gran belleza artística con un tono misterioso, que hacen referencia al propio apocalipsis, no a los comentarios. Estas miniaturas tuvieron una considerable repercusión en todo el arte medieval debido a la fuerza expresiva y descriptiva. Lograron una notable uniformidad pictórica, al contrario que las Biblias y Evangeliarios que no repiten sus iluminaciones.

Fueron el resultado de un conjunto de influencias artísticas: tardorromanos, visigóticas, carolingias, bizantinas, persas, copto egipcias, y musulmanas de Al-Ándalus. Los elementos de origen asiático y norteafricano llegaron a través de los mozárabes, cristianos que vivieron en la España islamizada y que, más tarde, se refugiaron en los reinos cristianos del norte.

Por eso, los beatos son los códices más valorados y examinados de la Edad Media. Se han publicado diversos estudios sobre los beatos en diversos idiomas, y se han reproducido sus miniaturas en forma de láminas de impecable calidad.

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MINIATURAS DEL BEATO DE LIÉBANA

Se conservan cerca de 31 beatos, aunque 4 de ellos solo quedan hojas sueltas, y 24 contienen miniaturas, distribuidos en dos expresiones artísticas según su época de elaboración.

Los primeros beatos, de estilo prerrománico, también llamado mozárabe, fueron escritos entre los siglos X y comienzos del XI, en los escriptorios de los monasterios del Reino de León (Tábara, León, Escalada, Valcavado, Albares y Bobadilla), del Condado de Castilla (Cardeña, Valeránica y Silos), y del Reino de Pamplona (Albelda y San Millán de la Cogolla).

Los beatos posteriores, de adscripción románica, fueron realizados de mediados del siglo XI al XIII, abarcado una extensión territorial mayor. Su área de difusión alcanzó Portugal, la Corona de Aragón y, allende los Pirineos, Gascuña y Lombardía. También se sumaron otros monasterios del Reino de Castilla, como Las Huelgas o San Andrés de Arroyo. Esta repercusión en el suroeste de Europa se encuentra, por ejemplo, en las esculturas del famoso monasterio francés de Moissac. También es notable en el Beato de Sant-Srver, elaborado en el Monasterio de Saint-Server-sur-l'Adour, entre los años 1060 y se encuentra en la Biblioteca Nacional de París.

La mayoría de los códices poseen escritura visigótica, los que tienen su origen fuera de reinos hispánicos una grafía de estilo carolina, y los más tardíos carolinogótica.

MINIATURAS DEL BEATO DE LIÉBANA

Los códices mozárabes más representativos y mejor conservados que han dejado legado en la actualidad son:

El Beato Magio fue escrito en el Monasterio mozárabe de San Miguel de Escalada, en el Reino de León, en el 960, por el monje Magio, quien pintó 89 miniaturas. Se encuentra en la Biblioteca Pierpont Morgan de Nueva York.

El Beato Primero de la Biblioteca Nacional fue escrito en Monasterio de San Millán en la primera mitad del siglo X. Conserva tan solo 27 miniaturas con fuerte influencia musulmana.

El Beato del Escorial fue escrito en el Monasterio de San Millán en la segunda mitad del siglo X, hacia el 950. Conserva 151 folios y 52 ilustraciones. Se encuentra en la Real Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.

El Beato de Tábara fue escrito en el Monasterio de San Salvador de Tábara, en el año 970, comenzado por Magio y terminado por su alumno Emeterio. Contiene 168 folios y 9 miniaturas del centenar que poseía. Se encuentra en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

El Beato de Girona fue escrito posiblemente en el Monasterio de Tábara (Zamora), en el año 975, por el monje Emeterio y la monja Eude, y donado a la Catedral de Gerona en 1078. Es el beato con más ilustraciones conservado porque tiene 280 folios escritos a dos columnas y 160 miniaturas, algunas de ellas a toda una página e incluso doble página.

El Beato de Valcavado fue escrito en el monasterio de Santa María de Valcavado (Palencia), por el monje Oveco, en el año 970, y promovido por el abad Sempronio. También es llamado Beato de Valladolid. En la actualidad posee de 230 folios con escritura redonda visigótica y 97 miniaturas, algunas en doble folio y otras a folio completo con el mismo estilo de la escuela leonesa de Magio. Se encuentra en la Biblioteca del Colegio de Santa Cruz de la Universidad de Valladolid.

El Beato de Seo de Urgell fue escrito en el monasterio de San Salvador de Tábara, por Senior en el año 975. En la actualidad contiene 239 folios, de ellos 7 folios están numerados en romano y 232 en árabe, en escritura redonda visigótica en dos columnas, y 90 miniaturas, algunas ocupando dos folios. Se encuentra en el Museo Diocesano de Urgell.

El Beato de San Millán fue escrito en el monasterio de San Millán de la Cogolla por dos artistas de cronología y concepción artística diferente. Se comenzó se comenzó en la primera mitad del siglo XI, en el estilo mozárabe del X, y se terminó en la segunda mitad del XI, en estilo románico, reuniendo 49 miniaturas. Se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid.

El Beato de Silos fue escrito en el Monasterio de Santo Domingo de Silos por los monjes Domingo y Munio e iluminado con 106 miniaturas por el prior Pedro entre los años 1091-1109, en el tradicional mozárabe, aunque en yuxtaposición de estilos con el románico. Se encuentra en la British Library de Londres.

El Beato de Osma se conserva en la Biblioteca de la Catedral de la Asunción de la villa de Burgo de Osma escrito en el año 1086. Contiene miniaturas mozárabes y una bella tabla del siglo XV en estilo hispano-flamenco, del maestro Pedro de Osma.

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BEATO DE FERNANDO Y DOÑA SANCHA

El ejemplar más espléndido es el Beato de Fernando I y doña Sancha, por ser estos reyes leoneses sus promotores. También llamado Beato emilianense. Este Beato Segundo de la Biblioteca Nacional fue escrito en latín con escritura visigótica y miniado por Facundo, en 1047. También es conocido como Beato de Facundo, en atención al autor tanto de sus textos como de sus ilustraciones. 

Posee 624 páginas a 2 columnas y 35 líneas, con unas dimensiones de 267 y 361 milímetros, cuyo título y epígrafes están escritos en rojo. En cuanto a su decoración, posee unas 98 excelentes miniaturas de gran expresión y habilidad técnica, muchas de ellas a página entera y a doble página. Aunque continua con la tradición de los beatos prerrománicos hispanos, empieza a apuntar ya mayores influencias románicas europeas. Es un tipo de beato en transición entre la tradición mozárabe y el novedoso románico, típico de mediados del siglo XI, generando una mayor expresividad en sus miniaturas.

El más bello y completo de todos los beatos, encuadernado en piel, por eso de su texto se pueden desglosar cada uno de los contenidos habituales es este tipo de códices:

1. Tablas genealógicas (hojas 10-17): Árboles genealógicos del pueblo judío desde Adán hasta el nacimiento de Cristo en forma de complejas ilustraciones, basadas en las Biblias mozárabes.

2. Capitulatio (en 34 párrafos) (h. 18-19)

3. Texto entero de El Apocalipsis, sacado de la Storiae del Comentario del Beato (h. 19-30)

4. Praefatio (h. 30): Breve texto en el que se manifiesta el deseo de hacer comprensible el libro bíblico. Abundan las citas de San Isidoro de Sevilla, en especial de su Contra Iudaeos. Se dedica la obra a Eterio, "sancte pater", quien solicitó esta escritura para la formación espiritual de cristianos.

5. Prologus I (h. 30): Biografía de San Jerónimo atribuida a Prisciliano, aunque en algunos manuscritos está atribuido al propio San Jerónimo. 

6. Prologus II (h. 30): Texto que San Jerónimo dedicó a Anatolio en su refundación del Comentario al Apocalipsis de Victorino.

7. Interpretatio (h. 30-40): Explicación resumida del Apocalipsis a partir, al parecer, de Primasio y Ticonio con citas isidorianas y en el que se utiliza un texto bíblico distinto de la Vulgata.

8. Beati in Apocapipsis (h. 40-263): Colección de citas bíblicas (grupos versículos del Apocalipsis seguidas de amplios comentarios patrísticos .

9. De ecclesia et sinagoga (h. 58-77)

10. De Antichristo (h. 203-204)

11. Explicit… Codex multorum librorum (h. 263-264): Añadido de las Etimologías de San Isidoro.

12. Hieronymi in Danielem (h. 267-316): Añadido de un pormenorizado comentario de San Jerónimo a Daniel desde antes del siglo X. Contiene escenas narrativas ilustradas.

Se conservó en la Colegiata de San Isidoro de León, en poder del marqués de Mondéjar, hasta finales del siglo XVII. En la Guerra de Sucesión, fue requisado por Felipe V en la Guerra de Sucesión y enviado a la Biblioteca Real de Madrid. En la actualidad, forma parte de los fondos de la Biblioteca Nacional de España, que posee dos ejemplares. Recientemente, ha sido incluido por la UNESCO en el Registro de la Memoria del Mundo.

CÓDICE DE MANCHESTER

LÓGICA SIMBÓLICA DE PEDRO HISPANO


Pedro Hispano fue un filósofo, teólogo y médico que pasó a la historia del pensamiento hispánico por escribir una obra de gran relevancia en el campo filosófico de la Lógica como fue Summulae logicales.

LÓGICA SIMBÓLICA DE PEDRO HISPANO

Pedro Hispano, cuyo nombre en latín Petrus Julianus, nació en 1226 en Lisboa, aunque algunas fuentes aseguran su origen en ciudades de la Corona de Castilla o incluso en Estella, en el Reino de Navarra. Estudió humanidades, filosofía y teología en la Universidad de París, siendo discípulo de Juan de Parma y de Guillermo de Shyreswood, de quien heredó su entusiasmo por la Lógica, y sucesor de San Buenaventura. También estudió medicina en la Corte de Federico II, en Sicilia, con maestros de la escuela de Salerno.

En 1246, impartía clases de medicina en el Estudio General de Siena, y escribió libros sobre medicina y uno sobre el género filosófico de la lógica Summulae logicales. Fue deán de Lisboa en 1261 y arcediano de Vermuy en 1268. No tomó posesión del arzobispado de Braga en 1273. Gregorio X le nombro su protomédico, y después cardenal-obispo de Tusculum, llevándole al Concilio de Lyon, donde recibió la consagración episcopal.

Fue elegido Papa de Roma en el Conclave de Viterbo, con el nombre de Juan XXI. Logró la paz entre Felipe el Atrevido y Alfonso de Castilla, se pronunció a favor de Carlos de Anjou para el Sacro Imperio, preparó una nueva Cruzada e intervino en diversos Concilios, intentando reconciliar la Iglesia latina de Roma con la griega de Constantinopla. Reprimió las corrientes heterodoxas de la Universidad de París desde 1250, y que habían sido condenadas en 1270. Fomentó la obra misional y concedió numerosas becas a universitarios clérigos y seglares.

La época de su Pontificado coincidió con las luchas anti-aristotélicas. Por eso, en 1276, tomó medidas contra la enseñanza del Aristotelismo en la Facultad de Artes de París, a instancias de Etienne Tempier, y ordenó una encuesta en la Facultad de Teología. Mediante su Bula de 1277, favoreció el Agustinismo, es decir la corriente teológica de San Agustín, lo que equivalía a condenar que el alma no fuera forma del cuerpo.

El 14 mayo 1277, estando en su palacio de Viterbo, le cayó una techumbre quedando sepultado entre los escombros.

THESAURUS PAUPERUM DE PEDRO HISPANO

La importancia de Pedro Hispano reside en su obra médica y en su aportación a la lógica y la filosofía. Es empirista y aristotélico, en medicina se remite a Avicena, y en teología fue fiel a San Agustín. Heredero y seguidor de Aristóteles, Boecio, Avicena, prevalece en su metodología científica lo empírico sobre lo racional, tomando de Aristóteles, en el plano racional, la abstracción interpretada con la iluminación de Avicena. El gran número de copias manuscritas e impresas de sus obras es un buen indicador de su éxito en la baja Edad Media y el comienzo de la Moderna.

Entre sus obras de medicina y de ciencias naturales la más célebre es Thesaurus pauperum, una especie de breve enciclopedia médica que estudia las enfermedades de mayor difusión y los remedios para combatirlas. Estaba destinado para el uso de estudiantes de medicina pobres que no podían adquirir las voluminosas obras de la materia. Escribió también diversos comentarios médicos a Hipócrates, Galeno, Aristóteles, Humayn ibn Ishaq, Isaac Israel¡, etc., aparte de algunos tratados originales sobre oftalmología como De oculis, Regimen sanitatis, etc.

Sobre filosofía y teología destacan sus comentario aristotélicos De anima, Parva naturalia, Historia Animalium. así como Scientia libri de anima y Exposiçao sobre os libros do beato Dionisio Aeropagita.

Dentro de sus comentarios y tratados sobre el alma merecen Scientia libri de anima, Quaestiones libri de anima y Expositio libri de anima, que junto con el Liber de morte el vita y el Liber naturalis de rebus principalibus naturarum.

En teología siguió la línea tradicional del Agustinismo contra el Aristotelismo averroísta, rechazó expresamente el Monopsiquismo. Suyo es Exposigáo sobre os livros do beato Dionisio Areopagita, que es un comentario al pseudo Dionisio. Otra obra teológica son los Sermones praedicabiles.

SUMMULAE LOGICALES MAGISTRI DE PEDRO HISPANO

Su obra cumbre fue Tractatus, más tarde conocido como Summulae logicales magistri Petri Hispani, que alcanzó gran difusión gracias a que su contenido concordaba perfectamente con la solución gnoseológica del realismo moderado, predominante en las principales corrientes filosóficas de la época. Este tratado fue un importante manual de lógica que se utilizó en las universidades europeas desde el siglo XIII hasta el XVII, cuando fue desbancado por la filosofía y la ciencia modernas. Los iniciadores de esta tendencia estaban en la Facultad de Arte de la Universidad de París fueron Guillermo de Shyreswood y Lamberto de Auxerre, de los que Pedro Hispano fue discípulo. Se hicieron 48 ediciones de su Summulae logicalis, aunque con diversos títulos y contenidos.

El carácter meramente formal de su doctrina lógica hizo que fuese compatible con las diversas tendencias filosóficas, consiguiendo una gran aceptación de este compendio como texto escolar. De ella derivan los versos y palabras mnemotécnicas de la lógica formal clásica.

La lógica simbólica es un sistema formal que analiza los signos y lo que designan. Tradicionalmente, la Lógica positiva entiende que el significado es la relación que existe entre las palabras y las cosas, y su estudio tiene un fundamento empírico: puesto que el lenguaje es un reflejo de la realidad, sus signos se vinculan con cosas y hechos. Por el contrario, la Lógica simbólica de Pedro Hispano usa una notación matemática para establecer lo que designan los signos, y lo hace de forma más precisa y clara que la lengua también constituye por sí misma un lenguaje, concretamente un metalenguaje (lenguaje técnico formal) que se emplea para hablar de la lengua como si de otro objeto se tratara: la lengua es objeto de un determinado estudio semántico.

ESCUDO DE ARMAS DE PEDRO HISPANO PAPA JUAN XXI

Súmulas de lógica tiende a fijar la significación de los términos de la lógica y el valor de los argumentos con vistas a la disputa escolástica, con recursos nemotécnicos para el aprendizaje, por lo que pone en dísticos latinos diversas reglas de lógica, inspiradas en Aristóteles, Profirio y Boecio, pero reelaboradas por él.

Esta obra puede dividirse en dos partes principales. La primera versa sobre las doctrinas de la "lógica antigua" (logica vetus) y la "lógica nueva" (logica nova), y la segunda parte contiene doctrinas que han sido tratadas por la lógica moderna, esto significa que discurre sobre las propiedades de los términos.

No solo fue una de las obras más editadas en la Edad Media, sino también comentadas. Fueron insignes comentaristas Simón de Faversham, Roberto Anglicus y Guillermo Arnaldi, en el siglo XIII, y Juan Versor, Gerardo de Harderwijk, Pedro Tartareto, Juan Buridan y Marsilio de Inghem en el XIV. Continuaron sus comentarios en los primeros siglos de la Edad Moderna, época que viajó hasta América y a otras partes, gracias a las órdenes misionales, como por ejemplo Domingo de Soto, Alonso de la Vera Cruz o Tomás de Mercado. No es para menos pues, las Súmulas de Pedro Hispano junto con la Suma de lógica de Lamberto de Auxerre y las Introducciones a la lógica de Guillermo de Sherwood, fueron los textos que mejor recogieron el legado medieval de la Lógica filosófica.

PEDRO HISPANO PAPA JUAN XXI

TRATADO DEL PRÍNCIPE CRISTIANO POR PEDRO DE RIBADENEYRA


Cronista, asceta y tratadista político, Pedro de Ribadeneyra destacó por su crítica a la doctrina de Nicolás Maquiavelo. Su Tratado de la religión y virtudes del Príncipe Cristiano, publicado en 1595, describe las virtudes que debe reunir un gobernante cristiano de la Edad Moderna.

Combatió la razón de Estado de Nicolás Maquiavelo por la cual el fin justifica los medios, aunque estos sean violentos y tiránicos, tesis en las que se basaron los Estados absolutistas de la Edad Moderna. En cambio, Ribadeneyra pretendió armonizar razón y fe, una concepción natural y religiosa del poder. Defendió la tradicional doctrina católica como tesis para el buen gobierno de príncipes, consejeros y ministros, que deben supeditar la política a valores morales y religiosos.

TRATADO DEL PRÍNCIPE CRISTIANO POR PEDRO DE RIBADENEYRA

Pedro Ortiz de Cisneros nació en Toledo en 1526. Adoptó el apellido de su abuela materna, Riba de Neyra, llamándose Pedro de Ribadeneyra, ya que sus abuelos maternos eran de alta clase social que habían servido a los Reyes Católicos.

Fue biógrafo, historiador de la Iglesia y escritor ascético del Siglo de Oro, traductor de latín, escritor político y profesor de retórica y latinidad. En 1539, viajó a Roma en el séquito del cardenal Alejandro Farnesio, allí conoció a san Ignacio de Loyola, que lo convenció para que ingresara en la Compañía de Jesús un año más tarde. Estudió Filosofía y Teología primero en París, después en Lovaina y en Padua.

En 1549, se encontraba impartiendo retórica en la isla de Palermo, durante tres años, junto a Diego Laínez. En 1552, estaba en Roma encargado de la cátedra de Retórica en el Colegio Germánico y al año se ordenó sacerdote.

Realizó varios viajes a Flandes, a Italia, a Bélgica, en este último país, introdujo la Compañía de Jesús, en 1556. Residió algún tiempo en Inglaterra durante el reinado de María Tudor. Realizó distintas misiones diplomáticas en Italia, Francia y Flandes, y adquirió gran fama como predicador. En 1575, se retiró a Toledo y, en 1589, se instaló en Madrid, donde murió, en 1611.

Durante su última parte de su vida, escribió la mayor parte de sus obras: Historia eclesiástica del Reino de Inglaterra (1588), el Tratado de la tribulación (1589), el Flos Sanctorum (1599), y Vida de San Ignacio de Loyola (1583).

FLOS SANCTORUM, POR PEDRO DE RIBADENEYRA

Escribió sus obras en latín, pero algunas las tradujo al español en un estilo prudente, elocuente, terso, natural y cándido.

Su Illustrius scriptorum religionis Societatis Iesu catalogus es una importante colección de biografías sobre escritores jesuitas, como por ejemplo Francisco de Borja o Diego Laínez. Para su redacción contó con la colaboración de su amigo y compañero de congregación Juan Moreto. Fue publicada en Amberes, en 1608, y reeditada con ampliación de contenidos en varias ocasiones. La más destacada fue la Vida de San Ignacio de Loyola, al que conocía personalmente por haber sido su secretario, escrita en latín en 1572, después en español, y traducida a varios idiomas.

Al iniciarse el siglo XVII, se editó su Flos sanctorum (Libro de las vidas de los santos), escrito en dos volúmenes. Fue también exitosa su Historia eclesiástica del cisma del reino de Inglaterra, publicada en Madrid, en 1588. Tomó como fuentes a otros autores, pero también su propia experiencia en Inglaterra, donde conoció a católicos ingleses perseguidos que se refugiaron en Bélgica.

Su obra ascética más significativa fue el Tratado de la tribulación, publicado en Madrid, en 1589, y escrita en un estilo moralizante de influencia senequista.

Además, escribió la Vida de Diego Laínez y la Vida de Alonso Salmerón, y un Manual de oraciones para uso y aprovechamiento de la gente devota. Tradujo de latín al español Las Confesiones del glorioso doctor de la Iglesia San Agustín, en 1596.

Parte de sus escritos fueron recopilados en Las obras del padre Pedro de Ribadeneyra de la Compañía de Jesús, agora de nueuo reuistas y acrecentadas.

TRATADO DEL PRÍNCIPE CRISTIANO,PEDRO DE RIBADENEYRA

Su obra principal es Tratado de la religión y virtudes que debe tener el Príncipe Cristiano para gobernar y conservar sus Estados. Su subtítulo Contra lo que Maquiavelo y los políticos de este tiempo enseñan es toda una declaración de intenciones contra que tesis política estaba destinado a combatir. Fue publicado en Madrid en 1595, y se divide en tres partes:

1. un Prólogo con el título Al cristiano y piadoso lector.

2. el Libro Primero, que es un Tratado de la religión como teoría política que debe regir todo gobernante para mantener su Estado.

3. el Libro Segundo, que es un Tratado de virtudes como conjunto de virtudes morales, económicas y militares del buen gobernante.

El Tratado de la religión es el análisis de una teoría política providencialista y de traducción práctica, cuyo contenido está dividido en siete aspectos:
1. establecimiento del vínculo entre religión y política a lo largo de la historia, incluso respecto a los Estados que han utilizado a la religión como simple medio (capítulos I al IV)
2. exposición de la excelencia del Cristianismo (capítulos V y VI)
3. síntesis de la excelencia política de la religión cristiana (capítulos VII al XI)
4. explicación de los beneficios del príncipe cristiano y las desavenencias del príncipe pagano (capítulo XII al XVI)
5. explicación de los modos del príncipe cristiano sobre la religión de sus súbditos (capítulos XVII al XXII)
6. relación entre herejes y católicos, así como lo perjudicial que resulta la libertad de conciencia (capítulo XXIII)
7. relación reverencial que el príncipe debe mostrar a la Iglesia (capítulos XXXV al XXXVIII)

El Tratado de virtudes está dedicado a las virtudes del príncipe cristiano, cuyo contenido está dividido en cuatro aspectos:
1. relación entre ambos libros, estableciendo que sólo el Cristianismo posee y posibilita la virtud perfecta (capítulo I)
2. exposición del carácter de las virtudes (capítulos II, III y IV)
3. desarrollo por diferentes virtudes en contraposición directa con lo que enseña Maquiavelo y los "políticos": justicia, economía y derecho, clemencia, magnificencia, templanza, prudencia y fortaleza, valor en el mantenimiento de la palabra y modo de abordar la religión (capítulos V al XLIII)
4. síntesis de todo el conjunto del tratado (capítulo XLIV)

Su objetivo principal era "cómo deben guardar y conservar sus Estados según las leyes de Dios y refutar los errores y engaños de los que enseñan lo contrario".

Para redactarlo, Ribadeneyra utilizó gran cantidad de interpretaciones históricas, referencias a la vida de los santos o citas bíblicas y filosóficas utilizadas a su conveniencia. Posee un pronunciado carácter ideológico y adoctrinador, y posiblemente es la obra española más destacada de cuantas se han dedicado a cuestionar el pensamiento político de Maquiavelo y sus seguidores.

Este Tratado de la religión y virtudes propone un modelo de gobierno del Estado moderno por parte de un príncipe cristiano mediante la aplicación de la doctrina católica, en contra de la tesis defendida por Nicolás Maquiavelo. Trataba de recomponer el verdadero orden racional del Estado roto por el error maquiavélico al considerar incompatibles la razón natural y la religión.

NICOLÁS MAQUIAVELO Y PEDRO DE RIBADENEYRA

En el fondo, Ribadeneyra pretendía retrotraer el debate jurídico de la Modernidad al teocrático del Medievo, y así recomponer el anterior orden del Estado, que armonizaba razón y fe. Una concepción natural y religiosa del poder, que fue sustituida por el modelo laicista de Estado moderno que separa el poder político del poder eclesiástico y hacía incompatibles la razón natural y las leyes de la religión.
"Como si la religión cristiana y el Estado fuesen contrarios o pudiese haber otra razón para conservar el Estado mejor que el Señor de todos los Estados nos ha enseñado para la conservación de ellos, así estos hombres políticos e impíos apartan la razón de Estado de la ley de Dios."
Según este punto de vista, Ribadeneyra intentaba, además de legitimar las políticas de Felipe II en Flandes, restaurar la armonía entre razón y fe, concepción natural y religiosa.

La tesis fundamental del libro es que no hay una, sino dos razones de Estado:
"Una falsa y aparente, y otra sólida y verdadera; una engañosa y diabólica, y otra cierta y divina; una que del Estado hace religión; otra que de la religión hace Estado; una enseñada de los políticos y fundada en vana prudencia y en humanos y ruines medios, otra enseñada de Dios, inherente en él y en los medios que, con su paternal providencia, descubre a los príncipes y les da fuerza para usar bien de ellos, como Señor de todos los Estados."
Partiendo de estas dos razones de Estado, estableció una dicotomía entre ser Político y Religioso. El Político permite la libertad de cultos y defiende la separación del Estado respecto a la Iglesia. Esta idea fue defendida por Maquiavelo y sus seguidores, también por los de Tácito, por Jean Bodino, Hobbes, Locke, Espinoza, y todos los teóricos iusfilosóficos de la Edad Moderna.

El Maquiavelismo está basado en la defensa a ultranza de la razón de Estado en la conducta del príncipe (o cualquier gobernante). Por eso, para los objetivos políticos, el príncipe debe servirse "de cualesquiera medios, buenos o malos, justos o injustos, que le puedan aprovechar", llegando incluso a decir que "debe mostrarse piadoso aunque no lo sea; y otras abrazar cualquier religión, por desatinada que sea". Es la doctrina política por la cual el fin justifica los medios, es decir, la razón de Estado justifica cualquier conducta (la mentira, la injusticia, y la tiranía), con independencia de su valor moral, siempre que sea para obtener el éxito. Esta teoría de la razón de Estado consiguió sustituir la teoría política cesaropapista y del Sacro Imperio por la de los Estados absolutos, en la Edad Moderna. Y el resultado fue la destrucción del poder justo y legítimo del Estado, generando la aparición de gobiernos tiránicos.

PEDRO DE RIBADENEYRA Y TRATADO DEL PRÍNCIPE CRISTIANO

A esta tesis se opusieron Ribadeneyra y otros anti-maquiavelistas españoles. Se rebelaron contra el hecho por el cual un acto reprochable del príncipe quedaba avalado por su éxito pragmático, con independencia de su valor moral, renunciando a cualquier justificación ética. La religión también fue tomada como otro medio por los maquiavelistas, quedando instrumentalizada por su valor político por el gobernante. Esto es lo que Ribadeneyra llamó "hacer religión del Estado".

Para Ribadeneyra, esta doctrina es un error, cuyo resultado es la destrucción del Estado como sistema de poder justo y legítimo, y el mantenimiento del régimen de despotismo y tiranía que, a su vez, podría conllevar al príncipe a ser derrocado. En cambio, la tradicional doctrina católica aseguraba defendía que el príncipe cristiano debe "hacer del Estado religión", por tanto, debía supeditar la política a un nivel superior de valores, como son los morales y los religiosos.

Los anti-maquiavelistas españoles de la Modernidad pretendían restaurar este ideal a través de un novedoso sistema político: el Estado de la Contrarreforma, resultante del Concilio de Trento, donde el poder del Imperio ha sido sustituido por el de los Estados absolutos. En definitiva, la verdadera razón de Estado que asegura el orden y gobierno de la sociedad civil es aquella que está inserta en la moral cristiana.

La doctrina política de Ribadeneyra está supeditada a la Ley de Dios, la cual respeta la dignidad, integridad y libertad de las personas: "obliga por mil títulos a no desviar un punto los ojos de la ley de Dios, a amarle, respetarle y servirle…, y, por no ofenderle, aventuran todos los estados, reinos y señoríos y haberes del mundo; porque perderlos por él es ganarlos."

Pero, Ribadeneyra introdujo novedades con respecto a los tratadistas españoles del siglo XVI (Soto, Suárez, Molina, Báñez o Mariana). No consideraba al tirano que lo fuese por su origen ilegítimo, sino por realizar un uso injusto del poder. Desde este punto de vista, un tirano es aquel gobernante por la razón de Estado.

HISTORIA DE LA CONTRARREFORMA POR PEDRO DE RIBADENEYRA

El Tratado del Príncipe Cristianode Ribadeneyra ha tenido una gran influencia en el pensamiento jurídico-político de España en los próximos siglos, especialmente en debate constitucionalista de las Cortes de Cádiz de 1812. En una redacción inicial, el artículo 12 establecía que:

"La Nación española profesa la religión católica, apostólica, romana, única verdadera, con exclusión de cualquier otra."
Su principal valedor entre los diputados conservadores y reaccionarios, Inguanzo, consiguió la aplicación de esta idea como un hecho sociológico, aunque no político. Atraídos por su mitología ultracatólica, los liberales, como Muñoz Torrero, cedieron y añadieron la frase:
"La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra."
Este modelo de relación entre Catolicismo y Estado, situado en torno a la libertad religiosa y no en torno a la libertad de conciencia, continuó en los sucesivos debates y Constituciones nacionales hasta 1931. En el artículo 3 de la II República:
"El Estado español no tiene religión oficial."
José Antonio Maravall en su obra La Teoría española del Estado en el siglo XVII calificaba a Ribadeneyra como "aquel de nuestros escritores más destacados en la gran lucha política del siglo XVII". Enrique Tierno Galván dijo de él que "es el máximo exponente de lo que pudiéramos llamar teoría política contrarreformista". Francisco Ayala destacó su libro fundamental como "la pieza más notables de la literatura anti-maquiavelista".

PEDRO DE RIBADENEYRA Y LA CATEDRAL DE TOLEDO

APORTACIONES NÁUTICAS DE JOSÉ DE MAZARREDO Y SALAZAR


En las nuevas tendencias náuticas y navales del siglo XVIII, la búsqueda del conocimiento estuvo unida a las expediciones marítimas científicas y de límites. Uno de los máximos promotores de aquellas expediciones fue el marino ilustrado José de Mazarredo y Salazar, que consiguió mejorar la eficacia de la Real Armada española.

Entre sus aportaciones científicas destacaron la dirección de nuevas rutas marítimas, la introducción de métodos de observación y cálculo de la situación en la mar, el desarrollo de procedimientos para el armamento y mantenimiento de las escuadras, el uso de nuevos procedimientos tácticos de señales y maniobras, la enseñanza y formación de tripulaciones marineras, o la redacción de tratados, instrucciones y ordenanzas navales.

APORTACIONES NÁUTICAS DE JOSÉ DE MAZARREDO Y SALAZAR

José de Mazarredo y Salazar Muñatones y de Gortázar, al que sus subordinados conocían como El Bilbaíno, nació en Bilbao, en 1745. Fue un brillante e ilustrado oficial de ciencia y de mar, teniente general de la Real Armada española, considerado por los expertos como el mejor marino español de su época.
Muy joven sentó plaza de guardiamarina en el departamento de Cádiz. Hasta que en el año 1772, queriendo mejorar sus conocimientos e incrementar su práctica, pidió participar en la expedición de Cádiz a Manila, comandada por Juan de Lángara y Huarte en la fragata Venus. Esta expedición pasó a la historia por ser la primera en dominio español en utilizar el método de las distancias lunares para fijar la longitud. Mazarredo llevó a cabo un exhaustivo diario de navegación con todas sus observaciones y las incidencias ocurridas a bordo.
Además, fue también quien ideó unas tablas para deducir la posición del buque en alta mar mediante una triple medición: la de la altura de la Luna, la de Aldebarán y la distancia entre esos dos astros. Para ello se basó en unas tablas que había visto en cierta ocasión, en el año de 1767, en una gaceta británica y que no pudo adquirir en Gibraltar, a pesar de las diligencias que efectuó desde Cádiz. De forma simultánea Ruiz de Apodaca midió la altura de la Luna, el comandante Lángara la de Aldebarán, y Mazarredo midió la distancia entre los dos astros. Días antes de llegar a al cabo de Buena Esperanza, realizaron varias observaciones, resolvieron los necesarios triángulos esféricos y rectificaron las desviaciones hasta dar con el destino exacto: Ciudad El Cabo.

José Mazarredo Salazar Francisco Goya
JOSÉ DE MAZARREDO

Más tarde, en unos barcos ingleses, consiguieron unas tablas náuticas que expresaban las distancias lunares a las estrellas zodiacales cada tres horas del meridiano de Greenwich, obteniendo, de manera más fácil con este apoyo, la longitud por observación durante todo el viaje hasta Manila y a su regreso.
En 1774 participó en otra expedición en la fragata Rosalía, dirigida también por Lángara, al igual que otros brillantes oficiales de la Armada como el astrónomo José Varela y Ulloa. El objetivo fue la práctica experimental de todos los sistemas de navegación conocidos por el momento, especialmente los de calcular la longitud. Así, fijaron la posición exacta de la isla de Trinidad del Sur, frente a las costas de Brasil y reconocieron la isla de Asunción, al oeste de aquella, a unas cien leguas en dirección a la costa.
Como hombre, no sólo de ciencia, sino también de guerra, fue requerido para participar en la expedición militar de la toma de Argel como ayudante del mayor general. Suyos fueron los planes de desembarque.

A él se debe una buena parte de la actividad náutica española del último cuarto del siglo XVIII. Mazarredo dedicó buena parte de su vida a poner en práctica sus conocimientos. En 1775 fue puesto a cargo de la Escuela de formación de guardiamarinas de Cartagena, contribuyendo en la enseñanza de la náutica y las artes de marear. Escribió algunos trabajos dedicados a tal fin, como la Colección de tablas para los usos más necesarios de la navegación.

COLECCIÓN DE INSTRUCCIONES PARA LAS ESCUDRAS DE LA MAR

En 1778, estuvo al mando del navío San Juan Bautista. Su pasión por aplicar los conocimientos obtenidos durante duros años de investigación lo llevó a realizar levantamientos hidrográficos y determinar numerosas longitudes y latitudes de las costas de España y África. En sus investigaciones se valía de un cronómetro de Arnold. Todos los datos obtenidos fueron de gran utilidad para Vicente Tofiño en sus posteriores campañas hidrográficas y elaborar las cartas de su Atlas Marítimo de España.
En 1779, puso en práctica sus Rudimentos de Táctica Naval para instrucción de los oficiales subalternos de Marina, así como sus Instrucciones y señales.

Pero su actividad no se limitó a la náutica, aunque las acciones que paralelamente llevó a cabo tuvieran mucho que ver con ese campo. Por ejemplo, mostró un gran interés en la fabricación de instrumentos científicos y participó en la organización de la formación de una generación de constructores españoles, al localizar candidatos adecuados en la Escuela de Relojería que llegaron a ser formados meritoriamente en otros países. En la época, los cronómetros eran esenciales para determinar la longitud de una posición determinada.
Continuó impulsando la enseñanza con ocasión de ejercer las funciones de capitán de las tres compañías de guardiamarinas, las de Ferrol, Cádiz y Cartagena.
Durante este tiempo, intervino en la toma de decisiones sobre la organización de las expediciones científicas. Por eso, en 1785, organizó un proyecto marítimo que consistió en comparar la construcción naval británica y francesa. Durante un año, el navío San Ildefonso y la fragata Brígida se encargaron de estudiar el tipo de construcción británico, mientras que el navío San Juan Nepomuceno y la fragata Casilda lo hicieron del francés.

RUDIMENTOS DE TÁCTICA NAVAL

En 1789, pasó un tiempo en Madrid dedicado a la redacción de las Ordenanzas, ayudado por el capitán de navío Escaño, que terminaron en 1893. Mientras tanto, alternó su tiempo con expediciones marítimas, como por ejemplo, en la persecución de escuadras británicas en el Atlántico al mando del navío San Hermenegildo, o en la comisión diplomática de Argel, tras la rendición que forzó Antonio Barceló y sus lanchas cañoneras. Entonces, fue nombrado teniente general y recompensado por la Orden de Santiago al mérito militar.

En 1792, apoyó la organización de la expedición de Cosme Damián Churruca para la elaboración del Atlas hidrográfico de la América Septentrional, cuyas divisiones mandaron el propio Churruca y Fidalgo.

Durante la Guerra de la Convención, organizó desde Cádiz una escuadra que operó por el mar Mediterráneo. Tras la derrota en el combate del cabo San Vicente, tomó el mando de las fuerzas navales que habían de defender aquel puerto. La escuadra estuvo compuesta en un principio de veinticinco navíos, de los que cuatro eran de tres puentes, reuniendo en pocas semanas un total de ciento treinta embarcaciones, al mando de los generales Gravina y Villavicencio, con las que rechazó los ataques del enemigo en julio de 1797.
Como muchos otros, sufrió las injusticias de la política y durante los primeros años del ministerio de Manuel Godoy fue postergado, aunque en 1797 consiguiera el perdón.

Mazarredo combate San Vicente armada española británica
COMBATE DE SAN VICENTE

Nombrado Mazarredo capitán general del Departamento de Cádiz, en 1798 trasladó dicha capitanía general al recién construido Observatorio de Marina en la Isla de León, en San Fernando de Cádiz. Además de la sección de efemérides, estableció en él dos talleres de cronómetros, y uno de instrumentos náuticos, servido por artistas enviados al extranjero por propuesta suya, para que se pusiesen al mismo nivel científico que Francia y el Reino Unido. A Mazarredo también se debe el movimiento del anteojo paralelo al plano del aparato en los sextantes.
A partir de entonces, la labor de Mazarredo quedó dedicada a expediciones marítimas contra escuadras británicas en el Mediterráneo, a representar a España en París como diplomático y a concertar las operaciones navales en unión del alto mando francés.
Mazarredo habría sido el candidato ideal para mandar la Escuadra española en San Vicente y Trafalgar, así era considerado de forma unánime en la Real Armada. Advirtió de los peligros y desastres que sufrió, más tarde, la Armada ante su escasez y malas prácticas por parte del gobierno de Godoy. Esta actitud le llevó de nuevo al destierro, primero a Santoña y después a Pamplona. Es notable que tanto en el destierro como en sus viajes, mantenía una constante inquietud por las observaciones astronómicas que realizaba tierra a dentro con horizonte artificial de azogue.

INSTRUCCIONES Y SEÑALES PARA LA ESCUADRA

Durante la Guerra de la Independencia, Mazarredo, cometió la equivocación de aceptar la petición de Napoleón y representar a la Armada española en Bayona como ministro de Marina, creyendo tener que ceder ante lo inevitable, apartándose así del verdadero camino de los españoles. No obstante, el cariño que profesaba a su patria y a la Armada española, le impulsó a luchar, aún dentro del partido de José I, por aliviar la suerte de muchos pueblos y personas. Su fidelidad a los intereses de España quedó de manifiesto durante la ocupación francesa del puerto de El Ferrol, impidiendo a toda costa que los napoleónicos dispusieran de la flota anglo-española anclada allí. Este importante servicio siempre le fue reconocido a Mazarredo por parte de la Armada española.

Una vez efectuada su acción, regresó a Madrid, donde le acometió un ataque de gota, que le originó la muerte, en julio del de 1812, librándose de las persecuciones que padecieron los afrancesados.

ESCUELA DE FORMACIÓN DE GUARDIAMARINAS DE CARTAGENA