ORÍGENES ESPAÑOLES DEL MOVIMIENTO NOVATOR


En España existió un movimiento novator de verdaderas raíces autóctonas. El filósofo e historiador Marcelino Menéndez Pelayo señalaba la tendencia al armonismo y al espíritu crítico como una de sus constantes, que se reiteraban en el tiempo. A esta tendencia vernácula responden muchos de los pensadores del siglo XVI, como Luis Vives, Antonio Gómez Pereira, Francisco Vallés, Francisco Sánchez, entre otros; quienes aseguraban una continuidad filosófica en la historia española.

Un antecedente del movimiento novator es el Humanismo clásico de los filósofos de la Edad de Oro, que ya habían establecido la distinción entre el Aristotelismo griego, fuente de sabiduría y de inspiración, y el Aristotelismo escolástico, deformado por la tradición.

Los novatores se acogieron al peripatetismo clásico de autores españoles que renovaron la actualidad de un Aristóteles leído y estudiado en sus fuentes, como Pedro Martínez de Brea, Pedro Juan Núñez, Pedro Juan Monzó, Juan Bautista Monllor y Bartolomé José Pascual, que ya había establecido la distinción entre el Aristóteles griego y el escolástico. Pero, junto al Aristotelismo, también apareció el Neoplatonismo, a través de las exégesis de los Padres de la Iglesia.

Los filósofos jesuitas también admitieron la existencia de fuentes autóctonas para el nuevo movimiento a través de la Escolástica renovada y modernizada en el siglo XVI. Ejemplos fueron el Probabilismo de G. Valencia, la defensa del Atomismo de Rodrigo de Arriaga, o el pensamiento moderno de Francisco Suárez, basado en una nueva visión y en nuevos principios filosóficos.

Una de las conclusiones que O. V. Quiroz-Martínez extrajo del estudio de los novatores españoles fue:
"Hay que recordar además que inclusive el pensamiento del siglo XVI español tuvo influjo y acción sobre el exterior. Aunque indudablemente se ha exagerado en ocasiones la importancia de tal influjo y tal acción, puede afirmarse que en algunos casos lo que llamamos introducción de doctrinas en España no es otra cosa que una reintroducción o una vuelta de las mismas al suelo de donde partieron. Tal acontece con la física atomística, que suscitada o resucitada primeramente en España, regresa a ella bajo las denominaciones extranjeras de gasendismo y maignanismo. Y considérese que decir física atomística es decir modernidad, pues es decir abandono de las formas aristotélicas, mecaniscismo, subjetividad de las cualidades sensibles, tesis todas que caracterizan en común los sistemas modernos frente a la escolástica. Procede destacar el hecho de ser español el punto de partida de esta importante corriente."

En apoyo de la tesis por la cual el movimiento novator tuvo su origen en España y no en Francia está el hecho de que Gassendi leía a los filósofos españoles, y que, entre sus lecturas, Luis Vives era uno de sus favoritos, o que René Descartes se inspiró en Gómez Pereira para formular su máxima "pienso, luego existo".

Una prueba más del carácter renovador del nuevo pensamiento fue su predilección por la lengua romance autóctona. La mayoría de los novatores ya escribían en castellano, siendo los primeros Diego Matoe Zapata Mercado, Juan de Nájera, Alejandro de Avendaño, Berni, o Martín Martínez.

A través de la expresión filosófica, convirtieron al castellano en una lengua de elite y de tradición. Aunque también recibieron una crítica por la cual escribían en la lengua vernácula para buscar la protección del pueblo llano en defensa de sus novedades. A esta afrenta, Alejandro de Avendaño respondió:
"La majestad de la lengua española no sé en qué haya pecado, para al afán de divulgar la filosofía y el saber, acercar estos a los aspectos útiles y prácticos de la sociedad, democratizar la enseñanza, en general. Se trata de que los que no conocen el latín sepan a los menos raciocinar, hablar i obrar como personas de razón."

Otras autoridades de la filosofía española también apoyaron estas aspiraciones del movimiento novator sobre escribir filosofía en la lengua vernácula: Luis Vives, Pedro Simón Abril, Carlos de Viana, fray Luis de León, el bachiller Alfonso de la Torre, etc.

Todos estos rasgos del movimiento de los novatores entroncaron con la tendencia intelectual de la decadencia del siglo XVII como tema y que tuvo en Francisco de Quevedo su principal promotor. Esta idea era la crítica de lo propio basada en una comparación con el resto de los países europeos. En consecuencia, una atribución de la decadencia española al aislamiento respecto de la cultura y de la ciencia europeas, y el subsiguiente remedio mediante la asimilación de dichos valores ajenos.



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