EXPEDICIÓN DE HECETA Y BODEGA A ALASKA Y LA COSTA NOROCCIDENTAL DE AMÉRICA


La expedición marítima de Bruno de Heceta y Francisco de la Bodega a la costa noroccidental de América de 1775 tuvo como objetivo llegar hasta los 65 grados de latitud norte (Actual estado de Canadá), descubrir los asentamientos rusos y tomar posesión de las tierras descubiertas para la corona española. Una serie de accidentes geográfico a la largo de la costa fueron descubiertos por primera vez por una expedición marítima: el estrecho de Heceta, el cabo de Heceta, la isla de Nutka (Vancouver) o la rada de Bucareli.

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EXPEDICIÓN A ALASKA Y LA COSTA NOROCCIDENTAL DE AMÉRICA

La reivindicación de la soberanía española sobre Alaska y la costa noroeste del Pacífico se remonta a la bula papal Inter caetera de 1493 y los derechos contenidos en el Tratado de Tordesillas de 1494. Estos dos actos formales dieron a España los derechos exclusivos para colonizar todo el hemisferio occidental (excluyendo a Brasil), incluida toda la costa oeste de América del norte. La primera expedición europea que realmente alcanzó la costa oeste de América del norte fue dirigida por Vasco Núñez de Balboa, que llegó a la costa del Pacífico de Panamá en 1513. Balboa reclamó el océano Pacífico para la Corona española, así como las tierras que tocase, incluyendo todas las de la costa oeste de América del norte. Esta acción de Balboa consolidó aún más la demanda española de control exclusivo de toda la costa occidental de América del norte.

Confiado en sus pretensiones, el Imperio español no exploró ni realizó asentamientos en la costa noroeste de América en los siguientes 250 años después de la reclamación de Balboa. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, el Imperio ruso tenía intención de establecer asentamientos a lo largo de la costa del Pacífico. Por otra parte, los británicos ya habían establecidos amplios territorios coloniales en el noreste de la costa atlántica. En España surgía una creciente preocupación acerca de sus reclamaciones en la costa noroeste del Pacífico y se dispuso a conocer el alcance de las invasiones de Rusia y Gran Bretaña.
Para afirmar la soberanía española, en respuesta a los rumores sobre la presencia de asentamientos rusos en la costa norteamericana del océano Pacífico (actualmente Estados Unidos y Canadá), el virrey de Nueva España, Antonio María Bucareli y Ursúa, ordenó una expedición para extender hacia el norte las posesiones españolas.

JUAN FRANCISCO DE LA BODEGA Y BRUNO DE HECETA

Una primera expedición española a la costa noroeste del Pacífico, liderada por Juan José Pérez Hernández en 1774, no llegó tan al norte con el barco Santiago como se había planeado, a pesar de haber recorrido diversos parajes costeros de Alaska y Canadá, y se decidió organizar una segunda expedición. Por esas fechas, un grupo de oficiales había llegado a la base naval de San Blas de Nayarit (México), recién titulados en las mejores academias navales de España, expresamente contratados con el fin de ayudar a completar esta importante expedición. El virrey puso al mando de esta expedición a Bruno de Heceta, siendo Juan Pérez Hernández el segundo al mando. También contó con la colaboración de Juan Francisco de la Bodega.

Bruno de Heceta y Dudagoitia era bilbaíno, nació en la capital vizcaína en 1744. Llegó a México a finales de 1774. Según el cartógrafo Vicente Tofiño, miembro de la Vascongada, tenía mucha experiencia en la determinación de la latitud y la longitud en la mar. Esta última determinación revestía particular dificultad con los medios disponibles en el siglo XVIII, motivo de frecuentes y graves errores, pues no se había generalizado todavía la utilización de los primeros cronómetros de longitud y se recurría a complejos métodos astronómicos como el del cálculo de las distancias lunares, ensayado por primera vez en la marina española por José Mazarredo y Juan de Lángara, en 1772, durante su viaje en la fragata Venus.

Juan Francisco de la Bodega y Quadra fue uno de los más brillantes navegantes y exploradores del siglo XVIII. Nació en Lima, aunque de origen vasco, ya que su padre fue un vizcaíno que se trasladó a Perú, donde desarrolló una fructífera actividad económica. Francisco de la Bodega estudió en la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz en 1762. Estuvo navegando por el Mediterráneo y el Atlántico hasta 1768, año en el cual fue destinado a San Blas de Nayarit, puerto fundado en 1768 para impulsar la colonización de California y la exploración del Pacífico norte.

SELLO DEDICADO A FRANCISCO DE BODEGA Y QUADRA

La expedición tenía como objetivo llegar hasta los 65 grados de latitud norte, descubrir los asentamientos rusos y tomar posesión de las tierras descubiertas para la corona. Estaba formada por 160 hombres, en su mayoría por mexicanos, que navegaron en tres barcos: la fragata Santiago, con 90 hombres y capitaneado por el propio Bruno de Heceta; el paquebote San Carlos, capitaneado por Miguel Manrique, que llevaba suministros para la expedición; y la goleta Sonora, un barco de escolta y abastecimiento, oficialmente el Nuestra Señora de Guadalupe, inicialmente al mando de Juan Manuel de Ayala y luego comandada por Francisco de la Bodega y Quadra.

La goleta Sonora había sido expresamente acondicionada para afrontar fuertes olas y vientos implacables en zonas de bancos de arena y arrecifes, y serviría de complemento para llevar a cabo el reconocimiento y la cartografía de la costa, y podría tocar tierra en los lugares en que el Santiago, mucho mayor, había sido incapaz de hacerlo en su viaje anterior. De esta manera, la expedición podía reclamar oficialmente las tierras al norte del Virreinato de Nueva España que visitase.
La misión, planeada para una duración de un año, partió el 16 de marzo de 1775. A los tres días de partir el capitán del San Carlos, Miguel Manrique, supuestamente enloqueció. Heceta transfirió a Juan Pérez al mando y le ordenó regresar a San Blas para que recibiese atención y luego reincorporarse a la expedición. Francisco de la Bodega y Quadra se encargó del mando de la pequeña Sonora con Francisco Maurelle como piloto. Tras regresar a San Blas, el San Carlos repostó en Monterrey (California), no logró alcanzarlos y decidió explorar la zona de la bahía de San Francisco, hasta que a mediados de septiembre regresó a San Blas.

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FRANCISCO DE LA BODEGA Y QUADRA EN VANCOUVER

Los dos barcos, Santiago y Sonora, navegaron juntos hacia el norte, y el Sonora demostró ser peor barco de lo esperado en aguas abiertas, debiendo de ser incluso remolcado en ocasiones por el Santiago. A pesar de una travesía difícil y sinuosa, los barcos avistaron finalmente la costa de California, el 9 de junio de 1775. Anclaron en la bahía durante dos días, comerciaron con los indios, fundaron el puerto de Santísima Trinidad, y reclamaron formalmente lo que hoy es la bahía de Trinidad, California, antes de zarpar de nuevo.
Siguieron navegando y el 11 de julio, volvieron a avistar tierra, esta vez una tierra verde e irregular, la costa del actual estado de Washington. Anclaron en una bahía y el Sonora, más próximo a la costa fue abordado por nueve canoas de quinault; estos indios les recibieron amistosamente, invitándoles a bajar a tierra e intercambiar objetos.

El 12 de julio, un grupo selecto de hombres del Santiago, formado por el comandante Heceta, el padre Benito de la Sierra, Cristóbal Revilla, el cirujano Juan González y el almirante Juan Pérez, realizaron un desembarco para llevar a cabo el acto formal de la posesión de la tierra conquistada. Llegaron con éxito a la costa y se convirtieron en los primeros europeos que ponían sus pies en lo que hoy es el estado de Washington, tomando formalmente posesión de esa tierra. De ese modo podría ser oficialmente considerada como parte del Virreinato de Nueva España y, por tanto, parte del Imperio español. En una ceremonia, Heceta nombró el lugar de desembarco como Rada de Bucareli (Grenville Bay), en honor del virrey.
Aproximadamente una hora después de tomar posesión, la pequeña lancha regresó rápidamente a la seguridad de los grandes buques. El acto fue un acontecimiento histórico, pero que fue ensombrecido más tarde, ese mismo día.
Cuando regresaron en la pequeña lancha a los dos grandes barcos, la marea había bajado. El Santiago quedó atrapado en una zona de bajíos rocosos y debió de esperar a una nueva marea, a una distancia de una milla. Desde el Sonora, Bodega envió un grupo de desembarco de siete miembros para obtener agua dulce y leña cortada. Cuando la pequeña lancha llegó a tierra, unos 300 guerreros quinault surgieron de la selva y masacraron a los siete tripulantes. Bodega lo vio con horror a través de su catalejo, pero no pudo hacer nada. Varios nativos remaron luego en canoas y trataron de subir a bordo del pequeño Sonora. Bodega entonces ordenó defenderse mediante disparos matando a algunos de los quinault en las canoas, y con una trabajosa maniobra dada la pequeña tripulación restante, y reunirse con el Santiago, que no había advertido la refriega.
Ambos capitanes no tomaron represalias, ya que tenían órdenes de "no ofender a los indios y hacer uso de las armas sólo en defensa propia" y continuar la expedición. Nombraron el lugar como punta de los Mártires y prosiguieron rumbo hacia el norte.

GOLETAS SONORA Y SANTIAGO

Las neblinas y los gruesos mares separaron ambos barcos el 29 de julio de 1775. El Santiago siguió rumbo norte hasta lo que hoy es la frontera entre el estado de Washington y Canadá, que alcanzó el 11 de agosto. En su viaje de vuelta al sur, con sólo el Santiago y una tripulación reducida, Heceta descubrió una gran bahía que penetraba hacia el interior. Trató de navegar en ella, pero las fuertes corrientes lo impidieron, incluso desplegando completamente las velas. Su tripulación era tan reducida que no podían manejar el ancla para esperar mejores condiciones. Escribió que las corrientes turbulentas lo llevaron a creer que era la boca de un gran río o un pasaje hacia otro mar.
Más tarde, encontró el estrecho de Juan de Fuca, llamando a la entrada como bahía de la Asunción, y realizó un mapa de lo que podía distinguir aguas afuera de la barra del río, que más adelante resultará ser el río Columbia. Posteriormente, los mapas españoles a menudo mostraban el estuario del río Columbia, con el nombre de entrada de Hezeta, río de San Roque, y variantes similares.

Tras separase, Bodega y Quadra continuó al mando del Sonora por la costa en dirección norte hasta alcanzar el 15 de agosto las aguas del Sitka Sound cerca de la población actual de Sitka, Alaska. Allí los españoles realizaron numerosos "actos de soberanía", nombrando y reclamando el puerto de Bucareli (Bucareli Sound), puerto de los Remedios y el monte San Jacinto, renombrado como monte Edgecumbe por el explorador británico James Cook, tres años después. Siguieron hacia el norte, reconocieron la ensenada del Susto (Sitka Sound), la isla de San Carlos (Forrester Island) y el cabo de San Agustín (Langara Island). En última instancia llegaron hasta una posición en la latitud 59° norte, casi la estipulada en sus órdenes.

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ENCUENTRO ENTRE BODEGA Y VANCOUVER

Ante la enfermedad del escorbuto que padecían la tripulación y su comandante, por la carencia de alimentos, el 8 de septiembre decidieron reemprender rumbo al sur. Con sólo dos marineros sanos a bordo, el Sonora ancló finalmente en la bahía de Monterey (California) el 7 de octubre 1775, cinco semanas después de que lo hubiese hecho Heceta con el Santiago. Bodega y Quadra y una inexperimentada tripulación nativa de México, lograron sobrevivir a numerosas peligros en su pequeño barco.

Bodega y Mourelle tuvieron que ser llevados a tierra para recuperase. Durante las siguientes semanas los dos comandantes y la tripulación del Sonora se recobraron la salud gracias a los misioneros y a sus compañeros del Santiago. El 1 de noviembre, los dos barcos partieron nuevamente y juntos se dirigieron al sur a San Blas, para informar de sus aventuras y logros al virrey y a Carlos III, rey de España.
Este viaje, aunque costoso en cuanto a vidas de tripulantes, fue históricamente muy importante. Se realizaron tablas y mapas precisos que más tarde sirvieron como prueba de la pretensión de España en el territorio costero de lo que ahora es Monterrey (California), hasta el golfo de Alaska. Disiparon los interrogantes sobre la presencia de comerciantes y asentamientos rusos y tomaron posesión formal de esas tierras de acuerdo al derecho internacional.
Posteriormente Heceta regresó a Europa, luchando en varias batallas navales contra Francia y el Reino Unido. Murió en 1807 con el grado de Teniente General. En su honor, en la costa del estado de Oregón se nombró el cabo de Heceta, donde se sitúa el faro de Heceta.

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CRUZ DE CARLOS III Y CABO HECETA

La segunda expedición a la costa del noroeste americano fue preparada con más cuidado. Esta vez estuvo dirigida por los tenientes Ignacio Arteaga y Francisco de la Bodega y Quadra, a bordo de las fragatas Princesa y Favorita. Con la excusa de su mayor antigüedad se le otorgó el mando a Arteaga aun a pesar de los notables méritos de Bodega, posiblemente por la predisposición en la Marina española a entregar el mando a oficiales peninsulares. Entre los oficiales figuraba el piloto Juan Bautista Aguirre. Su misión era explorar la costa noroeste y no interferir con los navegantes ingleses que asumían que habría en la zona.
La expedición partió el 11 de febrero de 1779, nuevamente de San Blas. Tras completar una gran vuelta en el Pacífico, los marinos se reunieron el 3 de mayo en el puerto de Bucareli, el cual exploraron detenidamente y levantaron varios planos. El 1 de julio, las fragatas se dirigieron hacia el noroeste y divisaron el monte San Elías y la isla Kayak (Alaska), que nombraron como isla de Nuestra Señora del Carmen. A continuación, los barcos recorrieron la costa oriental de la Hinchinbrook Island y descubrieron Port Etches, en donde permanecieron durante una semana.

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ISLA DE QUADRA Y VANCOUVER

Retomando la navegación, tomaron posesión de una bahía situada en el extremo sur de la península Kenai (Alaska), a 59 grados de latitud, que llamaron Nuestra Señora de Regla. Arteaga dio el nombre de Pamplona a un bajo y en la toponimia de la Carta reducida de la costa septentrional de California, trazada por Arteaga y Bodega en 1779, figuran nombres vascos como punta Ureta, punta Eguía, isla de Lángara, etc. En el Plano de la ensenada de Nuestra Señora de la Regla, una de las islas fue bautizada con el nombre de Arriaga.
En general, cartografiaron cada bahía y ensenada en busca del Paso del Noroeste llegando hasta los 59 grados de latitud norte. A causa del mal tiempo, regresaron a San Blas el 21 de noviembre. Este viaje completó el complejo proceso de reclamación del Pacífico noroeste para la Corona de España.
Una tercera expedición partió al año siguiente, en 1780, del puerto de San Blas al mando del capitán Francisco de Eliza a bordo de la fragata Concepción, para explorar la isla de Nutka (Vancouver). Eliza estuvo acompañado por el naturalista Mociño que estudió la flora y la fauna de ese territorio, y por el dibujante Atanasio Echeverría. Trataron con los nativos, fomentando algunos cultivos y realizando el levantamiento cartográfico de diversos puntos de la isla y costas adyacentes.

EXPEDICIONES ESPAÑOLAS EN LA COSTA NOROCCIDENTAL DE AMÉRICA

UNIVERSIDAD DE OÑATE


La Universidad Sancti Spiritus de Oñate fue fundada en 1548 por el gran humanista y promotor del Renacimiento vasco Rodrigo Mercado de Zuazola, siguiendo el modelo de la Universidad Complutense de Alcalá de Henares que auspició el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros.

Este centro de estudios superiores fue la primera universidad que se construyó en territorio vasco, para la enseñanza de teología, leyes, cánones, artes y medicina. El edificio posee estilo plateresco en transición al manierismo puro.

UNIVERSIDAD DE OÑATE POR RODRIGO MERCADO DE ZUAZOLA

La Universidad renacentista de Oñate tuvo su origen en la vocación humanista de su gran promotor y mecenas: Rodrigo Mercado de Zuazola. Fue doctor en leyes y cánones por la Universidad de Huesca, donde fue colegial mayor y catedrático en 1499, y también estudió en la Universidad de Salamanca. Durante su carrera, desempeñó varios altos cargos en las jerarquías de administrativas y eclesiásticas de la Monarquía española: abad de la Colegiata de San Isidro, en León, y de Santa Marta, en Astorga, en 1500; canónigo de la catedral de Zamora y prepósito de la catedral de Valencia, en 1509; asesor del virrey de Navarra, Antonio Manrique de Lara, en 1520; presidente de la Real Chancillería de Granada y consejero real de Carlos V, desde 1525 a 1530; y obispo de Ávila desde 1530 hasta su muerte en 1548.

Zuazola pudo entrar en los ámbitos de influencia y poder de la Corte de los Reyes Católicos, llegando a ser consejero real. Parece que por aquellas fechas hizo un viaje a Nápoles por encargo del rey Fernando. Los intereses italianos del Católico, señor de Cerdeña, Sicilia y Nápoles, y su alianza con el papa Alejandro VI (Rodrigo Borgia) dieron lugar a un fructífero intercambio de gentes, obras e ideas entre las penínsulas itálica e ibérica. Esta tendencia continuó en el siglo XVI, bajo el reinado de su nieto Carlos V, hasta que el Renacimiento hispano fue alcanzando la madurez. En su corte abundaron los secretarios y consejeros reales de procedencia vasca, como Pedro González de Mendoza, Alonso de Idiáquez, Andrés Martínez de Ondarza, Francisco de Eraso o Martín de Gaztelu.

En aquel ambiente del Renacimiento español, Oñate se convirtió en el foco de producción y expansión del Renacimiento guipuzcoano. Destacaron Rodrigo Mercado de Zuazola y Juan López de Lazarraga, dos humanistas naturales de esta villa, que se convirtieron en mecenas de la construcción de notables edificios en la primera mitad del siglo XVI. Lazarraga fue contador de los Reyes Católicos y albacea de Isabel, fundó el Convento de Clarisas de Bidaurreta.

Rodrigo Sánchez Mercado universidad Oñate Iglesia Miguel Arcángel
CAPILLA DE SAN MIGUEL DE OÑATE Y RODRIGO MERCADO DE ZUAZOLA

Zuazola fue el prototipo vasco de hombre del Renacimiento. Un gran humanista que leía a los clásicos, escribía libros en latín, poseía grandes conocimientos en disciplinas como letras, derecho, teología, filosofía y cosmografía, y promovió las artes y las letras, al invertir su fortuna en la construcción de un centro de estudios y templos católicos en su villa natal. Fundó el claustro y la capilla de la piedad de la antigua y gótica Iglesia de San Miguel, entre los años 1525 y 1532. En dicha capilla fue enterrado tras haber hecho construir en ella su mausoleo. Pero su gran obra renacentista fue la construcción de la Universidad de Oñate.

Fue un gran admirador del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, el gran promotor del Humanismo en la España de los Reyes Católicos. Seguía el ejemplo de otros humanistas contemporáneos que habían fundado centros de enseñanza en diversos puntos de la geografía española: el Colegio de Santa Cruz en Valladolid, por el cardenal Mendoza; la Universidad de Alcalá de Henares, por el cardenal Cisneros; o el Colegio de Santiago Alfeo en Santiago de Compostela, por el arzobispo Alonso de Fonseca.

UNIVERSIDAD DE OÑATE

El proyecto comenzó el 6 de enero de 1542, cuando Zuazola realizó una donación de sus rentas y bienes para la financiación formada por 297.687 maravedíes, sus rentas de Vitoria, Salvatierra, Alegría y Oñate, todos sus libros, joyas, y numerosos objetos de culto en plata. Dos años antes, el 23 de abril de 1540, la bula del papa Pablo III extendida en Roma permitía su fundación.

En 1543, comenzaban las obras de construcción del edifico a orillas del río Ubao, con el patrocinio del emperador Carlos V, y con la participación del maestro cantero Domingo de la Carrera y el escultor Pierre Picart.

Finalmente, este centro de estudios superiores fue fundado en 1548 con el nombre de Universidad Sancti Spiritus, para la enseñanza de teología, leyes, cánones, artes y medicina. Es uno de los edificios más relevantes del Renacimiento vasco, de estilo plateresco en transición al manierismo puro, y es la primera Universidad en territorio vasco.

La universidad fue estrictamente católica hasta que en 1869, tras la Revolución liberal de 1868, albergó la Universidad Libre. Más tarde, pasó a manos de los carlistas, quienes fundaron la Real y Pontificia Universidad Vasco-Navarra. A finales de siglo se convirtió en la Universidad Libre Católica, pero cerró sus puertas en 1901.

En la actualidad, desde 1989, el edificio acoge el Instituto Internacional de Sociología Jurídica. En 1931, fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional y es Bien de Interés Cultural.

Entre sus ilustres, la Universidad de Oñati tuvo a Barrio Mier, hombre de confianza de Carlos VII, de decano de Derecho; al dramaturgo Álvarez Cienfuegos de alumno; o al teólogo Lope Ochoa de Oro Iturralde.

UNIVERSIDAD DE OÑATE

Presenta la tipología habitual de este tipo de edificios formada por planta cuadrada articulada en torno a un sobrio claustro central, distribuido en dos pisos de arquerías de medio punto y decorado con medallones que representan a diversos personajes. Al rededor del patio se distribuyen las diferentes dependencias: las lectorías (aulas), el estacionario, el teatro (salón de actos), los despachos, la biblioteca, la capilla, la cocina, el refectorio y las habitaciones para colegiales y estudiantes.

El edificio está realizado en piedra de Oa procedente de las canteras de Zerain, y ocupa una superficie de 1.732 metros cuadrados. Sus arquitectos fueron, posiblemente, Rodrigo Gil de Hontañón o Diego de Siloé.

Sobresalen las gárgolas de estilo gótico en los aleros y las enjutas con escudos y medallones que portan efigies de figuras históricas y mitológicas, incluyendo al rey Carlos I de España y su esposa Isabel de Portugal. La caja de la escalera que comunica las dos plantas se cubre con un artesonado de inspiración mudéjar.

La ornamentación de la fachada principal fue encargada al escultor Pierres Picart, quien realizó los relieves que enmarcan la puerta de entrada. El retablo plateresco tiene gran parecido a la del Convento de las Dueñas de Salamanca. Es un diseño clásico renacentista, compuesto por un arco de medio punto flanqueado a ambos lados por dos pilastrones se añadieron después. Estas dos pares de columnas sobre podio sostienen un entablamento empotrado en el muro, que presenta una rica ornamentación plateresca esculpida con figuras de bulto, relieves y columnillas, y prolongadas con torrecillas que fueron inspiradas en el Colegio de Santa Cruz de Valladolid.

UNIVERSIDAD DE OÑATE

La iconografía del retablo representan valores y virtudes que resultan de la síntesis pagana y cristiana. Son las las esculturas de San Jerónimo y San Agustín (patrones de la teología y la filosofía), ciencias que junto a al derecho canónigo y civil se impartían en la universidad.

Sobre el arco de la puerta de entrada aparece un segundo arco-hornacina con la escultura que representa al fundador, el obispo Zuazola, arrodillado y rezando, imagen que copia de su modelo su la capilla fúnebre en la iglesia de San Miguel de Oñate.

A ambos lados se encuentran sus escudos de armas, y por encima el del Imperio español, que en tiempos de su fundación era Carlos I. Este Habsburgo hizo de Zuazola patrono y protector de la universidad. En las esquinas de las torres laterales se sitúan otros dos pilastrones algo más altas que las de la portada.

El patio de la Universidad desprende un clasicismo y belleza de proporciones. Contiene dos pisos de arcos de medio punto, apoyados en columnas inspiradas en el orden compuesto romano, cuando en la mayoría de los edificios de la época se mantenía aún el arco carpanel en el piso superior, o algún otro detalle de recuerdo goticista.


UNIVERSIDAD DE OÑATE

GEOMETRÍA Y TRAZA DE JUAN DE ALCEGA


General de Marina y caballero de la Orden de Santiago, Juan de Alcega destacó en el campo de las matemáticas y la sastrería en la segunda mitad del siglo XVI. Su gran contribución a la ciencia fue el Libro de Geometría, Práctica y Traça, publicado en Madrid, en 1580.

Esta obra fue calificada por críticos e historiadores como la primera obra de sastrería impresa en España, sirviendo de modelo a otras posteriores y de gran influencia en Europa.

GEOMETRÍA Y TRAZA DE JUAN DE ALCEGA

Juan de Alcega era natural de Fuenterrabía, donde nació aproximadamente a mediados del siglo XVI. Perteneciente a un linaje de marineros cuyo miembro más sobresaliente fue su padre, también llamado Juan de Alcega, general en la flota de la Carrera de las Indias durante las primeras décadas del reinado de Felipe II. Durante la Guerra de Banderizos, el linaje de los Alcega de Fuenterrabía perteneció al bando oñacino, y tenían su casa solar en Hernani.

En la España del siglo XVI, el interés por las matemáticas se desarrolló en dos ámbitos claramente distintos: primero, como disciplina teórica en el seno de la cultura académica (mundo al que no pertenecía Alcega); y segundo, como base de aplicaciones prácticas en diversos campos técnicos y artesanales. Un buen ejemplo de cómo se incorporaron los saberes matemáticos a esa práctica artesanal se encuentra en la que fue la gran contribución de Alcega a la ciencia, se trata del Libro de Geometría, Práctica y Traça, publicado en Madrid, en 1580, en las prensas de Guillermo de Drouy.

Su título completo es Libro de geometria, practica y traça, el qual trata de lo tocante al officio de sastre para sapedir el paño, seda o otra tela que sera menester para mucho genero de vestidos ... y para saber como se an de cortar los tales vestidos, con otros muchos secretos y curiosidades tocantes á este arte, compuesto por Joan de Alcega, natural de la provincia de Guipuzcoa.

LIBRO DE GEOMETRÍA, PRÁCTICA Y TRAZA DE JUAN DE ALCEGA

A pesar de su origen nobiliario, Juan de Alcega era sastre de oficio. Si embargo, debió ser un sastre de alta costura ya que desarrolló su carrera en la Corte de la Monarquía hispánica, cuya sede se había instalado en Madrid durante el reinado de Felipe II. Consiguió este alto cargo, el de sastre de cámara real, no solo gracias a su talento, sino a que contase con influyentes contactos en la Corte, algo muy necesario en aquella época. Entre los defensores del contenido de su obra estuvieron dos sastres empleados al servicio de varios miembros de primer orden de la Corte: Hernán Gutiérrez, sastre de la princesa María Manuela de Portugal; y Joan López de Burguete, sastre del aristócrata y militar Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba, uno de los miembros más poderosos de la Corte de Felipe II.

Como hombre del Renacimiento, Alcega consideraba la utilidad social que suponía la difusión de sus conocimientos técnicos sobre sastrería. Entonces, se encontró con la oposición de los gremios de sastres, que poseían todavía una mentalidad más medieval. Llevado ante el Consejo Real, tuvo que defenderse de algunas acusaciones realizadas por los gremios. En el momento de su publicación, algunas autoridades de la Corte protegieron la obra de Juan de Alcega, que era envidiado por sus detractores. Uno de ellos fue el licenciado Juan de Tejada, auditor general de los Reales Ejércitos, alcalde de la Corte y miembro del Consejo Real, quien ofreció su protección política frente a quiles le criticaban.

También contó con el apoyo de administradores de la Corte de origen vasco, como Goyenechea y Eraso. Pedro de Goyenechea Aguirre fue escribano establecido en Madrid, que actuó como testigo del apoyo que los sastres de la Corte dieron a Alcega. Antonio de Eraso fue secretario del Consejo de Indias y de Guerra en el reinado de Felipe II, siendo hijo ilegítimo del secretario real Francisco de Eraso, de origen navarro. En 1579, se encargó de conceder a Alcega la orden real que permitía la impresión y comercialización del libro durante diez años.

LIBRO DE GEOMETRÍA DE JUAN DE ALCEGA

Como hombre del Renacimiento, Alcega supo cultivar un pensamiento crítico y racional, cuyas fuentes de conocimiento se basaban en la experimentación. Era una persona instruida dotada de importantes conocimientos matemáticos. Al igual que algunos de los sastres contemporáneos y posteriores como Martín de Andújar o el Sastre del Campillo, Alcega estaba fascinado por el arte de la geometría práctica. Creía que sin ella no era posible lograr la perfección de la alta costura. No parece que se trate de una publicación fortuita u ocasional, de hecho, adjunta la aprobación de dos maestros del oficio.

Con una mentalidad crítica y un conocimiento en matemáticas, Alcega desarrolló un método racional y científico de corte para aprovechar las telas de la manera más eficiente. Su objetivo principal fue la racionalización y optimización del empleo de la materia prima necesaria en la sastrería, averiguando la cantidad exacta de tela necesaria para la confección de cada tipo de vestimenta, evitando comprar excesiva tela y reducir las pérdidas innecesarias de la misma, incrementando así la calidad de las prendas confeccionadas y su valor económico. Para ejecutar su método de forma correcta, se necesitaba realizar una serie de cálculos aritméticos y geométricos de forma práctica.

A menudo, se considera que los oficios del siglo XVI permanecían ajenos al campo de las letras y Humanidades, que el conocimiento se trasmitía y aplicaba de forma empírica, y que, en consecuencia, era muy limitada la aplicación de los avances científicos. Sin duda, el propio caso de Juan de Alcega pone en cuestión estas interpretaciones, pues su tratado estaba destinado tanto a sastres como a usuarios, los cuales debían saber leer y escribir, y poseer un mínimo de conocimientos matemáticos.

Por tanto, el libro no estaba destinado únicamente a los sastres, pues también resultaba muy útil para todas aquellas personas que querían comprar telas para hacer sus propios vestidos. Su objetivo era la difusión de los conocimientos y secretos de la sastrería al público en general.

Por otra parte, su espíritu crítico y renacentista le hizo poner a prueba sus conocimientos y técnicas adquiridas durante su carrera profesional, al objeto de ser sometidos a examen y revisión por otros especialistas en sastrería.

JUAN DE ALCEGA

El Libro de Geometría, Práctica y Traça estaba ilustrado por 135 xilografías destinadas a facilitar la comprensión del texto. Se presenta articulado en secciones: hombres, mujeres, clero, etc., y dividido en tres partes:

La primera parte reúne los cálculos aritméticos necesarios para adecuar las medidas de una tela de anchura determinada a otra tela de distinto ancho. Se trata de un interesante apéndice acerca del origen y principio de la vara de medir, abordando cómo pueden reducirse paños y telas. A pesar de que para estos cálculos se suficiente la aplicación de una regla de tres, Alcega realizó todos los cálculos relativos a todas las telas de ancho diferente existentes en el mercado.

La segunda parte incluye los patrones para la confección de diferentes tipos de prendas, describiendo diversos tipos de vestidos y patrones (mantillos de seda, capas, mantos militares, sayas, vasquiñas, etc.). Las diferentes secciones de cada tipo de prenda son dibujadas utilizando proyectos geométricos. Los dibujos de cada sección vienen acompañados de sus medidas. En el encabezado de cada patrón señala el largo y ancho de la tela, es decir, su escala.

La tercera parte explica cómo usar las tablas para reducir anchos y largos de las telas que forman los vestidos descritos. A cada tipo de prenda le corresponde una tabla, y en la misma se indican las longitudes de los retales que hay que cortar en las telas de diferente anchura. Los datos se presentan de modo sistemático, organizados al modo de las coordenadas cartesianas: en el eje x se refieren las diferentes anchuras de las telas, y en el eje y los diferentes largos correspondientes al tipo de prenda que se quiere confeccionar.

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JUAN DE ALCEGA

El obra de Alcega alcanzó un gran éxito no sólo en España, sino también en Europa. De todos los libros sobre sastrería del siglo XVI, el de Alcega fue el único que se publicó en dos ocasiones, pues contó con una segunda edición impresa en 1589, hecho que prueba su interés y demanda. Críticos e historiadores lo calificaron como "la primera obra de sastrería impresa en España", sirviendo de modelo a otras posteriores.

El Libro de Geometría, Práctica y Traza contribuyó de manera crucial en la expansión de la moda española en muchas costes y palacios de toda Europa, empeñadas en imitar el estilo de los monarcas del Imperio hegemónico, un estilo que era símbolo de fuerza, poder y prestigio. Se convirtió en un referente para la sastrería en todos los territorios gobernados por la dinastía de los Habsburgo, como Alemania, Austria, Flandes, el Franco contado o algunos territorios italianos. Algunos ejemplos de la influencia ejercida en los manuscritos de sastrería para aprendices europeos fueron el Libro de patrones de los sastres de la ciudad de Enns, de 1590; el Libro de patrones de los sastres de la ciudad de Leonfelden, de finales del siglo XVI; el Libro de patrones de Jaohannes Stöckel de Linz, en 1713, o el Libro de patrones de Johannes M. Wolfsegger de Linz, en 1724.

En cuanto a su legado en España, continuó siendo una referencia imprescindible en posteriores tratados de sastrería publicados durante los siglos XVI y XVII, como por ejemplo la Geometría y traça para el Oficio de los Sastres, de Diego de Freyle, publicado en Sevilla, en 1583; o el Tratado de Geometría y traça perteneciente al Oficio de Sastres, de Francisco de la Rocha, publicado en Valencia, en 1617.

En la actualidad se han editado ediciones facsímiles del mismo, resultando su consulta necesaria conocer la técnica de confección de las vestimentas del Renacimiento.

LIBRO DE GEOMETRÍA DE JUAN DE ALCEGA

RENACIMIENTO SENEQUISTA DE ALFONSO DE CARTAGENA


Humanista, diplomático, historiador y escritor, Alfonso de Cartagena fue probablemente el más destacado de los prerrenacentistas en lengua castellana y unos de los principales promotores del Humanismo castellano. Su pensamiento filosófico estuvo influido por el filósofo hispanorromano Lucio Anneo Séneca y el Estoicismo pre Renacentista, que expuso en Los cinco libros de Séneca a mediados del siglo XV.

RENACIMIENTO DE SÉNECA POR ALFONSO DE CARTAGENA

Alonso García de Santa María, más conocido como Alfonso de Cartagena nació en Burgos, en 1384, y murió en Villasandino, en 1456. Fue segundo hijo del judío converso Salomón Leví, que fue conocido como Pablo de Santa María y llegó a ser obispo de Cartagena. Estudió artes en el convento dominicano de Burgos, y derecho en la Universidad de Salamanca. Según la obra Claros varones de Castilla, que se publicó en 1486, le define como "fue gran letrado en derecho canónico e cevil", así como un "gran filósofo natural".

Comenzó su carrera como maestresala de la Catedral de Cartagena. En 1415, fue nombrado deán de Santiago y de Segovia, y nuncio apostólico, y ya en 1421 canónigo de Burgos, actuando ese año como embajador en Portugal para conseguir la paz entre los dos reinos.

El rey Juan II de Castilla le envió como diplomático a varias ciudades, siendo su embajador en el Concilio de Basilea de 1432. Allí expuso un famoso discurso, que compuso en latín y en castellano, Propositio... super altercatione praeminentia, de 1434, que reconocía el derecho preferente del rey de Castilla sobre el de Inglaterra. También leyó su obra Defensiorum fidei, que publicó en 1450, que es un alegato en defensa de los judíos conversos.

Mantuvo polémica con Leonardo Bruni el Aretino, que tradujo la Ética a Nicómaco de Aristóteles en 1418, en defensa de la traducción medieval de Roberto Grosseteste, con un prólogo en el que criticaba, tanto desde un punto de vista filológico como desde el filosófico, la antigua versión de Guillermo Brabantinus de Moerbeke, utilizada por los medievales. Moerbeke era un dominico, arzobispo de Corinto, que ejerció gran influencia en la elaboración y difusión del Aristotelismo en el siglo XIII, con numerosas traducciones al latín de obras de Aristóteles. Sus versiones fueron muy utilizadas por santo Tomás de Aquino.

En defensa de esta versión de Moerbeke y en contra del prólogo de Bruni salió Cartagena mediante una carta dirigida a Fernán Pérez de Guzmán, bajo el título Optimus vir Ferdinandus, afirmando que los reproches de Bruni son injustificados.

CATEDRAL DE BURGOS

Estando en Basilea, Cartagena enseñó esa carta a Francesco Piccolpasso, obispo de Milán, que la remitió a Bruni, originando un cruce de cartas. En esta disputa se puso de manifiesto que mientras que Cartagena defendía la terminología escolástica tradicional y la integridad de la doctrina medieval ética y política, Bruni se pronunciaba por la nueva cultura humanista, de la que su prólogo a la Ética fue considerado como manifiesto de lo que debe ser una traducción fiel a los nuevos tiempos.

El conflicto se prolongó cuando Pier Cándido Decembrio se puso a defender a Bruni. Con todo esto, la disputa originó seis textos y diecinueve cartas cruzadas entre Cartagena y Decembrio. Entre otras, el escolástico burgalés escribió Declinationes super translationem Ethicorum, en 1432. A través de este intercambio epistolar, Cartagena reconoció la insuficiencia de su posición, evolucionando su pensamiento desde la Escolástica hacia el Humanismo.

Cartagena estuvo casi seis años en Italia, conociendo a los humanistas más destacados, entre ellos a Eneas Silvio Piccolomini (papa Pío II), quien le llamó "Deliciae hispanorum decus praelatorum non minus eloquentia quam doctrina preclarus, inter omnes consilio et facundia praestans".

En 1440, regresó a España, entonces ya era totalmente partidario del Humanismo renacentista, que propagó desde su palacio de Burgos, convertido en centro cultural para los primeros humanistas castellanos. Se trataba de una escuela pública "de toda doctrina" en la que estudiaron los más doctos latinistas de la España de los Reyes Católicos, como Rodrigo Sánchez de Arévalo, Alfonso de Palencia, Diego Rodríguez Almela y, tal vez, Fernán Díaz de Toledo.

Cuando fue nombrado obispo de Burgos, tuvo como alumnos a Fernán Pérez de Guzmán, moralista y humanista, y a Carlos de Aragón, príncipe de Viana. Pérez de Guzmán incluyó un afectuoso esbozo biográfico en sus Generaciones y semblanzas, en 1450. Cartagena correspondió a su amigo dedicándole su Oracional de Fernán Pérez, en 1454, un pequeño tratado sobre el rezo redactado en 55 capítulos y un ultílogo de virtudes y de la Misa.

RENACIMIENTO DE SÉNECA POR ALFONSO DE CARTAGENA

La producción filosófica de Cartagena se caracteriza por sus versiones de Lucio Anneo Séneca, al que tradujo directamente del latín, a imitación de los humanistas italianos. Fue el primer erudito castellano en atreverse a traducir las obras de un moralista pagano, incluso llegó a glosar e interpretar sus ideas en muchas ocasiones. El Estoicismo de Séneca fue la principal influencia en su pensamiento moralizante y formación escolasticista, que le hizo valorar más a las Sagradas Escrituras que a las profanas.

Así surgió la edición de Los cinco libros de Séneca (De la vida bienaventurada, De las siete artes liberales, De amonestamiento y doctrinas, El primer libro de providencia de Dios, y El segundo libro de providencia divina), que se imprimió en Sevilla en 1491, en Toledo en 1510, y en Alcalá de Henares en 1530.

También publicó una antología de Séneca con el título de Polyanthea (Breve compilación de algunos dichos de Séneca).

Desde 1422, se dedicó a traducir al castellano algunas obras de filosofía clásica: Cicerón (De officiis, De senectute, De inventione), Séneca (Tratados y Tragedias) y Quinto Curcio. El motivo de estas traducciones era acercar el conocimiento de los clásicos a cortesanos y caballeros interesados en las letras aunque estos no sean intelectuales.

Aunque Cartagena fue un ferviente senequista y admirador de los ideales humanistas italianos, manifestó una cierta disconformidad con Séneca o Cicerón. Estas fue una diferencia con respecto a la mayoría de los humanistas italianos de su tiempo, para los cuales todo el legado filosófico de la Antigüedad clásica era digno de admiración acrítica e indiscriminada. Esta relativismo cultural fue debida a su origen judeo-converso, que le proporcionaba una evidente distancia intelectual y emocional con la filosofía clásica.

ALFONSO DE CARTAGENA Y LUCIO ANNEO SÉNECA

Su Rerum in Hispania gestarum Chronicon, que compuso en 1456, es una crónica de la historia de España continuista de las de Flavio Josefo, Floro y Jiménez de Rada. Fue escrita en latín con el subtítulo Anacephaleosis, que caracteriza en Goticismo castellano. En 1463, fue publicada en lengua castellana, traducción efectuada por Pérez de Guzmán y Juan de Villafuerte, bajo el título de Genealogía de los Reyes de España, emperadores romanos, reyes de Francia, pontífices y obispos de Burgos. Esta traducción se compone de un prólogo de presentación y 94 capítulos, de los cuales 7 contienen un compendio de los orígenes de la monarquía en España desde Alarico a los reyes astures y castellano-leoneses y el árbol genealógico de la misma, mostrando su entronque con las monarquías de Navarra, Aragón y Portugal.

Escribió un Doctrinal de Caballeros, compuesto hacia 1444, que consiste en una adaptación de la segunda Partida de Alfonso X el Sabio en cuatro libros de la fe, las leyes, la guerra, galardones y castigos, asonadas, desafíos y retos, torneos, vasallos, maleficios y privilegios.

Las Allegationes... super conquista insularum Canariae, escritas en 1437, defienden los derechos castellanos a la posesión de las islas Canarias.

Compuso, además, algunos tratados de filosofía moral y teología, como Memorial de virtudes; y otras más de tipo humanista, como la Epistula... ad comitem de Haro, compuesta en 1440, donde aconseja una serie de lecturas para la formación intelectual de la nobleza.

INSCRIPCIÓN CON SU HERÁLDICA Y LOS CINCO LIBROS DE SÉNECA

Fue conocedor de las luchas entre nobles y reyes castellanos, y las producidas entre cristianos, judíos y conversos. Para abanar con estos conflictos, propuso una restitución de la Monarquía hispano-visigoda, con un Estado centralizado y autoritario que mantuviera la autoridad y el orden. En este aspecto, Cartagena fue uno de los responsable del acercamiento ideológico de Castilla a León, pues mientras el primero era más democrático y foral, el segundo era más imperial y autoritario. Pero esta actitud en Cartagena era reaccionaria y centralizadora, sino el resultado de resolver conflictos políticos y problemas sociales que de otro modo hubiera sido muy difícil.

Así se pronunció Ottavio di Camillo en su obra El humanismo castellano del siglo XV, publicada en Valencia en 1976:
"Su reformulación de la tradición gótica era un solución pragmática bien meditada que demuestra su razonar crítico, su comprensión de la naturaleza de los problemas y su visión histórica de los mismos."

Con todo, las características del Humanismo castellano de Alfonso de Cartagena son:

1. El desinterés por los textos antiguos y la escasa preocupación filológica acerca de los mismos, que quedó casi en exclusiva en manos de los humanistas italianos.

2. El énfasis en la cultura castellana e hispánica, provocado por los especiales problemas de la sociedad de la época. Fue una actitud cultural de profunda raigambre, que en parte puso las bases de l incipiente nacionalismo sobre el que se constituyó la unidad monárquica de los Reyes Católicos.

3. El acercamiento a la Antigüedad típico de este primer Humanismo a través de un interés por los Padres de la Iglesia, y en especial por San Pablo, lo que va preparando la recepción de las ideas del Erasmismo español del siglo siguiente. En este sentido, el Prehumanismo castellano fue un Preerasmismo, ya claramente visible en la inclinación senequista de estos primeros humanistas de la Corte de Juan II.

Según Ottavio di Camillo, fue el principal introductor de las ideas del Humanismo italiano en España cuando a punto estaba de finalizar la Baja Edad Media:
"De todos los autores y eruditos españoles que vivieron durante la primera mitad del siglo XV, es Alonso de Cartagena quien muestra un conocimiento más profundo de los ideales culturales humanísticos que, desde Italia, se esparcían por el resto de Europa."

Carreras Artau se refirió al carácter estoico de toda la obra de Cartagena en Historia de la Filosofía española:
"Esta afición senequista, que abrió hondo surco en el renacimiento de las letras castellanas, posiblemente fue contagiada al ambiente universitario salmantino por la influencia enorme que en él ejerció don Pedro de Luna; allí pudo recogerla y compartirla Alonso de Cartagena. Por lo demás, la exaltación de Séneca, si bien no en tanto grado como en Castilla, es un rasgo común a todo el Renacimiento europeo."

LOS CINCO LIBROS DE SÉNECA, POR ALFONSO DE CARTAGENA

Alfonso de Cartagena evolucionó de los estudios clásicos hacia una vertiente ética y, finalmente, ascética, pero algunos sostienen que en realidad se adaptó a cada receptor con un mensaje adecuado. Consideraba que el conocimiento distingue al hombre de los animales, pero esta concepción del intelecto no conllevó a una separación entre vida especulativa y activa. Al contrario, trataba de encontrar una aproximación entre ambas vidas que propiciase una reconciliación entre el conocimiento secular y el religioso, así como entre el pensamiento pagano y el cristiano, que fuese favorable tanto para la nobleza como para el clero.

Este afán de conocimiento buscaba una comprensión integral del hombre, donde lo humano y lo divino se armonizasen. En esta pretensión se acentuaron los valores morales de los autores clásicos, considerados más como educadores que como modelos a imitar. La búsqueda por la autorrealización que implicaba suponía que Cartagena había llegado a una plena comprensión del concepto italo-renacentista de humanitas, a pesar que no se encuentre el término en sus escritos.

El fondo moral de esa actitud se consolida en su formulación de la "bienaventuranza" como fin y bien máximo a que el hombre puede aspirar. La función de las artes liberales es la de servir de instrumentos que elevan al hombre a un plano superior de realización espiritual, donde virtudes morales e intelectuales se unen perfecta concordia. Su labor de traducción y anotación de la obra de Séneca se justifica dentro de este planteamiento general de su actitud filosófica. Con ella trataba Cartagena de armonizar la elocuencia pagana con la cristiana, y adaptar ambas a las necesidades del presente.

En este aspecto, los investigadores discrepan. López Estrada le atribuye "un humanismo moral de raíces senequistas e hispánicas, bíblicas y, por tanto, universales", en su obra La retórica en las Generaciones y semblanzas de Fernán Pérez de Guzmán, de 1946. Por contra, Nicholas Round le considera como un representante típico del saber y la cultura medieval, en su obra Renaissance culture and its opponents in fifteen century Castile, de 1962. Round se basó en la inspiración de su pensamiento en las Sagradas Escrituras, en la tradición de los Padres de la Iglesia y en san Jerónimo.

En su obra antes citada, Ottavio di Camillo opinaba que la inclinación de Cartagena hacia las Escrituras no revela, como Round cree, un modo de pensar exclusivamente medieval, sino que se trata de un fenómeno más complejo, cuyo hilo conductor llevaba no solo a la Edad Media cristiana, sino también al pasado judaico del autor. Del mismo modo que los humanistas italianos se enorgullecían investigando los orígenes de sus ciudades, Cartagena lo estaba de la antigüedad hebrea y de la Biblia, expresión de aquella. En momentos de persecución a los conversos por falsa religiosidad, Cartagena se levantó en defensa de la civilización hebrea, a la que consideraba superior a la Antigüedad gentil.

Di Campillo propuso que para entender la polémica de Cartagena con el renacentista italiano Leonardo Bruni sobre el Aristotelismo, hay que tener en consideración no sólo al aspecto textual, sino además otros sobre el significado de la Antigüedad, la responsabilidad y las limitaciones de la traducción de la Ética a Nicómaco, la naturaleza y el valor de los idiomas clásicos y vernáculos, y la función de la elocuencia y el concepto de sabiduría.

Aunque ambos defendiesen dos corrientes diferentes, la teología escolástica y el humanismo renacentista, sus ideas podían encontrar dentro del Humanismo cristiano. Eran dos caminos distintos para llegar al mismo final pues, mientras Bruni utilizaba un latín clásico, accesible a una minoría, Cartagena prefería utilizar el idioma vernáculo en traducciones y obras propias. En este uso del castellano, aparecía englobado en la tradición democrática del Humanismo español, que buscaba no sólo la amplia difusión de sus ideas entre el mayor número de gente posible, sino que esas ideas promovieran una conciencia social e impulsaran una transformación de la sociedad.

PABLO DE SANTA MARÍA

En su obra Oracional, se desarrollan sus ideas sobre el conocimiento y la sabiduría. Sobre significado del conocimiento, Cartagena mantiene ideas muy alejadas de la Escolástica tradicional. La razón está sometida a las condiciones físicas del cuerpo, y así resulta que las afecciones de éste hacen degenerar aquella, pues el intelecto está sometido a la acciones del tiempo y el lugar. De este modo, desarrolló una teoría del conocimiento, inspirándose en san Pablo y en san Agustín, como en otras ocasiones. Según él, todo conocimiento debe partir de los sentidos, que entrega al hombre un saber del mundo creado y visible, pero sólo como medio para alcanzar lo que verdaderamente importa: las cosas invisibles de Dios. Sin embargo, dentro de este esquema, es muy característico de Cartagena la importancia que concede al conocimiento práctico de las cosas humanas, indispensable para una orientación moral de nuestra vida.

Di Camillo, al comentar esta actitud escribió:
"Una insistencia tan consciente en el conocimiento humano y en sus ramificaciones éticas es algo desacostumbrado en un prelado de aquel tiempo, especialmente si se piensa que sus coetáneos consideraban que la forma más noble de conocimiento era aquella que inquiría las primeras causas y principios, o se dirigía a la contemplación de las verdades divinas y de los atributos de Dios."

Indudablemente, esto implicaba un actitud secularizadora que se desviaba del pensamiento establecido.

En una postura semejante se coloca al tratar del concepto de sabiduría, pues en lugar en concebir esta como una conocimiento enciclopédico de cosas divinas y humanas al modo de Séneca o Cicerón, la considera como el esfuerzo humano por acceder a lo eterno y divino. En realidad, y en toda su plenitud, la sabiduría es un atributo propio y exclusivo de Dios; todo lo que el hombre puede hacer es acercarse a él y poner su ánimo en ello. Ahora bien, la idea de que la sabiduría es inalcanzable introduce en su pensamiento cierta relatividad que le da un carácter humano y tolerante. Esto implica que las diferencias entre las distintas sectas religiosas no son imputables a Dios, sino a las deficiencias del conocimiento humano, esencialmente relativo e insuficiente. Quizá en la base de esta forma de pensar se hallan algunas experiencias íntimamente ligadas a la inserción socio-religiosa de Cartagena. No sólo era de origen judeo-converso, sino que parece que su madre no quiso nunca convertirse al Cristianismo, y una experiencia de tal envergadura en la adolescencia le marcó de forma profunda.

Sin duda alguna, la ética fue la parte de la filosofía a que prestó mayor atención, de ahí que abordase la nueva escala de valores de la sociedad en proceso de cambio que le tocó vivir. La primera de esas modificaciones fue la superación de la concepción intelectualista aristotélica, que consideraba como virtud suprema la contemplación de las primeras causas y principios; frente a esta, Cartagena colocó la concepción cristiana con su acento puesto en la fe, la humanidad y la caridad. Esto no supuso un rechazo de la actitud intelectual, sino simplemente su subordinación a las virtudes morales, pues sólo éstas son absolutamente necesarias para la consecución del fin último del hombre. Por otro lado, al mismo tiempo que se pronuncia tan decisivamente a favor de la virtud, no concedió gran valor a su manifestación externa, que admitía estar sujeta a cambios históricos y valoraciones sociales diversas. Una vez más, su origen converso parece situarle en una perspectiva relativista, con amplio margen de tolerancia para los discrepantes.

En esta misma dirección se ubica su concepto de honor, que tiene un carácter extrínseco a la virtud, pues aunque ésta engendra honor, también puede existir sin él. Así lo expresó de forma textual es sus Discursos:
"Como el honor sea una cosa de fuera e estrinseca, e esté más en el que la fase que el que la reçibe... pequeño galardón sería para la virtud... por quanto entre las cosas mundanas el honor es el más alto bien que los omes pueden dar, por ende honor al virtuoso porque no tiene otra cosa mejor que dar."

Al trasfondo judío converso del pensamiento de Cartagena, hay que sumarle la tradición filosófica hispano-judía, donde autores como Isaac Abrabanel y León Hebreo ejercieron una considerable influencia. Se producía así una continuidad entre la Edad Media y el inminente Renacimiento.