FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA HUMANA POR OLIVA SABUCO


Médico-filosófica del Humanismo español, Oliva Sabuco estudió la relación entre la Fisionomía humana y la Psicología, dejando los resultados en Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, en 1587. Consideraba que las afecciones patológicas tienen como origen los estados de ánimo, por lo que fue precursor del método Coué y de la Psicoterapia. En su obra humanística también trató aspectos filosóficos, médicos, astronómicos y políticos.

FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA HUMANA POR OLIVA SABUCO

Oliva Sabuco y Cortázar nació en 1562, en Alcaraz, Albacete. Pertenecía a una familia culta y acomodada, siendo ella la quinta de nueve hermanos.

Su padre Miguel Sabuco y Álvarez había estudiado Derecho en la Universidad de Alcalá de Henares y debió cursar también estudios de Medicina, pues trabajaba como boticario en su villa natal. Entre los libros publicados por el bachiller Miguel Sabuco se encuentran Vera Medicina, Vera Filosofía y un breve tratado Dicta brevia circa naturam hominis, medicinae fundamentum. Como jurisconsulto, Miguel Sabuco fue reformador social, sustituyendo los pleitos entre particulares o colectividades por acuerdos, remediando el pauperismo, mejorando la agricultura mediante la irrigación, introduciendo el cultivo de legumbres y frutos de América, prohibiendo los duelos, ensayando eugenismo y desaconsejando los matrimonios por intereses económicos.

Aunque debía apellidarse Sabuco y Cortázar, en su obra Nueva Filosofía, Oliva aparece firmada Luisa de Oliva Sabuco de Nantes y Barrera, debido a que tomó los apellidos de sus madrinas Bernardina Nantes y Bárbara Barrera.

No existen datos de haber cursados estudios superiores de forma oficial, aunque varios historiadores consideran que se había formado en el Colegio de Madres Dominicas de Alcaraz cuando era una niñas. Durante su juventud, fue autodidacta que asistía a las tertulias científicas dirigidas por el humanista y pedagogo Pedro Simón Abril, maestro de Gramática y Retórica entre 1578 y 1583. En este ambiente ilustrados pudo adquirir conocimientos obre medicina, botánica y ciencias naturales, además de latín, materias que serían determinantes para la elaboración de su obra.

En 1580, contrajo matrimonio con Acacio de Buedo, dedicado a la administración local y perteneciente a la nobleza, con quien tuvo cuatro hijos. Vivió hasta los 83 años de edad, pues falleció en 1646 y fue enterrada en la capilla de Santo Domingo.

SELLO OLIVA SABUCO

La doctrina médico-filosófica de Oliva de sabuco se mezcla la anticipación genial (medicina psicosomática) con elementos míticos tradicionales (idea del microcosmos y del árbol del revés), y las interesantes observaciones, como explicaciones médicas ingenuas.

El núcleo de este ideario fue el jugo nérveo, atribuyendo los estados de ánimo a la influencia lunar. Consideraba que las afecciones patológicas tienen como origen los estados de ánimo, por lo que fue precursora de la Psicoterapia y de la técnica de autosugestión consciente del psicólogo y farmacéutico Émile Coué.

En cuanto a su pensamiento científico y social, Oliva fue inconformista y empírica, pues se enfrentó al dogmatismo y a la rutina terapéutica, y defendió la observación y la experimentación como método clínico, asumiendo también al cerebro como el centro esencial de las funciones fisiológicas. Pero tampoco es que mostrase hostilidad al fervor religioso y a actitudes místicas.

Su obra filosófica más importante fue Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, publicada en Madrid en 1587, doce años después del Examen de ingenios de Juan Huarte de San Juan. El título completo es Nueva Filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada por los grandes filósofos antiguos, la cual mejora la vida y la salud humana. Su portada contiene el subtítulo Escrita y sacada a la luz por Doña Oliva Sabuco y está dedicada a su rey Felipe II.

Esta Filosofía de la naturaleza humana es un coloquio escrito en castellano entre los pastores Antonio, Veronio y Rodonio, sobre temas médicos, filosóficos, agrícolas, astronómicos y políticos. La idea de poner diálogos cultos y algunos realmente ingenioso en boca de tres rústicos, a los llamó "pastores filosóficos", es una reminiscencia de la literatura pastoril, tan acreditada en la época.

NUEVA FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA DEL HOMBRE Y OLIVA SABUCO

Bajo el título general del libro se agrupan cuatro ensayos:

1. Coloquio del conocimiento de sí mismo

2. Coloquio en el que se trata de la contextura del mundo

3. Coloquio de las cosas que mejoran este mundo

4. Coloquio de auxilios o remedios de la vera medicina

El primero de estos ensayos es el más filosófico, aunque en los otros tres también aparecen esporádicas observaciones en esta materia. Quizá lo más interesante en Sabuco fue el enfoque utilizado, siendo un aspecto de novedad y originalidad a toda su obra. A esto se refería en la carta dedicatoria a Felipe II:
"Este libro faltaba en el mundo, así como otros muchos sobran. Todo este libro faltó a Galeno, a Platón y a Hipócrates en sus tratados De natura humana, y a Aristóteles cuando trató De anima y De vita et morte. Falto también a los naturales, como Plinio, Eliano y los demás, cuando trataron De homine. Esta era la filosofía necesaria, y la mejor y de más fruto para el hombre, y esta toda se dejaron intacta los grandes filósofos antiguos."

En estos coloquios, Sabuco pretendió conocerse a sí mismo (nosce te ipsum), y ayudar a que sus lectores se conozcan, norma que los filósofos antiguos consideraban base de toda sabiduría. Así, a través del personaje Rodio, decía que:
"Muchas veces os he rogado que antes que nos muramos mejoremos este mundo, pues hemos vivido en él y nos ha dado hospedaje, y no nacimos para nosotros solos, sino para nuestro rey y señor, para los amigos y patria y para todo el mundo."

El hecho es que los antiguos autores no ofrecieron una doctrina adecuada para el perfecto conocimiento de sí mismos, sino que se limitaron a anunciar el precepto. Por el contrario, Sabuco creía que tenía algo que aportar al respecto y su obra resultaba altamente demostrable.

NUEVA FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA DEL HOMBRE, POR OLIVA SABUCO

En su Nueva filosofía, Sabuco partió de la unidad psicosomática del ser humano. Así estudió sobre todo los efectos de las pasiones, las virtudes y los estados de ánimo en la salud del hombre, con la intención de que "veáis cuánto obran los efectos de la sensitiva para vivir o morir". Se dedicó largamente a examinar los efectos para la salud del enfado, la tristeza, la ira, el miedo, el amor, el deseo, el odio, la desconfianza, los celos, etc., que llegan no sólo a producir la enfermedad, sino en múltiples ocasiones hasta la misma muerte. Después, examinó los efectos positivos para el cuerpo, como son el placer, la alegría, la templanza, la esperanza, el amor al prójimo, la amistad y conversación, etc.

El libro está muy ricamente escrito, con abundantes ejemplos y experiencias personales que van desde el acierto sorprendente hasta el anacronismo absurdo, aunque siempre curioso y entretenido.

La teoría de argumento médico-filosófico es la estrecha vinculación entre lo fisiológico y lo psicológico, base de todo verdadero conocimiento humano.

Según el historiador Benjamín Marcos en su biografía de Sabuco que publicó en 1923:
"... demuestra clara y palpablemente en su obra cómo se coordina la Psicología y la Fisiología, formando el cuerpo de doctrina que se llama Filosofía, y así vemos que en su primera parte nos habla de los sentimientos y afectos del ánimo y de los efectos que producen; y en la segunda, de la naturaleza del hombre y la confianza del mundo."

Para entender esta armonía psicosomática desde el punto de vista filosófico, Sabuco aludió a dos grandes metáforas; la del hombre como "microcosmos" y como "árbol del revés". Ambas terminan dando una importancia al cerebro, pues esta era la "raíz" del ser humano.

Al explicar la metáfora del hombre como "microcosmos" escribió:
"Porque así como en este mundo hay un príncipe, un motor y primera causa, que es Dios que lo crio, rige y gobierna, y de esta nacen todas las otras causas segundas para hacer, mover, causar y criar lo que les fue mandado, así en el mundo pequeño que es el hombre hay un príncipe que es causa de todos los actos, afectos, movimientos y acciones que tiene, que es entendimiento, razón y voluntad, que (es) el ánima, que descendió del cielo, que mora en la cabeza, miembro divino y capaz de todos los movimientos del cuerpo."

En cuanto a la consideración del hombre como "árbol del revés", se expresó así: "Porque como el origen y nacimiento del ánima del hombre fue el cielo, quedose así casi colgado de él, y tomó su principal asiento y silla en la cabeza y cerebro del hombre, como la raíz de las plantas quedó asida, al revés, en la tierra."

Y aún añadió:
"El hombre se dijo árbol del revés por la similitud que tiene con el árbol, la raíz arriba y las ramas abajo; la raíz es el cerebro y sus tres celdas de médula anterior, media y posterior."

NUEVA FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA DEL HOMBRE, POR OLIVA SABUCO

Las dos metáforas significan, por un lado, la unidad del hombre y su vinculación celeste y, por el otro, la importancia de cerebro en los estados de salud y de enfermedad, ya que al ser "raíz" del hombre, en él se encuentra siempre el origen de está o aquella. El núcleo de la doctrina médica de Sabuco es la teoría del juego nérveo: "jugo blanco, que nombran quilo", el cual se elabora mediante tres operaciones: comprensión de boca y dientes, cocción en el estómago y evaporación durante el sueño hasta el cerebro, desde donde desciende al resto del cuerpo, informando la sangre y presidiendo, en general, nuestra fisiología. Si la distribución del "quilo" se desarrolla normalmente, el individuo tiene buena salud, estado de alegría y satisfacción, al que Sabuco llamó "cremento"; si el "quilo" no baja o no se reparte adecuadamente por el organismo, como ocurre en la enfermedad o en la vejez, se produce un estado de "decremento" o tristeza, que puede acabar en la muerte.

En relación con la idea del "microcosmos" y estos estados de aumento y disminución, el bachiller Sabuco veía una curiosa participación del hombre en la vida lunar. Así, escribió:
"También por otra semejanza se dijo el hombre mundo pequeño, porque así como en este mundo todas las cosas tiene vida (otra se en la parte vegetativa sola, como las plantas; ora sea en la vegetativa y sensitiva, como los hombres), todos tienen una reliquia y sabor de la Luna, que están en cremento o en decremento; y así el hombre o está en cremento, que es la salud (recibiendo y aumentando esta raíz principal y haciendo su oficio, que es tomar y dar, con gusto y gana de comer), o está en decremento y enfermedad, dejando y arrojando lo que tenía recibido por dichas caídas, catarros y flujos del príncipe de esta casa o mundo pequeño."

NUEVA FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA DEL HOMBRE, POR OLIVA SABUCO

En la actualidad existe un debate sobre la verdadera autoría de esta obra. Según el criterio de algunos historiadores de inicios del siglo XX, Miguel de Sabuco fue quien elaboró la Nueva Filosofía, pero concedió a su hija Oliva la firma y autoría por amor y vanagloria paternan. Así lo explicaba José Marco Hidalgo en su artículo Doña Oliva de Sabuco no fue escritora, que realizó para la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, en el volumen IX de julio-diciembre de 1903. Entre las razones estaban las altas cualidades intelectuales nada comunes que poseía Oliva, o bien pudiera que estar relacionado por el posible origen converso de Miguel.

NUEVA FILOSOFÍA DE LA NATURALEZA DEL HOMBRE, POR MIGUEL DE SABUCO

CONTROVERSIA DEL ADOPCIONISMO HISPÁNICO


El Adopcionismo es la doctrina según la cual Jesucristo fue un ser humano, elevado a categoría divina por designio de Dios por su adopción, o bien al ser concebido, o en algún momento a lo largo de su vida, o tras su muerte. 
Se trata de un acercamiento interconfesional de la Iglesia mozárabe con la cultura árabe, desde el ámbito de la doctrina Cristológica, que apareció cuando la mayoría de la España visigoda había caído bajo el poder de los invasores musulmanes.

La querella del adopcionismo hispánico fue un debate surgido en el último cuarto del siglo VIII, que enfrentó adopcionistas mozárabes del Califato de Córdoba frente a los encarnacionistas del Reino de Asturias.

Los adopcionistas estaban encabezados por el obispo Elipando de Toledo, el abad Félix de Urgel, el obispo Ascario de Braga y el predicador Migencio. Los encarnacionistas estaban liderado por el abad Beato de Liébana, autor los Comentarios al Apocalipsis de San Juan, y el obispo Eterio de Osma.

controversia teológica Adopcionismo Beato Elipando Jesucristo
CONTROVERSIA DEL ADOPCIONISMO HISPÁNICO

Antes del Cristianismo, hubo al menos dos concepciones más o menos similares, no necesariamente excluyentes la una de la otra, de las cuales puede emanar esta idea:

1. En el pensamiento judío, el mesías es un ser humano elegido por Dios para llevar a cabo su obra espectacular: tomar a los hebreos (un pueblo hasta entonces frecuentemente sometido por otros más poderosos), rescatarlos de la opresión y llevar el Reino de los Cielos a la tierra trayendo paz y prosperidad. En este sentido, el mesías no es el Hijo de Dios tal como lo considera el Cristianismo.

2. En la tradición griega existían héroes elevados a la condición divina después de extraordinarias proezas o hazañas, por medio de la apoteosis. El más importante ejemplo de esto es Heracles, que después de haber sido quemado en una pira es tomado por su padre Zeus para gobernar a su lado. Debido al predominio del Imperio romano, cuya orientación cultural era predominantemente griega, en la época de los primeros cristianos es altamente probable que este ejemplo estuviera a su alcance, a la manera de una historia popular.

Al mismo tiempo, el adopcionismo era psicológicamente interesante para los primeros cristianos, y era fácil identificarse con un héroe como Jesús, un ser humano como cualquiera que es elegido ("adoptado") por Dios y que en consecuencia daba esperanzas de salvación a los propios cristianos, tan humildes ante Dios como su héroe máximo.

Uno de los adopcionistas más famosos fue Teódoto el Curtidor, habitante de Bizancio que llevó la prédica de esta doctrina a Roma en el año 190.

A medida que el cristianismo prendió en las capas superiores del Imperio romano, fue imponiéndose como doctrina el Encarnacionismo, según la cual Jesús desde siempre había sido Hijo de Dios (concretamente la Segunda Persona de Dios). El adopcionismo fue progresivamente arrinconado, a pesar de que teológicamente el Encarnacionismo plantea una serie de dificultades que el adopcionismo no las ofrece (la mayor de ella: reconocer la existencia de varias personas divinas, y al mismo tiempo profesar el monoteísmo).

A lo largo de las llamadas disputas cristológicas, el adopcionismo volvería a ser resucitado, en una versión más refinada, por Pablo de Samosata (en el Siglo III) y por su discípulo Arrio. También fue adopcionista el obispo Fotino de Sirmio, depuesto el año 351 por el Sínodo de Sirmio.

El Arrianismo se transformaría en la herejía más atosigadora que debería afrontar la joven Iglesia en sus primeros siglos. Finalmente, después de la formulación del credo en los Concilios de Nicea (325) y Calcedonia (381), el adopcionismo fue finalmente abandonado.

mapa califato córdoba siglo viii
PENÍNSULA IBÉRICA AÑO 750

La querella del Adopcionismo hispánico fue un debate que se desarrolló en el último cuarto del siglo VIII cuando la mayoría de la España visigoda había caído bajo el poder de los invasores musulmanes. La convivencia entre las dos religiones y sus correspondientes culturas atravesó períodos de especial virulencia. Los pactos iniciales firmados entre los conquistadores y los visigodos permitieron una cierta autonomía religiosa. Pero la situación fue cambiando a contextos de incomprensión y enfrentamiento. La comunidad cristiana se mantuvo fiel a la fe de sus mayores, lo que suponía una incomodidad para las creencias de los nuevos titulares del poder político en la península.

Los cristianos sometidos al poder musulmán, mozárabes, habían establecido su capital en Córdoba, pero manteniendo su fe y sus costumbres, sus creencias y su liturgia. Aunque se influenciaran por ciertos usos orientales en el vestido y en la alimentación.

El rito mozárabe consiguió mantenerse en ciertos lugares de la ciudad de Toledo, era el llamado rito hispánico o visigótico. En la capilla del Corpus Christi de la catedral primada es obligatorio el uso de la liturgia mozárabe, permitida también en las iglesias mozárabes de la ciudad. Ciertos usos de la liturgia mozárabe pasaron de la romana en las reformas del Concilio Vaticano II. El detalle más significativo es el paso de las dos lecturas tradicionales romanas (Epístola y Evangelio) a las tres de la liturgia hispánica (Profecía, Apóstol y Evangelio).

La antigua liturgia hispánica (visigótica) poseía textos que se remontan a San Isidoro de Sevilla y a otros grandes teólogos hispanos. Tenía una gran fuerza hasta que las reformas cluniacenses influyeron en su decadencia, a la que se resistieron los mozárabes toledanos y los de otros lugares. Desde mediados del siglo XI los dos ritos compitieron abiertamente. A pesar de las presiones, el rito hispánico no desapareció del todo, sino que pervivió unido a determinadas comunidades mozárabes.

Fue precisamente el recelo originado por ciertas expresiones de la liturgia lo que representó una dificultad grave a la hora de aceptar como ortodoxo el rito hispano-mozárabe. Daba la impresión de que no era clara la confesión de la filiación divina de Cristo por naturaleza, sino que su relación con el Padre se reducía a la mera adopción.

ELIPANDO DE TOLEDO

El Adopcionismo español se sitúa en el intento de acercamiento interconfesional de la Iglesia mozárabe con la cultura árabe, desde el ámbito de la doctrina Cristológica.

El vocablo "adopción" fue importado de Oriente a Occidente por Teodisco, obispo de Toledo y sucesor de San Isidoro de Sevilla. Teodisco fue depuesto por afirmar que Jesucristo no era Dios con el Padre y el Espíritu Santo (Santa Trinidad), sino adoptivo. Posteriormente, el vocablo pasó a los árabes.

El principal defensor del Adopcionismo fue el monje Elipando de Toledo. Nacido el año 717, se educó en una escuela monacal y pronto se dedicó al estudio y profesión monástica. Se cree que pudo haber recibido influencias de escuelas religiosas sirias. Los sirios habían llegado a la península procedentes del norte de África en la temprana juventud de Elipando, durante la invasión islámica. Entre el 754 y el 800 rigió la sede de Toledo. Combatió contra los intentos de Carlomagno de someter la Iglesia española a la franca.

Elipando, con un arzobispado cuyo vasto territorio estaba bajo el influjo de los árabes, intentó pactar con los mahometanos para quien Jesús era solo un profeta y por lo tanto mero hombre. La doctrina proclamada por el obispo de Toledo es que Cristo, según su naturaleza humana, es hijo adoptivo de Dios. Por lo tanto, en diálogo con los hijos de Mahoma convenía sostener la filiación adoptiva en cuanto hombre, y con los cristianos la filiación natural en virtud de su naturaleza divina.

Para los musulmanes había en el Cristianismo un motivo de escándalo en la Trinidad, ya que parecía incidir en el politeísmo, tres dioses, y así acusaban a los mozárabes. Elipando trató de hacer frente a la acusación acudiendo de algún modo a las raíces arrianas del goticismo. Más tarde, en el Sínodo celebrado en Sevilla el 784 propuso una modificación del Credo en el sentido de que no pudiera decirse que las dos naturalezas se identificaran en la segunda Persona de la Trinidad: Cristo habría "adoptado" la carne como una especie de revestimiento, nada más, sin quebrantar en modo alguno la unicidad divina que Muhammad con empeño había defendido y enseñado.

CARLOMAGNO Y ALFONSO II

La exposición de la doctrina de Elipando también aparece en relación a la refutación de Migencio, predicador que sembró ideas confusas en algunas regiones de la Bética. Su doctrina se conoce por una carta que le escribe Elipando, en contestación a una especie de carta circular, método propagandístico usado por Migencio. Decía el arzobispo de Toledo:
"Leímos tu carta sin poder contener la risa. En ella aparece tu fatua e ignorante locura de tu corazón. Vimos la carta y la encontramos ridícula por la falta de consistencia de tus afirmaciones y no sólo nosotros, sino toda la catolicidad te desprecia por tu pútrida doctrina y te declara digno de anatema... No se puede curar tu enfermedad con fomentos de vino y aceite, sino con un cuchillo de doble filo ha de amputarse podredumbre tan Antigua."

Migencio afirmaba que la Trinidad estaba compuesta de tres personas: el padre David, el hijo Jesús de Nazaret y el Espíritu Santo que era el apóstol San Pablo. Decía también que los sacerdotes mienten cuando se confiesan pecadores siendo en realidad santos y si no lo son ¿porqué se atreven a celebrar los sagrados misterios? Roma, para Migencio, era el único lugar santo, ya que allí habitaba Cristo.

Según Elipando:
"Dios Padre no engendró la carne […] A la manera que ningún hombre engendra el alma de su hijo, sino la carne, a la que se une el alma, Dios Padre, que es espíritu, engendra el espíritu, no la carne. El Padre divino engendra la naturaleza y la persona; el padre humano la naturaleza, no la persona. En el Hijo de Dios subsistía la naturaleza divina antes que tomara la naturaleza humana. […] En una sola persona hay dos substancias: una producida por generación, otra no engendrada. La carne nace de la carne; el alma es propagada por Dios. Si a alguien le place dividir a Cristo en hijo propio y adoptivo, divida de una manera semejante a todo hombre. Pero como repugna a la razón suponer ni en el Hijo de Dios ni en el hijo del hombre dos padres, reconozcamos en uno y otro unidad de personas."

El error adopcionista de Elipando se encuentra en la refutación de la doctrina sobre la segunda persona de la Trinidad, que para Migencio era de la descendencia de David, pero no la engendrada por el Padre. Elipando enfurecido contestó que cómo puede ser el Hijo de Dios, nacido únicamente de la madre y no engendrado por el Padre sin principio. Y, si en la Trinidad nada puede haber que sea corpóreo ni mayor ni menor, cómo se atreven a decir que aquella forma servil es la segunda persona de la Trinidad, ya que el mismo Hijo de Dios, con relación a esta forma por la cual es criatura del Padre dice de sí mismo el "Padre es mayor que yo" (Jn.4,28).

El
 error, admitiendo una diversidad de hijos, uno según la naturaleza divina que es igual al Padre, y otro (inferior) según la natura humana que era hijo de María y siervo de Dios, era una clara herejía.

ELIPANDO DE TOLEDO

Los primeros en responder y poner en duda la doctrina del metropolitano de Toledo fueron Beato de Liébana, abad de Santo Toribio de Liébana, y Eterio de Osma, obispo de Osma. Pertenecían al Reino de Asturias y, por tanto, a la Iglesia libre de la invasión musulmana. Por medio de su rey Alfonso II, acudieron al emperador Carlomagno para que condenase esta herejía. Y así, en un Concilio, presidido por legados del Papa, condenó el adopcionismo. 

En torno al 785, escribían a Elipando manifestando sus dudas por la doctrina expuesta. El escrito lleva el nombre de Apologeticus, más conocido como Los comentarios sobre el Apocalipsis de Beato.

Sólo uno de los obispos hispanos, Félix de Urgel, se atrevió a defender la doctrina de Elipando. Félix era de carácter más razonador e inteligente que el primero y, de hecho, hubo de retractarse. Estando su diócesis en la Marca hispánica (condado de Urgel bajo el dominio de Carlomagno), la doctrina traspasó el territorio peninsular convirtiéndose en una disputa de toda la Iglesia universal. Félix estuvo muchas veces solo frente a escuelas de teólogos que discutían sus tesis y las clasificaban con la etiqueta de heréticas.

La herejía fue condenada solemnemente durante el II Concilio Ecuménico de Nicea del año 787.

Entre los años 786 y 787, el papa Adriano I dirigía una carta a Ascario, metropolitano de Braga, y a Elipando, llamándolos a que abandonen su doctrina. Al no lograrse ninguna retractación, el Papa convocó en unión con Carlomagno (temeroso éste por la ruptura de la unidad del Imperio) un concilio en Ratisbona (792). Allí compareció Félix, quien expuso sus tesis. Habiendo sido convencido de sus errores, Félix marchó a Roma donde compuso una profesión de fe en la que condenaba la doctrina del hijo adoptivo y profesaba que Jesucristo est proprius et verus Filius Dei.

Tras regresar a su sede en Urgel, por invitación de Elipando, 
Félix volvía a caer nuevamente en el Adopcionismo, trasladándose a Toledo, donde tenía mayor apoyo.

Elipando replicó con menosprecio a sus adversarios del norte: "Cómo puede permitirse un monje de Liébana enseñar doctrina a un arzobispo de Toledo." Y a ello Beato pudo replicar con una noticia que desde la época de Dionisio el Exiguo venía circulando por Europa: "... lo mismo que Roma, España tenía un origen apostólico, ya que Jacobo (Santiago), hermano de Juan, había viajado hasta ella antes de su muerte para sembrar allí las primeras raíces cristianas."

En vista de la persistencia, y de las cartas que Elipando había dirigido a muchos obispos germanos y franceses, Carlomagno convocaba otro concilio general con el consentimiento del papa en Francfort, en el 794. Asistieron unos 300 obispos y una representación pontificia. Elipando expuso en un magnífico discurso la fe en litigio. Al terminar preguntó "¿cuál es vuestra opinión?". Las conclusiones dicen que la frase "hijo adoptivo" no solo es desconocida en la antigüedad, sino falsa, porque induce a creer que Cristo no es propio hijo de Dios. 

Elipando y Félix no reconocieron el Libellus Sacrosyllabus compuesto por el concilio. Por ello el nuevo papa León III reunió un sínodo romano en el 799 que pronunció un anatema contra Félix. Este fue convocado nuevamente por Carlomagno en Aquisgrán, donde después de haberle expuesto varios obispos la falsedad de su doctrina, con razones de la Sagrada Escritura, renunciaba a ellas. Elipando murió obstinado en sus doctrinas al parecer en Lyón, donde el emperador había mandado que permaneciera.

COMENTARIOS AL APOCALISIS DE SAN JUAN

Una discusión provinciana llegó a implicar a los grandes teólogos de la época como a Alcuino de York y a Paulino de Aquileya, y a turbar la paz del Imperio carolingio y de la Curia romana.

La serie de concilios convocados para abordar el problema planteado por los españoles, así como las cartas de los Papas que denunciaban el peligro demuestran con evidencia que no se trataba de un problema baladí: concilios de Ratisbona (791), de Francfort (por Carlomagno, 794), de Aquisgrán (799), de Roma (799), de Fréjus (799), etc. Los papas Adriano I y León III y los consejeros de Carlomagno comprendieron la magnitud del peligro y trabajaron para doblegar a los españoles que, con argumentos teológicos y con el acostumbrado recurso a la Sagrada Escritura, a los Santos Padres y a los textos litúrgicos, defendían con sus puntos de vista.

Pero todos pretendían purificar la fe y acomodarla a las exigencias del dogma. Tiene, por lo tanto, razón J. C. Cavadini cuando afirma que lejos de ser esta controversia una señal de la decadencia de la Iglesia visigoda, como algunos han insinuado, es una prueba de su vitalidad y de su apertura hacia el futuro. Es difícil aceptar la opinión del atraso de la teología española del siglo VIII.

En el último cuarto del siglo VII se habían celebrado en Toledo varios concilios entre los que destacaron el XI (675) con un preclaro Símbolo de la fe sobre la Trinidad y la Redención, el XV (688) con doctrinas sugestivas sobre la Trinidad y la Encarnación, y el XVI (693) en el que los padres conciliares abundan sobre la Trinidad. Del texto de este concilio son las palabras con las que Alcuino de York pretendía explicar su idea de la Trinidad en su carta a Elipando. Según aquel concilio, las personas de la Trinidad entre sí no son aliud, sino alius. No son distintas en naturaleza o sustancia, sino en las personas. Son una misma cosa, pero personas distintas. Los teólogos españoles del siglo VIII, sucesores de los grandes escritores eclesiásticos de siglos anteriores como Isidoro, Eugenio, Ildefonso, Julián, etc. contribuyeron positivamente al avance de la reflexión sobre la fe en los temas cristológicos.


ALCURNIO DE YORK

El cisma hispano, que se pudo producir de haberse formado un colegio de obispos adopcionistas en Al-Ándalus, no llegó a materializarse: los sucesores de Elipando y sus adláteres fueron católicos y los mozárabes mantuvieron la fe ortodoxa, en comunión con el papa hasta el último momento. Aparentemente, las conversiones logradas lo habían sido únicamente por el ejemplo personal (en el caso de Félix) o la pura autoridad de un cargo (en el caso de Elipando), y desaparecieron con ellos. Otra consecuencia positiva fue la difusión de las obras de un teólogo hispano singular, Beato de Liébana, popularizado a partir de su refutación del adopcionismo y posteriormente admirado en toda la Cristiandad por su Apocalipsis.

En Hispania, la controversia sirvió como excusa para que el rey asturiano alejara a su iglesia de la influencia de la Iglesia mozárabe, ahora sospechosa de herejía y contagio de las enseñanzas mahometanas. Alfonso II el Casto (791-842) acercó a su reino la influencia franca del Imperio carolingio, al que envió tres embajadas. También la iglesia astur recibió las nuevas formas litúrgicas y teológicas romanas que se abrían paso en la Cristiandad latina, iniciando la ruptura con la Iglesia mozárabe mártir bajo el dominio de los emires de Córdoba. Elipando puede ser responsabilizado del inicio de este proceso que concluiría durante el reinado de Alfonso VI con la reconquista de Toledo, el fin de la iglesia mozárabe y el triunfo romano en la Iglesia española.

COMENTARIOS AL APOCALISIS DE SAN JUAN

INGENIERÍA DE ANCLAS MARINAS DE JUAN FERMÍN DE GUILISASTI


Juan Fermín de Guilisasti fue ingeniero industrial, maestro mayor ancorero e inspector de la Real Fábrica de Anclas de Hernani en 1752, que, después de ejercer el espionaje industrial en las ferrerías de Holanda, pudo introducir las técnicas de fabricación de grandes anclas para buques de guerra de la Real Armada española, convirtiéndose en el mejor maestro ancorero de su tiempo desde su ferrería de Aya.

JUAN FERMÍN DE GUILISASTI

Juan Fermín de Guilisasti era natural de Aya, villa de Guipúzcoa, donde nació en 1705. Pertenecía a un linaje de ferrones y ancoreros establecido en las orillas del río Oria, que se dedicaban a la fabricación de anclas desde siglos atrás. Los primeros años de su vida profesional los realizó, básicamente, en la ferrería del barrio de Arrazubia, en su pueblo natal, situada junto al río que partiendo de las estribaciones del Ernio desemboca en la ría de Orio. Estaba al frente de una de las muchas ferrerías que abastecían de anclas de pequeño y mediano peso a embarcaciones de los astilleros de Pasajes y San Sebastián y que exportaban parte de su producción a Francia e Inglaterra.

En la década de 1730, solicitó a la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas una pensión para realizar una misión de espionaje industrial en las Provincias Unidas de los Países Bajos. El objetivo era estudiar los avances técnicos en el sistema de producción de anclas marinas de gran tamaño de las ferrerías holandesas, entonces a la vanguardia en Europa.

El siglo XVII fue la época de la expansión comercial holandesa por el mundo, despuntando también en la construcción naval que incluía elementos tan necesarios como las anclas, surtiendo de estas herramientas a otros países, como Francia o España. Ya, en el XVIII, los buques de guerra experimentaron un considerable aumento en dimensiones y tonelaje, provistos con mayor número cañones, que necesitaban anclas cada vez más pesadas. Debido a la incapacidad de las ferrerías guipuzcoanas para fabricar piezas de tanta envergadura, los constructores de grandes galeones y navíos de línea tuvieron que recurrir a fabricantes extranjeros.

FERRERÍA DE GRANDES ANCLAS

Por eso, bajo este contexto apareció la figura de Juan Fermín de Guilisasti dispuesto a visitar aquellas ferrerías. En unos meses aprendió los métodos de fabricación de las grandes anclas, incluyendo sus técnicas en soldadura. Difícil tarea tuvo que ejecutar, pues las autoridades holandesas descubrieron sus intenciones, y tuvo que abandonar precipitadamente aquel país ante el riesgo a ser capturado y procesado por espionaje industrial.

Tras completar su misión, Guilisasti pudo regresar al puerto de San Sebastián. Entre los instrumentos que trajo consigo estaban un pescante mayor (brazo de grúa sobre embarcación), un mazo grande de 20 arrobas, y otras herramientas para fabricar grandes anclas. Entre los conocimientos técnicos estaba la utilización del carbón piedra como combustible del proceso productivo, cuyo sistema estaba revolucionando la metalurgia en Centroeuropa. Estos fueron puestos en práctica en su propia fábrica de anclas del barrio de Arrazubia de Aya.

A finales de la década de 1730, su ferrería era la más importante de Guipúzcoa en este sector industrial. Así, las anclas labradas por Guilisasti fueron adquirieron gran fama y prestigio en los astilleros y puertos marítimos de España, no solo por sus dimensiones y formas, sino además por su calidad técnica.

En 1739, consiguió un hito en esta industria al fabricar un ancla de 72 quintales, el más grande construido para un barco español, por lo que fue felicitado por algunos generales del ejército, en ellos el ministro de Marina, Zenón de Somodevilla, marqués de la Ensenada. A partir de este momento, comenzaría a fabricar anclas con destino a los navíos y fragatas de la Real Armada española y la Real Compañía de Caracas, convirtiéndose en el maestro ancorero más importante de España.

REAL FÁBRICA DE ANCLAS DE HERNANI

Ante el creciente aumento de la demanda de grandes anclas por parte de la Real Armada, en 1749, el ministro Somodevilla se interesó por su actividad y programó la instalación de una Real Fábrica de Anclas en Guipúzcoa por cuenta del Estado, con sede en Rentería.

En 1750, se fundó la Real Fábrica de Anclas de Hernani, uniendo las tres ferrerías de Fagollaga, Ereñozu y Picoaga. Por real orden de 1750, Juan Fermín de Guilisasti fue nombrado maestro mayor e inspector técnico de la Real Plaza de Hernani, un sueldo de 40 escudos mensuales. El inspector de anclas residía generalmente en San Sebastián, era oficial de la armada y no solamente hacía inspección en las ferrerías, sino también en los mismos muelles o lonjas antes del embarque. Durante su estancia, reglamentó quince clases de anclas, que variaban entre los 7 y los 12 quintales de peso.

Más tarde, Guilisasti fue apartado del cargo debido, entre otras cuestiones, a los problemas que surgieron con los asentistas de las oficinas, las imperfecciones aparecidas en algunas anclas, y la reestructuración de trabajadores de la fábrica. Esta fábrica estuvo funcionando hasta 1857, por algún tiempo posterior se usó como fábrica de cemento, en la actualidad sólo quedan las ruinas.

TRABAJADORES ANCOREROS DE HERNANI

Guilisasti regresó a su negocio privado en la ferrería de Arrazubia. Su reconocimiento en el sector industrial le sirvió también para asociarse con otros empresarios y armadores. Así, se asoció con Jerónimo de Goicoechea para fundar una sociedad ancorera con sede comercial en Caparrena, Usurbil. Continuó fundando varias fábricas en Guipúzcoa, llegando hasta el número de doce las que funcionaban en 1787, entre las suyas y las de otros industriales.

Gracias a sus resultados en el espionaje industrial, varios talleres siderúrgicos de Guipúzcoa comenzaron a desarrollar anclas de grandes dimensiones, que fueron compradas por todos los astilleros de las provincias del Imperio español e incorporadas a las embarcaciones que construían. No solo distribuían este producto metalúrgico a la Real Armada española, incluso abastecieron al Ejército francés, coaligados con el español a través de los Pactos de Familia, aunque también a Portugal e Inglaterra, evitando su importación desde Holanda.

La trayectoria industrial comenzada por Juan Fermín de Guilisasti fue continuada por su viuda, su hijo Juan Antonio de Guilisasti y su nieto Juan Fermín de Guilisasti, en la fábrica de Arrazubia.

Años más tarde, Juan Fermín de Guilisasti nieto fue nombrado por el Rey Carlos III, inspector de anclas por real orden de Carlos III. Este no sólo simplificó los innumerables tipos de anclas que entonces se fabricaban, sino también sus correspondientes pliegos de condiciones, fijando tolerancias en peso y medida, ensayos de choque, etc.

A fines del siglo XVIII, el número de ferrerías de anclas en Guipúzcoa alcanzaba la cifra de dieciocho, la mayoría estaba establecidas sobre los ríos Urumea, Oria y Leizarán. Aparte de los pedidos particulares, el Estado, en un periodo aproximado de un año, encargo más de 400 anclas por un valor de 1.200.000 reales de vellón. En esta época llegó a fabricarse en Guipúzcoa el ancla mayor que se había hecho en España, el cual pesó 9.560 libras.

El emprendimiento e ingeniería de este industrial guipuzcoano consiguió la implantación de una nueva industria de la marinería en la España del siglo XVIII, en plena Ilustración científica.

JUAN FERMÍN DE GUILISASTI

CONCEPTISMO Y AFORISMO DE BALTASAR GRACIÁN


Baltasar Gracián fue uno de los grandes representantes del Escepticismo clásico español, creador del Aforismo moderno y considerado el mejor ejemplo del Conceptismo que adquirió una formulación filosófica y personal.

Baltasar Gracián Aforismo Conceptismo
CONCEPTISMO Y AFORISMO DE BALTASAR GRACIÁN

Baltasar Gracián y Morales nació en Belmonte de Gracián (Calatayud), en 1601. Tuvo 7 hermanos, algunos también religiosos. Estudió letras en un colegio jesuita de su ciudad. Hacia 1617, residió un par de años en Toledo, con su tío Antonio Gracián, capellán de San Juan de los Reyes, donde estudió lógica y latín. En 1619, ingresó en el noviciado de la Compañía de Jesús, en un colegio de Tarragona donde cursó humanidades. En 1621, regresó a Calatayud, donde cursó dos años de filosofía, especialmente ética, y a continuación teología en la Universidad de Zaragoza.

En 1628, tras ordenarse sacerdote, se encontraba trabajando como docente en el colegio de Calatayud, impartiendo humanidades. Posteriormente, fue trasladado a Valencia y a Lérida, donde explicó teología moral. En 1633, enseñó filosofía en el colegio jesuita de Gandía, y tanto aquí como en Valencia tuvo problemas con correligionarios.

En el verano de 1636, regresó a Huesca como confesor y predicador. En esta ciudad tomó partida en los ambientes cultos, gracias a su amistad con el magnate y mecenas Vicencio Juan de Lastanosa y Baraíz de Vera, quien reunía una importante colección literaria y artística, poseyendo una biblioteca de unos siete mil volúmenes. Gracias a él, Gracián publicó El héroe, en 1637, y mantuvo contactos con algunos intelectuales, entre ellos el poeta Manuel de Salinas y el historiador Juan Francisco Andrés de Ustarroz.


En 1639, fue nombrado en Zaragoza confesor del virrey de Aragón Francisco María Carrafa, duque de Nochera, a quien acompañó a Madrid, donde residió por dos veces entre 1640 y 1641, por lo que frecuentó la corte y trabó amistad con el célebre poeta Hurtado de Mendoza. Durante estos años, ejerció como secretario de Felipe IV y publicó El político don Fernando el Católico, en 1640, y la primera versión de Arte de ingenio, tratado de agudeza, en 1642.

Castigado en parte por sus ideas y escritos, fue enviado a Lérida para ejercer de capellán y combatir a los franceses en el sitio de Lérida de 1636, en el marco de la Guerra de hispano-francesa de 1635-38, y en la Sublevación de Cataluña de 1640.

EL CRITICÓN

En 1642, fue nombrado vicerrector del colegio jesuítico de Tarragona, y dos años más tarde catedrático de teología moral en la Universidad de Huesca hasta 1650. Fue una época en la que más activamente se dedicó la literatura, apareciendo El discreto, en 1646, El oráculo manual y arte de prudencia, en 1647, y la segunda versión de Agudeza y arte de ingenio, en 1648.

En 1651, publicó su obra más conocida, El criticón, que fue firmada con el anagrama de su nombre García de Marlones. Este pseudónimo no pudo evitar el agravamiento de sus problemas con la Compañía de Jesús, que le aplicó una sanción ejemplar. Algunos jesuitas valencianos interpretaron unos pasajes de El criticón como ofensa hacia ellos, lo que provocó nuevos ataques de sus compañeros, que alegaban contenido poco doctrinal en sus escritos, impropios de un jesuita profeso, pues abordaba la filosofía moral desde una óptica profana. Poco después se trasladó a Zaragoza como catedrático de escritura en la Universidad.

En 1655, publicó El comulgatorio, que fue firmada con su apellido, obra que comprende cincuenta meditaciones para la comunión y constituye una valiosa muestra de oratoria culterana. Esta fue la única obra que Gracián publicó con el permiso de su orden religiosa.

AGUDEZA Y ARTE DE INGENIO

Gracián estuvo dotado de gran inteligencia y de una elocuencia a la vez rica y límpida, se generó una reputación como orador y predicador sacro. De carácter orgulloso e impetuoso, y, sobre todo, mucho más hombre de literatura que de religión, volvió a desobedecer en otras dos ocasiones las ordenanzas de su compañía religiosa y publicó las partes segunda y tercera de El criticón, en 1653 y 1657, bajo el nombre de su hermano, Lorenzo de Gracián. El segundo volumen no le costó más que una nueva amonestación de los jesuitas, pero la aparición del tercero supuso su definitiva caída. El rector del colegio jesuita de Zaragoza, Jacinto Piquer, lo castigó a ayuno de pan y agua, prohibiéndole disponer de pluma, tinta y papel y, tras desposeerle de la cátedra que ostentaba, lo desterró a Graus, ciudad del pirineo oscense, en 1658.

El mismo año de 1657, apareció la Crítica de reflexión, violento alegato contra él, firmado por un autor jesuita levantino.

Parcialmente rehabilitado, se instaló en Tarazona, donde su petición de ingresar en una orden monástica le fue denegada por la Compañía, falleciendo a finales de 1658.

El estilo de Gracián, considerado el mejor ejemplo del Conceptismo, se recrea en los juegos de palabras y los dobles sentidos. Cultivó una prosa didáctica y filosófica de forma escueta y de expresión breve, con tendencia a los juegos de palabras, la retórica, la paradoja, la arbitrariedad de su discurso a menudo artificioso y la intención de querer ser original. Dentro de su amplio espectro de lecturas, su autor más influyente fue su contemporáneo Diego de Saavedra Fajardo.

La concepción pesimista sobre el hombre y el mundo predomina en sus primeras obras: El héroe, El discreto y Oráculo manual y arte de prudencia, en las que ofreció consejos sobre la mejor manera de triunfar.

ORÁCULO MANUAL Y ARTE DE PRUDENCIA

En Agudeza y arte de ingenio, teorizó acerca del valor del ingenio y sobre los "conceptos", siendo el concepto una relación entre objetos aparentemente dispares. Caracterizada por su exhibicionismo culterano y su erudición forzada y rebuscada, el libro se convirtió en el código de la vida literaria española del siglo XVII.

A Gracián se le podría considerar filósofo en una concepción amplia de esta disciplina, siendo un moralista que consiguió reunir la sabiduría práctica en máximas, sentencias y aforismos. Un género tan filosófico como literario que se remonta a los Siete Sabios de Grecia, y que perfeccionaron autores como Séneca en sus Máximas, sentencias y aforismos, Marco Aurelio con sus Pensamientos o Plutarco con sus Máximas de reyes y generales.

A cerca de la sabiduría práctica escribió una de las obras maestras del género aforístico, Oráculo manual y arte de la prudencia, posiblemente la obra que ha creado el Aforismo moderno. En ella se encuentra la frase:
"¿De qué sirve el saber si no es saber práctico? El saber vivir es hoy el verdadero saber."

Guiado por la prudencia y la desconfianza, en Oráculo manual analizó las cosas y a los hombres como si llevaran una máscara para ocultar su verdadera naturaleza:
"Hay diferencia entre entender las cosas y conocer a las personas; y es gran filosofía entender los caracteres y distinguir los humores de los hombres. Tan necesario es tener estudiados los libros como las personas."

Para Gracián, lo que a simple vista parece la esencia, es solo una apariencia, porque la realidad suele ser fea e insoportable, hay que camuflarla: "Lo mejor del hombre es parecerlo." Aconsejó al hombre que actuara comedido y controlando la situación: "Nunca obrar apasionamientos: todo lo errará." Por eso, el gran hispanista alemán Ludwig Pfandl escribió que "los escritos de Gracián son productos exclusivamente cerebrales", donde no aparecen elementos emocionales, que dan lugar a su Conceptismo.

Gracián era un hombre de la plana Modernidad buscando la seguridad en medio de las crisis y eludiendo las confrontaciones abiertas con el destino y con lo que el sociólogo alemán llamó "sociedad del riesgo". Su filosofía era la de un hombre acostumbrado a todo tipo de desventuras y desastres en plan decadencia del Imperio español. Por eso, en su Oráculo manual aconsejaba no actuar antes que obrar mal:
"Siempre ven más los que miran que los que juegan, porque no se apasionan."

EL CRITICÓN

Pero la obra cumbre de su pensamiento y producción literaria fue El criticón, donde emprendió una ambiciosa y amplia visión alegórica de la vida humana. Sátira social y tratado moral a la vez, el objeto de esta novela filosófica es el de presentar las miserias y debilidades de la especie humana y mostrar el modo de vencerlas, para llegar a ser una persona honesta y virtuosa:
"Procura tú ser famoso obrando hazañosamente, trabaja para ser insigne, ya en las armas, ya en las letras, ya en el gobierno; y lo que es sobre todo, sé eminente en la virtud. No hagas caso, no, de esa material vida en la que los brutos te enciende; estima, sí, la de la honra y la fama."
Es una obra conceptista, densa, escrita con un lenguaje lacónico, pero repleta de aforismos, sentencias breves, juego de palabras y asociaciones ingeniosas, pero con riqueza de significados. En ella refleja su pensamiento pesimista, como corresponde al Barroco, y su desengaño de la vida, típico de su vejez.

En El criticón, Gracián describió al mundo como un espacio hostil y engañoso, donde prevalecen las apariencias frente a la virtud y la verdad. El hombre es débil, interesado y malicioso, y su vida es frágil e incierta; lo único cierto es el paso implacable del tiempo y la llegada de la muerte:
"Cuando no es otro el vivir que un ir cada día muriendo."

Gracián da consejos al lector para que sepa desenvolverse entre las trampas de la vida: haciéndose valer, siendo prudente y aprovechándose de la sabiduría basada en la experiencia; incluso disimulando y comportándose según las circunstancias y ocasión.

Para el desarrollo de esta obra, utilizó a sus dos protagonistas, Andrenio y Critilo, son símbolos de la Naturaleza y de la Cultura, de los impulsos espontáneos y de la reflexión prudente, respectivamente. Como Gracián partía del supuesto barroco por el cual la Naturaleza es imperfecta, Critilo es quien salva a Andrenio de los peligros del mundo y lo conduce luego a la isla de la Inmortalidad, a través de una serie de lugares alegóricos.

Siguiendo a Heráclito y anticipando a Hegel, afirmó que que la vida es lucha continua entre contrarios, un estado de discordia contrarrestado sólo por la providencia divina. Contradiciendo a la filosofía del progreso de la Humanidad, aseguraba que en la historia no cambiaba, siendo cíclica: "Lo que sucedió doscientos años ha, eso mismo estamos viendo ahora", escribió en el capítulo La rueda del tiempo.

EL CRITICÓN Y ORÁCULO MANUAL

Por todo esto, la obra gracianesca fue traducida a los principales idiomas europeos, teniendo como objeto la filosofía moral. Ha sido considerado un precursor del Existencialismo, y representante de lo que él llamaba Filosofía cortesana.

Ha influido en moralistas franceses del siglo XVIII como La Rochefoucauld, La Bruyère, Joubert o Chamfort, en filósofos alemanes del XIX como Schopenhauer, Lichtenberg, Nietzsche o Kraus, y en el rumano Ciorán en el XX. Todos estos autores filosóficos reúnen una misma inquietud consistente en tratar de vivir de manera auténtica y real, y descubrir las falsedades de la vida cotidiana.

Schopenhauer tradujo al alemán El oráculo manual y arte de prudencia, que leyó Nietzsche, quien dijo en una de sus cartas: "Europa no ha producido nada más fino ni más complicado en materia de sutileza moral." Por lo que Gracián fue objeto de estudio en la universidad alemana. Sin embargo su pensamiento vital es propio de la conciencia de una España en decadencia.