ISABEL BARRETO ADELANTADA DE LOS MARES DEL SUR


América no solo fue cosa de hombres, detrás de la aventura de Cristóbal Colón, estuvo una oleada de mujeres que también probaron suerte a hacer las Américas, pioneras como Isabel Barreto. Esta aventurera, a la altura de Magallanes y Orellana, está considerada como la primera mujer que desempeñó el cargo de almirante de la Armada española, a finales del siglo XVI, durante el reinado de Felipe II. Protagonizó la Expedición a las islas Salomón y las Filipinas.

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ISABEL DE BARRETO ADELANTADA DE LOS MARES DEL SUR

Isabel Barreto de Castro nació en Pontevedra, en 1567. Siendo una niña, se marchó con su familia al Virreinato del Perú, donde conoció al adelantado Álvaro de Mendaña y Neira, con quien se casó en 1585, en Lima. Como tantos aventureros, Mendaña deseaba encontrar el mítico País del Dorado.

A finales del siglo XVI, la mayor parte de América ya había sido descubierta y colonizada, y la búsqueda del deseado Dorado ya había cesado por el desengaño. Es más, se había trasladado a islas del océano Pacífico debido a la mitología inventada por los incas y a la Historia de los Incas escrita por Pedro Sarmiento de Gamboa. Según los incas, existía en el océano Pacífico una isla llena de oro y piedras preciosas llamado Ophir y, para alcanzarlo, Mendaña ya había organizado varias expediciones.

islas Salomón Theatrum Orbis Terrarum Abraham Ortelius
ISLAS SALOMÓN EN EL THEATRUM ORBIS TERRARUM

En 1568, Mendaña descubrió las islas Salomón. Aunque no encontraron oro, en aquellas islas había hecho fortuna, pues trajeron especias como clavo, nuez moscada y jengibre. Pero siempre estuvo convencido de que aquel archipiélago eran realmente las míticas minas de oro del rey Salomón. Estaban a varios miles de kilómetros por mar desde América, navegando hacia el oeste, desde las costas de Perú. Eran cientos de islas, sumergidas en un pasado tan legendario como desconocido. Islas que, en cierto modo, tenían un atractivo interés para los marinos del siglo XVI.

El monarca Felipe II le recibió en su residencia del monasterio de El Escorial y al que había convencido de volver a las Salomón. Según sus explicaciones, no muy alejadas de la realidad, había estado a punto de entrar en contacto con la ignota Terra Australis y, sobre todo, la habitaban millones de almas paganas esperando ser cristianizadas. También anotó a modo de inventario que en la isla de San Cristóbal los ríos eran ricos en oro.

El matrimonio con Isabel Barreto aportó liquidez a la ruinosa hacienda de Mendaña que podría, de esta manera, financiar su nueva expedición. Su objetivo oficial era establecer algún enclave español en aquellas lejanas islas, para impedir que los corsarios ingleses atacaran las Filipinas o la costa americana del Pacífico.

ISABEL DE BARRETO

El virrey García Hurtado de Mendoza patrocinó una nueva expedición. De este espíritu aventurero y ante las expectativas creadas por su marido, Isabel de Barreto se sumó a tan ambicioso proyecto. Mendaña ya tenía casi 50 años, pero tenía el apoyo de una esposa veinteañera de carácter muy fuerte, ambiciosa, firme y autoritaria, quien influyó notablemente en él. De la misma manera, Isabel Barreto le debía su vocación marinera a este navegante.

La expedición se componía de cuatro embarcaciones: el galeón San Gerónimo, nave capitana encabezada por Pedro Fernández de Quirós; el galeón Santa Isabel, capitaneado por Lope de Vega, casado con una de las hermanas de Isabel; el galeote San Felipe, cuyo capitán era Felipe de Corzo; y la fragata Santa Catalina, con Alonso de Leyva a la cabeza. Transportarían a 380 hombres y unas 90 mujeres y niños. Isabel Barreto no fue la única mujer a bordo, aunque no fuese habitual, también marcharon otras y algunos hermanos suyos: Lorenzo, Diego y Luis. El 16 de junio de 1595, partió desde el puerto peruano de Paita.

ÁLVARO DE MENDAÑA Y PEDRO FERNÁNDEZ DE QUIRÓS

El capitán del San Gerónimo y cronista portugués de la expedición era Pedro Fernández de Quirós. Su crónica Descubrimiento de las regiones australes es la principal fuente de información del viaje. Por aquel tiempo, las coronas de España y Portugal estaban unidas bajo el trono de Felipe II, pero este portugués mantuvo constantes enfrentamientos con Isabel Barreto y sus hermanos, con Álvaro de Mendaña, y con el maestre de campo Pedro Marino Manrique. Las desavenencias más notables del cronista las mantuvo con Isabel Barreto, llegando a planear conspiraciones que no triunfaron.

El viaje sufrió continuos infortunios: problemas entre la capitanía y la tripulación, enfrentamientos con los indígenas nativos, peleas entre los mismo españoles, hambre y enfermedades.

El primer archipiélago que encontraron fue el de las islas Marquesas de Mendoza, en homenaje al virrey Hurtado de Mendoza, poniéndoles nombre a las cuatro que divisaron: San Pedro, la Magdalena (Fatu Hiva), la Dominica y Santa Cristina (Tahuata).

En la primera isla, La Magdalena, se vieron rodeados por más de 70 canoas pequeñas en las que se embarcaban varios cientos de nativos. Se produjo un grave enfrentamiento cuando los indígenas trataron de robar el metal que veían ante sus ojos.

En la isla Dominica, tuvo lugar otro enfrentamiento entre nativos y españoles cuando éstos bajaron a hacer la aguada. En Santa Cristina, los nativos les recibieron amablemente dándoles cocos y otras frutas.

ISLAS MARQUESAS

Según escribió el cronista Fernández de Quirós, el 28 de julio, una vez atracados en el puerto de la Madre de Dios:
"... salió a tierra el adelantado y llevó a su mujer Isabel Barreto y la mayor parte de la gente a oír la primera misa que el vicario dijo, a que los indios estuvieron de rodillas con gran silencio y atentos, haciendo todo lo que veían hacer a los cristianos, mostrándose muy de paz. Asentase junto a Doña Isabel, a hacerla aire, una muy hermosa india y de tan rubios cabellos que procuró hacerla cortar unos pocos, y por ver que se recató, lo dejaron de hacer por no enojarla."
La idílica tranquilidad no duró demasiado tiempo ya que volvieron a producirse enfrentamientos entre colonizadores y nativos. El relato de Quirós deja una abundante descripción de los nativos, el paisaje, los frutos y los animales que poblaban las Marquesas.

Tras abandonar este archipiélago, la expedición navegó hacia el oeste pasando por delante de algunas de las islas que posteriormente formarían parte del archipiélago de las Cook y Tuvalu. Durante la singladura perdieron la fragata Santa Isabel, en un día de niebla.

ISLAS SALOMÓN

Con tan sólo tres naves, arribaron en la isla de Santa Cruz (Nendo), que tiene unas medidas de 45 kilómetro de largo por 25 de ancho. Está ubicada en el archipiélago de Santa Cruz, rebautizado como provincia de Temotu, que ocupa un total de 836 kilómetros cuadrados en 200.000 de océano. Este archipiélago está situado a unos 400 kilómetros, al sur de las islas Salomón más septentrionales, las que Mendaña había descubierto 26 años atrás y que no pudo volver a encontrar ya que se había desviado entre 3 y 5 grados al sur en su navegación. Aquella isla de Santa Cruz sería el escenario de una gran batalla naval entre japoneses y norteamericanos, en octubre de 1942.

Finalmente, encontró fondeadero en Bahía Graciosa, al occidente de Lata, la actual capital. Mendaña trabó amistad con el cacique Malope, intercambiando obsequios. Estaba "ataviado con plumajes azules, amarillos y colorados". Los españoles enseñaron a los nativos a mirarse a la cara monstrándoles espejos; a cortarse las uñas con una tijera y a raparse con una navaja barbera. Todo esto durante cuatro días en que Malope respondía con cocos y otras frutas y alimentos.

La tripulación ya mostraba síntomas de agotamiento físico y de hartazgo por explorar islas lluviosas carentes de metales preciosos y riquezas prometidas. El maestre mayor Pedro Marino encabezó un motín de soldados rebeldes contra Mendaña. Deseaban regresar de inmediato a Perú o seguir buscando las codiciadas islas Salomón. Además, en tan solo dos meses de estancia en la isla habían muerto 40 expedicionarios y enfrentado a tribus de nativos hostiles.

La expedición se dividió entre los capitaneados por el maese mayor y los partidarios del adelantado. Mendaña, incapaz de tomar decisiones por enfermar de malaria, delegaba en su esposa Isabel de Barreto, la verdadera directora de la situación.

ISLAS SALOMÓN

Isabel era una soñadora capaz de ajusticiar al rebelde maese de campo y así aconsejó a su marido sobre Marino:
"Señor, matadlo, o hacedlo matar: ¿qué más queréis, pues os ha venido a las manos? Y si no, yo le mataré con este machete."
Mendaña, finalmente, organizó un plan con su mujer y sus cuñados para liquidar a los cabecillas de la revuelta. Así, entró en la choza de Marino y "le dios dos puñaladas, una por la boca y otra por los pechos", rematándolo en el suelo. También recibieron el toque mortal de la espada los seguidores de Marino.

Pero, tras resolver un problema surgía otro: los soldados rebeldes del maestre Marino habían asesinado días antes al caudillo Malope, para generar un ataque de venganza de los indígenas contra todos los expedicionarios y regresar cuanto antes a Perú.

La expedición continuaba asentada en la isla, los tripulantes morían por la malaria y el escorbuto, y los que sobrevivían empezaban a sospechar de la figura emergente de Isabel Barreto ante la falta de autoridad de Mendaña. Estos firmaron un escrito exigiendo al adelantado que "les sacase de aquel lugar y les diese otro mejor, o los llevase a las islas que habían pregonado".

INDÍGENAS GUERREROS DE LAS ISLAS SALOMÓN

Días más tarde, Mendaña fallecía de malaria. Antes de morir, hacía testamento que fue redactado por el escriba Andrés Serrano. Nombró a su mujer Isabel Barreto adelantada de las islas Salomón y del Poniente, recibiendo el cargo de gobernadora y el título de marquesa de las mismas. Su hermano Lorenzo Barreto era nombrado almirante de la expedición y general de las tropas españolas en Santa Cruz.

Así lo dejó escrito Fernández de Quirós:
"Dejó por heredera universal y nombrada por gobernadora a doña Isabel de Barreto, su mujer, porque de Su Majestad tenía cédula particular con poder para nombrar la persona que quisiese."

Isabel Barreto no tardaría en asumir junto a sus tres hermanos el control de la difícil situación provocada por el establecimiento de una ciudad en un lugar inhóspito, falto de alimentos, constantemente acechado por los indígenas nativos, y machacados por la malaria: "Cada día moría uno, dos o tres de los nuestros."

Lorenzo Barreto moría unos días después de un flechazo e Isabel tomaba definitivamente el mando absoluto de la expedición nombrándose adelantada del mar Océano, gobernadora de la colonia de Santa Cruz, y capitana general y almiranta de la flota de su majestad Felipe II.

Según Fernández de Quirós, Isabel era:
"De carácter varonil, autoritaria, indómita, impondrá su voluntad despótica a todos los que están bajo su mando, sobre todo en el peligroso viaje hacia Manila."

ISABEL DE BARRETO

Ante el difícil enfrentamiento con los nativos, la incapacidad de establecer un asentamiento estable, el descontento de la tripulación y un marido y hermano recién fallecidos, Isabel reunió en junta a los supervivientes y acordaron por mayoría absoluta zarpar hacia las Filipinas, confiando en la experiencia marinera del piloto Fernández de Quirós.

Tras avituallarse con alimentos de la isla, el 18 de noviembre de 1595, partía apresuradamente la expedición con 7.000 millas náuticas a sus espaldas. Durante la singladura, dos de las tres naves que zarparon, se perdieron: la San Felipe y la Santa Catalina.

Isabel Barreto gobernaba la nao capitana San Gerónimo, no parecía dispuesta a rendirse: había que llegar a Manila como fuera.

La desnutrición y las enfermedades, especialmente el escorbuto, diezmaron a la tripulación:
"Apenas había día que no echasen a la mar uno o dos [cadáveres], y día hubo de tres y cuatro."
Y, según su crónica, la crueldad de la almirante costó el ahorcamiento de varios marineros que contravinieron sus órdenes. Él mismo expresó su queja de tener que aguantar a aquella mujer que se apoyaba en su cargo para imponer su voluntad bajo pena de acusarlo de desacato:
"No sé qué orden me tenga para que esta señora se aficione a la razón. Debe de entender que yo nací con obligación de servirla y de sufrirla."
De hecho, para él ya era un castigo tener que aguantarla:
"No quiero decir que hice en esta jornada otra cosa buena más de solo sufrir una gobernadora mujer y a sus dos hermanos, y todo estos y más puede el deseo de no ofrecer el nombre del servicio del Rey: que de presente estaba en manos de doña Isabel Barreto."
Durante los tres meses que duraría la accidentada travesía hasta el archipiélago de Filipinas murieron 50 personas a bordo. Varios motines se sucedieron a bordo del barco, pero fueron disueltos por Isabel Barreto, imponiendo su autoridad al mando con mano de hierro.

ISABEL DE BARRETO Y EL PUERTO DE MANILA

La primera tierra en repostar fue la bahía de Cobos. Y, a principios de febrero de 1596, avistaron la isla de Corregidor que protege la bahía de Manila. Entonces, todos aceptaron sus cargos: almiranta, gobernadora de Santa Cruz y adelantada de las islas de Poniente.

El gobernador de Filipinas, Luis Pérez das Mariñas, recibió a lo que quedaba de la expedición, un grupo de marinos famélicos y esqueléticos. Isabel Barreto fue invitada a una recepción solemne en el palacio de Manila. No sólo estaban las más altas autoridades, sino "toda la gente del mar y otras personas de la ciudad vinieron a ver la nao por cosa de ver, así por sus necesidades como por venir del Perú y traer, como se decía, la Reina de Saba de las islas Salomón".

La entrada de Isabel en el palacio del gobernador fue sumamente espectacular:
"Entró de noche y fue recibida con aparato de hachas y bien hospedada."
El relato que hizo la adelantada de su terrible estancia en Santa Cruz y del espantoso trimestre errante desde que salieron de aquella isla causó asombro sobremanera en la capital filipina.

En noviembre de ese mismo año caso en segundas nupcias con el general Fernando de Castro, capitán y caballero de la Orden de Santiago, y primo del gobernador de Filipinas, recientemente nombrado general de la nao de Acapulco encargada de las comunicaciones entre las Filipinas y el virreinato de Nueva España. A él contagió su sueño de encontrar aquellas islas míticas llenas de riquezas y la tierra austral.

La primera ruta comercial estable entre ambos continentes, conocida como Tornaviaje, había sido descubierta por Andrés de Urdaneta un par de décadas atrás, después de la colonización de Miguel López de Legazpi.


En 1597, ambos organizaron una expedición a bordo del mismo San Gerónimo, que les llevó primero a Acapulco, en el Virreinato de la Nueva España, y después a Guanaco, en el Virreinato de la Plata, donde Isabel poseía una encomienda. Posteriormente, regresaron a Perú. Allí, el nuevo matrimonio reclamó los derechos de la encomienda que tenía Mendaña en Guanuco.

Previamente, Fernández de Quirós había logrado del rey Felipe III una Real Cédula que le otorgaba el derecho a regresar y cristianizar las islas Salomón, anulando el título que Isabel había recibido de su primer marido. Fernández de Quirós, como cronista y testigo de la expedición, denunció ante la Corte los abusos y excesos que Isabel Barreto cometió con los indígenas y con la tripulación.

Poco le duró a esta mujer el título de adelantada de las islas del Poniente y primera y última almiranta de la mar Océano: poco más de tres meses; el tiempo que tardó la expedición en realizar el trayecto entre la isla de Santa Cruz y Manila.

Fernando de Castro y ella intentaron recuperar el adelantazgo, incluso llegaron hasta Lima para protestar. Es en este punto donde se pierde la historiografía. Algunos historiadores consideran que regresó a España para reclamar su derechos en la Corte, y que falleció en su Galicia natal. Otros creen que falleció en Perú, en 1612, siendo enterrada en Castrovirreyna. 

No fue Barreto la única protagonista de aquellos días de choque de civilizaciones. Sin embargo, fuera del circuito académico apenas han trascendido sus historias. Una de tantas mujeres que protagonizaron gestas épicas en el Nuevo Mundo y olvidos legendarios en el Viejo.

MINA TERRESTRE MILITAR POR PEDRO NAVARRO


Pedro Navarro fue ingeniero militar, general de infantería, artillería y zapadores y almirante de mar, uno de los fundadores de los Reales Tercios de Infantería españoles, al servicio del rey Fernando el Católico y del general Gonzalo Fernández de Córdoba.

Está considerado el inventor o perfeccionador de las minas terrestres militares de pólvora en Europa a inicios del siglo XVI, un adelantado de la ingeniería militar del Renacimiento al innovar un sistema para demoler muros de fortalezas durante las Guerras de Italia.

MINAS TERRESTRES MILITARES POR PEDRO NAVARRO

Pedro Navarro era natural de Garde, una pequeña villa pirenaica en el valle del Roncal del Reino de Navarra, donde nació en 1460. Siendo un niño se embarcó con unos mercaderes genoveses y pasó al norte de Italia, donde se enroló en algún ejército.

En 1487, participó en la guerra entre las Repúblicas de Florencia y de Génova, sirviendo al Ejército florentino como soldado de base. En el asedio al castillo de Sarzanello, Navarro comenzó a desarrollar su talento en ingeniería militar al construir sus primeras minas de pólvora para demoler fortificaciones y castillos. Sin embargo, su invento no funcionó con la eficacia que esperaba, motivo por el cual se dedicó a investigar el modo de perfeccionarlo y de conseguir el mayor impacto explosivo.

La forma más antigua de mina de pólvora para uso militar es el de fortificaciones. Básicamente consiste en una forma de atacar mediante la excavación de un túnel hasta llegar debajo de las murallas del adversario y socavar sus cimientos. La técnica consistía en realizar una gran cavidad al final del túnel y debajo del muro, apuntalando la mina llena de pólvora el techo, y una vez que tenía el tamaño suficiente, se prendía fuego a los puntales hasta que generase una gran explosión, con lo que los cimientos caían en la cavidad abriéndose una brecha en la muralla y se facilitando el posterior asalto.

La utilización de la pólvora como explosivo para demoler murallas es muy antigua. El minado de fortificaciones se empleó con frecuencia en la antigüedad clásica y después en la Edad Media. Existen referencias escritas en latín por el historiador griego Polibio, quien redactó una ataque con minas del ejército romano a Ambracia. Pedro Navarro volvió a retomar esta práctica militar en las Guerras de Italia a inicios del siglo XVI. Después, se utilizaría de forma esporádica como en el asedio del Alcázar de Toledo en la Guerra Civil española o en la I Guerra Mundial.

Retrato Pedro Navarro españoles ilustres
PEDRO NAVARRO

Mientras tanto, Navarro fue recompensado con la entrega de un buque de mar por el marqués de Cotrón, para el que sirvió en la guerra. Se dedicó al corso por el Mediterráneo, asaltando a piratas otomanos, principalmente en el norte de África, por lo que fue llamado como Roncal el Salteador. Tras se herido durante un asalto a un barco, en 1499, desembarcó en la ciudad de Civitavecchia y abandonó la práctica corsaria naval.

Allí conoció al general Gonzalo Fernández de Córdoba, poniéndose a su órdenes para tomar parte en las Guerras de Italia entre los ejércitos de las Monarquías de España y de Francia. Navarro le ofreció el uso de la pólvora para la creación de artilugios para derribar los muros de los castillos, una técnica casi desconocida en la época.

El general le dijo que aquello era posible porque los chinos, que eran los inventores de la pólvora nunca, nunca la habían utilizado con aquel fin. Entonces, Navarro respondió: "Los chinos no saben usar la pólvora".

El Gran Capitán encargó a Navarro todo lo referente a ingeniería militar en una expedición contra el Imperio otomano en el año 1500, formada por una armada combinada de naves españolas y venecianas.

Escultura Pedro Navarro Garde Gonzalo Fernández Córdoba
PEDRO NAVARRO Y GONZALO FERNÁNDEZ DE CÓDOBA

En 25 de noviembre de 1500, Navarro tuvo la primera oportunidad de probar con éxito sus minas, y logró derribar una parte de la muralla del castillo de San Jorge, en la Cefalonia. También utilizó azufre para quemar a los turcos dentro de sus propias galerías. Sería el inicio de una serie de actuaciones que le otorgaría la victoria a las armas españolas en los castillos y baluartes de Volvió, Casona, Taranto, la Torre de San Vicente y Castilnuovo.

Durante la Segunda Campaña de Italia, entre los años 1500-1504, organizó la defensa de la plaza de Casona con 600 españoles frente al Ejército francés al mando del caballero Bayardo.

En mayo de 1503, se distinguió en la batalla de Ceriñola, por el acierto con que dirigió los fuegos de artillería y arcabuces contra la caballería pesada francesa. Realizó la conquista de Castel Nuovo y Castel d'Ovo, gracias al empleo efectivo de sus minas de pólvora. Además, la toma de Nápoles fue conseguida gracias a la superioridad estratégica de los Tercios de Infantería españoles en el empleo de fortificaciones campaña mediante un sistema defensivo-contradefensivo utilizado por Fernández de Córdoba.

Especial actuación la que Navarro realizó en el castillo de Castel Nouvo, una fortaleza casi inexpugnable al pie de sus torres. Bajo la cobertura de la artillería puso a excavar a los zapadores junto a la muralla, introdujo barriles de pólvora en las minas, una de ellas bajo el polvorín francés, para luego cerrarlas totalmente. Un despliegue de soldados en el campo simula un asalto y la guarnición francesa tomó posiciones en las almenas. Entonces, ordenó prender fuego a la pólvora y el consiguiente estallido desplomó una parte de la muralla, arrastrando en la caída a los defensores ahí situados, por donde entraron luego los sitiadores para rendir finalmente la ciudadela al día siguiente, en mayo de 1503.

A finales del mismo año, estuvo al frente de la infantería española en numerosas acciones en la campaña de Garellano.

castillo Castelnuovo minas pólvora Pedro Navarro
CASTILLO DE CASTEL NUOVO

La masiva destrucción de fortificaciones que producía su sistema de minas de pólvora generó expectación en la opinión pública de toda Europa, por lo que se le reconoció a Navarro, incluso se llegó a denominarle "el inventor de la mina moderna militar". Al regresar a España, fue recompensado por el rey Fernando el Católico con el título de conde de Oliveto (Italia), y ordenado a marchar contra el duque de Nájera, que se había revelado en 1507.

En 1508, por orden del rey, partió desde Málaga en una expedición de limpieza de piratas berberisco por las costas españolas y africanas. El 23 de junio de esa año, conquistó el peñón de Vélez de la Gomera. Posteriormente auxilió desde el mar a la guarnición portuguesa de Arcila.

En 1509, estuvo al frente del ejército que efectuó la conquista de Orán, expedición financiada por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, el arzobispo de Toledo.

En 1510, protagonizó la primera campaña de Túnez, en la que conquistó Bujía, y con ello Argel, Trípoli y otras plazas se sometieron a la autoridad de España.

castillo Castil Ovo minas pólvora Pedro Navarro
CASTEL DE OVO Y PEDRO NAVARRO

En 1512, regresó a Italia para ponerse a las órdenes del virrey de Nápoles, Ramón de Cardona, y participar en la tercera campaña de Italia (1511-1513), formada por una colación entre España, Venecia y el Papa, llamada Santa Liga, para expulsar al Ejército francés.


Navarro se distinguió tomando la inexpugnable ciudad de Bastia en tan solo cinco días. En cambio, fracasó en su intento de tomar Bolonia en poder francés debido a la humedad y al escaso tiempo disponible para preparar sus minas que demolerías las murallas. Este fracaso inicial terminó en su captura por el Ejército francés al mando del caballero de Labrit y hecho prisionero durante la batalla de Rávena.

Tras tres años de intento de rescate por parte de Fernando el Católico, se puso al servicio de Francisco I de Francia. Mediante misiva, Navarro escribió al rey Fernando explicando la renuncia a sus servicios, devolviendo el título de conde de Oliveto y la insignia de general español. El Católico le contestó que "podía hacerlo, pues era libre".

Está considera el iniciador de la escuela francesa de fortificación. Siendo general, organizó la Infantería francesa al mismo modo que la española. En 1515, tomó parte de la Cuarta Campaña de Italia, en la batalla de Marigano contra la infantería suiza al servicio del virrey de Nápoles, invasión del Milanesado, se apoderándose de las plazas de Novara, Vigenaro y Pavía. Se le considera el inventor del fuego a la voz por filas, utilizada por primera vez en esta batalla.

castillo Castelnuovo minas terrestre pólvora Pedro Navarro
CASTEL NUOVO

Tras este auge militar en el Ejército francés llegó su caída frente al español del cual provenía. Así, durante la Quinta Campaña de Italia, entre los años 1521 y 1522, fue derrotado en la batalla de Bicoca y hecho prisionero en la toma de Génova por las tropas del emperador Carlos V. Navarro estuvo encerrado en el castillo de Castelnovo durante tres años. Por el Tratado de Madrid de 1526, fue liberado junto a Francisco I, apresado en la batalla de Pavía. La fortaleza de Castel Nuovo fue el escenario de su prisión nuevamente, tras ser apresado en el asedio de Nápoles al mando del general Lautres y del marqués de Saluzzo.

En 1528, murió todavía prisionero a los 68 años en el castillo que él había conquistado 25 años antes. Al día siguiente de su muerte los españoles escribieron el siguiente epitafio:
"Ilustre capitán español muerto al servicio de los franceses."
El duque de Gesa, sobrino del Gran Capitán, construyó un sepulcro para Pedro Navarro junto al del general Lautrec en la iglesia de Santa María la Nueva.

Era navarro ordinario en su dura traza, codicioso de fortuna, y bastante obscuro en su trato; fue infiel a su patria y a su rey, pero seguramente no lo hubiera sido si la envidia no hubiera estorbado su rescate.

Pintura Nápoles castillo Castel Nouvo
PUERTO MARÍTIMO DE NÁPOLES

TRATADO MEDICINAL DE DIOSCÓRIDES POR ANDRÉS LAGUNA


Andrés Laguna fue médico helenista, farmacólogo, botánico y humanista, del siglo XVI. Su gran aportación universal a estas ciencias fue su tratado Pedacio Dioscorides Anazarbeo. Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos, publicado en 1555.

TRATADO MEDICINAL DE DIOSCÓRIDES POR ANDRÉS LAGUNA

Andrés Fernández Vázquez de Laguna nació en Segovia, en 1499. Su padre fue el médico Diego Fernández Laguna, y a él debió probablemente su vocación por la medicina, pues la ejerció en Segovia con evidente prestigio. Era un seguidor de la doctrina humanista de Desiderio Erasmo, como solía ocurrir con otros judeoconversos españoles, como por ejemplo Juan Luis Vives.

Siguiendo los testimonio de la época, L. Martín Marcos describió a Laguna de forma física en su monográfico El médico segoviano Andrés Laguna, figura universal del siglo XVI, para su obra El Adelantado de Segovia. Le describió de esta manera:
"De facciones enérgicas, nariz larga, barba negra, bien poblada, mirada fija y penetrante y cabeza bien formada. El atuendo al tipo de un personaje de su tiempo: gorra de terciopelo, tabardo con forros de piel, mangas acuchilladas y jubón hasta el cuello blanco de la camisa, alto y vuelto."

PEDACIO DIOSCORIDES ANAZARBEO, POR ANDRÉS LAGUNA

Laguna estudió dos años de Filosofía en la Universidad de Salamanca donde obtuvo el grado de bachiller.

En 1530, marchó a París, donde estudió Medicina y Filosofía en el Colegio de Francia, que entonces se consideraba innovador frente a la más conservadora Universidad de Sorbona. Allí tuvo como maestros a Pedro Danes, Jacques Toussaint y Juan Gédida en Filosofía, los cuales eran discípulos de Guillaume Budé y Láscaris. En Medicina tuvo como maestros a Silvio, Juan Winter y Juan Ruelio, autor de uno de los primeros Tratados de Dioscórides en latín, y de quien posiblemente recibiera Laguna la inspiración de elaborar uno en lengua española. Durante su estancia parisina, también estudió lenguas clásicas, y leía en el original al médico Dioscórides.

En 1534, se graduó en Medicina con el grado de bachiller. Al año siguiente regresó a España, manteniendo contactos con la Universidad Complutense de Alcalá, de Henares.

Viajó a Inglaterra, viviendo algunos años en Flandes, en la ciudad de Gante, a petición del emperador Carlos V, y haciendo herbolarios en todos los lugares a los que iba, para comprobar las prescripciones de Dioscórides.

Desde 1540 a 1545, residió en Metz, contratado como médico por la ciudad junto a su maestro Juan Winter para asistir a los enfermos de peste. En 1542, invitado por la Universidad de Colonia, pronunció el discurso Europa sese discrucians, defendiendo la unidad europea, y aludiendo a la paz.

Durante su estancia, estuvo a cargo de la labor de los furrieles y del alojamiento de la Corte, interviniendo en el funcionamiento administrativo y económico del Ejército imperial de Carlos V. Este cargo le llevó a contratar el suministro de 15.000 ducados de vituallas, adaptándose de manera rápida y con éxito a la actividad mercantil.

ACERCA DE LA MATERIA MEDICINAL, POR ANDRÉS LAGUNA

Desde 1545 a 1554, permaneció en Italia, principalmente en Roma, aunque haciendo continuos viajes por la península. Fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Bolonia. El papa Pablo III le nombró soldado de San Pedro, caballero de la Espuela Dorada y conde Palatino; y, desde 1551, fue médico del papa Julio III. Allí comenzó su tratado médico de Dioscórides, al que dedicó todos sus esfuerzos.

En Venecia estuvo hospedado en casa del embajador español Diego Hurtado de Mendoza, humanista propietario de una nutrida biblioteca y entró también en contacto con estudiosos como Páez de Castro y el cronista real Jerónimo Zurita, que le prestaron manuscritos valiosísimos en lengua griega.

En 1554, volvía a Flandes, esta vez a la ciudad de Amberes, donde estuvo tres años. A finales de 1557, regresó a su Segovia natal. Dos años más tarde, enfermó de la causa que le produjo a la muerte, al parecer durante una comitiva que iba a recibir a Isabel de Valois en Guadalajara, prometida de Felipe II. En esa ciudad falleció, y sus restos están depositados en la iglesia de San Miguel de Segovia.

Laguna fue anatomista, epidemiólogo que contribuyó a enriquecer el conocimiento médico general, pues en su tiempo existió en la Europa del Renacimiento una revisión didáctica del saber, dando un orden al contenido de la materia médica con elaboraciones propias. Se trata de un médico filósofo, perteneciente al grupo de los teóricos y filosóficos sobre la naturaleza de la medicina.

ACERCA DE LA MATERIA MEDICINAL, POR ANDRÉS LAGUNA

Fue médico personal de los Austrias Mayores: Carlos V y Felipe II. Y consiguió que Felipe II promoviera la fundación del Jardín Botánico de Aranjuez, junto al palacio que se estaba construyendo allí. Como el gran monarca español también era proclive al desarrollo de las humanidades y las ciencias, también estableció este tipo de plantaciones botánicas y centros destilatorios en Madrid, en el Pardo, en Valsaín y en monasterio de El Escorial.

Laguna trató temas literarios, históricos, filosóficos, políticos y sobre todo médicos. Tradujo y publicó varios libros de autores médicos, especialmente de Galeno y Aristóteles, cuyas ediciones van anotadas y comentadas por él. De estas obras destaca el Abecedario de los dogmas o sentencias de Galeno sobre Hipócrates. También tradujo las Annotationes in Dioscoridem Anazarbeum, basadas en el Dioscórides de su maestro parisino Jean Ruelle de 1516, y que fue publicada en Lyon, en 1554.

Al margen de aquellas traducciones, sus obras medicinales principales y originales son:

Anatomia Methodus, sive de sectione humani corporis, en 1551

De articulari morbo Commentarius, en 1551

Methodus cognoscendi extirpandique excrecentes in vesicae collo corunculus, en 1551

Discurso breve sobre la cura y preservación de la peste, en 1556

Otras como Europa heautentimorumene; Sobre la vida de Galeno; Tratado de pesos y medidas medicinales; Viaje a Turquía (1557), etc.

PEDACIO DIOSCORIDES ANAZARBEO, POR ANDRÉS LAGUNA

Pero sería la traducción y comentario del tratado de Dioscórides su principal aportación a la medicina universal. Se trataba de la confirmación escrita de muchos años de investigación, publicándola con el nombre original griego Pedacio Dioscorides Anazarbeo, seguido del amplio y explicativo subtítulo Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos. Traduzido de lengua griega, en la vulgar castellana illustrado con claras y substantiales annotationes, y con las figuras de innumeras plantas exquisitas y raras, por el doctor Andrés de Laguna.

Su estudio de las materias primas y de las sustancias con propiedades terapéuticas de origen natural fue dedicado a Felipe II y publicado en Amberes, en la imprenta de Juan Lacio, en 1555, seguida de cuatro ediciones en Salamanca en el siglo XVI y seis en Valencia durante el siglo XVII.

Pedacio Dioscórides había sido un cirujano griego del siglo I, que acompañó a los ejércitos romanos de Nerón, Calígula y Claudio. Su tratado médico fue probablemente el más importante de esta materia del periodo clásico grecorromano, junto al de Galeno o el de Aristóteles. Reunía todos los conocimientos sobre la botánica y su aplicación para la medicina descubiertos en el área del Mediterráneo.

Tras la caída del Imperio romano de occidente, el tratado se pudo conservar en el Imperio bizantino y desde allí se difundió al mundo árabe, muy singularmente Al-Ándalus. Durante la Baja Edad Media, la Escuela de Traductores de Toledo se encargó de traducirlo del arábigo al latín, pero se trataba ya de una versión engrandecida con aportaciones orientales e hispánicas, y desde la ciudad castellana fue difundido a la Europa occidental cristiana. Por el contrario, en los escritorios de las abadías europeas, el tratado de Dioscórides se fue contaminando con ideas supersticiosas.

Frente a esta versión medieval contagiada de recetas mágicas y creencias sobrenaturales, Laguna elaboró un pensamiento racional y un método experimental. Por ejemplo, extrajo veneno de víboras y se lo inoculó a diferentes animales para observar sus efectos. Además, fue un médico con conciencia social que se preocupó por la salud pública, por ejemplo, denunciando el alcoholismo que sufrían personas de todos los estamentos sociales.

Fue un avanzado a su época por luchar de frente a las corrientes antiheréticas y supersticiosas teniendo el cuenta que, en la Europa protestante del siglo XVI, se estaban escribiendo novedosos libros sobre brujería y desarrollando una mentalidad inquisitorial contra los herejes.

Entrado el Renacimiento, las versiones medievales europeas del Dioscórides, escritos en griego y latín, fueron traducidas a las lenguas vernáculas: al flamenco, en 1520; al italiano, en 1542; al alemán, en 1546; al francés, en 1553; y al español, en 1555. Mayoritariamente, estos textos estaban acompañados de una amplia exposición iconográfica y pictórica.

ACERCA DE LA MATERIA MEDICINAL, POR ANDRÉS LAGUNA

Laguna basó su traducción en la versión italiana, con comentarios a la Materia medicinal, que había hecho Pietro Andrea Mattioli de 1544, y su versión latina de 1554, y redactó sus comentarios durante sus años de permanencia en Italia, entre 1545 y 1554. Pero también utilizó otras fuentes, pues desde su contacto con Jean Ruelle en su etapa universitaria parisina y el estudios de sus Annotationes in Dioscoridem Anazarbeum, en 1554, siempre se había interesado por la obra de Dioscórides, y le indujo sin duda a recopilar cuantas ediciones en griego, latín o lenguas vulgares iban saliendo de las prensas europeas. En su estancia prolongada en diferentes ciudades alemanas debió de consultar y adquirir ejemplares de los herbarios germánicos que por esas fechas se estaban publicando.

Toda aquella recopilación de conocimientos reunidos durante su carrera profesional le prepararon y motivaron a la traducción a la lengua española de tan completa y necesaria obra, según escribió en la Epístola nuncupatoria, al inicio del libro:
"Viendo que a todas las otras lenguas se había comunicado este tan señalado autor, salvo a la nuestra española, que o por nuestro descuido, o por alguna siniestra constelación, ha sido siempre la menos cultivada de todas, con ser ella la más capaz, civil y fecunda de las vulgares; y teniendo entendido los graves inconvenientes que sobrevenían a cada paso, así en aquellos vuestros reinos de España como en otras partes por la ignorancia de la materia medicinal, resolvíme de hacerle de griego español, de ilustrarse con comentarios y con las figuras de todas las yerbas, sacadas a imitación de las vivas y naturales, en beneficio inmortal de toda la patria."
Pero no sólo se propuso traducir este libro del griego al romance español, sino ampliarlo con sus conocimientos. Incluyó las observaciones sobre plantas y sus aplicaciones prácticas que logró verificar durante toda su vida, por los diferentes países que viajó, además de algunos de los remedios traídos desde el Nuevo Mundo descubierto y aceptados ya por la terapéutica del momento.

Estas ampliaciones fueron descritas por Teófilo Hernando en su capítulo El doctor Andrés Laguna, médico; perteneciente a su obra Discursos sobre Europa, publicado en 1962:
"… desde las del espino de majuelas y las plantas resineras que recogió en Segovia durante su infancia, la del erisimo, observado en París veinte años antes, las muchas examinadas en jardines y campos durante su estancia en Italia, hasta las últimas, estudiadas en Bélgica el mismo año de la publicación del Dioscórides."
Además, Laguna rectificó a Dioscórides en más de 700 puntos de su obra original, y señaló los errores cometidos por Ruelle.
"… con un antiquísimo códice griego, y manuscrito del mismo Dioscórides, por medio el cual restituí más de 700 lugares en los cuales hasta agora tropezaron todos los intérpretes de aquel autor, así latinos como vulgares; por donde se puede justamente alabar toda España que le tiene ya transferido y más fielmente en su lengua española, como jamás se vió en la latina, lo cual podrán fácilmente juzgar aquellos que quisieren conferir mi traslación con todas las otras."
Consideró vigentes la teoría de los cuatro humores, pero se mostró escéptico respecto a la alquimia, rechazando cuanto no tuviera confirmación empírica, excepto lo referente a productos americanos, como el antisifilítico guayaco. Los textos estaban ilustrados con 648 iconografías y dibujos sobre plantas, animales y minerales con efecto terapéutico, facilitando al lector la identificación práctica.

ACERCA DE LA MATERIA MEDICINAL, POR ANDRÉS LAGUNA

La obra se compone de seis volúmenes organizados de forma temática, según la morfología y terapia de los contenidos, y a su vez cada volumen esta dividido en gran cantidad de capítulos:

Volumen 1. Medicinas aromáticas, aceites, ungüentos, árboles y los licores, gomas y frutos que de ellos nacen. 147 capítulos y 102 ilustraciones

Volumen 2. Animales, miel, leche, enjundia, las legumbres y la hortaliza, añadiendo todas aquellas yerbas que se muestran al gusto agudas, como son los ajos, las cebollas y la mostaza. 177 capítulos, 180 ilustraciones

Volumen 3. Raíces, zumos, yerbas y simientes domésticas y ordinarias a la vida del hombre, como de las medicinales. 170 capítulos, 166 ilustraciones

Volumen 4. Otras especies de plantas y raíces. 194 capítulos, 192 ilustraciones

Volumen 5. Toda suerte de vinos y minerales. 140 capítulos, 5 ilustraciones

Volumen 6. De la facultad y fuerza de los venenos, y de los remedios saludables contra ellos. 69 capítulos, 3 ilustraciones

Todos los capítulos se estructuras según este esquema:

1. Nombre científico de la planta adaptado del griego al español, cuya raíz solía ser la misma en varios idiomas. Laguna solía elaborar unas Tablas universales de todos los nombres que en la obra presente según varias lenguas ocurren. La Tabla de los nombres castellanos entre los quales van algunos estrangeros, pero españolizados, contiene 1379 términos, generalmente plantas, que hacen referencia al lugar del libro donde se desarrolla la explicación.

2. Texto de Dioscórides, y con anotaciones marginales de las variantes encontradas por Laguna en los textos consultados.

3. Sinónimos de los nombres de cada planta en los idiomas en que esa planta se conocía, y que Laguna pudo averiguar: griego, latín clásico, latín bárbaro (usado por médicos y boticarios), árabe, castellano medieval (en el caso de que no coincida con el encabezamiento), portugués, catalán, italiano, francés y alemán.

4. Comentario al texto de Dioscórides, tanto botánico como terapéutico, e incluso anecdotario sobre la planta, que a veces resulta alargarse si abarca variantes de la planta, términos, transcripciones, dibujos, etc.

5. Grabado xilográfico del dibujo de la planta o animal, encabezado por el nombre latino. 648 representaciones de las plantas, casi todos en los cuatro primero volúmenes, debido a la dificultad de dibujar vinos, minerales y venenos en los dos últimos.

Cada volumen se complementa por varios documentos adicionales, añadidos por Laguna o por el impresor: tablas, licencias reales, privilegios, dedicatorias y epístola nuncupatoria, grabados, prefacios de Dioscórides y anotaciones de Laguna a dichos prefacios.

ACERCA DE LA MATERIA MEDICINAL, POR ANDRÉS LAGUNA

El tratado Acerca de la Medicina de Laguna fue realmente sobresaliente por la calidad de los conocimientos expuestos, por la precisión de las observaciones, y por la sencillez y facilidad de su comprensión. Así, los científicos españoles que no sabían latín pudieron consultar este compendio botánico y medicinal, su tenencia fue obligatoria en las boticas, su vigencia se mantuvo hasta el siglo XVIII, y propició el asentamiento de la nomenclatura botánica en español.

Pero este glosario multilingüe de nombres de plantas escritos en una decena de idiomas tenía su objetivo final la lectura y comprensión de la planta descrita por personas de diversos países, no necesariamente especialistas, sino cualquiera medianamente cultivada que desease profundizar en el mundo de las plantas medicinales, la flora de una región o la terapéutica.

La aportación de Andrés Laguna fue reconocida por un autor tan prestigioso en el campo de la historia de los herbarios como es Frank J. Anderson. Gracias al relanzamiento de la ciencia durante la Ilustración española del siglo XVIII, el médico Francisco Suárez de Ribera actualizó la obra de Laguna.

En el siglo XX, el botánico Pio Font Quer publicó Plantas medicinas. El Dioscórides depurado, en 1962, que excluía las creencias farmacológicas renacentistas de Laguna, utilizándose como guía de casera de la terapéutica familiar. En su prólogo realizó una reconocimiento al médico segoviano:
"Queríamos dar descripciones acabadas de las especies medicinales…, pormenores detallados de las condiciones en que medra la planta y de las localidades en que se cría…, relación de los principios curativos y de su localización en el vegetal; datos, lo más completos sobre sus virtudes; para terminar con la historia de la planta en sus relaciones con el arte de curar, por lo menos a partir de Dioscórides, y tomando del de Andrés de Laguna cuanto de profundo o gracioso contiene este famoso autor renacentista."

ACERCA DE LA MATERIA MEDICINAL, POR ANDRÉS LAGUNA

Pero Andrés Laguna, como buen hombre del Renacimiento, no puso su talento y experiencia en abordar únicamente la medicina, sino también otras disciplinas humanas. Escribió otros libros con un contenido más político, filosófico y moral, donde expuso toda su influencia del Humanismo en general y del Erasmismo en particular.

Su libro más erasmista fue Viaje a Turquía, escrito en 1557, un diálogo entre varios personajes, que quedó inédito y anónimo.

Desde el principio expuso el parecido entre las conductas por cristianos y musulmanes, pues tanto unos como otros cometen malas acciones. Por ejemplo, cuando el protagonista Pedro de Urdemalas cuenta cómo sus compañeros de galeras se complacían en los azotes que recibía, su compañero Mátalas Callando encontraba una explicación en que no fueran cristianos. Laguna hacía una relativización de la maldad humana, dando a entender que esta no depende del credo que profeses, sino de la bondad o ruindad de tu espíritu. Este principio de relatividad moral introducía un elemento de racionalización muy próximo a la mentalidad erasmistas.

Durante el viaje que hacía Pedro de Urdemalas por Italia, se repetían los tópicos de toda la literatura erasmista: las críticas a los clérigos que explotan la caridad y la credulidad de los fieles, las críticas a las reliquias y a la oración meramente verbal.

Cuando se refirió a las reliquias, el protagonista fue muy crítico con Juan de Voto a Dios, que a base de unas falsas reliquias y de unas cuantas mentiras, consiguió ganar mucho dinero. También mostró un repudio las simonías, durante su estancia en Roma, recordando las recordaba las descripciones de Alfonso de Valdés en su Diálogo de las cosas ocurridas en Roma.

VIAJE DE TURQUÍA DE PEDRO DE URDEMALAS, POR ANDRÉS LAGUNA

El estilo siempre demostraba una tendencia positivista y naturalista, incluso realista. Según Marcel Bataillón, en su Política y Literatura en el Doctor Laguna, haciendo una referencia a su literatura narrativa, Andrés Laguna desarrolló un estilo que llamó positivo-cuantitativo, "porque hasta que se señalen otros casos creo que Laguna pudo ser un creador, y un creador que quedó único, sin seguidor, por haber quedado inédito el Viaje a Turquía".

Esos rasgos eran propios de un médico con su mentalidad conectada a lo empírico y experimental. Ya en su Dioscórides proponía que todos los médicos que han terminado su carrera pasen un periodo de prácticas en algún hospital.
"Y cierto, sería muy útil y salubérrimo a la República que ningún médico recientemente y fresco de los estudios, pudiese medicar en el reino, sin primero haberse ensayado seis o siete años en tierras extranjeras y de enemigos, o en algún hospital insigne, haciendo allí del arte medicinal mil pruebas."
Lo de tierra "de enemigos" con es compatible con la ideología erasmista y probablemente se trate de un rasgo de ironía o humor.

Probablemente fue una tendencia común a tantos médicos de todos los tiempos, el hecho de contraponer la medicina a la teología. Así, el personaje Juan de Voto a Dios establa conversación sobre este debate:
"Cuestión es y muy antigua principalmente en España, que tenéis los médicos contra nosotros los teólogos."
La conversación sigue su curso hasta que Mátalas Callando le plantea de frente a Pedro:
"¿Qué es la causa por que yo he oído decir que los médicos son mejores filósofos que los teólogos?"
Y Pedro de Urdemalas contesta, también con claridad:
"Porque los teólogos siempre van atados tanto a Aristóteles, que les parece como si dijesen El Evangelio, y no cabe irles contra los que dijo Aristóteles, sin mirar su lleva camino, como si no hubiese dicho mil cuentos de mentiras; más los médicos siempre se van a viva quien vence por saber la verdad. Cuando Paltón dice mejor, refutan a Aristóteles; y cuando Aristóteles, dicen libremente que Platón no supo lo que dijo. Decid, por amor de mí, a un teólogo que Aristóteles en algún paso no sabe lo que dice, y luego tomará piedras para tirarlos; y su le preguntáis por qué es verdad esto, responderá con su gran simpleza y menos saber que porque lo dijo Aristóteles. ¡Mirad, por amor de mí, qué filosofía pueden saber!"
En definitiva, el Viaje a Turquía de Laguna es una de los libros más erasmistas de la literatura y filosofía española. No es de extrañar teniendo en cuenta que su padre fue un judeoconverso y que vivió en Gante y en Amberes, foco difusor de la doctrina de Desiderio Erasmo, y que fue médico personal de Carlos V, también erasmista, y cuya política de unificación del Cristianismo y conciliación de Europa fue defendía por el médico segoviano en su discurso de la Universidad de Colonia. A Carlos V le había dedicado grandes elogios en la Epístola Nuncupatoria al Dioscórides, y por sus intereses trabajó en Metz.

Así lo asegura Marcel Bataillon en su obra Erasmo y España:
"Las ideas religiosas del Viaje a Turquía son exactamente las que pueden esperarse del hombre que hemos visto en Metz y en Colonia, poner su autoridad moral al servicio de la política imperial de reconciliación entre el catolicismo y el protestantismo."