TECLADO ARITMÉTICO Y CALENDARIO MECÁNICO DE POLICARPO DE BALZOLA


Policarpo Blazona fue perito agrimensor de profesión, matemático e inventor por vocación que ingenió una calculadora mecánica Teclado Aritmético y un Calendario Mecánico Universal Perpetuo en 1847, un manual de Aritmética y unas Tablas de correspondencia al Sistema Métrico Decimal en 1852, además de redactar informes científicos y formar parte de comisiones técnicas en Guipúzcoa a mediados del siglo XIX.

POLICARPO DE BALZOLA Y JAUNA

Policarpo de Balzola y Jauna era natural de la guipuzcoana villa de Irún, donde nació en 1813, perteneciendo a una familia humilde.

Desde niño demostró una vocación al conocimiento de las Matemática durante su etapa de formación básica en la Escuela municipal, entonces ya destacaba en Aritmética y Geometría. Siendo joven, quedó huérfano y sin recursos, por lo que tuvo que ponerse a trabajar: fue secretario del Ayuntamiento de Irún, en 1837, y escribano, en 1838.

En alguno de esos años, recibió clases particulares de algún ingeniero militar que trabajaba en los baluartes del municipio en materias como Geometría, Trigonometría y Dibujo técnico. Entre 1837 y 1843, continuó su formación autodidacta hasta conseguir el graduado de perito agrimensor. La Agrimensura es la ciencia que se dedicaba a la delimitación de superficies terrestres, a la medición de áreas y la rectificación de límites, que en la actualidad es una rama de la Topografía. En aquella época, el agrimensor ya era un profesional con amplios conocimientos en Matemáticas, por lo general había estudiado en alguno de los Seminarios de Nobles de Madrid o de Valencia, o en el de Vergara a partir de 1848.

Debido a su formación autodidacta en esta materia y a ocupar un cargo administrativo en el Ayuntamiento de Irún, obtuvo el de agrimensor. Sin embargo, mientras desempañaba esta función, Balzola desarrolló sus habilidades para la creación de ingenios mecánicos, su faceta más destacada por la que alcanzó cierta relevancia.

INSTRUMENTOS DE AGRIMENSURA

En 1847, construyó el primer de sus cuatro grandes ingenios. El Teclado Aritmético es una calculadora mecánica con capacidad para realizar hasta cuatro operaciones aritméticas. Anotaba diferentes pesadas en un momento, de forma que las pesadas parciales quedaban agregadas a las siguientes acumulándose al resultado final.

Este teclado era un aparato en forma de piano, muy innovador para la época. Estaba basado en el prototipo que había inventado Pascal en 1643, y antecesora de las máquinas de cálculo aritmético que construyó Leonardo Torres Quevedo en el siglo XX.

Con la intención de conseguir financiación para comercializar el teclado, Balzola se presentó ante la Corte de Isabel II. Pudo demostrar la exactitud y precisión de las operaciones aritméticas, principalmente sumas y restas, algo que impactó con alegría en el personal cortesano. Tras recomendación real, pasó a ser examinado por la Academia de Ciencias y por el Conservatorio de Artes que emitieron informes favorables por su originalidad e innovación técnica, pero rechazaron su desarrollo práctico.

El teclado aritmético nuca llegó a fabricarse para su comercialización, pero al menos Balzola se ganó la admiración de la Corte y la encomienda de Isabel la Católica. En 1850, Pío Zuazua publicó en San Sebastián la obra científica explicativa con el título Teclado aritmético.

TECLADO ARITMÉTICO

Aquel mismo año de 1847, Balzola también fabricó su segundo invento. El Calendario Universal Mecánico y Perpetuo tenía la forma de y el tamaño de un maletín y permitía conocer fechas de cualquier año. Comprendía los doce signos del zodiaco, los meses del año y los días de la semana indicados con iniciales, las fases lunares con arreglo al tiempo medio, la hora en que era pleamar en todos los puertos y en todas las épocas, y la hora de todos los puntos del globo. Una utilidad práctica podría ser, por ejemplo, el conocimiento de los días de la semana y las fiestas móviles que aparecían en unas ventanillas después de haber fijado un año determinado.

Envió unos ejemplares al la Diputación Foral de Guipúzcoa, consiguiendo un privilegio de venta de quince años, del que se fabricaron algunos ejemplares. Aunque fue el único que llegó a comercializarse, no fue su invento más destacado o revolucionario, pero se ganó el reconocimiento de algunas autoridades.

También se ganó el visto bueno del Conservatorio de Artes de Madrid, que le sugirió la instalación de un ejemplar en el centro. Balzola rechazó la petición por problemas de traslado.

Basándose en este calendario universal, desarrolló el Calendario Gregoriano Mecánico y Perpetuo, que imprimió y vendió.

La funcionalidad y composición de estos artilugios quedaron explicadas a través de la redacción de varias obras científicas:
- Método para la formación del Calendario Gregoriano y Mahometano para todos los años y modo de hallar su correspondencia por medio del Cronosycubalo inventado por el autor
- Descripción del nuevo Calendario perpetuo y método breve y fácil para arreglar anualmente el Calendario Gregoriano y Niceno
- Descripción del Calendario perpetuo Comercial y método para su uso con aplicación a la averiguación de los días que median entre dos fechas, sin ningún cálculo, resolución de cuestión de interés, de descuento, de plazo medio y a la liquidación de cuentas corrientes con interés recíproco
- Elementos de cronología y formación de todos los calendarios del mundo, de todas las épocas por medio del Cronosycubalo o calendario mecánico, perpetuo y universal

CALENDARIO MECÁNICO PERPETUO UNIVERSAL DE POLICARPO DE BLAZOLA

En 1852, Balzola presentó una obra científica divida en dos partes: un manual de aritmética y unas tablas para la adopción del sistema métrico decimal. Fue el resultado de una solicitud que la Diputación Foral de su provincia le había ofrecido, unos años antes, para escribir algún manual sobre tablas de equivalencia de las unidades de medida guipuzcoanas al nuevo sistema métrico establecido en toda España, según la ley del 19 de julio de 1849.

La Aritmética es un libro teórico y explicativo de las unidades métricas de peso y longitud que existían en Guipúzcoa y de las principales de las demás provincias española y del extranjero.

Las Tablas de correspondencias tienen un carácter más práctico porque incluyen los siete sistemas diferentes de unidades que se utilizaban en Guipúzcoa junto a su equivalencia en unidades métricas y su cálculo decimal. En cada magnitud, se adjuntaban las unidades correspondientes a cada municipio y se especifican las variaciones que existían en ellos, incluyendo las correspondencias de los antiguos sistemas con el métrico y con las principales extranjeras.

El Seminario de Nobles de Vergara examinó la obra científica resultando un informe favorable. En 1853, el Gobierno foral publicó sus dos obras en San Sebastián:
- Aritmética con la explicación del sistema métrico
- Tablas de correspondencia de todas las pesas y medidas de Guipúzcoa y las principales del extranjero con las del sistema métrico

Con fines educativos, se repartieron sus ejemplares entre los centros educativos y administraciones locales y provinciales. Cada par de libros estaba acompañado de un metro de madera que se desplegaba en dos: un metro con divisiones y una vara con pulgadas.

Así, su Aritmética y sus Tablas sirvieron para divulgar el novedoso y unificado Sistema Métrico Decimal de longitud y peso que tenía al metro y el kilogramo como unidades básicas, en sustitución del variado, complejo y anticuado sistema de unidades provinciales.

ARITMÉTICA Y TABLAS DE CORRESPONDENCIA POR POLICARPO DE BLAZOLA

Sin abandonar su trabajo habitual como agrimensor municipal de Irún, Balzola había alcanzado un gran reconocimiento como inventor vocacional por parte de las autoridades forales y la comunidad científica de su provincia, y una pieza clave en la reconversión industrial de mediados del siglo XIX. También la Corte de Isabel II reconoció sus méritos con el nombramiento de caballero de la Orden de Carlos III.

Sin embargo, esta obra no fue incluida entre los numerosos textos aprobados poñr el Gobierno nacional para la enseñanza oficial, por real orden de 1856. Pero, si fueron incluidos los textos publicados por otros matemáticos como el Tratado de Aritmética del vizcaíno Juan Cortázar y la Aritmética decimal del navarro Antonio Irivertegui.

Tal vez, fuese la carencia de una titulación universitaria en Matemáticas, tan solo autodidacta, o la falta de contactos en la administración central lo que ocasionó su rechazo. Desconocía las Matemáticas básicas como la aplicación de la geometría no euclídea o el cálculo diferencial e integral, pero su disciplina principal fue la aportación práctica de la Aritmética.

POLICARPO DE BALZOLA Y JAUNA

Estas fueron las cuatro grandes obras científicas de Policarpo de Balzola, con los que demostró sus amplios conocimientos en Aritmética y Geometría y su genialidad creativa, dos artilugios técnicos: el Teclado Aritmético y el Calendario Mecánico Universal; y dos libros prácticos: el Manual de Aritmética y las Tablas de conversiones.

Pero también había realizado otras contribuciones técnicas de menor relevancia o repercusión, pero no menos importantes. Por ejemplo, en 1845, redactó un informe sobre la forma de solucionar los errores que existía en el sistema de tasación impositiva sobre el consumo de los aguardientes, que fue enviado al Ministerio de Hacienda. En 1849, presentó su plan para el establecimiento del nuevo Sistema Métrico Decimal, así como el manual de uso y las tablas de correcciones, para la correcta utilización del alcoholímetro centesimal de Gay Lussac, que se aplicaba en el proceso de graduación de las bebidas espirituosas y aguardientes en aquella época.

En 1850, Balzola envió al ministro de la Gobernación otra obra científica escrita con el título de Nuevo y breve procedimiento para la votación en los Congresos.

También construyó un artilugio sencillo que determinaba el área de un objeto sin medir su base y su altura con el compás o la regla, y sin efectuar operación aritmética alguna.

En la década de los cincuenta, Balzola escribió los siguientes artículos científicos:
- Apuntes sobre la teoría de la Armonía Universal
- Método abreviado para la resolución de las cuestiones de interés
- Bosquejo sobre la teoría de la numeración

Durante el resto de su vida, Balzola continuó escribiendo manuales prácticos para la correcta utilización de instrumentos de medición del nuevo sistema en tierras vascas. Y también colaboró con las administraciones de Guipúzcoa y de Irún en asunto de índole técnico.

En Irún, fue uno de los responsables del proyecto para el ensanche y amejoramiento urbano, del original trazado del ferrocarril del Bidasoa, y de la reglamentación de pesca de dicho río 1859. En Pasajes de San Juan, colaboró en la ampliación de su puerto.

ESTACIÓN FERROVIAL DE IRÚN EN EL SIGLO XIX

En las Juntas Generales de Guipúzcoa, asistió como procurador de Irún y presentó diversos informes, hasta que le nombraron vocal secretario de una comisión especial de Estadística.

Uno de aquellos informes fue Algunos apuntes sobre la administración de Arbitrios, presentado a la Junta en 1867. Advertía las imperfecciones que existían en el sistema de recaudación de las tasas municipales, tanto en la provincia como en las villas y ciudades, y aconsejaba la homologación de los derechos y deberes municipales de todos ellos y, a su vez, la Diputación foral sería el órgano encargado de la recaudación. Escribió más informes que fueron agrupados en un libro publicado por la Diputación en 1880 con el título de Reglamento e instrucciones para la administración de esta Provincia.

Balzola tenía fuertes convicciones liberales, secundó el traslado de las aduanas interiores de Guipúzcoa a la frontea marítima y francesa, también en el plan para la construcción del ferrocarril.

Durante la III Guerra Carlista, entre 1872 y 1876, apoyó al bando liberal y a la Guardia foral de los Miqueletes, y colaboró en la defensa de Irún cuando fue sitiada y bombardeada por el Ejército carlista en 1873. Aprovechando el caos de la guerra, se responsabilizó de la recaudación de los impuestos indirectos de la provincia e introdujo la utilización del Sistema Métrico Decimal en la Consejería de Hacienda.

Pocos años después de terminar el enfrentamiento carlista, Policarpo de Balzola falleció en su villa natal, en 1879.

RECUPERACIÓN DE LA CULTURA CLÁSICA OCCIDENTAL POR LA ESPAÑA MEDIEVAL


Una de las grandes contribuciones que España ha realizado para el desarrollo del pensamiento Occidental fue la recuperación de la Cultura clásica durante la Edad Media. Los momentos de mayor esplendor de este movimiento se efectuaron mediante las aportaciones de san Isidoro de Sevilla o Alfonso X el Sabio, la Córdoba de Abderramán III y Al-Hakam II, la cultura hispano-judía, y las escuelas de traductores de textos clásicos, especialmente la de Toledo.

RECUPERACIÓN DE LA CULTURA CLÁSICA POR LA ESPAÑA MEDIEVAL

Hubo un momento en la Historia de Occidente en el cual la Cultura Clásica corrió peligro de desaparecer. Durante la caída del Imperio romano, buena parte de esa sabiduría grecolatina fue llevada a Siria por monofisitas y nestorianos (herejes) y traducida al siríaco. Siglos más tarde se convertiría al árabe, siendo extendida a los territorios por los que se expandía el islamismo.

En el siglo XII llega a Occidente y en este retorno tendrán gran importancia Sicilia, y los reinos Hispánicos. Así llegó toda la cultura grecolatina a las grandes bibliotecas califales de Córdoba, y de las principales ciudades de Al-Ándalus, en especial la de Toledo. En estas ciudades se reunieron los más grandes sabios intérpretes y traductores de las obras fundamentales, griegas y latinas, que sentó las bases de la cultura de Occidente.

Durante el Reino Hispano-visigodo comenzó a aparecer un resurgimiento cultural dirigido por la figura erudita de san Isidoro de Sevilla y de su hermano san Leandro. Isidoro de Sevilla se convirtió en el principal promotor de la recuperación de la cultura clásica que se estaba perdiendo en Europa, fomentando el desarrollo de las artes liberales, del derecho y de las ciencias.

Fue reconocido como el hombre más sabio de su época que transcurrió entre finales del siglo VI y principios del VII, un puente entre la Edad Antigua que terminaba y la Edad Media que comenzaba. De gran influencia en Europa, fue muy leído durante la Edad Media y el Renacimiento, hasta el punto de ser llamado el Maestro de la Europa Medieval.

La principal contribución de Isidoro para la recuperación de la cultura clásica fueron sus Etimologías, escritas hacia el año 634. Fueron la mejor recopilación del saber de su tiempo, que reunía los principales resultados de la ciencia de la época, siendo uno de los textos clásicos hasta mediados del siglo XVI. La pretensión universal de sus Etimologías las convierte en la gran enciclopedia de la época y el gran precedente cristiano y medieval de la anticristiana y moderna enciclopedia que surgió en la Ilustración por D'Alambert y Diderot.

ETIMOLOGÍAS DE SAN ISIDORO DE SEVILLA

Otra de las grandes contribuciones para salvar en lo posible el patrimonio de la cultura helénica y romana fue el desarrollo de una Biblioteca y de una Escuela, que serán más adelante enraizadas en la obra imperial de Carlomagno.

Su sistema educativo era abierto y progresista, propuso un sistema que abarca todas las ramas del saber humano. La Escuela dividía todo el saber humano en las siete artes liberales: el Trivium (gramática, retórica y dialéctica), y el Quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música). También se ocupó de otras disciplinas como medicina, derecho, lingüística, geografía, agricultura, tradiciones, etc. El método de enseñanza consistía en dar lectura a un texto para comentarlo después; de ahí viene la costumbre que aún se practica de llamar lección al método de enseñanza.

La primera Biblioteca no es más que un armario para guardar Biblias. En la de Isidoro de Sevilla, figuraban abundantes ejemplares de autores romanos así como de los padres de la Iglesia.

Isidoro previó que la unidad religiosa y un sistema educativo amplio, podían unificar los elementos heterogéneos que amenazaba desintegrar el reino Hispano-visigodo, por lo que gran parte del país se convirtió en un centro de cultura, mientras que el resto de Europa se hundía en la barbarie.

El Renacimiento cultural que efectuó la Corte de Carlomagno estuvo fuertemente influenciado por las escuelas visigóticas isidorianas a través de los hispano-godos que huyeron al norte de los Pirineos tras la invasión islámica. Entre aquellos isidorianos estaban Teodulfo, poeta y obispo de Orleans, Agobardo, obispo de Lyon, Claudio de Turín, el mejor intérprete de las Sagradas Escrituras y Prudencio Galindo, filósofo y obispo de Troyes.

CATEDRAL-MEZQUITA DE CÓRDOBA Y ABDERRAMÁN III

La enorme labor científica efectuada por los orientales pudo haber llegado al Occidente europeo gracias a España, y también a Italia, que hicieron de puentes culturales entre Oriente y Occidente. En contraste con la decadencia por la que pasaban la cultura de Europa con los últimos carolingios, en la España islámica Abderramán III fomentó las ciencias, las letras y las artes, creando el ambiente propicio para los estudiosos. Su sucesor, Al-Hakam II, organizó una biblioteca de más de cuatrocientos mil volúmenes, trayendo a sus dependencias todas las novedades literarias de Oriente. Este ejemplo sería seguido por muchos reyes de Taifas.

En Córdoba convivían mozárabes (cristianos en dominios islámicos) que seguían manteniendo su fe y su culto. En esta ciudad había entonces seis iglesias, dos monasterios a las afueras y seis pequeños conventos en la sierra. En cada iglesia había una escuela y en cada escuela una biblioteca, donde se mantenía la cultura salvada siglos antes por san Isidoro de Sevilla. Aquellos cordobeses no sólo iban a transmitir a las generaciones futuras la herencia de san Isidoro de Sevilla, sino a descubrir y canalizar las culturas orientales clásicas, en trances de desaparecer.

Los obispos y sacerdotes cordobeses aprovecharon sus viajes para enriquecer las bibliotecas de sus iglesias y sus conventos de obras famosas de autores profanos. San Eulogio llevó a Córdoba códices antiguos, en los que estaban recogidos los textos de la Eneida de Virgilio, las Sátiras de Horacio y de Juvenal, los opúsculos de Porfirio, las fábulas de Aviceno, la Ciudad de Dios de san Agustín,…

Todas las ciencias religiosas y profanas fueron estudiadas, sus textos recogidos y dispuestos para ser tratados por los sabios cordobeses. Los mozárabes sirvieron de puente entre la civilización musulmana y la cristiana, colaborando con árabes y judíos en la traducción del arábigo al latín de los textos de la cultura, ciencia y filosofía orientales y clásicas.

Esculturas Maimónides Averroes Córdoba
MAIMÓNIDES Y AVERROES

Los judíos también tuvieron un papel importante en el desarrollo cultural hispánico, estableciendo sus academias en Córdoba durante en la primera mitad del siglo X. Aquellas escuelas hicieron de la bella capital del Califato el centro mundial de la cultura rabínica, dando a la historia de la erudición humana nombres de la importancia de Avicebron, Jehudá Haleví y Maimonides, escritores universales, que influyeron en la difusión del pensamiento aristotélico, aunque mezclándolo con ideas de base neoplatónica.

Difusores del pensamiento de Aristóteles fueron los hispano-musulmanes Avicena y, sobre todo, Averroes. Muchas de las tesis de Averroes tuvieron especial incidencia en Occidente, como en el caso de las doctrinas sobre la eternidad del mundo y la doble verdad, que están en la base de la grave polémica que sacudió a la universidad parisina con el nombre de averroísmo latino.

La cultura hispano-hebrea fuertemente influida por la musulmana alcanzó su madurez en los reinos de taifas, que acogen a los judíos como administradores e incluso promueven sus manifestaciones culturales en ciudades como Granada, Zaragoza, Valencia, Denia o Badajoz. Tras la invasión de los almorávides, estos se refugiaron en los reinos cristianos hispánicos.

Los estudios gramaticales y filológicos realizados durante el Califato de Córdoba permitieron conocer las leyes de la gramática y filología hebrea y contribuyeron a la depuración del hebreo literario. Traducidos al latín, fueron la fuente en la que aprendieron el hebreo los hombres del Renacimiento. Entre aquellos traductores judío-hispánicos destacan los nombres de Mose B. Ezra a quien se atribuye una de las reglas de oro de la traducción: fijarse en el sentido y no traducir literalmente, ya que las lenguas no tienen una única sintaxis; Mose Sefardí, convertido al cristianismo y conocido como Pedro Alfonso, fue el primer difusor de la astronomía y matemática árabe, redactó en latín la Disciplina clericalis, colección de apólogos de origen oriental que tendrían una gran difusión en toda Europa y lograría la llegada de numerosos europeos a la Península para ponerse en contacto con estas ciencias; Abraham B. Ezra de Tudela difundió los conocimientos hispanoárabes por varias ciudades de Europa, redactando numerosas obras de tema filosófico, gramatical, matemático y astronómico en hebreo y en latín; Yehudá B. Tibbon es conocido como el Padre de los Traductores gracias a su labor y a la de sus hijos que tradujeron obras filosóficas, gramaticales y religiosas.

MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE RIPOLL

El monasterio de Santa María de Ripoll dejó constancia de las primeras traducciones científicas del árabe al latín a mediados del siglo X. Un célebre manuscrito procedente de allí, el tratado de Al-Khwarizmi, adelantó más de un siglo la aparición de traductores de árabe en la Península. Dicho manuscrito versa, principalmente, sobre matemáticas y astronomía y el correspondiente instrumental, y fue identificado y estudiado por Millás. Su aportación más destacable fue la introducción en Europa del cero, el infinito, y los guarismos que sustituirían a los números romanos. El futuro Papa Calixto II, Gerberto de Aurillac, viajó hasta España para adueñarse del texto y exportarlo a toda Europa.

La ciudad de Toledo, antigua capital de reino Hispano-visigodo, experimentó un floreciente esplendor cultural que comenzó con la conquista de la ciudad en 1085, por Alfonso VI, y culminó en la hermosura intelectual del reinado de Alfonso X el Sabio. En la "Ciudad de las tres Culturas" se reunieron sabios y estudiosos tanto de Europa como de Oriente: moros, judíos y cristianos; y las obras de los grandes filósofos griegos y latinos, árabes y judíos, fueron lanzadas hacia Europa, donde eran desconocidas.

Fue un momento estelar en la Historia de la cultura española, y europea también. Las escuelas traductoras de Toledo alcanzaron fama europea, fueron cuna de la cultura de Occidente y transmisoras de las culturas clásicas y orientales, aunque no se llegó a organizar una auténtica escuela o cuerpo de traductores permanentes.

ESCUELA ALFONSINA

Toledo conservaba un gran número de obras en poder de refugiados mozárabes y judíos cultos que fueron expulsados por almorávides y almohades, mérito al que hay que añadir la voluntad de los reyes castellanos y obispos toledanos en estimular las traducciones. Allí judíos y mozárabes, conocedores de varios idiomas, traducían de originales en árabe o hebreo al latín o al romance castellano vulgar, sin interpretaciones o contextualizaciones. Posteriormente, estas traducciones se fueron poniendo a disposición de otros eruditos más capacitados para corregir el manuscrito, dándole una redacción más elegante y ajustada a la preceptiva literaria. Estos correctores ponían el libro en lo que se llama latín escolástico, es decir, latín culto, un idioma universal, preciso para que la obra fuese conocida en todo Occidente. Por ese procedimiento tradujeron obras de filosofía y científicas (medicina, álgebra, astronomía, astrología y alquimia).

Durante la segunda mitad del siglo XII, Domingo Gundisalvo y su colaborador Juan Hispano dirigieron la Escuela de Traductores de Toledo, que adquirió fama internacional, incorporándose el arabista italiano Gerardo de Cremona, los ingleses Daniel de Morlay, Alejandro Neckham y Alfredo de Sareshel, y otros como Abelardo de Bath o Rétines.

Las traducciones continuaron hasta finales de este siglo y comienzos del XIII gracias a la labor de Marcos de Toledo, Rodolfo de Brujas, el italiano Platón de Tívoli, o el escocés Miguel Scoto.

El filósofo segoviano Domingo Gundisalvo fue discípulo de Juan Hispano y del médico Ibrahim ibn Dawud. Juan Hispano le enseñó árabe, por lo que tradujo la Metafísica de Avicena, De anima de Avicena, Fons vitae de Ibn Gabirol, De intellectu de Alkindi, Liber de scientiis de Alfarabi, Las tendencias o las opiniones de los filósofos de Algaceletc: siempre en colaboración con Juan Hispano, que traducía del árabe al castellano, y Gundisalvo del castellano al latín. Fue el primer pensador occidental que sufrió la influencia de escritos árabes, y agente decisivo en la incorporación de estos escritos al mundo latino. Sus escritos principales son De divisione philosophiae, De inmortalitate animae, De processione mundi, De unitate et uno y De anima.

El maestro Juan Hispano o Hispalense fue un judío converso, de nombre Ibn Däwüd. Fue autor de más de treinta y siete traducciones y obras originales. Compuso un Tractatus de anima, el Liber de causis, el Liber de causis primis et secundis, una física y una metafísica. Las doctrinas de Avicena constituyeron el fondo de su doctrina.

Scriptorio Escuela traducciones
ESCUELA DE TRADUCCIONES

Según Marcelino Menéndez y Pelayo:
"La empresa de transmitir al mundo latino la ciencia oriental fue continuada con mayores bríos y espíritu por nuestro rey Alfonso X el Sabio, a quien se debe la primera aplicación de las lenguas vulgares a asuntos científicos."

Años más tarde, durante el último tercio del siglo XIII el rey Alfonso X el Sabio impulsó una intensa actividad cultural, no había disciplina que no le interesara (las ciencias, la historia, el derecho, la literatura); él mismo dirigió las traducciones y revisaba su trabajo. Toledo había alcanzado uno de los periodos de mayor esplendor, convirtiéndose en la capital europea de la cultura.

Se trasladaron allí los restos de la biblioteca de Al-Hakam II, cuyos fondos fueron traducidos. Para entonces, no sólo se traducía al latín sino de manera definitiva también al castellano y al francés. Y no sólo se recopilaba y se copiaba, sino que también se creaba mucha obra original en todas las materias (medicina, filosofía, cosmografía, etc.). Un ejemplo eminente es el Libro de las Tablas Alfonsíes. Alfonso X había mandado instalar un observatorio astronómico en el castillo toledano de San Salvador; a partir de las observaciones realizadas, se calcularon esas Tablas Alfonsíes, un completo tratado de Astronomía que todavía tres siglos más tarde admiraría Copérnico.

ALFONSO X EL SABIO Y SAN ISIDORO DE SEVILLA

PRIMERA FUNDACIÓN DE BUENOS AIRES POR PEDRO DE MENDOZA


Pedro de Mendoza realizó la primera fundación de Buenos Aires en 1536, una de las urbes más importantes de Hispanoamérica. Buscaba la mítica Sierra de la Plata en la región del sur americano y un paso hacia el océano Pacífico a través del Río de la Plata.

Su aventura consiguió la exploración y colonización del enorme valle del Río de la Plata y sus afluentes, una amplia extensión territorial que incluye el norte de Argentina, Uruguay y Paraguay, gracias a las expediciones de Juan de Ayolas o Domingo Martínez de Irala.

FUNDACIÓN DE BUENOS AIRES POR PEDRO DE MENDOZA

Entre 1516 y 1521, Juan Díaz Solís y Fernando de Magallanes habían avanzado por una densa cuenca que se abría entre las costas de Brasil y el incierto sur del Nuevo Continente. Ambos supusieron que estaban en la entrada a un gran pasaje hacia el "Mar del Sur", lo que hoy es el océano Pacífico, pero era el estuario del Río de la Plata.

Díaz Solís murió de un flechazo por indios de la zona al poco de poner pie a tierra en la orilla de la desembocadura de aquel río. Magallanes no tuvo tantas bajas que el primero durante su estancia en la costa argentina a la espera de que pasase el invierno y retomar la búsqueda de algún estrecho o paso rubo oriente. Mientras tanto, realizó un exhaustivo reconocimiento de la cuenca para asegurarse que no era un acceso al Pacífico.

Ambos expedicionarios dieron comienzo a la exploración del Río de la Plata, el más ancho del planeta, que fue continuada por Pedro de Mendoza, fundador de Buenos Aires, y finalizada por Juan de Garay, refundador de esta ciudad.

gobernación Río Plata 1600
GOBERNACIÓN DEL RÍO DE LA PLATA

Pedro de Mendoza nació en Guadix, Granada, en 1487, proveniente de una familia hidalga bien posicionada, que poseía el ducado del Infantado. Desempeñó cargos administrativos y militares en la Corte del emperador Carlos V, a quien acompañó en las Guerras de Italia entre España y Francia. Por sus méritos militares en 1524, fue recompensado con los hábitos de caballero de la Orden de Alcántara y después de la Orden de Santiago. Luchó contra el ejército de Francisco I, tomando protagonismo en la toma de Roma, en 1527.

En mayo de 1534, Mendoza firmó las Capitulaciones de Toledo con Carlos V, que le permitía la conquista y colonización de las tierras comprendidas entre el paralelo 25º y el 36º de la aún por descubrir región sur de América, un área que abarca la totalidad del actual Uruguay, el norte de Argentina y el extremo sur de Brasil. Obtenía el título de adelantado, gobernador y capitán general de Nueva Andalucía del Río de la Plata.

Pedro Mendoza gobernaciones América sur
GOBERNACIONES DE AMÉRICA DEL SUR

El objetivo político de la Expedición colonizadora del Río de la Plata era la contención del avance portugués desde Brasil hacia el sur mediante la fundación de villas y ciudades. Para ello, debía penetrar por el estuario del Río de la Plata hasta encontrar la legendaria Sierra de la Plata, también llamado Reino del Rey Blanco, que en realidad se trataba del Potosí, en las faldas de la cordillera de los Andes. Así mismo, se establecería un camino que comunicase ambas vertientes oceánicas.

Además, Mendoza tenía otra intención personal, sufría la enfermedad de la sífilis contraída durante su estancia en Roma y buscaba en el Nuevo Mundo alguna cura. Seguramente se dejó llevar por las leyendas de los primeros aventureros en aquellas tierras inhóspitas como la fuente de la eterna juventud, las mujeres amazonas, los ríos de oro o las pócimas contra enfermedades.

PRIMERA FUNDACIÓN DE BUENOS AIRES POR PEDRO DE MENDOZA

En agosto de 1535, la flota partió de Sanlúcar de Barrameda, punto de partida de las principales expediciones rumbo al Nuevo Mundo. Esta estaba compuesta por aproximadamente 3.000 tripulantes en 14 naves.

Los primeros problemas para Mendoza aparecieron al llegar a las costas de Brasil, donde una terrible tempestad dispersó a las naves. Entonces, se vio obligando a desembarca en el litoral carioca para reorganizar la expedición. Se produjo hubo un intento de rebelión contra su mando, siendo el capitán Juan de Ayolas quien se encargó de sofocar cualquier conspiración.

Después de cinco meses cruzando el Atlántico y comprobando diferentes puntos de la costa suramericana, la expedición se adentraba en el estuario del Río de la Plata, desembarcando en la isla San Gabriel, cerca de la ciudad Colonia de Sacramento en el actual Uruguay. Exploraron ambas orillas del amplio "Mar Dulce", donde buscaron una base segura, punto de partida de las próximas expediciones colonizadoras al interior.

El 3 de febrero de 1536, Mendoza estableció un primer asentamiento estable río arriba sobre la margen meridional. Su nombre sería Santísima Trinidad y el puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Ayre, término que se transformaría en Buenos Aires. El fuerte se construyó donde se ubica el actual monumento a Pedro de Mendoza, en la plaza Lezama.

Es destacable el relato que escribió el cronista Ulrico Schmidl, nacido en Baviera. Su Viaje al Río de la Plata es el primer texto etnográfico sobre la geografía y las tribus indígenas que encontraba a su paso, detallando con precisión el alimento, la vestimenta, los tatuajes y ritos. Está considerada como una de las mejores crónicas escritas sobre la conquista de América. Sobre la fundación de Buenos Aires escribió:
"Allí levantamos una ciudad que se llamó Bonas Ayers, esto es en alemán gueter windt."

Buenas Aires Viaje Río Plata Ulrico Schmidl
FUERTE DE BUENOS AIRES EN 1536

Los expedicionarios tomaron contacto con los indios querandíes del territorio, intercambiando recursos de forma pacífica. Pero aquella beneficiosa situación dio la vuelta a las pocas semanas y las misiones en la búsqueda de alimentos por los territorios colindantes terminaron en emboscadas por los nativos. Mendoza se dispuso a someter a los díscolos indígenas organizando una incursión militar al mando de su hermano, Diego de Mendoza, formada por 300 soldados y 30 jinetes.
"En esta tierra dimos con un pueblo en que estaba una nación de indios llamados carendies (querandíes) como de 2.000 hombres con las mujeres e hijos, y su vestir era como el de los zechurg del ombligo a las rodillas; nos trajeron de comer, carne y pescado. Estos carendies no tienen habitaciones propias, sino que dan vueltas a la tierra, como los gitanos en nuestro país; y cuando viajan en el verano suelen andarse más de 30 millas por tierra enjuta sin hallar una gota de agua que poder beber. Si logran cazar ciervos u otras piezas del campo, entonces se beben la sangre. También hallan a veces una raíz que llaman cardes la que comen por la sed. Se entiende que lo de beberse la sangre sólo se acostumbra cuando les falta el agua o lo que la suple; porque de otra manera tal vez tendrían que morir de sed."
Escribió Schmidl que ante una de las frecuentes agresiones:
"… don Pedro de Mendoza envió enseguida un alcalde de nombre Juan Pavón, y con él dos soldados, al lugar donde estaban los indios. El alcalde y los soldados se condujeron de tal modo que los indios los molieron a palos y después los dejaron volver a nuestro campamento, tras lo cual Mendoza envió a su hermano carnal con trescientos lansquenetes y treinta jinetes bien pertrechados."
Pero los querandíes habían reunido a otras tantas tribus del territorio formando un ejército de unos 4.000 guerreros. El 15 de junio de 1536, se produjo el combate de Corpus Christi, cerca de la laguna de Roche. La superioridad de efectivos indígenas, sumado a un extenuante cansancio y desnutrición de los españoles, hizo que Mendoza replegase sus fuerzas. Murieron 38 españoles entre los que se encontraban Diego de Mendoza y Pedro Luján.

Ulrich Schmidl cronista Río Plata Juan Ayolas
ULRICO SCHMIDL Y JUAN DE AYOLAS

Mientras que esto sucedía, Mendoza encargó al alguacil mayor Juan de Ayolas el liderazgo de una expedición formada por 400 soldados para explorar el río Paraná en dirección norte para la fundación de un nuevo asentamiento. En junio de 1536, a orillas del Paraná y en la confluencia con el Carcarañá, refundó el fuerte Corpus Christi. Era un enclave que había construido y abandonado años atrás Sebastián Gaboto bajo el nombre de Sancti Spiritus, en las tierras de la tribu de los timbúes.

Aprovechando la debilidad del ejército colonizador, el 24 de junio de 1536, Buenos Aires sufrió el ataque de los querandíes durante quince días. Habían conseguido formar un poderoso ejército de varias tribus indias como los guaraníes, los charrúas y los timbúes. Muchas de las casas fueron destruidas, así como las embarcaciones menores hundidas. Gran parte de los supervivientes tuvieron que refugiarse en los barcos artillados y desde ahí cañonear a los asaltantes hasta que terminase el asedio. La situación era tan desesperada que Mendoza llegó a pensar en abandonar el estuario.

Dos aspectos iban desgastando a los expedicionarios, tanto a los que se quedaron en Buenos Aires con Mendoza, como a los aventureros que acompañaron a Ayolas en la navegación del Paraná: la inanición y la lucha. Tal era el hambre en los soldados que comían toda clase de animales; pájaros, ratas, víboras, insectos, etc., que terminaban pasado al fuego o ingerido sin cocción alguna.

Además, eran asediados por indígenas de muy diferentes formas, en cada poblado que iban encontrando durante la navegación fluvial o en la búsqueda de alimento en las tierras de la ribera. Las tribus de la cuenca de la Plata, como guaraníes, pampas y charrúas, eran muy superiores en efectivos guerreros, eran feroces y agresivos, no temían a la caballería española, pero poseían una tecnología militar muy rudimentaria: arco y flechas.

Buenos Aires Pedro Mendoza misa católica
PRIMERA MISA EN BUENOS AIRES

A finales de septiembre, Mendoza fundó el fuerte Buena Esperanza, en las cercanías del actual Puerto Aragón, ubicado en el actual estado argentino de Santa Fe.

En diciembre de 1536, miles de indios querandíes lanzaron otra ofensiva a la ciudad de Buenos Aires rompiendo, en esta ocasión, las defensas. El fuerte fue quemado y la ciudad destruida por completo. Mendoza, junto a un grupo de supervivientes, pudo escapar y dirigirse hacia el norte, remontando el río Paraná hasta refugiarse en Buena Esperanza. Desde aquel fuerte esperarían el regreso de Ayolas.

Pero los efectos de la enfermedad de sífilis en el maltrecho cuerpo de Mendoza se iban dejando notar. Tejidos y heridas sin cicatrizar y una progresiva parálisis general avanzaban inexorablemente, y su corazón estaba cada día más débil. Había delegado el gobierno en el capitán Francisco Ruiz Galán de forma momentánea hasta que Ayolas regresara, que pasaría a él.

En abril de 1537, Mendoza partía rubo a España con un lamentable estado de salud a bordo de alguno de los barcos que quedaban en el puerto de Buenos Aires. La muerte lo abordó en el océano Atlántico cerca de las islas Canarias y su cuerpo fue arrojado al mar.

La conquista de la Gobernación del Río de la Plata fue continuada por Francisco Luis Galán y Juan de Ayolas.

DESTRUCCIÓN DE LA PRIMERA BUENOS AIRES

Buenos Aires llegó a estar protegida con dos fuertes, pero las malas condiciones de salubridad e inseguridad estratégica del emplazamiento serían determinantes para su posterior abandono e incendio.

En febrero de 1539, el fuerte de Buena Esperanza fue asaltado y destruido por los timbúes.

En junio de 1541, Juan de Salazar fundó el fuerte de Asunción, actual capital de Paraguay y nuevo campamento base de los conquistadores del Río de la Plata. Allí se reubicaron a las 350 personas que permanecían en Buenos Aires antes de su despoblación. El nuevo gobernador y capitán general fue Domingo Martínez de Irala.

Desde Corpus Christi, la expedición de Ayolas siguió el curso de los ríos Paraná, Paraguay y Pilcomayo, hasta controlar todo el territorio del actual Paraguay.

El 11 de junio de 1580, Juan de Garay refundó la ciudad en otra ubicación más segura con 70 personas. Gracia a esta definitiva expedición, la Corona española pudo implantar el control efectivo del Río de la Plata.

Monumento Pedro Mendoza escultura Parque Lezama Buenos Aires
MONUMENTO A PEDRO DE MENDOZA

TEORÍA CUANTITATIVA DEL DINERO POR MARTÍN DE AZPILCUETA


Miembro de la Escuela de Salamanca, teólogo moralista y doctor en Derecho Canónico, Martín de Azpilcueta fue uno de los precursores de la Economía moderna gracias a describir, por primera vez, la relación entre el aumento de la cantidad de dinero en circulación y el aumento de los precios en un país, originando la Teoría Cuantitativa del Dinero y la Teoría del Valor-Escasez, dos de los principios básicos de la macroeconomía moderna. Estas teorías quedaron escritas en su Manual de confessores y penitentes.

Considerado como uno de los más importantes intelectuales de su tiempo, fue célebre en Europa por sus originales teorías sobre ética económica y política, también por su importante labor tanto en el terreno de la docencia como en el de las letras y el Derecho.

TEORÍA CUANTITATIVA DEL DINERO POR MARTÍN DE AZPILCUETA

Martín de Azpilcueta Jaureguízar nació en 1492 en la localidad navarra de Barásoain. Su padre, también Martín, pertenecía a la nobleza del valle de Baztán, que había sido leal a la dinastía francesa de los Albrecht tras la muerte del rey Juan III, en 1479, y aliada del bando de los agramonteses, liderado por Pierre de Peralta y a favor de la vinculación del Reino de Navarra con Francia. Por tanto, los Azpilcueta estaban enfrentados al bando de los beamonteses, liderado por Luis de Beaumont, conde de Lerín, y a favor de la anexión navarra con Castilla, en 1512. Su madre María de Jaureguízar heredó el palacio de Barásoain, donde nació el joven Martín, junto a sus cuatro hermanos. Además, era primo de Francisco de Jasso y Azpilcueta, quien se convertiría en el san Francisco de Javier y cofundador de la Compañía de Jesús.

Sus primeros estudios de Gramática los realizó en Pamplona. En 1509, comenzó a estudiar en la Universidad de Alcalá, recién fundada por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros un año antes, centro humanístico de primer nivel, en el que la Teología estaba abierta a las principales doctrinas del momento (tomista, escotista, nominalista). Allí estuvo durante siete años estudiando Filosofía y Teología, como ramas principales, además de otras Humanidades como Filología, Gramática y Lenguas Clásicas. Aunque su formación académica fue muy provechosa, Azpilcueta no se dejó influenciar por la doctrina de Desiderio de Erasmo, principal exponente del Humanismo entre los complutenses, incluso más bien se mostró contrario a sus ideas según los textos escritos con posterioridad.

En 1516, marchó la Universidad de Toulouse para estudiar Derecho Canónigo, el centro más prestigioso en esta materia. Tras doctorarse, fue ordenando sacerdote acompañado de su padre y algún hermano. Se dedicó a impartir clases de esta disciplina en esta universidad y más tarde en la de Cahors. Durante su docencia francesa, alcanzó gran fama de excelente profesor que se acrecentaría aún más en Castilla y Portugal.

En 1523, abandonó su docencia francesa para regresar a Navarra. En una visita a la Colegiata de Roncesvalles, el prior, amigo y compañero de estudios Francisco de Navarra le convenció para entrar en la Orden de los Canónigos de San Agustín, a la edad de treinta años. Permaneció allí durante un tiempo realizando el noviciado y los primeros votos, hasta que quiso regresar al oficio de la docencia universitaria.

martín azpilcueta jaureguizar barasoain baztán navarra
CASA-TORRE NATAL MARTÍN DE AZPILCUETA

En 1524, entró en la Universidad de Salamanca, donde regentó algunas cátedra menores. Esta era uno de los más antiguos y prestigiosos centros académicos de la Cristiandad, centrado en la renovación de la tradicional Escolástica y el Iusnaturalismo, nada que ver con la novedosa Universidad complutense de Alcalá y su Humanismo erasmista. Años después, en 1532, ganó la cátedra de Decretos, pero para ingresar en el Claustro Universitario tenía que revalidad los grados de licenciatura y doctorado que había conseguido en Toulouse, pruebas académicas que consiguió con excelencia. Su ascenso fue rápido pues, al año siguiente, accedió a la cátedra de Prima de Cánones, en Derecho Canónigo, máximo nivel universitario que ejerció hasta 1537.

Obtuvo un gran éxito como profesor por su alto grado de conocimiento filosófico y científico, llegando a impartir clases a cerca de un millar de alumnos universitarios en sus diferentes aulas y materias. Incluso, llegó a igualar al otro gran maestro del momento, Francisco de Vitoria. Dejó por discípulos ilustres a Diego de Covarrubias, quien le sustituyó en la cátedra de Prima, Arias Pinelo, Francisco Sarmiento y Pedro de Deza, entre otros.

Un momento cumbre de su trayectoria lo alcanzó dura la visita del emperador Carlos V, a quien conoció en persona e impartió algunas clases que trataban del origen democrático del poder civil.

Pero sería por su pertenencia a la Escuela de Salamanca por lo que pasaría a la historia del pensamiento universal, convirtiéndose en uno de los precursores de la Economía moderna. Este movimiento escolástico español fue muy anterior a los fundadores de la Economía Clásica inglesa del siglo XVIII encabezada por Adam Smith. Considerado teólogo, jurisconsulto y economista, Azpilcueta fue autor de numerosos ensayos sobre diferentes campos del saber y uno de los fundadores de la escuela salmantina junto a Francisco de Vitoria.

UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Como moralista, Azpilcueta se preocupó de la economía en lo que afecta a la convivencia humana. Sus dos grandes obras relativas a esta temática fueron Comentario resolutorio de cambios y Comentario resolutorio de usuras, ambas publicadas en Salamanca, en 1556 y 1559. En realidad, ambos textos fueron apéndices de la principal Manual de confesores y penitentes, concretamente formaban el capítulo XVII.

En el Comentario de cambios, enunció una teoría del dinero como base para una regulación moral de las relaciones económicas entre ciudadanos del mismo país y con los de otras naciones. Tenía un carácter práctico para "acabar de desterrar de sus reinos los remolinos de las usuras" y su influencia a lo largo de todo el siglo XVI fue muy considerable.

Azpilcueta pasó a la historia de la economía por analizar las actividades mercantiles y los efectos monetario que se estaban produciendo en la España de su tiempo derivados de la llegada de metales preciosos acuñados en moneda circulante desde América.

Aunque en sus primeros años defendía la concepción medieval, manteniendo criterios muy restrictivos sobre la usura y las actividades crediticias, el tiempo y la experiencia le hicieron cambiar de opinión. Sobre todo, porque en esos años se inició el auge del Mercantilismo, con el consiguiente desequilibrio de los niveles europeos de precios, lo que a su vez produciría la quiebra de los conceptos tradicionales sobre la usura y el dinero.

Primero, Azpilcueta observó la subida de los precios, los beneficios obtenidos de la especulación cambiaria y el movimiento del dinero, a través de cuyos efectos percibía cómo el valor del dinero está en relación con su abundancia o escasez, y éstas a su vez en relación con las mercaderías. La afluencia de metales preciosos de las Indias acuñados en moneda circulante produjo una abundancia de dinero en el mercado, que se tradujo en una impresionante elevación de los precios de bienes y servicios al consumo. Estas circunstancias le permitieron describir por primera vez el fenómeno de la Inflación y extraer de ello las correspondientes consecuencias teóricas.

Por otra parte, analizó y dividió los tipos cambios entre monedas nacionales de distintos países, así como la diferencia del valor de dichas monedas nacionales en relación con la abundancia o escasez relativa de metales preciosos que hubiera en ellos.

Finalmente, pudo concluir que el aumento del nivel de precios de los productos españoles estaba directamente relacionado con la constante afluencia de metales preciosos convertidos en moneda circulante traídos de América, como consecuencia de una mayor masa monetaria disponible en el mercado. Por definir este fenómeno monetario por primera vez, Azpilcueta está considerado como el precursor de la Teoría Cuantitativa del Dinero.

En su Comentario resolutorio de cambios explicó que:
"En las tierras do ay gran falta de dinero, todas las otras cosas vendibles, y aun las manos y trabajos de los hombres se dan por menos dinero que do ay abundancia del; como por la experiencia se vee que en Francia, do ay menos dinero que en España, valen mucho menos el pan, vino, paños, manos, y trabajos; y aun en España, el tiempo, que avia menos dinero, por mucho menos se davan las cosas vendibles, las manos y los trabajos de los hombres, que despues que las Indias descubiertas la cubrieron de oro y plata. La causa de lo qual es, que el dinero vale mas donde y quando ay falta del, que donde y quando ay abundancia."

Concluyó con que el aumento de la inflación nacional fue motivada, no sólo por la masiva llegada de metal acuñado indiano, también por la especulación cambiaria y el movimiento de dinero. Por eso, se posicionó a favor de cierto intervencionismo político en la vida económica y la elaboración de una teoría del dinero como base para una regulación moral de las relaciones económicas entre ciudadanos del mismo país y con los de otras naciones.

Hasta mediados del siglo XX, se consideraba al francés Jean Bodin como el primer economista que había formulado la llamada Teoría Cuantitativista de la moneda. Sin embargo, la aparición de las obras de los historiadores y economistas José Larraz y, más tarde, Marjorie Grice-Hutchinson sobre los escolásticos de la Escuela de Salamanca de mediados del siglo XVI, ha dejado claro que dicha teoría fue formulada por primera vez por el doctor navarro.

El Comentario resolutorio de usuras de Azpilcueta, publicado en 1556, no sólo apareció doce años antes de la Réponse de Jean Bodin, en 1568, sino que además, el autor navarro desarrolló su primera teoría cuantitativa de una forma más completa que el teórico francés, empleándola como punto de partida para elaborar una teoría de paridad de poder adquisitivo del dinero en los cambios internacionales.

martin azpilcueta doctor navarrus obras
OBRAS LITERARIAS DE MARTÍN DE AZPILCUETA

El otro núcleo de cuestiones que abordó Azpilcueta estaban relacionadas con el Interés crediticio, estableciendo el concepto, funciones y valor del dinero. Entonces, las operaciones financieras y crediticias estaban englobadas con el nombre de "usura".

Primero, se manifestó a favor de una concepción metalista del dinero, es decir, que el valor nominal de una moneda estuviera en función del peso y valor del metal acuñado.

Continuaba aceptando la concepción moderna que reconoce la productividad del dinero. Por tanto, defendía la idea de que la moneda es una mercancía más y sufre las mismas variaciones que cualquier otro producto. Según el navarro:
"La moneda de oro, por su particular falta, puede valer más de lo que valdría si hubiese abundancia de ella."

Y, en base a esta concepción del dinero, trató de precisar racionalmente los dos factores que determinan el interés de los préstamos: cantidad prestada y tiempo de devolución); los mismo con respecto a los cambios, que sometió a un detallado análisis y división.

Así, definió lo que se llamó la Teoría del Valor-Escasez del dinero en los siguientes términos:
"Todas las mercaderías encarecen por la mucha necesidad que ay, y poca cantidad dellas, y el dinero en cuanto es cosa vendible, trocable o conmutable por otro contrato es mercadería... luego también él se encarecerá con la mucha necesidad y poca quantidad dél."

Por último, realizó una de las primeras exposiciones del concepto de la preferencia temporal, es decir, que a igualdad de circunstancias, los bienes presentes siempre se valoran más que los bienes futuros. Esta idea está en la base del Concepto de Interés de la Escuela Austríaca, que considera a Azpilcueta como uno de sus precursores.

Desde un análisis precapitalista, se preocupó también de la moral económica. Ayudó a eliminar el estigma de la usura y del cobro de intereses, así como a erradicar la tesis aristotélica sobre la esterilidad del dinero. Abordó los problemas morales derivados de las operaciones mercantiles y transacciones económicas de la Modernidad conciliándolos con la moral tradicional. Y defendió la licitud del cobro de intereses en préstamos, contra el criterio de la Iglesia católica de entonces.

martín azpulcueta comentario resolutorio cambios usuras
UNIVERSIDAD DE COIMBRA Y MARTÍN DE AZPILCUETA

En 1537, Juan III de Portugal fundó la Universidad de Coimbra. Queriendo dotarla de profesores prestigiosos, solicitó a Carlos V que le enviase al doctor Azpilcueta, valiéndose del apoyo de su hermana Isabel de Portugal, esposa del emperador. Esta decisión contó con la negativo de la Universidad salmantina, que no estaba dispuesto a perder a tan insigne figura, aunque tuvo que ceder bajo presiones. Por otra parte, el monarca le sedujo con una pensión jubilatoria de 1.000 ducados de oro, la mayor pagada a un profesor de la época.

En 1538, se trasladó a la ciudad lusa dedicarse a la actividad docente en Prima de Cánones en Derecho. Además de obtener el mismo éxito entre los estudiantes que en la otra, tomó participación en la vida pública portuguesa como consejero y confesor de personalidades relevantes.

En la ciudad lusa publicó su obra más conocida, Manual de confessores y penitentes, de carácter moralista. Apareció en español y en portugués en Coimbra, en 1553. Fue escrita en latín como Enchiridion sive Manuale confessariorum et paenitentium, en Amberes, en 1575. Esta obra le convirtió probablemente en el canonista más importante de su época, ya que llegó a tener más de 50 ediciones y fue publicada en diversas lenguas: español, portugués, italiano, francés, latín, etc.

Se suele considerar que Azpilcueta unió la especulación jurídica con la moral en relación con el sacramento de la penitencia. Y que estableció profundas relaciones entre el Derecho Canónico y la Teología. Además, logro dar un enfoque práctico a muchos problemas morales que afectaban a planteamientos novedosos de la época. Esta importante obra influyó durante varias generaciones sobre todo en la formación de los seminaristas.

Como pensador iusnaturalista, defendió la tesis por la cual "el reino no es del rey, sino de la comunidad, y la misma potestad regia por derecho natural es de la misma comunidad y no del rey, por lo cual no puede la comunidad abdicar totalmente en ese poder". Tesis defendida cuando aún estaba en auge el espíritu de los comuneros de Castilla ejecutados por Carlos V. Su pensamiento era opuesto a la deriva absolutista que las Monarquías europeas estaban desarrollando en sus Cortes, incluyendo a la hispánica de los Habsburgo.

Azpilcueta fue defensor de la paz como eje de convivencia de los pueblos. Este es uno de los textos más significativos de su pensamiento, escrito en su Carta apologética:
"He visto entre españoles y franceses que muchos varones, aun eruditos y profundamente piadosos, sienten tan pasión por su pueblo y sus jefes, que no dudan en favor de ellos dar lo falso por verdadero y los injusto por justo, y afirman lo dudoso por cierto; y se llenan de ira contra aquellos que les contradicen. Veo también, oh dolor, veo que hombres de una monarquía y pueblo odian y llaman con nombres infames a los súbditos de otras monarquías y otros pueblos por el solo hecho de que pertenecen a este o aquel país."

Y tras una serie de consideraciones sobre estos hechos, en el apartado De Iudaeis, concluyó:
"Nadie debe se odiado y condenado por el solo hecho de que pertenece a otros países. Persuádanse de que los enemigos no deben ser aniquilados ni sus ciudades incendiadas o destruidas. Procuren más bien arrepentirse y restituir lo que ha sido mal cogido, dar satisfacciones por la injurias inferidas y hacer una paz verdadera con buenas condiciones. Venza también una misma caridad a los que unió un mismo bautismo, una misma fe y una misma esperanza en una misma Iglesia."

Ambos textos fueron incluidos en su obra Comentario resolutorio de cambios.

MANUAL DE CONFESSORES Y PENITENTES, POR MARTÍN DE AZPILCUETA

Después de dieciséis años de docencia en aquella universidad portuguesa, en 1555, decidió retirarse de su profesión y regresar a Barásoain para dedicarse al estudio y a la redacción de sus obras, muy estimadas por teólogos y canonistas de todos los tiempos. De todas formas, estuvo involucrado en actividades muy diferentes.

Fue asignado obispo de Santiago de Compostela, aunque no aceptó el cargo por su avanzada edad. Fue consultado acerca de diversos asuntos por los tribunales de la Inquisición española. Y fue visitador de varios monasterios, entre otros el de San Isidoro de León.

Permaneció en Salamanca, junto a sus compañeros de Escuela jurídica-filosófica, para la elaboración de sus escritos. Y, finalmente, se estableció en la Corte de Felipe II sirviendo como consejero en jurisprudencia hasta 1567. Para él realizó el dictamen sobre la reforma del Concilio de Trento en los cabildos catedralicios, o dirigió su defensa personal frente al papa Paulo IV.

En estos años continuó la publicación de interesantes obras. En 1558, ya había editado Comentarios al Catecismo Christiano en Flandes mientras acompañaba a Felipe II. Pretendió formular una novedosa y original doctrina cristiana al gran público, en consonancia con el Erasmismo y otras corrientes espirituales del Renacimiento. Su intención fue algo arriesgada e incomprendida en un momento de enorme confusión entre las corrientes iluministas y ascéticas en España y la irrupción de los movimientos protestantes en Europa.

También conocido es su Tratado sobre las rentas de los beneficios eclesiásticos que alcanzó numerosas ediciones a partir de su primera publicación en Valladolid, en 1566.

En 1569, aparecieron unas Additiones al Manual, acompañando a De Usuras y Simonía, en las que el autor justificaba la licitud de los préstamos con interés.

Durante su viaje a Flandes, había sido nombrado arzobispo de Toledo y primado de España, con la aprobación de Felipe II y la consagración del cardenal Granvela en Bruselas. Sin embargo, el libro Comentarios al Catecismo había levantado sospechas a la Inquisición y el inquisidor general y arzobispo sevillano, Fernando de Valdés, en abrió un proceso de enjuiciamiento. Se trataba de una lucha de poder para acceder a la supremacía de la jerarquía eclesiástica, y su principal rival no iba a permitir que se lo arrebatase un fraile dominico, cuyo pleito se resolvió con la renuncia del navarro a tal cargo.

FRANCISCO DE VITORIA Y BARTOLOMÉ DE CARRANZA

Poco después, en 1561, Azpilcueta fue requerido por el también navarro Bartolomé de Carranza y Miranda, arzobispo de Toledo y cardenal primado de España, acusado de herejía ante el tribunal de la Inquisición. A Valladolid se trasladó, donde su tribunal de la Inquisición estaba dirigiendo el auto, en un proceso lleno de complejidades, intrigas e intereses. Comprobando las irregularidades que se estaban cometiendo, Azpilcueta lo puso en manos del Vaticano el proceso, bajo la autoridad de Pío V. Aunque en un principio, la Corte española se negó a aceptar el seguimiento del auto por parte de Roma, no tuvo más remedio que aceptar. El abogado navarro sabía que allí encontraría circunstancias más favorables y que Felipe II se había convertido en otro opositor más al nivel que las autoridades inquisitoriales.

En 1567, ya establecido en Roma, el proceso judicial de Carranza comenzaba de nuevo. El papa Pío V estaba a favor de la absolución de Carranza, pero falleció sucediéndole Gregorio XIII. La Cortes española presentaba unas pruebas contrarias a las de Azpilcueta, quien ya era considerado otro enemigo más. Finalmente, la sentencia de 1576, tras nueve años de proceso, absolvía a Carranza de herejía formal, pero lo condenaba por irregularidades menores.

Gracias a su brillante defensa, Azpilcueta consiguió el aprecio de las sedes vaticanas de Pío V, Gregorio XIII o Sixto V, siendo consultor y consejero de ellos. Pío V le nombró consultor de la Sagrada Penitenciaría Apostólica y materias diversas. Sixto V le quiso nombrar cardenal, a lo que la Corona española se negó.

No regresaría a España y prefirió seguir trabajando para la Santa Sede mientras redactaba nuevos estudios científicos. Conocía el ambiente de hostilidad que se estaba generando contra él, pues sus enemigos se basaban en mentiras como un supuesto favoritismo hacia Francia en el contencioso del Reino de Navarra. De nada sirvió que Azpilcueta jurase su lealtad al rey Felipe II y su patriotismo a España, pues le echaban en cara viejos escritos de su juventud cuando defendía la causa agramontesa.

Al final de sus días, en un carta dirigida al duque de Alburquerque, resumía así su dilatada trayectoria profesional:
"Navarra me engendró, Castilla la Nueva me educó en Alcalá, Francia me hizo hombre, Castilla la Vieja me ensalzó en Salamanca, Portugal me honró y esclareció; finalmente, a través de las múltiples incidencias y situaciones de la vida, vine a Italia, la más escogida tierra del mundo eterno, y resido en la madre y maestra del Orbe, Roma, hace ya tres años frisando mi edad en los 78 años."

MARTÍN DE AZPILCUETA

En 1586, falleció en Roma a los 94 años, edad insólita para la época, con carácter de santidad. Fue enterrado según su voluntad en la Iglesia de San António de los Portugueses ante todas las autoridades eclesiásticas romanas. El sacerdote, teólogo moralista y profesor de Derecho Canónico en Toulouse, Salamanca y Coimbra fue llamado "Doctor Navarrus" por su origen y profesión.

Con posterioridad a su muerte, aparecieron sus obras completas publicadas en Venecia, en 1598, bajo el título de Compendium horum omnium Navarri operum.

Ha tenido el honor de estar incluido en el Corpus Hispanorum de Pace, colección dirigida por Luciano Pereña sobre la historia del pensamiento español y editada por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.