ESCOLÁSTICA "DECADENTE" A INICIOS DEL SIGLO XVI


El movimiento filosófico español más importante del Renacimiento, probablemente, hay sido la Escolástica, con importantes e innovadoras aportaciones de sus exponentes en cuestiones sobre Ética, Derecho, Teología y Economía. Pero tal relevancia y esplendor alcanzados por la Escolástica española en la segunda mitad del siglo XVI fue debida a una renovación de las actitudes filosóficas y de los estudios humanísticos.

Esta eclosión escolástica partió de un momento de aparente depresión en los primeros años de siglo. El hecho en aquella época, la Escolástica había degenerado en toda Europa, y esa decadencia había sido muy profunda entre los filósofos españoles.

Una de las causas fue la introducción de la doctrina del Nominalismo, el principal vehículo de dicha decadencia, en la Universidad de Alcalá de Henares por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, algo que no ocurrió en la de Salamanca.

Entres esos filósofos nominalistas de Alcalá figuró Pedro Sánchez Ciruelo, catedrático de Teología y experto en Matemática, que escribió numerosas obras de estas especialidades. Había estudiado en Salamanca y en París, donde se doctoró y enseñó Matemáticas y Astronomía. En 1510, fue llamado por Cisneros para enseñar en Alcalá; asistió a la Junta de Valladolid en 1527, pronunciándose contra la doctrina humanista de Desiderio Erasmo; y terminó su vida académica en la Universidad de Salamanca.

El grupo mayoritario de nominalistas españoles de aglutinó en torno a la Universidad de La Sorbona de París, muchos de los cuales enseñaron en el Colegio de Montaigu, donde los conoció el gran humanista Luis Vives, que después los atacaría ferozmente en su obra Contra los pseudodialécticos. Entre ellos estaban Andrés Linos, Fernando de Enzinas, Juan Dolz, Juan de Gélida, Juan Lorenzo de Celaya, Gaspar Lax, Antonio Núñez Coronel, y su hermano Luis Núñez Coronel, que derivó al Erasmismo.

UNIVERSIDAD DE LA SORBONA EN PARÍS

Las otras grandes corrientes de esta Escolástica decadente, como el Tomismo, el Buenaventurismo y el Escotismo, se mantuvieron marginadas, pues abandonaron sus grandes estudios panorámicos y de fondo, para centrar su interés en cuestiones secundarias y de poca transcendencia, mediante interminables discusiones. Muchas veces su labor quedaba reducida a la de repetir, abreviar, comentar o defender las posturas doctrinales tradicionales heredadas.

La causa fundamental de esta decadencia de la Escolástica se atribuye a la importancia concedida a la Lógica, lo que conllevó a un exceso de sutilezas y disquisiciones inútiles; porque hasta las mismas cuestiones metafísicas se daban revestidas de Lógica o Dialéctica. Indudablemente, hubo un abuso en la importancia concedida a la Lógica, y esto impidió que en esta disciplina se produjesen avances considerables. Desde luego, las fuentes utilizadas seguían siendo los heredados de la Antigüedad clásica, pasados por la interpretación medieval. Estos libros eran los de Aristóteles, en especial el Organon; la Isagoge, de Porfirio; las Súmulas, de Pedro Hispano; el Mammotretus, de Juan Machesini; el Floretus y el Cometus, de Juan de Garland; las Sentencias, de Pedro Lombardo.

Los maestros de Filosofía se limitaban a comentar y explicar estos textos, con devoción a las doctrinas aristotélicas, lo que llevaba a una obsesión por debatir, cuyo objetivo era el triunfo en la polémica más que en el hallazgo de la verdad. Se trataba de discutir por discutir sobre cuestiones absolutamente ridículas, como por ejemplo, cuántos ángeles caben en una cabeza de alfiler, o la de si Dios podría haber cumplido su empresa de redención caso de haber venido al mundo en forma de guisante, etc. Y todo ello mediante un latín degenerado y una terminología bárbara, contra los que acabaron reaccionando los mismos escolásticos españoles.

PEDRO SÁNCHEZ CIRUELO

No hay comentarios:

Publicar un comentario