ASTRONOMÍA ESPAÑOLA MEDIEVAL


Durante la baja Edad Media, las ciudades de hispano-árabes de Toledo y Córdoba fueron referentes científicos en investigación astronómica a través de la Escuela de Astronomía y Matemáticas cordobesa y de la Escuela de Astronomía toledana, que elaboraron novedosos instrumentos de observación como el astrolabio o la clepsidra y las Tablas astronómicas toledanas. En estas escuelas destacan Maslama de Córdoba, Azarquiel de Toledo, Abu-l-Quasim Asbag o Ibn Tufayl.

Alfonso X el Sabio continuó esta tradición científica mediante la Escuela de Traductores de Toledo y la publicación de las Tablas astronómicas alfonsíes, que fueron referentes científicos de su época.

ASTRONOMÍA DE LA ESPAÑA MEDIEVAL

La astronomía es la ciencia que estudia los cuerpos celestes del Universo, incluidos los planetas y sus satélites, los cometas y meteoroides, las estrellas y la materia interestelar, las galaxias y los cúmulos de galaxias; por lo que estudia sus movimientos y los fenómenos ligados a ellos. La cosmografía es la ciencia que describe las características del universo en forma de mapas. Ambos términos aparecieron diferenciados por primera vez en la obra Almagesto del greco-egipcio Claudio Ptolomeo, en el siglo II, quien combinó los elementos de la geografía y la astronomía.

España también se ha ganado un lugar de prestigio internacional en el estudio de la astronomía, gracias a la experiencia extremadamente larga en este campo, cuyos inicios se encuentran en la prehistoria. Ha sido la cuna y reserva de los conocimientos astronómicos y cosmográficos cuando el resto del mundo estaba en decadencia. A pesar de los volúmenes perdidos, se han salvado los suficientes textos como para afirmar que España ha marcado diferencias en ambos campos.

Los primeros grabados y la colocación de dólmenes y menhires ordenados de acuerdo a criterios relacionados con fenómenos astronómicos son prueba de que, ya en la Prehistoria, el hombre conocía y estudiaba los astros y sus movimientos.

En la Cueva de Parpalló, en Gandía (Valencia), se puede observar cómo los equinoccios muestran una serie de juegos de luces que siguen un orden establecido. Del mismo modo, los Toros de Guisando (siglos V-IV a. C.), en El Tiemblo (Ávila), fueron alineados siguiendo la puesta del sol en los días de equinoccio. Recientes teorías atribuyen la posición de los Bisontes de Altamira a una suerte de mapa del cielo. Otro símbolo que se cree relacionado con los conocimientos astronómicos en la antigüedad es el Indalo, dibujado en la Cueva de los Letreros (Almería) y que representa a un hombre, con lo que se cree el firmamento o el arco iris.

BISONTES DE ALTAMIRA E INDIALOS DE LOS LETREROS

Los primeros registros sobre trabajos en materia astronómica en España se encuentran en la Corte visigoda. A inicios del siglo VII, San Isidoro de Sevilla escribió un tratado científico, De rerum natura (Sobre la naturaleza), a petición del rey Sisebuto. Era obispo, teólogo y cronista, y tradujo los escritos de Aristóteles. Al recibir la copia del famoso libro de San Isidoro, escribió una carta en la cual trataba de dar explicación a los eclipses de Sol y de Luna, por la cual se deduce que ambos personajes históricos ya creían en la esfericidad de la Tierra.

Los astrónomos de Al-Ándalus asimilaron y rescataron los conocimientos griegos en todas las ramas de las ciencias, que asimilaron y mejoraron con observaciones más precisas y cálculos más exactos. El llamado método científico, cuya introducción se atribuye a Galileo Galilei, ya estaba presente en la astronomía andalusí.

Los estudios astronómicos se cultivaron asiduamente después de la segunda mitad del siglo X y fueron vistos con especial interés por los gobernantes de Córdoba, Sevilla y Toledo. Siguiendo a Abu Ma'shar de Bagdad, muchos astrónomos andalusíes creían en la influencia astral como la causa de los sucesos acaecidos desde el nacimiento hasta su muerte. El estudio de esta influencia astral hizo que la astrología contribuyera al estudio de la astronomía.

Los astrónomos hispano-árabes contaban con las obras astronómicas y astrológicas precedentes de sus colegas de Oriente. Advirtieron que el tradicional sistema teórico, basado en las ideas de Ptolomeo, que afirmaban que la Tierra ocupaba el centro del Universo, no cuadraban bien con sus observaciones, añadiendo novedades. Reprodujeron el sistema aristotélico y, basándose en este, combatieron la representación ptolomeica de los movimientos celestes.

Astrolabio andalusí astronomía medieval
ASTROLABIO

Entre sus logros se encuentran las predicciones sobre manchas solares, los primeros estudios sobre el paso de cometas y los ciclos lunares, las correcciones sobre observaciones de Ptolomeo y las mejoras efectuadas en los calendarios existentes. A los científicos de Al-Ándalus también se debe la creación de artefactos como el astrolabio o el péndulo, instrumentos astronómicos más precisos y ligeros.

El astrolabio con lámina universal es un ejemplo de belleza, ligereza y versatilidad. Modificado por el astrónomo granadino Ibn Baso, fue construido a principios del XI. Con esta especie de antecesor del GPS era posible pasar de forma rápida de un sistema de coordenadas a otro y se podía calcular con él la hora en cualquier latitud.

Uno de los artefactos más sorprendentes de aquellos islámicos toledanos fueron los relojes de agua o clepsidras, construidos a orillas del río Tajo. Consistían en un par de estanques que se llenaban coincidiendo con la Luna llena (plenilunio) y se vaciaban con la nueva. De este modo, los musulmanes de Toledo conocían la hora y el día del mes, ya que se guiaban por meses lunares.

Los poetas cantaron a estos relojes de aguas y algún ilustre visitante las calificó de "lo más maravilloso y sorprendente que hay en Toledo y que no tiene igual en el mundo habitado".

En el año 1133, el rey de Castilla quiso conocer los secretos del artificio y un astrónomo judío se ofreció a desmontar una de las clepsidras y a mejorarla, pero tal era la complejidad del mecanismo que fracasó en su intento y la clepsidra no volvió a funcionar. La otra desapareció más tarde, y de ella no quedó rastro, como no ha quedado de otros muchos artificios construidos por los ingeniosos sabios hispanoárabes.

MODELOS DE CLEPSIDRAS

También elaboraron novedosas tablas astronómicas como instrumentos que permitieran calcular las posiciones de los planetas, el Sol y la Luna, respecto a un punto geográfico, las distancias entre ellas, o el cálculo de los eclipses y posiciones de las estrellas. Las tablas astronómicas aparecieron en la Grecia clásica, se conserva un ejemplar de Ptolomeo, pero fue en el ámbito islámico medieval donde tuvo un mayor desarrollo, especialmente en la elaboración de calendarios y el cálculo temporal.

Cuando los centros científicos de Arabia empezaron a caer, todo el conocimiento se desplazó hasta Al-Ándalus, en donde brillaron grandes pensadores y estudiosos como Averroes o Malsama. Con Maslama, las investigaciones astronómicas comenzaron a trasladarse desde Bagdad a Córdoba y Toledo en la Edad Media, de igual manera que siglos más tarde, el meridiano de Toledo sería el de Greenwich en la Edad Moderna.

Maslama ben Ahmad Al-Majriti fue el fundador de la prestigiosa Escuela de Astronomía y Matemáticas de Córdoba, en el siglo X. En ella se confeccionaron las primeras tablas astronómicas de la península y se diseñó el mapa celeste más preciso hasta la fecha, lo que situó a la España musulmana en la vanguardia de la astronomía mundial.

Maslama corrigió las tablas de Al-Joarizmi y Albatenio, los dos astrónomos más célebres del oriente islámico, perfeccionando el mapa del cielo y reduciendo muchas observaciones al meridiano de Córdoba. Comentó y tradujo a Ptolomeo, incorporándolo a la astronomía hispano-musulmana con sus esferas excéntricas y epiciclos, armonizando los movimientos de los astros alrededor de la Tierra. Por último, introdujo novedosos métodos de observación astronómica y completó las fórmulas matemáticas del geómetra oriental Tabit ibn Qurra.

Discípulo suyo fue Abu-l-Quasim Asbag, autor de unas famosas tablas astronómicas y cuyos escritos sobre el astrolabio fueron incorporados por Alfonso X el Sabio al Libro del saber astronómico.

ASTROLABIO DE AZARQUIEL

Durante el reinado de Al-Mamun, cadí de Toledo, tuvo lugar la Escuela Astronómica de Toledo, del siglo XI, dirigida por el docto y enciclopédico Ben Said. El más notable representante de esta escuela de astrónomos y matemáticos fue Azarquiel, cuyo talento se manifestó en todas las ramas de ambas disciplinas. Fue un ingenioso inventor de instrumentos astronómicos como astrolabios o brújulas y, sobre su construcción y manejo, dejó escritos varios tratados. Casi todos ellos fueron traducidos al castellano o al latín en la Corte de Alfonso X.

Azarquiel tuvo una visión más audaz del sistema planetario que sus antecesores y fue el primero que hizo mover a los planetas menores alrededor del Sol y en investigar el fenómeno de los eclipses. Descubrió que la órbita descrita por el planeta Mercurio se ajustaba mejor a un óvalo que a una circunferencia, anticipándose siglos antes al tratado de Johannes Kepler, por el cual los planetas giraban en torno al Sol en órbitas elípticas.

Por orden del gobernador Al-Mamun y bajo la dirección de Azarquiel, los astrónomos toledanos realizaron numerosas observaciones, que fueron ordenadas en unas excelentes tablas, completando las más importantes de sus antecesores Joarizmí, Tabit ibn Qurra y Maslama de Madrid. Las llamadas Tablas astronómicas toledanas, publicadas en 1080, se utilizaron durante más de un siglo para establecer el movimiento de los planetas, cuya precisión ha sido elogiada por astrónomos de todos los tiempos. En su elaboración también participó Ben Said.

Realizó una Suma referente a la duración del año solar, para la cual Azarquiel pasó veinticinco años analizando los movimientos del Sol. Midió la variación del apogeo solar, es decir, el punto donde la distancia entre el Sol y la Tierra es mayor, siendo de 12 segundos de arco por año, mientras el valor moderno está en torno a 11,8 segundos de arco. También fue notable la fijación por la precisión, contrastando sus resultados con los de otros astrónomos.

Escribió un Tratado relativo al movimiento de las estrellas fijas, basándose en las ideas de Ibn Qurra, que suponía que estas estrellas tenían un movimiento de acceso y retroceso. Era importante porque en las Tablas Toledanas se usaba una estrella patrón como origen de las coordenadas y era necesario corregir la longitud sumando el valor de la precisión. En contraste con las teorías de Hiparco y de Ptolomeo, que predecían un movimiento constante, la teoría de la trepidación de Azarquiel e Ibn Qurra predecía un acceso y retroceso de los equinoccios.

En el Tratado de la Azafea, Azarquiel introdujo innovaciones en el astrolabio, un instrumento fácil de manejar y transportar y que permitía una amplia serie de cálculos y de mediciones. Su construcción estaba basada en la proyección de la esfera celeste sobre un plano, más o menos como se proyectan los mapas terrestres. En el astrolabio plano, esta proyección es la estereográfica ecuatorial, que tenía sus inconvenientes ya que hacía falta una lámina para cada latitud, lo que limitaba el uso del astrolabio u obligaba al fabricante a manufacturar varias láminas. La innovación técnica de Azarquiel consistió en introducir dos proyecciones meridianas, una para cada mitad de la esfera. Así, algunos planos fundamentales, como el ecuador, la eclíptica y los horizontes, fueron representados por líneas rectas, cambio que permitía utilizarla en cualquier latitud.

Si la Azafea suponía un avance en relación a la Lámina Universal de Ali B. Jalaf, el Tratado de la lámina de los siete planetas de Azarquiel supuso igualmente un progreso con respecto al astrolabio de Ibn Samh. Este último requería una lámina para cada planeta y Azarquiel, en su intención de simplificar resultados, introdujo una sola lámina que hacía todo el trabajo. Fue en esta obra donde la Astronomía pasó de representarse mediante círculos a óvalos.

Otro de los grandes astrónomos de referencia fue Ibn Tufayl, posiblemente el científico granadino que más ha influido en el pensamiento de Occidente. Fue seguidor de Avempace y también fue médico, primero en Granada y luego en otras ciudades del Al-Ándalus. Más tarde renunció al cargo de médico real en favor de su discípulo, Averroes. Fue un pionero en erradicar el sistema de Ptolomeo, basado en las enseñanzas de Aristóteles. Negaba los epiciclos y excéntricas por su imposibilidad física, detalle de suma importancia dado que los modelos vigentes en aquella época se basaban sólo en la geometría.

Ibn Tufayl no se limitó a la astronomía. Su libro El Filósofo Autodidacta ha servido de modelo a la literatura y filosofía europeas posteriores como Robinson Crusoe de D. Dafoe y Emilio de J. J. Rousseau.

Otros libros andalusíes de astronomía y matemáticas fueron libros de consulta en la Europa Occidental en los siglos posteriores.
ESCUELA ASTRONÓMICA DE TOLEDO

El declive llegó con la caída del Califato cordobés, que acabó dividido en pequeñas taifas y la invasión de los bárbaros guerreros almorávides. Destacó entonces la labor desarrollada por la Escuela de Traductores de Toledo, fundada por Alfonso VI, tras la reconquista de esta ciudad, en 1085. Esta institución permitió que obras fundamentales de la antigua cultura grecorromana así como de la actual hispano-árabe pudieran ser transmitidas a la Europa medieval a través de España.

Los llamados Libros del Saber de Astronomía son una recopilación del conocimiento astronómico hasta el reinado de Alfonso X, que consistían en varias traducciones y adaptaciones de tratados al romance castellano, aunque también contiene producción propia.

El máximo desarrollo científico de esta Escuela toledana se experimentó bajo el reinado de Alfonso X el Sabio (1221-1284), quien fundó la prestigiosa Escuela Alfonsina de astronomía. Financió los estudios encaminados a validar la astronomía de posición. Son numerosos los testimonios de la época que informan del esfuerzo científico destinado a la observación del cielo para el necesario apoyo a la navegación. Las primeras universidades europeas, en especial la de París, recibían maestros y estudiantes hispanos que llevaban novedades científicas de esta disciplina. En esta escuela se publicaron obras relevantes como el Libro de las figuras de las estrellas fijas, el Libro del Alcora, el Astrolabio redondo y llano, el Tratado de las Armiellas, el Libro del Lapidario, las Tablas astronómicas alfonsíes, entre otras.

ESCUELA ASTRONÓMICA ALFONSINA

Esta escuela supuso una evolución en la astronomía europea, ya que era la primera vez que una Corte occidental promovía de forma directa un proyecto de esta índole: el primer observatorio astronómico construido con fines específicos, así como las primeras tablas de época medieval realizadas por astrónomos no musulmanes.

Su obra cumbre fueron las Tablas astronómicas alfonsíes, elaboradas por los científicos hispano-judíos Yehuda ben Moshe e Isaac ben Sid, para el meridiano de Toledo. Sirvieron para calcular las efemérides planetarias, tomando como referencia las elaboradas en el siglo XII por el astrónomo cordobés Azarquiel en sus Tablas toledanas, el cual a su vez las había adaptado del sistema de Ptolomeo. Así, partiendo de la tradición tabular, introdujeron nuevos parámetros de medición recogiendo en forma de tablas las posiciones exactas y precisas, y determinando el movimiento sobre la elíptica de los cuerpos espaciales sobre Toledo, desde el 1 de enero del año 1263 hasta 1272, durante el reinado de Alfonso X. Con estas tablas se pretendía calcular la posición del Sol, la Luna y los planetas de acuerdo con el sistema de Ptolomeo. Fueron muy útiles para la geografía, contribuyendo a la localización de coordenadas terrestres basándose en las coordenadas celestes; también para la navegación, ya que facilitaban la orientación basándose en el conocimiento de las constelaciones y situación de los planetas.

Durante mucho tiempo, estas Tablas fueron la base de todas las efemérides astronómicas que se publicaron en los reinos hispánicos medievales y las más empleadas en Europa durante la baja Edad Media, circulando cientos de copias manuscritas al latín por Italia, Francia e Inglaterra a lo largo del siglo XIV. A comienzos de este siglos ya habían llegado a París, donde un grupo de importantes astrónomos recogieron las novedades de las Tablas alfonsíes y las adaptaron para el meridiano de París con gran éxito. Desde entonces, sentaron las bases de la elaboración de las tablas astronómicas de toda la Edad Media tardía y del Renacimiento, teniendo vigencia hasta el siglo XVII, momento en el que se aceptó la concepción heliocéntrica de Copérnico.

Estas Tablas alfonsiés "parisinas" adquirieron tanto éxito que se reeditaron en varias ocasiones durante dos siglos, siendo un punto de referencia imprescindible en las universidades europeas así como texto de consulta para los grandes científico y astrónomos de la época: Pascual de Hamel, Nicholas Polonius, Juan de Sajonia, Gaurico, Tycho Brahe, etc

Ejemplo de su alcance fueron las Tablas firmadas por Galileo, impresas en 1492, y ubicada en la Biblioteca Nazionale Centrale di Firenze, o el ejemplar formado por Copérnico, también de 1492, ubicado en la Biblioteca de la Universidad de Uppsala. Tras la invención de la imprenta, fueron reimpresas varias veces, si bien la edición más aparecida fue la que el profesor del Colegio Real de París Paschasius Hamelius publicó en 1545 y 1553. Fueron desplazadas por las Tablas Rodolfinas, publicadas por Kepler en 1627 y basadas en las observaciones de Tycho Brahe. En 1935, se reconoció al rey Alfonso X como astrónomo, nombrándole en su honor el cráter lunar Alphonsus.

tablas astronómicas alfonsíes
TABLAS ASTRONÓMICAS ALFONSÍES

Se estaba gestando durante aquellos siglos la madurez científica precisa al mundo, tan importante como la invención de la vela y el timón, porque sin mapas el hombre no hubiera podido navegar más allá de las proximidades de la costa.

Su entusiasmo y trabajo fueron continuados por el también rey castellano Juan I distribuyó, en 1390, ochenta y cuatro años antes de que Regio Montano escribiese su Ephemérides, un almanaque, calculando día por día para tres años, con datos para determinar la posición de los astros.

Un rey aragonés, Pedro IV, fue protector de sabios, bajo cuyos auspicios el castellano Jacobo Carcomo compuso las tablas astronómicas, y Bartolomé de Tresvents redactó un tratado de astrología.

HELICÓPTERO LIBÉLULA ESPAÑOLA POR FEDERICO CANTERO VILLAMIL


Federico Cantero Villamil fue un ingeniero que inventó el primer prototipo de helicóptero en la década de 1920, patentando con el nombre de Libélula española, también llamado Libélula Viblandi. Se adelantó en más de diez años al modelo del ingeniero ucraniano Igor Sikorsky, al que se atribuye la invención del helicóptero actual.

De forma teórica, reunió sus resultados de ingeniería aeronáutica en su obra Aviación y relatividad. Problemas del vuelo sin motor, publicada en 1923. También destacó por sus investigaciones en el campo de la tecnología de generación de electricidad.

Federico Cantero Villamil helicóptero Libélula española
HELICÓPTERO LIBÉLULA ESPAÑOLA POR FEDERICO CANTERO VILLAMIL

Federico Cantero Villamil nació en Madrid el 22 de junio de 1874. Tras acabar el bachillerato estudió Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos, logrando ser el primero de su promoción. La ingeniería industrial fue algo familiar, su padre, ingeniero industrial, investigó y desarrolló prototipos de trenes, que puso bajo la protección de las leyes de la propiedad industrial de su época.

En el año 1900, consiguió una licencia estatal para poder trabajar en la Jefatura de Obras Públicas de Zamora, donde llegó a realizar algunas patentes de sus inventos. Ese mismo año, obtuvo licencia para trabajar en obras hidráulicas, justo cuando en esos momentos los gobiernos de España y Portugal planificaban como explotar el potencial hidroeléctrico del río Duero para generar electricidad.

HELICÓPTERO LIBÉLILA ESPAÑA Y FEDERICO CANTERO VILLAMIL

Pero un año antes, en 1899, había fundado la sociedad El porvenir de Zamora, con la intención de explotar la presa de San Román, cerca de Zamora, para la producción de electricidad. Este proyecto basado en el sistema de saltos de agua se prolongó hasta 1903, convirtiéndose en el primero de España. También diseñó lo que pasaría a llamarse la Solución Ugarte o Solución Española de los Saltos del Duero, un proyecto de construcción de presas a lo largo del Duero en territorio español, materializándose en el desarrollo de algunas presas, y también de otras de otras de Burgomillodo, y de los ríos Duratón, Esla y Eresma.

En 1945, patentó un nuevo tipo de esclusas hidráulicas accionadas por el agua del canal o presa donde estuvieran instaladas. Aunque los principales trabajos de Cantero se centraban en la construcción de presas y saltos de agua, desde el año 1908 fue patentando otras invenciones relacionadas con la aeronáutica, donde su principal interés se centraba en el problema del vuelo.

Libélula española Viblandi Cantero Villamil aeródromo Cuatro Vientos
HELICÓPTERO LIBÉLILA ESPAÑA

En 1910, patentó una "idea para mantener cuerpos en el aire, y si se necesita, propulsión", y hasta 1946 llegó a registrar 23 patentes relacionadas con la aeronáutica.

En 1923, Cantero editó su libro Aviación y relatividad: problemas del vuelo sin motor (exposición elemental).

Su gran invención fue una especie de autogiro, el primer prototipo de helicóptero denominado por el nombre de Libélula española o Libélula Viblandi, abreviatura de su apellido Villamil y el de sus ayudantes Blanco y Díaz, desarrollada en 1924.

A finales de 1935, Cantero Villamil fundó la Sociedad de Vuelos Planeados y a Vela de La Granja de San Idelfonso (Segovia).

Usando el conocimiento que adquirió durante treinta años de trabajo, Cantero comenzó a construir su prototipo de helicóptero en 1935, pero el estallido de la Guerra Civil un año después paralizó el proyecto a punto de su puesta en marcha. Mientras que el proyecto estaba en la zona republicana de Madrid, Cantero permaneció en la ciudad de Zamora, que se sumó al alzamiento nacional.

En 1941, el helicóptero estaba preparado para realizar pruebas de vuelo, pero finalmente quedó en el olvido después de las exitosas pruebas de vuelo realizadas en 1939, por el ingeniero ucraniano Igor Sikorsky, a quien se atribuye la invención del helicóptero moderno.

biografía Federico Pérez Villamil Suárez Caballero Congreso Semana Ingeniería Caminos Madrid
BIOGRAFÍAS DE FEDERICO CANTERO VILLAMIL

Al igual que hizo su padre, también desarrolló proyectos de ingeniería en el transporte ferroviario. En 1913, realizó el proyecto de la nueva estación de ferrocarril para la ciudad de Zamora y propuso la construcción de una vía férrea que uniese Zamora con Orense pasando por Puebla de Sanabria. Fue uno de los proyectos de ingeniería más complicados de su tiempo, ya que implicaba la construcción de más de cien túneles, en particular el túnel de Pandornelo, de 6 kilómetros de longitud. Los trabajos se realizaron entre los años 1921 y 1957 con la construcción de una única vía, aunque el diseño estaba pensado para una vía doble.

Falleció el 22 de diciembre de 1946. Durante años, los trabajos de Cantero permanecieron en el olvido, hasta que recientemente han vuelto a salir a la luz de la mano de Isabel Díaz de Aguilar y Federico Suárez Caballero.

diseños helicóptero Libélula española patentes
PLANOS DEL HELICÓPTERO LIBÉLULA ESPAÑOLA

REINO HISPANOVISIGODO FUNDACIÓN DE LA PRIMERA NACIONALIDAD DE EUROPA


Durante los primeros siglos de la Alta Edad Media, el pueblo visigodo fusionado con el hispano consiguió establecer un Estado independiente con identidad propia. Los visigodos recogieron el legado cultural de la Hispania romana, unificaron el territorio bajo una misma corona, se convirtieron al Catolicismo, establecieron un derecho común, se fusionaron con los hispanorromanos formando una misma sociedad y forjaron con todo ello un sentimiento de unidad política. Aunque no en el sentido moderno del concepto, los hispano-visigodos fueron los forjadores de una de las primeras nacionalidades de Europa: la Española.

Cuando el brillo de Roma se oscureció, los hispano-visigodos recuperaron para Europa el antiguo Derecho romano mediante el cual los súbditos formaban una sola comunidad y revitalizaron la cultura clásica grecorromana cuyo máximo representante fue Isidoro de Sevilla.

REINO HISPANO-VISIGODO
FUNDACIÓN DE LA PRIMERA NACIONALIDAD DE EUROPA

Europa nace cuando el Imperio romano aceptó su cristiandad y se dividió en dos mitades: la latina y la griega. Por ello, Diocleciano y Constantino estructuraron el territorio según la existencia de diversas nacionalidades llamadas Diócesis, o su equivalente germánico Volk, cuyo significado equivale a "pueblo".

Cinco grandes Diócesis se establecieron en el lado Oeste del aquel Imperio romano dividido: Italia, Galias, Britania, Germania e Hispania. Mientras las Galias, Britania y Germania abandonaron su nombre por el de los Volk germánicos (francos, británicos, teutones, etc.), Italia y España conservaron su nombre debido a su acusada herencia romana. Hispania obtuvo su identidad a través de Roma, cuando a comienzos del siglo IV, fue reconocida como diócesis cristiana, abandonando el helenismo.

Los hispanorromanos habían comenzado a tener conciencia de formar una unidad. No se trataba de una conciencia nacional, porque el concepto de nación moderna no existía aún, pero si se estaba forjando un sentimiento de comunidad en la península Ibérica.

La muerte del emperador Teodosio en el 395 fue un acontecimiento decisivo. Empujados desde el este por los hunos de Atila, sucesivas oleadas de germanos invadieron el Imperio romano cruzando el Rhin y el Danubio. En el 409 d. C., suevos, vándalos y alanos penetraron en el territorio de una Hispania en descomposición interna. Los suevos se extendieron por Galicia, y los vándalos por Bética, ambos pueblos eran germánicos; los alanos que se extienden por Lusitania eran indoarios.



EXPANSIÓN TERRITORIAL DE LAS TRIBUS GERMÁNICAS

En 409, suevos, vándalos y alanos, empujados por los hunos de Atila, penetraron en la provincia de Hispania. Los suevos se extendieron por Galicia, los alanos por Lusitania y los vándalos por Bética, dentro de una Hispania en descomposición interna.

Y en 414, penetraron también los visigodos, que eran pueblo de unas 200.000 personas que había llegado desde algún territorio litoral al mar Báltico. Poseían un grado de civilización superior al resto de pueblos invasores, de hecho, llegaron a pactar con Roma. No eran un pueblo especialmente belicoso, tan sólo querían asentarse a vivir en tierras, por eso Roma aceptó su asentamiento a ambos lados de los Pirineos a cambio de derrotar a los pueblos invasores que estaban asolando el Imperio.

La condición de pueblo nómada de los visigodos y el predominio de su actividad militar determinaron la estructura social hispano-visigoda, constituyéndose como una superestructura de una nobleza militar de unos doscientos mil bárbaros que se distanciaba de la población autóctona de unos cuatro millones de hispanorromanos.

Al frente de los visigodos estaba el rey Ataúlfo, que sustituyó la legitimidad del Imperio romano y estableció su capital en Barcelona. La idea de los visigodos consistía en mantener las condiciones fijadas en la Lex de hospitalitate, intentando mantener la identidad germánica como el portador del poder.

Eurico intentó ofrecer a la sociedad hispanorromana un sistema jurídico aceptable, codificando y ajustando las leyes del emperador Teodosio II, llamándolas Lex romana visigothurum.

CRUZ VISIGODA - VESTIMENTA DE VISIGODOS

Finalmente, el Imperio romano de Occidente se desintegró en el año 476, debido a la fuerza de las invasiones de los pueblos bárbaros y a su decadencia interna. Los visigodos se encargaron de recoger su legado: expulsaron al resto de tribus hacia África y a los bizantinos que se habían asentado en la parte sureste peninsular, unificaron el territorio bajo una misma corona, recuperaron la herencia cultural, se convirtieron al Catolicismo, establecieron un derecho común, se fusionaron con los hispanorromanos formando una misma sociedad y forjaron con todo ello un sentimiento de unidad política.

Se produjeron duras luchas entre las tribus germánicas hasta que, en 585, los visigodos se hicieron dueños de la situación, incorporando el territorio que ocupaban los suevos. El rey Leovigildo consiguió unificar políticamente la mayor parte del territorio de la antigua provincia romana de Hispania, con capital en Toledo. El Reino hispano-visigodo era un territorio que se organizaba como un Estado independiente con identidad propia.

Leovigildo permitió la fusión étnica, mediante la legalización de matrimonios mixtos entre godos e hispanorromanos, que generó una mayor cohesión social y estabilidad política que duró hasta la invasión musulmana de 711. Durante este siglo VI, los hispanorromanos impusieron sus modos de ser y de vivir.

Por otro lado, el elemento religioso fue fundamental en el asentamiento y desarrollo del reino. Los visigodos fueron un pueblo creyente en el Arrianismo (doctrina de Arriano), una herejía que había tenido gran importancia en épocas pasadas, y conservaron como una característica más de su personalidad étnica. Sin embargo, la realidad política convenció a los monarcas de la necesidad de una unificación religiosa, que se efectuó por la conversión al rito de Nicea.

El 8 de mayo del 589, el rey Recaredo, hijo de Leovigildo, oficializaba el Catolicismo como religión del reino, en sustitución del Arrianismo. Fue durante el III Concilio de Toledo , considerado como el acto fundacional del reino católico visigodo de España. Recaredo presentó ante la asamblea un texto escrito por él mismo, demostrativo de la acción de la corona, de la nobleza y el clero godo y del pueblo de adjurar del Arrianismo para abrazar la fe católica. Aquellas intensas sesiones de trabajo estuvieron supervisadas por el obispo San Leandro y el abad Eutropio, auténticos promotores espirituales, reunidos junto a 72 obispos.

Las resoluciones aprobadas en el concilio dirigieron la organización religiosa, la estructura estatal y la vida social del pueblo hispanovisigodo. Se reconoció al rey para ocuparse del gobierno y religión. Se concedían funciones conjuntas a obispos y jueces, dejando para los primeros el control e inspección de los segundos sobre su actuación en las provincias administrativas donde trabajaban funcionarios del patrimonio fiscal. Con esta medida se intentaba eliminar la corrupción judicial existente en muchas zonas del reino.

El III Concilio de Toledo dimensionó la estructura del Estado visigodo. Sus decisiones pasaron a ser ley al quedar articuladas y escritas, y resultaban ser de la aprobación real tras publicarse un edicto de confirmación del concilio.

Esta unidad religiosa condujo a una estrecha relación entre la Iglesia y la Monarquía, fortaleciéndose ambas por medio de esta dependencia, y se hizo especialmente acusada en la crisis de la Monarquía. Tras años manteniendo su tradición y sus ideas heréticas, los visigodos terminan adoptando como suyo el patrimonio y legado hispanorromano. La cultura clásica grecorromana acabó triunfando sobre la germánica, el latín se impuso sobre la lengua goda, los visigodos adoptaron todos los usos y costumbres hispanorromanas.

LA CONVERSIÓN DE RECAREDO, POR ANTONIO MUÑOS DEGRAIN

A partir de la conversión al cristianismo, alcanzaron extraordinaria importancia política los Concilios de la Iglesia Nacionalque se reunían desde la época romana: Elvira (300), Córdoba (330), Zaragoza (380), Toledo I (397), etc. La serie visigoda de los Concilios de Toledo abarcó desde el III (589) hasta el XVIII (702).

Simples asambleas eclesiásticas en su origen se convirtieron desde el 589 en uno de los órganos fundamentales del Estado. Correspondía al rey su convocatoria y apertura, rodeado de miembros del Aula Regia. Las sesiones comenzaban con la lectura temporal del Tomo Regio (mensaje real), resumen de las cuestiones temporales y espirituales a tratar, y finalizaban con la sanción real de los acuerdos, que de este modo se convertían en leyes civiles. Los concilios no sólo se limitaron a la actividad legislativa, sino también a la confirmación de ciertos actos del rey e incluso la legalidad de la ascensión al trono.

El 5 de diciembre de 633, sesenta y ocho obispos de toda España se reunieron en la basílica de Santa Leocadi para celebrar el IV Concilio de Toledo, auspiciada por San Isidoro de Sevilla. Durante la unión se acordaron nuevas medidas que regulaban la elección monárquica, acordando que la llegada al trono de Sisenando era justa y necesaria, y marcaron las directrices sobre cómo se debería gobernar el Estado visigodo en años venideros.

Este cónclave sirvió para unificar las posiciones defendidas por aristocracia e iglesia, en detrimento del poder del rey que, desde entonces, sufriría un declive ante la abolición de cualquier posibilidad de sucesión dinástica y dejando la elección del rey en manos de nobles y obispos. La Iglesia mantenía cierta autonomía en relación a las decisiones gubernamentales. El Estado visigodo nunca fue teocrático, pero desde el IV Conclio de Toledo, el rey quedaba vinculado a las medidas que se adoptasen en los concilios. En estos podían participar miembros de la alta nobleza, así como grandes terratenientes elegidos por su peso específico en la corte.

En los V y VI Concilios de Toledo, convocados por el rey Chintila, se intentó redefinir la figura del rey con leyes nuevas que prohibían el atentado contra el monarca, aseguraron las herencias para nobles y cargos públicos, así como la seguridad para fieles servidores leales a reyes anteriores.

El VIII Concilio de Toledo fue convocado bajo el reinado de Recesvinto el 16 de diciembre del 653, en la iglesia de los Santos Apóstoles. Se reunieron sesenta y dos obispos y delegados, además de ilustres seglares, principalmente condes, que participaron por primera vez en las decisiones conciliares. La más importantes fue la aprobación del Liber Iudiciorumuna reglamentación estatal de fuerte tradición romana aplicable tanto a visigodos como a hispanorromanos, que significó el abandono de parte de su herencia consuetudinaria y la unión legislativa. Fue, por tanto, un compendio de leyes que afianzaba el proceso de unificación poblacional entre godos e hispanos.

Dos nuevos concilios toledanos se organizaron en el reinado de Recesvinto, el IX fue como un sínodo de la provincia cartaginense, y el X como consecuencia de las disputas entre la monarquía cada vez más fuerte y una iglesia dispuesta a mantener su supremacía.

WAMBA RENUNCIANDO A LA CORONA, POR RIBERA Y FERNÁNDEZ

Por otra parte, la conversión al Catolicismo de los distintos pueblos europeos determinó la vida cultural, así en la península Ibérica se desarrolló durante casi dos siglos una importante corriente, mezcla de la tradición latina con el espíritu cristiano.

Este movimiento de restauración cultural recuperó para Europa el antiguo Derecho romano mediante el cual los súbditos forman una sola comunidad, regida a su vez por esa ley hispano-visigoda, que reducía la servidumbre a dimensiones económicas. Era una ley que garantizaba a los campesinos la subsistencia mediante el trabajo de la tierra, aunque tenían que transcurrir todavía varios siglos para que la servidumbre desapareciera.

Cuando el brillo de Roma se oscureció, los visigodos revitalizaron la cultura clásica, adoptando como suyos el patrimonio y legado hispanorromanos. La cultura hispano-visigoda era floreciente, pujante y fecunda, la más refinada de todo Occidente durante los siglos VI y VII. Estaba basada en el mantenimiento de un sistema educativo heredado de las escuelas municipales que implantó el Imperio romano, y que había sido renovado en el siglo V, carente de parecidos en el resto de Occidente. Así pues, se fundaron nuevos monasterios que prosiguieron la labor evangelizadora, y las sedes episcopales organizaron escuelas, convirtiéndose en focos de cultura.

Destacaron los historiadores Paulo Osorio e Hidalcio, el poeta Prudencio, el filósofo Juan de Bíclaro, o el rey poeta Sisebuto. Cabe destacar, por la importancia de las obras conservadas, entre otros a Martín de Braga, Braulio de Zaragoza, Julián y Eugenio de Toledo, Fructuosos de Braga o Valerio del Bierzo.



EXPANSIÓN DEL REINO HISPANOVISIGODO HASTA LEOVIGILDO

Otra personalidad representativa de la cultura hispano-visigoda fue Leandro de Sevilla, hermano mayor de Isidoro de Sevilla, cuya obra se ha perdido por completo excepto la homilía De triumpho ecclesiae ob convesionem Gothorum y el tratado De institutione virginum

San Isidoro de Sevilla fue reconocido como el más sabio de su tiempo. Escribió innumerables obras. Las Etimologías resumen las ciencias y los conocimientos de la cultura clásica, fue traducida por Alfonso X el Sabio. También escribió: Historia de regibus gothorum, vandalorum et suevorum, Chronica, y De Virus illustribus. En sus obras se recogen el "trivium" y el "cuadrivium", división de los estudios de la Antigüedad clásica y que pasó a la enseñanza durante la Edad Media.

Las Laudes Hispaniae constituyen un subgénero muy temprano de la literatura española. En ellos se reivindica la identidad nacional a partir del prólogo con el que Isidoro de Sevilla abre su Historia de regibus gothorum, vandalorum et suevorum (Historia de los reyes godos, vándalos y suevos).

Isidoro cantó las glorias de un pueblo en plena asunción de una existencia política propia. Su Loa a Hispania es una alabanza a la España de los primeros siglos de la Edad Media, que refleja el sentimiento de pertenencia y la identidad común de aquel reino hispano-visigodo, mezcla de la herencia romana, la cristiana y la germánica.

La influencia cultural gótica en la formación de España como nación y Estado fue enorme. Los vestidos visigodos, como el pantalón, la camisa y los zapatos, sustituyeron los vestidos telares romanos e ibéricos y las sandalias. Los balcones y voladizos en las casas los introdujeron los godos. Las reglas armónicas de la música son godas. Nuestro concepto del honor es godo, así como gran parte de nuestra ética. La lengua española está impregnada en su vocabulario, fonética y léxico de palabras góticas. Son palabras de orige gótico: zapato, gorro, galones, templado, daga, machete, garbo, estribo, trampa, trepar, rango, banda, bandera, ganado, heno, Galindo, Gutiérrez (hijo de godo), Godoy, Jiménez, Martínez, Rico, etc.

La filóloga Jurate Rosales ha demostrado que la lengua española ha recibido una influencia del latín vulgar gracias a los godos. Se comprueba en las diptongaciones de la o, a, e largas, en la pérdida de la f inicial, en la palatización de las silabas latinas ki y ti, en el cambio de la k latina por la g española, en la terminación ez de los patronímicos, en la ausencia de t en la terminación de la tercera persona del plural, cambios que son similares a los de las lenguas bálticas.


BRAULIO DE ZARAGOZA E ISIDORO DE SEVILLA

Codex Revisus, época de Leovigildo:

"Que esté permitida la unión matrimonial tanto de un godo con una romana (Hispanorromana), como de un romano (Hispanorromano) con una goda. Se distingue una solícita preocupación en el Príncipe, cuando se procuran beneficios para su pueblo a través de ventajas futuras; y no poco deberá regocijarse la ingénita libertad al quebrantarse el vigor de una antigua ley con la abolición de la orden, que, incoherentemente, prefirió dividir con respecto al matrimonio a las personas que su dignidad igualaba como parejas en status. Saludablemente reflexionando por lo que aquí expuesto como mejor, con la remonición de la orden de la vieja ley, sancionamos con esta presente ley de validez perpetua: que tanto si un godo una romana, como también un romano una goda, quisiera tener por esposa-dignísima por su previa petición de mano-existía para ellos la capacidad de contraer nupcias y esté permitido a un hombre libre tomar por esposa a la mujer libre que quiera en honesta unión tras informar bien de su decisión y con el acompañamiento acostumbrado del consenso del linaje."
 
De Laude Spaniae por San Isidoro de Sevilla:
"¡Oh España, madre sagrada y siempre feliz de príncipes y de pueblos! Eres la más hermosa de todas las tierras, habitadas y por habitar, desde Occidente hasta las Indias. Con todo derecho eres ahora la reina de todas las provincias, luminaria de la que se benefician tanto el orbe, la parte más ilustre de la tierra, en la que se regocijan sobremanera y florece espléndidamente la gloriosa fecunda del pueblo godo.
Con gran indulgencia, aunque merecidamente, te enriqueció la naturaleza con notable abundancia de todo tipo de bienes. Eres rica en frutos, copiosa en uvas, alegre en cosechas; te vistes de mieses, los olivos te ofrecen sus sombras, y las vides te sirven como vestido. Tus campos están llenos de flores, tus montes te hacen frondosa, y tus costas abundan en peces. Estás situada en la zona más agradable del mundo; gracias a ello, ni te abrasa el ardor del sol tropical, ni te agarrota el rigor de los hielos glaciares, sino que abrazada por la zona más templada del cielo, te nutres de felices céfiros. Porque, efectivamente, tú haces posible la fecundidad de los campos, el precioso valor de las minas, y cuanto de hermoso tienen los seres vivientes. Y de ninguna manera tienen por qué minusvalorarte esos ríos a los que ennoblece la merecida fama de sus rebaños.
Superas a Alfeo en caballos y al Clitumno en reses, por más que el sagrado Alfeo pueda entrenar a sus veloces cuadrigas por las pistas para hacerse con las palmas olímpicas, y el Clitumno se dedicara en el pasado a ofrecer en sacrificio enormes novillos en el Capitolio. Gracias a tus abundantísimos pastos, no necesitas ambicionar los prados de Etruria, ni rebosantes de palmas, te admiras ante los bosques de Molorco; tampoco sientes envidia de los carros de Élide en la carrera de tus caballos. Tú eres feracísima gracias a tus caudalosos ríos, los torrentes que arrastran pepitas de oro te visten de color amarillo, posees la fuente que engendra la mejor caballería, y te pertenecen los vellones teñidos de púrpura que brillan igual o más que los colores de Tiro. En ti se encuentra la piedra preciosa que brilla en el sombrío interior de los montes y resplandece casi como el sol.
Además, eres rica en hijos, en piedras preciosas y en púrpura; por otras parte, a tu otra parte, a tu gran fecundidad deben existencia numerosos talentos y gobernantes de imperios, eres opulenta para encumbrar príncipes y feliz a la hora de parirlos. Con razón te deseó desde siempre la áurea Roma, cabeza de los pueblos; y, aunque el romano terminara un día poseyéndote gracias a su Romúlea fortaleza, al final el floreciente pueblo godo, tras numerosas victorias por todo el orbe, te robó el corazón y te amó, y goza ahora de ti con segura felicidad entre la pompa regia y el esplendor del imperio." 

CONCILIO DE TOLEDO, CÓDICE DE VIRGILIANO

DETERMINACIÓN DE PESOS ATÓMICOS POR ENRIQUE MOLES


Químico y físico español, Enrique Moles consiguió una gran relevancia internacional durante la primera mitad del siglo XX por determinar el peso atómico de varios elementos orgánicos. Sus valores hallados fueron incorporados a la tabla periódica internacional, creando el Sistema Periódico de los elementos químicos.

Enrique Moles determinación pesos atómicos
DETERMINACIÓN DE PESOS ATÓMICOS POR ENRIQUE MOLES

Enrique Moles Ormella nació en Barcelona, en 1883. Estudió farmacia en Barcelona y Madrid, doctorándose, en 1906, con la tesis titulada Procedimientos de análisis de silicatos seguidos en el análisis cuantitativo de algunas micas españolas. En 1907, ocupó el cargo de profesor auxiliar supernumerario gratuito en la Universidad de Barcelona. Fue pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios para trabajar en Alemania, en las ciudades de Leipzig y Munich, entre 1908 y 1911.

En 1908, publicó su primer trabajo de investigación, en colaboración con Antonio Novellas y el profesor Karl Drucker, titulado Formulario-guía de farmacología, terapéutica y análisis químico-farmacéuticos. En Leipzig se doctoró en ciencias químicas con Wilhelm Ostwald, cuya tesis fue titulada Revisión químico-física del peso atómico del flúor. Contribución a la química del mismo elemento. Durante estos años tradujo varias obras de bacteriología y patentó algunas medicinas.

Una nueva beca le llevó a Zurich, en 1912, y más tarde a Ginebra, entre 1915 y 1917, donde trabajó con Philipe Guye y comenzó a investigar a través de métodos fisicoquímicos para la determinación de los pesos atómicos. Sobre esta materia trató la tesis con la que alcanzó el doctorado en ciencias físicas por la Universidad de Ginebra, tras superar las dificultades administrativas que ello supuso. En la Escuela de Química de aquella universidad ejerció como docente en 1916 y 1917, impartiendo un curso sobre técnicas de precisión en el estudio de los gases.

ENRIQUE MOLES EN LEIPZIG

En 1927, ingresó en la Universidad Central de Madrid para impartir la cátedra de química inorgánica, cargo que desempeñó hasta 1936. Y, en 1934, entró como miembro en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales con su discurso Del momento científico español 1785-1825. Su labor docente fue excepcional; fue el maestro de las nuevas generaciones de químicos españoles; tuvo como discípulo a Augusto Pérez-Vitoria; y promovió nuevos planes de estudios en diversas carreras.

En estas instituciones apoyó la apertura de una especialidad de química física como ya existía en otros países cuyo resultado fue la fundación del Instituto Nacional de Química y Física. También llevó sus actividades docentes hasta Hispanoamérica, principalmente en el año 1930, e impartió lecciones en Argentina, Uruguay y Cuba que le reportaron un merecido prestigio.

Como miembro de la secretaría de la Comisión de Pesos Atómicos de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada, solicitó la oficialidad del idioma español y la organización de un congreso internacional en Madrid. Finalmente, el IX Congreso de Investigación Química Pura y Aplicada se celebró en la capital española del 5 al 11 de abril de 1934, resultado exitoso.

Enrique Moles Laboratorio Investigaciones Físicas
ENRIQUE MOLES Y SUS COLABORADORES

Su gran aportación a la investigación científica la efectuó en el Laboratorio de Investigaciones Físicas que dirigía 
Blas Cabrera, siendo jefe de la sección de química física.

Las investigaciones que le aportaron mayor prestigio fueron las relativas a la determinación de pesos atómicos de los elementos químicos de la tabla periódica. Según sus análisis, sólo la teoría de las densidades límites de los gases, enunciado por Marcellin Berthelot, tenía validez para establecer los pesos atómicos y moleculares sobre la base exclusiva de datos experimentales, en ausencia de otras hipótesis. Parecía un planteamiento teórico muy simple, pero la ejecución práctica de cálculos en temperatura, densidad y pesos requería una gran complejidad y precisión. Estas investigaciones fueron iniciadas en Ginebra y continuadas en Madrid alcanzando un alto reconocimiento internacional.

Para determinar los pesos con la mayor pureza posible puso en marcha técnicas altamente sofisticadas:
1. la desecación de los gases, para evitar la humedad en las muestras;
2. la determinación de los coeficientes de corrección a introducir como consecuencia de la absorción de los gases por las paredes del vidrio;
3. la corrección para la contracción del vidrio al trabajar en vacío;
4. el empleo de filtros de vidrio prensado para la purificación de los gases;
y otras muchas técnicas.

Enrique Moles determinó los pesos atómicos de flúor, bromo, yodo, oxígeno, nitrógeno, azufre, sodio, argón, y otros cuantos más. También se ocupó de otras materias, como la determinación de los volúmenes moleculares.

ENRIQUE MOLES Y SUS COLABORADORES

Hasta 1924, no existía una tabla de masas atómicas vigentes por parte de la Comisión Internacional de los Elementos. Tras los resultados de Enrique Moles, la Comisión Española emitió un informe que reunía las correcciones propuestas por los investigadores firmantes, entre los que se encontraban, además de Moles, Blas Cabrera, José Rodríguez Mourelo y Ángel del Campo. Estos valores de pesos atómicos fueron incorporados a la tabla periódica por la Comisión Internacional.

Todas estas aportaciones le valieron un gran reconocimiento internacional y los premios Cannizzaro, Van't Hoff y Solvay.

Durante la Guerra Civil, fue director general de pólvoras y explosivos del gobierno de la II República. Al terminar la guerra se exilió a Francia, trabajando para el Collége de France de París. En 1941, regresó a España y fue encarcelado, para ser liberado en 1945.

Bajo el Régimen franquista, Moles nunca consiguió volver a ocupar sus anteriores cargos. Ya sólo pudo emplearse durante diez años más como consejero técnico en el laboratorio farmacológico IBYS, llevando investigaciones de menor relevancia.

Aunque en España no fue tratado como merecía, tenía una gran prestigio internacional y, en 1951, Moles fue nombrado secretario de la Comisión Internacional de Pesos Atómicos de la Unión Internacional de Química.

TABLA PERIÓDICA QUÍMICA

Entre los estudios dedicados a otras materias destacaron los de magnetoquímica, realizados en colaboración con Cabrera, y los estudios sobre disolventes no acuosos, tanto orgánicos como inorgánicos. También tuvieron resonancia los numerosos trabajos relativos a la aditividad de los volúmenes moleculares en compuestos inorgánicos en forma cristalina, en los que llegó a establecer la estructura de los hidratos, que más tarde confirmó Eugen W. Biltz.

Se le atribuyen 264 publicaciones científicas, la mayoría de ellas están incluidas en los Anales de la Sociedad Española de Física y Química. A toda su trayectoria hay que sumarle varias traducciones de obras de farmacia y bacteriología.

Los trabajos de Moles se pueden dividir según la obra Enrique Moles, La vida y obra de un químico español:

1. Magneto-química: Medidas del magnetismo del hierro y del níquel resolviendo dificultades encontradas por Piccard

2. Disoluciones: Solubilidades de gases en diversos solventes y mezclas y propiedades de los disolventes


3. Pesos atómicos: Determinación de los pesos atómicos, materia por la que Moles obtuvo reconocimiento mundial

4. Volúmenes: Determinación de volúmenes moleculares

5. Farmacia: Estudios sobre las propiedades y usos de los peroxihidróxidos o perhidroles

6. Industrial

ENRIQUE MOLES

TRATADOS ARISTOTÉLICOS DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA


Pedro Martínez de Brea fue escritor, filósofo y teólogo, seguidor del pensamiento de Aristóteles y miembro del grupo de los aristotélicos cultos. Doctor por la Universidad de Alcalá, su obra más importante fue Tractus de animorum immortalitate (Tratado sobre la inmortalidad del alma) publicado en 1575. Fue continuador de la obra de Gaspar Cardillo de Villalpando, el gran restaurado del Aristotelismo español del Renacimiento.

TRATADOS ARITOTÉLICOS DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA

Pedro Martínez de Brea nació a principios del siglo XVI en Brea, Comunidad de Madrid. Fue conocido como Petri Martinez Toletani a Brea, su nombre latino con el firmaba sus obras. Su tío Sebastián Martínez de Brea fue partícipe del Concilio de Trento.

Estudió y enseñó Filosofía y Teología en la Universidad de Alcalá de Henares. En 1535, impartió clases de Física y ocupó la cátedra de Sumulas.

Posteriormente, fue catedrático de Prima de Teología en la Universidad de Sigüenza, Guadalajara, donde también desempeñó el cargo de cargo de canónigo magistral del cabildo de su catedral. Felipe II le presentó para obispo de Plasencia, y finalmente fue elegido obispo de Guadix sin que llegara a tomar posesión, pues falleció en 1581, en su villa natal de Brea.

Su obra es parte de una continuación de la obra aristotélica de Gaspar Cardillo de Villalpando. Con la intención de completar la labor de éste, realizó comentarios sobre varios tratados aristotélicos: Commentarii in libros Aristotelis de coelo et mundo, publicado en Alcalá, en 1561; Comentarii in libros Aristotelis de generatione et corruptione, en Alcalá, en 1561; In libros tres Aristotelis De anima commentarii, en Sigüenza, en 1575.

COMPLUTENSIS THEOLOGI DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA

Como Villalpando, se ocupó también de la controversia sobre la inmortalidad del alma en su libro Tractus celebérrima controversia de animorum immortalitate (Tratado más famoso sobre la controversia de la inmortalidad del alma), que publicó conjuntamente con el comentario De anima. El libro empieza señalando la dificultad de la cuestión y cómo el mismo Aristóteles es bastante oscuro al respecto, como si pretendiera ocultar su opinión o no la tuviese muy clara. Antes de entrar en la cuestión de la inmortalidad, expuso también la opinión que sobre el asunto tuvieron varios filósofos clásicos. Estas opiniones las redujo a tres:

1. en el hombre hay dos almas: una racional, espiritual e incorruptible, y otra sensitiva, material y corruptible.

2. el alma humana es sólo una, y ésta, de suyo, simpliciter, corruptible y mortal.

3. el alma humana es tan sólo una, y ésta simpliciter, incorruptible y mortal, y secundum quid, corruptible y mortal. Este última es la opinión del doctor Martínez, que se apoya para sostenerla en varios textos aristotélicos.

El argumento de Martínez de Brea se apoya en la siguiente disyuntiva: Si el alma humana tiene operaciones propias realizables sin el concurso del cuerpo, entonces es separable de éste y, por tanto, inmortal; si, por el contrario, no tiene operación alguna de esta naturaleza, no es separable del cuerpo ni inmortal. Ahora bien, es evidente que existen actos del alma que no requieren el cuerpo, como son las operaciones intelectivas, en las cuales el cuerpo no sólo no ayuda, sino que estorba la intelección, pues el entender no es acto que se reciba en ningún órgano corporal. En conclusión, el alma humana es separable del cuerpo y, por tanto, inmortal.

Martínez de Brea sostuvo que esta es también la opinión de Aristóteles, y para eso cita pasajes de diversas obras, aunque fundamentalmente se apoyaba en el De anima. Se basaba, especialmente, en los argumentos del libro III sobre la inmaterialidad del entendimiento agente; también lo hacía apoyándose en el análisis de las facultades apetitivas del hombre. Señalaba las diferencias entre el apetito sensitivo, que sólo atiende al tiempo presente, y otro intelectivo, que atiende al presente, pasado y futuro; de aquí se deduce que el alma humana trasciende el tiempo, por el apetito intelectivo; luego, es inmortal.

Aunque con defectos, la obra de Pedro Martínez destaca por su gran erudición sobre Aristóteles y sus comentaristas de todos los tiempos (clásicos, medievales, cristianos, árabes y contemporáneos suyos) y por su enorme capacidad de síntesis. A pesar de su Aristotelismo, consideraba siempre por encima a su santo Tomás de Aquino, como lo manifestó expresamente: "Et ratio Santo Thomas ob ipsius auctoritatem, magis me movet et amplius urget, quoniam et Aristotele erat Sapientior."

PHILOSOPHIA MAGISTRI DE PEDRO MARTÍNEZ DE BREA