FILOSOFÍA DEL REINO HISPANO-VISIGODO


Durante el III Concilio de Toledo, donde se encontraba la capital del Reino Hispano-visigodo, se produjo la Conversión de Recaredo al Cristianismo, en 589, abandonando la herejía del Arrianismo. En adelante, la religión del reino era oficialmente el Catolicismo, iniciándose un movimiento de recuperación de la cultura clásica occidental. El Reino Hispano-visigodo desarrolló durante casi dos siglos una importante corriente cultural que mezclaba la tradición latina, la aportación germánica y la espiritualidad cristiano. La supervivencia de la cultura de aquella época estuvo unida a los conventos, los monasterios y la vida eclesiástica.

Los principales responsables hispano-visigodos de aquel renacimiento en la cultura y la filosofía fueron Pablo Orosio, el abad san Martín de Braga, el obispo Braulio de Zaragoza, los arzobispos san Leandro y san Isidoro de Sevilla, Idelfonso de Toledo, Liciniano de Cartagena y san Julián de Toledo.

GRANDES FILÓSOFOS DEL REINO HISPANO-VISIGODO

Una de las primeras y más importantes figuras de este movimiento de restauración cultural fue Pablo Orosio, natural de Braga, de filiación cristiana. Escribió una obra de carácter teológico contra las doctrinas heréticas pelagianistas, combatiéndolas en su Liber apologeticus contra Pelagium de arbitrii libertate en 415. Aunque insistía en la necesidad de la Gracia divina, no llegó a distinguir entre el concurso divino y el influjo sobrenatural necesario para que las acciones humanas sean meritorias.

Por encargo de san Agustín de Hipona, en 417 escribió un Maestra Mudi, un compendio historiográfico que abarcaba desde el origen del hombre en el mundo hasta su actualidad, y estaba basada en una teología de la historia cristiana y providencialista, muy próxima a la orientación agustiniana. En ella Osorio narró los sucesos de los que fue testigo durante sus últimos cuarenta años.

PABLO OROSIO

El abad San Martín de Braga convirtió a los suevos, de la Arrianismo herético, al Cristianismo, bajo el reinado de Teodimiro, por lo que fue llamado Apóstol de Galicia. Condenó las ideas heréticas de Prisciliano y su doctrina en el I Congreso de Braga del 572. En su homilía De correctione rusticorum atacó las prácticas supersticiosas de los campesinos gallegos, demostrando un gran conocimiento de la mitología romana.

Su profunda admiración por la filosofía de Séneca quedó expuesta en su Formula vitae honestae un plan de vida moral, basado en la práctica de la prudencia, magnanimidad, continencia y justicia. Según él, la fortaleza es virtud entre la audacia y la timidez; la templanza entre la austeridad y la voluptuosidad; y la prudencia resumen de las otras virtudes. Consideraba a la justicia como vínculo de la sociedad humana, ley divina consistente en hacer bien a todos y no perjudicar a nadie, e impedir que se practique el mal, por lo que se advierte también influencia de la Etica a Nicómaco de Aristóteles.

BRAULIO DE ZARAGOZA

Durante el periodo de que comprende la conversión de Recaredo al Catolicismo en el 589 y la aprobación del Liber Iudiciorum primer código de leyes común a todos los hispanos y godos en el 654 por Recesvinto surgió un grupo insignes eruditos de la cultura y el pensamiento en el Reino hispano-visigodo. Algunas de estas figuras fueron el obispo Braulio de Zaragoza, el rey poeta Sisebuto a comienzo del siglo VII, como también poeta fue Merobaudes, el historiador Hidacio, o el gran cronista de Leovigildo y filósofo Juan de Bíclaro.

Idelfonso de Toledo, fue continuador de la obra de su antecesor Eugenio y autor de De viris illustribus, texto histórico que relata la vida y obra de personajes ilustres desde Gregorio Magno a Eugenio de Toledo.

Liciniano de Cartagena fue perseguido al igual que el rey Leovigildo, por tratar de abandonar su Arrianismo y abrazar el Cristianismo, pocos años antes de la conversión de Recaredo. Su inspiración teológica fueron las enseñanzas de San Agustín de Hipona y el De statu animae de Claudio Mamerto. Se conservan tres Epístolas, del año 582, dirigidas a San Gregorio Magno, a Vicente, obispo de Ibiza, y al diácono Epifanio, que fueron interesantes por tratar de la naturaleza del alma, que era inmortal, incorpórea y espiritual.

JULIÁN DE TOLEDO

San Julián de Toledo fue el gran historiador de Wamba por su obra Hisotoria Wambae regis, en el que relató los conflictos sucedidos en un reinado muy convulso. Su obra Prognosticon futuri saeculi ha sido considerado como el primer ensayo autónomo de escatología de la literatura cristiana.

San Leandro de Sevilla dirigió el III Concilio de Toledo, en el 585, bajo el cual el rey Recaredo aprobaba el Catolicismo como credo oficial del reino. Bajo su mando promovió la apertura de escuelas teológicas que se fueron implantado en los diferentes seminarios que iban apareciendo en España. 

Estas escuelas, entre las que destacaron las de Sevilla, Toledo y Zaragoza, comenzaron un movimiento de recuperación de la cultura clásica grecorromana, que encontró su máximo exponente en la persona de San Isidoro de Sevilla. San Leandro dio prioridad a la formación intelectual de un clero que, en buena parte, se había convertido a la nueva fe. Pero no sólo la enseñanza abarcaba a los clérigos, ya que multitud de pequeñas escuelas surgieron en las parroquias y aldeas del reino toledano.

San Leandro escribió multitud de obras, destando su tratado De iustitutione virginum y la homilía De triumpho ecclesiae ob conversionem Gothorum.

SAN LEANDRO DE SEVILLA

El obispo de Toledo San Isidoro de Sevilla presidió el IV Concilio de Toledo. Escribió sobre filosofía, teología, ética, dogmatismo, apologética bíblica, historiografía, etc.

Sus Etimologías es la mejor compilación del saber de su tiempo; desde 1470 a 1529 se reimprimió diez veces, y durante mucho tiempo su fama fue comparable a la Biblia. Filosofía es para San Isidoro conocimiento de lo humano y lo divino, junto con el propósito y cuidado de bien vivir. Distingue entre ciencia y opinión; distingue la ciencia de la sabiduría y el arte, y divide la filosofía en physica, ethica y logica.

Los seres se escalonan en no vivientes, vivientes, irracionales, racionales, mortales, inmortales y Dios, al que define inmutable, infinito, simple, inspirador, gobernador y rector del mundo natural. Todo fue creado por Dios, pero distingue entre creación y formación. El mal ha sido inventado, el hombre está en el centro del mundo natural, compuesto de alma y cuerpo; es un microcosmos. El alma es incorpórea, racional, invisible e inmortal; tiene principio pero carece de fin. El libro V de la Etimologías es jurídico, y su concepción de la ley es democrática: constitución del pueblo, sancionada por los mayores de edad. Permite, prohíbe y castiga; y tiene que ser honesta, justa, posible de cumplir, conforme a la naturaleza y a las costumbres, conveniente en tiempo y lugar, necesaria, útil y clara; favoreciendo el interés común. Pueden ser divinas y humanas, escritas u orales.

El derecho está basado en la ley, y puede ser natural, civil y de gentes. El derecho natural es común a todas las naciones; el civil es el establecido por cada pueblo o ciudad; y el de gentes es aceptado en distintos países.

Todos estos eruditos son ejemplos de una cultura y pensamiento floreciente, pujante y fecunda. Se sustentaba en un sistema educativo en vigor desde el siglo V, heredero de las escuelas municipales de la Hispania romana. Sobre esta mentalidad romana, germánica y cristiana, un terrible trauma trastornó la Historia de España durante los siglos siguientes: la invasión musulmana del 711.

SAN ISIDORO DE SEVILLA

LUIS ORTIZ PRECURSOR DEL MERCANTILISMO Y DEL ARBITRISMO


Luis Ortiz fue un economista y contador real, miembro de la Escuela de Salamanca y precursor del movimiento económico Arbitrismo y de la doctrina del Mercantilismo, a mediados del siglo XVI.

En su obra Memorial al Rey, escrita en 1558, realizó un análisis del empeoramiento de la economía de España y de la mala situación financiera de la Monarquía de Felipe II, proponiendo un novedoso y progresivo programa de reformas tanto sociales como económicas, basadas en medidas proteccionistas e inversionistas, pero también en cambios en las actitudes y mentalidades sociales.

LUIS ORTIZ PRECURSOR DEL MERCANTILISMO Y DEL ARBITRISMO

Luis Ortiz fue contador del cuerpo de Artillería, primero, y de Hacienda, después, del Reino de Castilla durante el reinado de Felipe II. Llegó incluso a ser contador mayor de cuentas y consejero real. Era natural de la ciudad de Burgos, vivió en las décadas centrales del siglo XVI. y era proveniente de una familia de larga tradición en la burocracia real.

Debió de estudiar en la Universidad de Salamanca, pues pertenece a la Escuela de Salamanca. Este fue un grupo de filósofos, juristas y economías que desarrollaron los primeros análisis macroeconómicos desde un punto de vista moral y establecieron las bases del pensamiento económico de carácter científico.

Su principal contribución fue la obra Memorial al Rey para que no salgan dineros de estos Reinos, escrita en Valladolid, en 1558, y estaba dedicada a Felipe II para el que trabajaba en su administración. Es un tratado sobre política económica de carácter proteccionista e intervencionista, que conllevó a la definición del Mercantilismo y Arbitrismo. Esta había permanecido inédita hasta 1957, por lo que Ortiz había sido considerado como un escritor mercantilista más de los muchos que hubo en su época partidarios del Bullionismo, doctrina económica del siglo XVI que consideraba que la riqueza y el poder de un Estado se determinaba por la cantidad de metales preciosos que acumulaba, promoviendo el proteccionismo y el superávit comercial. Sin embargo, a mediados del siglo XX, los historiadores José Larraz, Marjorie Grice-Hutchinson y Pierre Vilar han rescatado su figura y demostrado que Ortiz fue un economista con ideas precursoras en las ciencias económicas. De forma más actual, el profesor Ernest Lluch publicó Memorial del contador Luis Ortiz a Felipe II, durante sus estudios realizados al economista castellano entre 1998 y 2000.

ESCUELAS MAYORES DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

Como filósofo de la Escuela salmantina, Ortiz pudo comprobar que la llegada a España de grandes remesas de metales preciosos provenientes de América estaba generando una enorme inflación. Por eso se involucró en las nuevas doctrinas mercantilistas basadas en el proteccionismo e intervencionismo regio en la actividad económica y que propiciaron la revisión de los modelos tradicionales.

En el Memorial al Rey, Ortiz se manifestó como uno de los primeros críticos de la política económica seguida por la Monarquía hispánica, tras la bancarrota de los Austrias. Este real arbitrio consideraba que la estabilización de los precios se basaba en el mantenimiento en España de las remesas de metales preciosos llegados de América y, para tal fin, propuso la prohibición de la salida de estas remesas acuñadas en moneda hacia el extranjero con la intención de acumular dichos recursos.

Pero, ante todo, su objetivo iba más allá hasta aconsejar el aumento de la productividad. Si se pronunció a favor de la acumulación de capital fue para a partir de este realizar inversiones y, en definitiva, promover la creación de riquezas mediante una adecuada industrialización de la economía nacional.

Y para conseguir una paulatina reindustrialización económica, Ortiz planteaba dos medidas proteccionistas: se debía prohibir la exportación de las materias primas al extranjero; y se debía prohibir la importación de productos manufacturados extranjeros con destino al mercado nacional. Con esto se conseguía un doble objetivo: por un lado, evitar la fuga de masa monetaria al exterior y su consiguiente mantenimiento; y, por otro, la protección y estimulación de la industria interior nacional. Así lo explicaba en el siguiente texto:
"Entendido está que de una arroba de lana que a los extranjeros cuesta quince reales hacen obrajes de tapicerías y otros paños, y cosas labradas fuera de España, de que vuelven de ello mismo a ella valor de más de quince ducados, y por el semejante de la seda cruda en madeja de dos ducados que les cuesta un libra, hacen rasos de Florencia, y terciopelos de Génova, telas de Milán, y otras de que sacan aprovechamientos de más de veinte ducados, y en el hierro y acero de los que les cuesta un ducado, hacen frenos, tenazas, martillos, escopetas, espadas, dagas, y otras armas, y cosas de poco valor de que sacan más de veinte ducados y a veces más de cien, y ha venido la cosa a tanta rotura, que aun la vena de que se hace el hierro llevan a Francia, y allá tienen de poco acá herrerías nuevas, todo en daño, no sólo de nuestras honras, pues no tratan peor que a bárbaros, más aún de nuestras haciendas, pues con estas industrias nos llevan el dinero, y la misma orden se tiene en la grana, en la cochinilla y en lo demás que España se cría y viene de Indias, que demás de proveerse otros reinos de los que Dios Nuestro Señor nos da en estos, que ni sabemos aprovecharnos de ello, ni conservarlo, es causa no sólo de llevarnos el dinero, más de que en estos reinos valgan las cosas tan caras por vivir por manos ajenas… y el remedio para esto es vedar, que no salgar del reino mercaderías por labrar, ni entren en él labradas. Con estos es visto que los mercaderes extranjeros vendrán a comprar lo que les falta en sus tierras; y como ahora pagan por la arroba de lana quince reales pagarán por la obra que de ello resultase quince ducados, y así en todo lo demás conforme lo dicho que por cuenta líquida se verificara que si se pasa de presente un millón de mercaderías cada año, sacarán por lo menos remediándose lo sucedido de aquí adelante, con sola la mercancía que tenía el dicho valor, más de ocho, o diez millones; y de todo lo que de lo susodicho se montare, es imposible que vuelva a España la décima parte de su valor de mercaderías por labrar de otros reinos, y lo restante forzosamente ha de volver en dineros."

A fin de lograr los objetivos enunciados en este párrafo, Ortiz se ocupó en su Memorial al Rey de promover la construcción de estructuras económicas necesarias, tales como canales, esclusas, molinos de viento y de agua, población forestal, etc.

MEMORIAL AL REY, POR LUIS ORTIZ

De forma consecuente, propuso un programa de medidas urgentes que hubiera podido sacar al reino de la crisis: la supresión de aduanas interiores entre los diversos reinos hispanos, la desamortización de los bienes de la Iglesia, la retirada de todo tipo de ocio, el aumento de la productividad laboral, el estímulo del trabajo frente a la holganza del sector nobiliario, el fomento del crecimiento demográfico rural, la extensión de cultivos de regadíos, una repoblación forestal y una reforma fiscal para que pagasen “los que devieren y no los que no pueden”. Sobre las ferias castellanas, proponía un plan de reformas, debiendo concentrar en Toledo la mercancía llegada de las Indias.

Es original y distintivo el carácter progresivo de las reformas de Ortiz, para evitar que la implementación de su programa no desencadenase en una sublevación social. Así, la prohibición de exportar materias primas y de importar productos fabricados debe ejecutarse cuatro años después de oficializarse el real decreto. Para que durante este periodo de cuatro años:
"… los naturales aprendan oficios, y vengan otros oficiales de fuera, y en el pregón se ha de apercibir que no se dará otra prorrogación, con lo cual se darán prisa a aprender oficios, y si con la que se diesen en los dichos cuatro años no hubiere bastante recaudo de oficiales que labren todo lo que en el Reino de cría, se puede volver a pregonar, prorrogación de cuatro años más o menos, según pareciese, hasta tanto que haya abundancia de oficiales que hagan todo lo necesario para estos Reinos, para otros y para Indias."

Esta valoración positiva de los "oficios mecánicos" indica que Ortiz no compartía los prejuicios sociales de la época. Vivió en un momento en el que había empezado a funcionar la discriminación contra los "cristianos nuevos" y en el que el trabajo mecánico en talleres artesanales era reservado a la clase social baja. Por tanto, se hacía necesario un cambio en la mentalidad de la clase noble y concienciar a infanzones e hijosdalgo que el empleo en labores manuales no generaba una deshonra social. Pero iba más allá desde un punto de vista moral, pues Ortiz consideraba que era lícito el enriquecimiento personal con proyección social.

MEMORIAL DEL CONTADOR LUIS ORTIZ, POR ERNEST LLUCH

Sin embargo, Ortiz no pudo relacionar el aumento de la cantidad de plata monetizada circulando en Castilla y la subida del nivel general de precios, es decir, no supo definir una Teoría cuantitativa del dinero, como lo hicieron sus dos compañeros salmantinos Martín de Azpilcueta y Tomás de Mercado.

Por lo demás, aunque Ortiz permaneciese aislado y sin continuidad con el resto de los pensadores económicos, siempre fue un exponente de la "disidencia" intelectual española y un antecedente del Arbitrismo económico del siglo XVII. En la actualidad, es considerado como uno de los grandes precursores del Mercantilismo, pues había analizado y resuelto las bases de este sistema de política económica mucho antes que sus principales defensores.

PLUMA ESTILOGRÁFICA POR FRANCISCO DE PAULA Y MARTI


Francisco de Paula y Martí fue grabador, criptógrafo y dramaturgo, que introdujo la taquigrafía en España mediante la fundación de la Real Escuela de Taquigrafía de Madrid en 1802 y su obra Thaquigrafía castellana en 1803, además de ser el pionero de la técnica de grabado del fisionotrazo en España.

En 1803, inventó la primera pluma estilográfica moderna y práctica con cartucho de tinta recargable que denominó Pluma fuerte, que surgió del como consecuencia de ganar agilidad y solvencia en la escritura taquigráfica.

PLUMA ESTILOGRÁFICA DE FRANCISCO DE PAULA Y MARTÍ

Francisco José Buenaventura de Paula Martí y Mora nació en 1761, en Játiva (Alicante), perteneciente a una familia de clase alta.

Tras realizar sus primeros estudios sobre humanidades en su pueblo natal, continuó en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, en Valencia, formándose en dibujo y grabado, cuyo principal maestro fue Manuel Monfort y Asensi. En esta institución ganó el Premio de Honor en Grabado Dulce en 1785, por la lámina abierta a buril con el San Jaime apóstol ejecutado por Juan de Juanes y el dibujo de Mercurio volante.

En 1778, accedió a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, donde estudió el curso Principios de Dibujo. Y también fue miembro de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País

En 1786, se instaló definitivamente en la capital, donde ejerció su profesión el resto de su vida, comenzando con el estudio de la taquigrafía. La taquigrafía, también llamada estenografía, es todo aquel sistema de escritura rápido y conciso que permite transcribir un discurso a la misma velocidad a la que se habla. Para ello se suelen emplear trazos breves, abreviaturas y caracteres especiales para representar letras, palabras e incluso frases.

En 1799, publicó la obra Stenografía. Arte de escribir abreviado, traducida al castellano, que más tarde lo haría al catalán y al portugués. Se trata de la obra An Essay Intended to Establish a Standard for an Universal System of Stenography, or Short Hand Writing, que el inglés Samuel Taylor publicó en 1786, el inventor del Sistema Taquigráfico.

Debido a la relevancia que estaba alcanzando por esta publicación y sus estudios en estenografía, en 1802, fundó la Real Escuela de Taquigrafía, al amparo de la Sociedad Matritense, que dirigió durante veinticinco años.

TACHIGRAFÍA CASTELLANA POR FRANCISCO DE PAULA Y MARTÍ

Durante sus estudios sobre los diversos métodos taquigráficos, Paula Martí fue realizando modificaciones y mejoras en las rudimentarias plumas que existían en su tiempo. Necesitaba un instrumento que registrase el texto oral con bastante rapidez, que realizase la transcripción del orador en tiempo real.

Se sabe que en el antiguo Egipto y en la Roma clásica se utilizaban cánulas de escritura equipadas con depósito de tinta, que trazaban sobre el pergamino de forma irregular y producía borrones. Hay documentos de la Edad Media que aseguran que ya existían, sin que fueran modelos realmente prácticos.

En el siglo XVII, hubo inventores alemanes e ingleses que habían intentado sin éxito en repetidas ocasiones fabricar plumillas de acero para la escritura. Eran plumas de ave capaces de retener una cantidad de tinta considerable en su interior, con recipientes metálicos a modo de receptáculos para la tinta. En el siglo XVIII, las llamadas "plumas fuertes" empezaron a perfeccionarse, sin que pudiesen considerarse estilográficas.

A finales del siglo XVIII, fue el propio Paula Martí quien realmente inventó el primer modelo de pluma estilográfica moderna y práctica, que denominó Pluma fuerte.

Se trataba de un tubo de latón que llevaba incorporado un depósito o cartucho recargable que almacena la tinta, y que tenía un aplique inferior provisto de ranura y puntero por donde se dosificaba la tinta y se podía escribir al trazar sobre el papel.

Describió su invento de esta manera:
"Se hará un cañón de latón o de plata, que tenga cuatro pulgadas de largo; al extremo superior, cuatro líneas de diámetro, y tres al inferior. Este cañón tendrá una tapa con rosca. En el extremo opuesto, que es el más delgado, tendrá otra rosca y un casquillo de una pulgada y cuatro líneas de largo, que sirve para cubrir la pluma y para poder llevarla en la faltriquera, sin que ésta incomode ni se estropee. A cuatro líneas de distancia de la parte más angosta de dicho tubo se soldará un pedazo del mismo metal de una línea de grueso, el cual tendrá un agujerito que puede caber por él una aguja gorda de coser, seguido de un cañoncito del mismo diámetro de seis líneas de longitud, al frente de cuyo agujerito estará colocada la parte superior de la pluma.

El grueso del metal o acero de que se haga la pluma será el de la cartulina de naipe, y para que tenga la misma elasticidad que una pluma de ave, se le hará la ranura muy larga y a su extremo un agujero. El cañoncito que tiene el tubo al mismo agujerito, que es el que comunica la tinta a la pluma, está compuesto a efecto de que el poso que comúnmente hace la tinta, baje al fondo y no impida el paso se esta.

Para echar la tinta en el tubo se tendrá puesto el casquillo que cubre la pluma, y se echará por la parte más ancha, para que se contenga en el tubo, y no se quitará el casquillo hasta que esté puesto el tapón de la parte superior; de este modo, como no tiene comunicación el aire, la tinta queda contenida dentro del mismo tubo y no sale de allí sino por medio de la frotación que la pluma hace sobre el granito de papel al tiempo de escribir, lo que llama solamente la tinta necesaria para marcar lo que se escribe."

DISEÑO DE LA ESTILOGRÁFICA PLUMA FUERTE

Aunque entre los miembros de la Academia madrileña de Bellas Artes y de su Escuela taquigráfica causó una gran sensación su artesanal artilugio, nunca estuvo interesado en su fabricación industrial y comercialización a gran escala en el mercado español. Estaba más interesado en el desarrollo de los métodos de escritura rápida. Motivo por el que su innovación pasó desapercibida y desconocida, y el paso del tiempo terminó atribuyendo a otros tal hallazgo. De hecho, en España se atribuyó la invención a Diego Bueno.

En 1803, el inglés Wise logró hacer un tipo de plumillas, pero ya se había adelantado el grabador español. En 1809, otro inglés llamado Frederick Folsch recibió una patente por una pluma con depósito que no tuvo éxito comercial.

En 1827, el rumano Petrache Poenaru patentó un modelo de estilográfica en Francia. A partir de este, comenzó la fabricación en serie y distribución entre las clases alfabetizadas de Europa.

En 1884, el estadounidense Lewis Edson Waterman patentó la primera pluma estilográfica regular con depósito de tinta en su interior en su país. La pluma estaba dotada de un depósito de madrea, y su recarga se hacía mediante una pipeta. Más tarde, incorporó el émbolo de succión que permite cargarla en el interior de un cilindro, que constituye el cuerpo de la pluma.

Durante esta centuria se patentaron estilográficas con avances y modificaciones que han sido comercializadas por empresas como objetos de lujo y distinción: Waterman, Schaeffer, Parker, Pelikan o Inoxcrom. Entonces, la estilográfica moderna fue sustituyendo a la tradicional pluma con su tintero.

TACHIGRAFÍA CASTELLANA POR FRANCISCO DE PAULA Y MARTÍ

De carácter privado, Paula y Martí también encabezó una asociación de grabadores y dibujantes, cuyos socios fundadores fueron los grabadores José Vázquez, Manuel Albuerne y Pedro Vicente Rodríguez, y el dibujante Antonio Rodríguez Onofre. Entre las principales obras destacó la Colección general de trages de todo el mundo descubierto, según se usan en la actualidad, elaborada entre 1799 y 1804; y la siguiente Colección general de los trages que en la actualidad se usan en España, formada por 112 grabados sobre la vestimenta que llevaba la sociedad española a partir de 1801. Paula Martí se encargaba de la ilustración de los libros impresos.

Fue el grabador español que introdujo la innovadora técnica del fisionotrazo. El fisionotrazo es un instrumento óptico mecánico dirigido de forma manual para trazar los perfiles de personas y objetos sobre láminas de cobre. Inventado por Gilles Louis Chrétien en 1790, se basó en el pantógrafo, que servía para aumentar o disminuir los dibujos de planos y diseños con precisión. Por tanto, el primer grabado realizado con esa técnica fue el retrato que Paula Martí realizó a Pedro Téllez-Girón y Pimentel, cuando este era un niño.

En 1803, publicó el Madrid el primer libro sobre taquigrafía de autoría española, pero basándose en las obras de los precursores Samuel Taylor y Jean Coulon de Thévenor. Llevaba por título Tachigrafia castellana, o arte de escribir con tanta velocidad como se habla y con la misma claridad que la escritura común. Un año después publicó un suplemento sobre las reformas ortográficas de la escritura taquigráfica en lengua española. Esta Tachigrafia castellana fue reeditada en 1813, 1821 y 1824, aunque con parecidos contenidos. Posterior a su fallecimiento, sus discípulos siguieron publicando nuevas ediciones.

En 1805, consiguió que la Junta de Comercio barcelonesa abriese una Escuela de Taquigrafía de Barcelona, que pasó a dirigir uno de sus alumnos discípulos, el abogado Francisco Serra Ginesta.

En 1808, publicó también en Madrid un tratado sobre la Poligrafía, o Arte de escribir en cifra de diferentes modos, según varios autores antiguos, sobre criptografía. En cambio, quedó inédita la Taquigrafía de la música o Arte de escribirla sin usar del pentagrama, que fue publicada por su hijo de forma póstuma en 1833.

BUSTO DE FRANCISCO DE PAULA Y MARTÍ

En 1806, inventó una de la primera agenda de bolsillo aparecida en España y una de las primeras en la historia mundial. Esta especie del actual diario fue llamada Compendio del año 1807 y un libro de memoria, reeditándose cada año durante dos décadas. Aunque tenía unas breves dimensiones de 7 x 11,5 centímetros porque cabía en un bolsillo de pantalón, aportaba informaciones sobre fechas de sorteos de lotería, días festivos e indulgencia plenaria, datos demográficos provinciales o distancia entre ciudades en leguas.

A partir de 1810, estuvo sirviendo a la gobierno de la Junta Central establecida en Cádiz, formando parte del grupo de taquígrafos junto a su hijo Ángel Ramón Martí y desempeñando el cargo de grabador de la Imprenta Real. En la ciudad gaditana tuvo que resistir al asedio del Ejército francés de Napoleón Bonaparte en aquellos años de la Guerra de la Independencia.

Paula y Martín poseía unos profundos ideales liberales, y defendió de forma pública la Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812 durante su vigencia y durante el Trienio Liberal de 1820-1823 a través de la composición de teatrales de carácter satírico en los que se burlaba y atacaba a los absolutistas. Estos sainetes fueron La Constitución vindicada, en 1813, y El hipócrita pancista o Acontecimiento de Madrid en los días 7 y 8 de marzo del año de 1820, en 1820; La entrada de Riego en Sevilla, en 1820; y El triunfo de la Constitución en el día 7 de julio de 1822, en 1822.

Sin embargo, no parece que sufriera la represión de los defensores del antiguo Régimen, ni tras el regreso de Fernando VII al trono en 1814, ni tras la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823. Quizás escapó de la persecución fernandina por haber exaltado su patriotismo español de la Guerra de la Independencia en otras obras teatrales como El día dos de mayo de 1808, en Madrid, y muerte heroica de Daoiz y Velarde, en 1813; La batalla de Pamplona y derrota del mariscal Soult, en 1814; y El mayor chasco de los afrancesados, en 1814.

GRABADO DE LAS CORTES DE CÁDIZ EN 1810

En su madurez accedió a cargos de dirección en varias instituciones relacionadas con su profesión: catedrático de la Escuela de Taquigrafía, miembro de la junta administrativa del Colegio de Sordomudos, y presidente y contador de la clase de artes y oficios de la Sociedad Económica Matritense.

En 1827, Francisco José Buenaventura de Paula Martí y Mora falleció en Lisboa, mientras tomaba un tratamiento de balneoterapia para mejorar su delicada salud. En esta ciudad, su hijo Ángel Ramón Martí se había encargado de la traducción de la Taquigrafía castellana del español al portugués en 1820, y más tarde al italiano, en 1833.

En la actualidad, la Biblioteca Nacional de España conserva un gran número de grabados suyos en la Sección de Estampas. También, en el Parque del Retiro de Madrid se colocó un busto a su recuerdo y memoria en 1961, esculpido por Enrique Cuartero Huerta.

DOCTRINA POLÍTICA Y FILOSÓFICA DE LAS UNIVERSIDADES HISPANOAMERICANAS


Durante el proceso de colonización de los territorios americanos por el Imperio español, se fundaros una veintena de universidades, entre los siglos XVI y XVIII. Estas impartieron cátedras de Derecho y Filosofía, cuyos origen ideológico e intelectual estuvo en la Universidad de Salamanca y en los filósofos y juristas Francisco de Vitoria, Juan de Mariana y Francisco Suárez.

Los principales catedráticos y promotores del Derecho y Filosofía en las universidades hispanoamericanas fueron Alonso de la Vera Cruz, Francisco Cervantes de Salazar, Bartolomé de Albornoz, Alonso Rubio de Rueda y Juan de Lorenzana. Estos instruyeron a estudiantes criollos, mestizos e indígenas sobre el Derecho de Gentes y la defensa de los indios

DOCTRINA POLÍTICA Y FILOSÓFICA DE LAS UNIVERSIDADES HISPANO-AMERICANAS

El origen del pensamiento político cristiano que se impartía en las universidades de América fundadas por el Imperio español estuvo en la Escuela de Salamanca, un movimiento de carácter teológico y jurídico. La llamada Escuela Española de la Paz apareció en la Universidad homónima durante las primeras décadas de la colonización española del Nuevo Mundo. Sus ideas y debates trazaron normas humanitarias, base de la libertad de las personas y de la soberanía de los pueblos.

Su doctrina fue enseñada en las aulas de los colegios mayores y universidades de los virreinatos debido a que durante el siglo XVI buena parte de los fundadores, rectores y catedráticos habían estudiado en la Universidad de Salamanca. Aquellos discípulos instruyeron su doctrina a los alumnos criollos, mestizos e indígenas. Sus principales representantes fueron Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Martín de Azpilcueta, Juan de Mariana, Bartolomé de las Casas, Francisco Suárez, Juan de la Peña, Tomás de Mercado, etc.

UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

En las Universidades hispanoamericanas siempre estuvo presente el mensaje político, jurídico y filosófico del maestro Francisco de Vitoria. Teólogo, jurista y catedrático, fue el más alto representante de la escuela jurídica española y principal fundador de los Derechos Humanos. Su doctrina estuvo basada en el Derecho Internacional, haciendo posible el entendimiento entre los pueblos de buena voluntad y facilitando las mutuas relaciones de justicia y de caridad entre colonizadores españoles e indígenas americanos. Se había anticipado a su tiempo de tal modo que sus relecciones han sido adoptadas por muchos tratadistas modernos.

El pensamiento de Vitoria sobre el trato a los indios y los Derechos Humanos quedó reunido en Relecciones Theologicae, de las que sobresalen sus tres libros: De Matrimonio, de 1531; De Iure Belli, de 1539; y De Indis, de 1539. En ellas se rechaza el poder temporal del papa, al que consideraba como un vicario de Cristo, con poder espiritual y no temporal; se analizan diversos aspectos jurídicos de las relaciones españolas con los indios y también se repasa el Derecho de Guerra, como elemento fundacional de los principios jurídicos internacionales.

Vitoria sostenía que el poder real emanaba de Dios y lo depositaba en el pueblo; único poder superior natural de los hombres, que por esencia son libres e iguales. El pueblo a su vez encomendaba a un príncipe, que debía jurar las leyes del pueblo para su conversión en rey. Este no era el propietario del reino y de su pueblo, sino un "padre" que debería realizar un buen gobierno conforme al derecho y en beneficio del bien común. Por tanto, el pueblo tiene la licitud de derrocar al rey elegido si este rompía el pacto foral y se comportaba como un déspota, llegando incluso al Tiranicidio. Algo revolucionario para la Edad Moderna, cuyas ideas políticas europeas estaban basadas en el Autoritarismo de las monarquías y la lucha de gobernante por el poder según El Príncipe de Maquiavelo.

FRANCISCO DE VITORIA Y EL CONVENTO DE SAN ESTEBAN DE SALAMANCA

Otro de los principales representantes de la Escuela de Salamanca en las Universidades virreinales fue Juan de Mariana, gran promotor de la teoría del Tiranicidio. En 1598, publicó el libro De rege et regis institutione, por petición de García de Loaysa y Girón, consejero real de Felipe III. En su obra, Mariana atacó las bases ideológicas del Absolutismo monárquico, pues mantenía que el poder real no emana de Dios, sino de un contrato pactado entre el príncipe y el pueblo, representado este por las Cortes.

Asumía que existe la posibilidad de que aquel contrato no se llevara a cabo y el gobierno de rey terminase en tiranía. En su opinión era la peor de las formas de gobierno, que degenera en todos los vicios, especialmente en la lujuria, la avaricia y la crueldad. El pueblo tiene la legitimidad de hacer la revolución y la ejecución del tirano.

FRANCISCO SUÁREZ Y JUAN DE MARIANA

Sin embargo, el pensamiento político y filosófico más influyente en las universidades hispanoamericanas fue el del jesuita Francisco Suárez, catedrático en la Universidad de Salamanca. Fue el promotor de la teoría de la Soberanía Popular Moderna.

A petición de la Iglesia católica, Suárez entabló una importante polémica con el rey de Inglaterra. Jacobo I era defensor del Absolutismo monárquico y sostenía que el poder real era delegado directamente por el pueblo, por tanto, no tenía que responder de sus actos ante sus súbditos, sino únicamente ante Dios. Tal fue el impacto frente el Absolutismo monárquico francés que Suárez fue quemado en París.

En su obra Defesio fidei catholicae adversus anglicanae seactae errores, Suárez defendió que la legitimidad del rey no es de carácter divino, sino humano, y que cuando la ley es injusta entonces la desobediencia y la revolución están justificadas.

Para Suárez, el poder deriva de Dios, fuente de toda razón y justicia, pero no pasa de Dios al monarca, sino que es el pueblo el que se convierte en intermediario del poder. El pueblo, como depositario del poder, se lo entrega a los hombres que han de gobernar el Estado a través de un contrato político que establece que, si el gobernante no cumple su función de acuerdo al bien común y actúa como un tirano, el pueblo tiene el derecho a levantarse en armas en contra de la tiranía, a asumir de nuevo el poder y a entregarlo a otro gobernante con capacidad para cumplir sus funciones de manera efectiva.

El pensamiento político suareciano se impartió en las universidades de la América española hasta la expulsión de los jesuitas, en 1767, por orden de Carlos III. Por tanto, los pioneros de la soberanía popular en Hispanoamérica no fueron ni Locke ni Rousseau, sino el filósofo Francisco Suárez.

UNIVERSIDAD DE MÉXICO

Tanto Francisco de Vitoria, Juan de Marina y Francisco Suárez permanecieron en Salamanca, pero crearon una escuela de pensamiento de cuyos discípulos buena parte pasaron a enseñar y difundir sus ideas en las recién fundadas universidades y colegios virreinales del Imperio española. Entre los más destacados profesores que enseñaron en México destacaron: Alonso Gutiérrez de Veracruz, Francisco Cervantes de Salazar, Bartolomé Frías de Albornoz y Antonio Rubio de Rueda.

Alonso Gutiérrez de Veracruz, también llamado Alonso de la Vera Cruz, había nacido en Toledo y estudiado Gramática y Retórica en la Universidades de Alcalá de Henares y después Filosofía y Teología en la de Salamanca. Allí se convirtió en alumno y discípulo de Francisco de Vitoria y de Domingo de Soto, otro importante miembro de la escuela, quienes introdujeron el Tomismo, la filosofía de Santo Tomás. Alcanzó el grado de maestro de Teología.

En 1536, viajó al Virreinato de la Nueva España para dedicarse a la evangelización de indígenas, ingresado en la Orden de San Agustín. Veracruz fue posiblemente la figura más relevante de la filosofía de Hispanoamérica del siglo XVI, cuya enseñanza abarcó tanto la lógica como la física y la ética social. Ejerció el magisterio en la Real Universidad de México y en los colegios de su orden que él mismo fundó.

ALONSO DE LA VERA CRUZ

En tierras de Michoacán, Veracruz aprendió la lengua tarasca para predicar el evangelio cristiano a los indios. En 1540, Alonso de Veracruz fundó el convento de San Juan Bautista, abrió la primera biblioteca de América y dictó el primer curso de Filosofía en el Nuevo Mundo, casi un siglo y medio antes de que en la Universidad de Harvard se comenzara a impartir esta disciplina. En este mismo estado de Michoacán, contribuyó a la fundación del Real Colegio de San Nicolás Obispo, en la población de Pátzcuaro, que más tarde se convertiría en una de las universidades más importantes de continente.

En 1553, escribió su tratado de filosofía De demonio infidelium, el primer libro de esta materia realizado en América. Siguiendo el pensamiento de su maestro Francisco de Vitoria, mantenía que "la soberanía procede del pueblo y que el gobernante se vuelve un dictador por el modo en cómo accede al poder" (tyrannus ab origine) "y por la manera de gobernar o regir" (tyrannus a regimine). Posteriormente, afirma que "cualquiera de los dos títulos hace al gobernante injusto merecedor de ser depuesto" y niega "que haya siervos por naturaleza", en consecuencia, con lo cual el dominio sobre los indios (por el rey y los encomenderos) depende de la voluntad popular y no pueden poseerse sus tierras, ya que no hay ninguna duda de que "el papa puede darle al emperador alguna parte del mundo para que la haga evangeliza".

Lo que estaba defendiendo Alonso de Veracruz era algo totalmente novedoso para la época: que el rey era un monarca legítimo solo si la voluntad del pueblo así lo aceptaba, porque el poder proviene siempre de Dios y el creador se lo otorga siempre al pueblo y este lo delega al rey para que sea el realizador de un proyecto político justo y basado en los evangelios.

Para Alonso de Veracruz, los indios dominados por el Imperialismo antropófago de los aztecas fueron los que aceptaron al rey de España. El nuevo orden político que les proponía el soberano español era más justo que el establecido antes de la llegada de los colonizadores, ya que el antiguo sistema estaba basado en la opresión, el terror y la antropofagia. Y de esta aceptación deriva la autoridad real.

En la misma línea de reflexión que Francisco de Vitoria, Alonso de Veracruz enumeró las motivaciones ilegítimas que se aducían para la conquista de las Indias, así como las que podrían alegarse como legítimas. Entre las segundas, el agustino se refirió al "régimen tiránico de los príncipes bárbaros", que debe evitarse; a la antropofagia y los sacrificios humanos a las alianzas entre los españoles y otros pueblos indígenas, como los tlaxcaltecas, y a la elección libre y voluntaria de los indios.

Entre sus alumnos estuvo el gobernador indio de Pátzcuaro, Antonio Huirziméngari Mendoza y Calzonzin, hijo del último cacique de los tarascos. También fueron discípulos suyos Francisco Cervantes de Salazar, escritor y maestro universitario, y los escritores Esteban de Salazar y Andrés de Tordehumos.

ALONSO DE LA VERA CRUZ Y FRANCISCO CERVANTES DE SALAZAR

Francisco Cervantes de Salazar, nacido en Toledo en la segunda década del siglo XVI, estudió en Salamanca, y después en la Real Universidad de Toledo. Estuvo al servicio del cardenal García de Loaysa, lo que le permitió entrar en contacto con Hernán Cortés. En 1550, se trasladó al Virreinato de la Nueva España para estudiar en la Real Universidad de México, de la que llegó a ser rector, y, en 1554, se ordenó sacerdote.

Entre sus obras destaca Crónica de la Nueva España, por su alto valor histórico y antropológico debido a la cantidad de datos sobre la conquista de México y las culturas indígenas. Escribió Túmulo imperial de la gran ciudad de México, donde describió las ceremonias fúnebres que se realizaron en la capital novohispana por la muerte del emperador Carlos V.

Bartolomé Frías de Albornoz, nacido en Talavera de la Reina en 1519, estudio Derecho en Salamanca y se doctoró en la Universidad de Osuna. Dominaba el latín y el griego, y leía en hebreo, árabe, francés e italiano. El humanista y gramático Francisco Sánchez de las Brozas lo llamó doctor in linguis omnibus perfectissimum, es decir perfecto conocedor de todas las lenguas.

En 1553, fundó la cátedra de Instituta, es decir, de Derecho Civil, de la Universidad de México. Experto en Aristóteles y Cicerón, fue conocido en su tiempo por defender la abolición de la esclavitud. En 1573, publicó en Valencia su Arte de los contratos, donde rechazaba la licitud del esclavismo y el tráfico de seres humanos.

Alonso Rubio de Rueda fue considerado "el más importante de los jesuitas españoles enviados a América", por Walter Redmond en su obra Lógica mexicana de Antonio Rubio: una nota histórica. Fue debido a la gran influencia que su obra filosófica tuvo en Europa a través de Descartes. De hecho, el mismo Descartes, mientras estuvo en el Real Colegio de La Fléche, estudió los comentarios a la Lógica de Aristóteles que Rubio de Rueda incluyó en su Lógica mexicana.

Juan de Lorenzana llegó a ser prior del convento de Lima y luego provincial, y catedrático de Prima de Teología, como los anteriores. Gran discípulo de la denominada Escuela de Salamanca, fue el nuevo Báñez a quien todos consultaban.

UNIVERSIDAD DE SAN MARCOS DE LIMA

Entre los filósofos y juristas que fueron discípulos de Francisco Suárez y que se trasladaron a América para ejercer la docencia se encuentran:

Juan de Atienza fue rector del Colegio de San Martín de Lima, que llegó a contar con más de trescientos estudiante.

Juan Perlín fue profesor de Filosofía en Quito, Cuzco y Lima, que posteriormente regresó a España por petición de Suárez para trabajar junto a él.

Diego de Torres Bollos fue fundador del Colegio Máximo de Córdoba, luego reconvertido en la Universidad de San Ignacio de Loyola.

Al margen de las disciplinas centrales que fueron el Derecho y la Teología, se intentaron implantar cátedras de lenguas indígenas, cuyo conocimiento era obligatorio para los misioneros, pero no se obtuvieron logros de alcance.

A medida que fue avanzando el siglo XVII, tomaba ventaja la enseñanza de las llamadas "ciencias útiles". En filosofía, el Racionalismo sustituyó al Aristotelismo y el Tomismo, el idioma español al latín, y ciencias como la medicina y las matemáticas, durante el siglo XVIII. Estas disciplinas se consideraban de aplicación directa a la vida cotidiana y se volvía más atractiva para el estudiante.

ORIGEN DEL LIBERALISMO ESPAÑOL


El pensamiento ilustrado del siglo XVIII se basó en la libertad crítica de la razón, y su ejercicio condujo a los primeros desarrollos del Liberalismo. En España, el libre ejercicio de la crítica se aplicó en los planos económico, social, religioso e intelectual, pero se detuvo en el político, pues para el Despotismo ilustrado la Monarquía absoluta era un dogma intangible.

Los primeros liberales de la Ilustración española pensaron que un cambio en la estructura socio-económica exigía un poder que venciera las resistencias tradicionales y los obstáculos a la expansión de las luces y del razonamiento crítico. La razón se debía imponer en todos los órdenes y no debía hacer excepción en el orden político. En este sentido actuaron políticos ilustrados como Pedro Pablo Abarca de Bolea, Pedro Rodríguez de Campomanes y Gaspar Melchor de Jovellanos.

ORIGEN DEL LIBERALISMO ESPAÑOL

El Liberalismo político surgió a inicios el siglo XIX, en las Cortes de Cádiz, mediante eruditos y autoridades del siglo XVIII, bajo las monarquías de Fernando VI, Carlos III y Carlos IV, que extendieron su libertad de crítica al campo político, quienes pensaban que la política no debía ser un islote de autoritarismo en medio de una sociedad liberal.

Estos primeros liberales españoles desmontaron de forma crítica los supuestos de la Monarquía absoluta, haciéndose portavoces de la incipiente burguesía (con menos fuerza social que la francesa), que había vencido a la nobleza y al clero. Mientras tanto, las reminiscencias señoriales de la época feudal articulaban a la nobleza y al clero dentro de un sistema de privilegios vinculados a la soberanía regia, defendida por el Despotismo ilustrado. Por eso se dijo que en España no existió burguesía y, por tanto, tampoco Revolución burguesa. Sin embargo, si se distingue burguesía como clase social y mentalidad, los ilustrados españoles pertenecieron al arquetipo humano del burgués. Así ocurrió con los fundadores y promotores de las Sociedades Económicas de Amigos del País, que fueron formadas por nobles identificados con las aspiraciones burguesas.

La Ilustración fue transición entre la sociedad estamental y la nueva sociedad burguesa, entre el antiguo y el nuevo Régimen, pues abrazó la causa de la libertad económica, pero no la política, por considerar al pueblo todavía como menor de edad. Por eso el ilustrado fue diferente del demócrata y del liberal, pues creyó en la necesidad de una reforma frente al inmovilismo (de una lado) y la Revolución (del otro lado), pero estuvo convencido de que esa reforma había de ser realizada desde el Poder civil del Despotismo ilustrado, asesorado por la minoría ilustrada. Al pueblo tocaba recibir pasivamente esa Ilustración.

En aquella época los ilustrados no vieron otra forma de enfrentarse al Poder eclesiástico que apoyándose en el Poder real, encarnación entonces de la sociedad civil. A ese fin respondió el apoyo que prestaron al Regalismo y al Jansenismo, así como a las críticas que recibían de la nobleza y del clero; por lo que para socavar los Poderes de la nobleza y del clero atacaron la estructura socio-económica que las sustentaban: amortización, vinculaciones, Inquisición, Compañía de Jesús, etc. No resultaba sencillo pasar de la libertad económica a la política, cerrando el acceso al poder político a una burguesía culta y enriquecida, con derechos adquiridos por su propio esfuerzo.

En estas circunstancias la Ilustración se mantuvo en un equilibrio inestable, amenazado por los intereses del Antiguo Régimen y de los liberales, para quienes la libertad era económica y política; mientras la Ilustración era una delgada capa de la sociedad, que realizó una extraordinaria función en la difusión de las nuevas ideas y en la apertura de cauces sociales inéditos. Si los tradicionalistas se atrincheraron en posturas reaccionarias, los primeros liberales realizaron una labor de apertura a nuevos horizontes de convivencia social y tuvieron sus primeras manifestaciones públicas en el segundo decenio del siglo XIX.

Ya antes se había pensado que el cambio de la estructura socio-económica era imposible si no se cambiaba la organización política. Algunas de las críticas que sufrieron la nobleza y el clero antes de 1789 no fueron sólo en cuanto a clases sociales improductivas, sino como piezas fundamentales de un orden político que se rechazaba. Antes de 1789 se criticó la Monarquía absoluta y el despotismo ilustrado, pero no la monarquía como institución. Y ya en el reinado de Carlos III fue surgiendo una oposición política que pidió la reunión de Cortes y una reforma profunda.

PEDRO RODRÍGUEZ DE CAMPOMANES

La Escuela poética salmantina del siglo XVIII y los pensadores, catedráticos y políticos de esa época estuvieron más preocupados por temas jurídicos y doctrinales que por los estrictamente filosóficos o literarios: José Cadalso, Dalmiro, Juan Pablo Forner, Aminta, Juan Meléndez Valdés, Batilo, Juan Nicasio Gallego, Bartolomé José Gallardo, Juan Justo García, Marcial Antonio López, Miguel Martel, Diego Muñoz Torrero, Manuel José Quintana y Ramón de Sala y Cortés.

Menéndez y Pelayo afirmó que la Universidad de Salamanca y su Colegio de Filosofía fueron, a fines del siglo XVIII, un foco de ideología materialista y radicalismo político, del que salió la mayor parte de los legisladores de 1812 y conspiradores de 1820: Manuel José Quintana, Bartolomé José Gallardo, Diego Muñoz Torrero y Ramón de Sala y Cortés. Las nuevas ideas enciclopedistas penetraron también en Salamanca, traídas por la librería francesa de Alegría y Clemente, donde Juan Meléndez Valdés leyó el Derecho de gentes de Vattel y el Espíritu de las Leyes de Montesquieu.

Pero el Liberalismo político no fue sólo producto de la influencia europea, sino resultado de la propia meditación de los pensadores españoles.

JOSÉ CADALSO

José Agustín Ibáñez de la Rentería heredó importantes mayorazgos en el Señorío de Vizcaya, y defendió el sistema foral. Entre 1780 y 1783, redactó sus Discursos bajo la influencia de Montesquieu, en los que abogó por las libertades municipales y la defensa del empleo del castellano. Desempeñó varios cargos en las administraciones local y regional. En 1774, fue miembro benemérito de la Sociedad Económica BascongadaEn 1775, fue alcalde de Lequeitio y, en 1816, historiador de Vizcaya en las Juntas Generales de Guernica. Fue también autor de Fábulas, escritas entre 1789 y 1797; El raposo, en 1789; y Memorial histórico, en 1798, en el que refiere su participación en la Guerra de la Convención francesa de 1793-1795.

León de Arroyal y Alcázar, de origen noble, estudió derecho en Salamanca entre 1773 y 1777, relacionándose en la Academia de Cadalso con Juan Meléndez Valdés, José Iglesias de la Casa, Juan Pablo Forner y Pedro Mariano de los Ángeles Estala Ribera. En 1778, marchó a Madrid, donde escribió Sátiras, Epigramas y Odas, publicada en 1784. Se casó con Rita Piquer, parienta de Forner y Andrés Piquer, instalándose en las localidades conquenses de San Clemente y Vara del Rey.

Tradujo al castellano la liturgia cristiana, y los Dísticos de Catón con Escolios de Erasmo, en 1797. Representaba el desengaño de los intentos del reformismo borbónico por encontrar mayor representatividad política. Fue el primer escritor del siglo XVIII en pedir y esbozar una Constitución, en Cartas político-económicas al conde de Lerena, en 1795, ministro de Hacienda.

En economía fue liberal, y como filósofo creyó que la religión y la razón son compatibles. Escribió un opúsculo contra la Apología por España y su mérito literario de Juan Pablo Forner, conocido como Pan y Toros, pero titulado Oración apologética en defensa del estado floreciente de España, en 1793: el ataque más violento de la época contra el despotismo político y religioso, pero defendiendo la libertad civil.

También en Madrid publicó: Versión castellana del oficio parvo de Nuestra Señora, según el breviario romano, en 1781; Versión castellana del oficio de los difuntos, en 1783; y Versión parafrástica de la Santa Misa, en 1785: 

FRANCISCO CABARRÚS

Francisco Cabarrús Lalanne fue un financiero naturalizado español. Su padre Domingo Cabarrús Fourcade era propietario de una casa de comercio en Bayona. Este le envió a Zaragoza para que completase su formación como negociante en casa de un afortunado comerciante francés. Se casó con Antonia Galabert Casanova, hija de su anfitrión, de cuyo matrimonio nació Teresa Cabarrús; y se establecieron en Carabanchel Alto (Madrid), donde dirigió una fábrica de jabón que poseía el abuelo de su esposa.

Su capacidad para las finanzas y su visión ilustrada de la sociedad le granjearon la amistad de Gaspar Melchor de Jovellanos y de los condes de Campomanes, Floridablanca y Aranda. Ingresó en la Sociedad Económica Matritense, y fue consejero y prestamista de Carlos III, y ministro plenipotenciario en el Congreso de Rastadt, en 1797.

A él se debe la idea de emitir vales reales para hacer frente a los gastos de la guerra con Inglaterra (de la independencia de América, 1779-1783), y el proyecto de creación del Banco de San Carlos (1782); también la potenciación del comercio con Asia y la refundación de la Compañía de Filipinas (1784). Carlos IV le otorgó el título de conde de Cabarrús en 1789. Su carrera se vio alterada por la enemistad con importantes personajes políticos. Cuestionado por sus ideas, perseguido por la Inquisición y acusado de malversación de fondos fue encarcelado en el castillo de Batres (1790). En 1792 recobró la libertad, volvió a ocupar altos cargos durante los reinados de Carlos IV y José I Bonaparte, y murió siendo su ministro de Finanzas.

Sus obras son de carácter epistolar: Memoria relativa al comercio de Indias (1778), Memoria para la formación de un Banco Nacional (1783), Memoria para la extinción de la deuda nacional y el arreglo de contribuciones (1783), Sobre la unión del comercio de América con el de Asia (1784), Elogio del conde de Gansa (1786), Memoria sobre montepíos (1784), Elogio de Carlos III, rey de España y de las Indias (1789), Carta al Príncipe de la Paz (1795), Cartas sobre nobleza y mayorazgos (1808), Cartas sobre los obstáculos que la naturaleza, la opinión y las leyes oponen a la felicidad pública (1783) y Cartas político-económicas (1841).

PEDRO PABLO ABARCA DE BOLEA

LENGUA FILOSÓFICA, ¿LATÍN-ESPAÑOL?


Hasta bien entrada la Baja Edad Media, el latín fue usado por eruditos y sabios como lengua de escritura de textos jurídicos y filosóficos. La irrupción del Humanismo renacentista y la primera Gramática de la lengua castellana por Antonio de Nebrija a finales del siglo XVI, supuso que el español avanzase como medio de expresión de las disciplinas del conocimiento y el pensamiento, en retroceso del tradicional latín, que se mantuvo sólo en el ámbito universitario hasta la Ilustración.

Reyes, catedráticos, literatos, juristas, teólogos o filósofos, fomentaron el uso de las lenguas vernáculas para la difusión de la cultura y el saber en el pueblo llano o promovieron el mantenimiento del latín como la tradicional lengua culta y académica.

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LENGUA FILOSÓFICA ¿LATÍN O ESPAÑOL?

El latín ha sido utilizada como medio de expresión de las ideas de pensadores y eruditos en exclusividad hasta aproximadamente el siglo XIII. Desde este siglo, la lengua filosófica comenzó a ser el castellano, desapareciendo el latín como lengua de uso, aunque permaneció como reducto de eruditos hasta el siglo XVII. El castellano también hado sido la principal lengua literaria utilizada desde la Baja Edad Media.

Los orígenes de la lengua castellana están estrechamente vinculados al romancero y a la épica, al lenguaje poético y los cantares de gesta. El uso del latín quedó para escribir en prosa, hasta el citado siglo XIII, y se mantuvo como medio de expresión en las universidades hasta bien entrada la Edad Moderna.

En los últimos siglos de la Edad Media, las lenguas romances, derivadas del latín, se fueron imponiendo como principal idioma de cultura y erudición en sus respectivos territorios. No sólo serían lenguas habladas por el pueblo, sino lenguas de cultura por doctos y eruditos.

En el Reino de Castilla, el uso de su lengua vernácula como lengua culta tomó impulso gracias a Fernando III el Santo, y especialmente Alfonso X el Sabio, que intentaron establecer la unidad lingüística en España, prefiriendo el uso del castellano para la prosa y del gallego para la poesía. Entre los literatos que fomentaron una rica literatura castellana fueron don Juan Manuel y el Arcipreste de Hita.

A pesar del empuje de las lenguas romances, el latín seguía tomándose como la principal lengua culta y algunos reyes como Alfonso V de Aragón en el siglo XIV o Juan II de Castilla en el XV fomentaron su revisión. Los literatos de su época, especialmente Juan de Mena, adaptaron el castellano a la sintaxis y la retórica latina, usando un lenguaje latinizante.

Durante los años del Renacimiento, surgió una vuelta a los textos clásicos y la utilización del latín, pero el idioma español se imponía como principal lengua en la publicación de libros impresos. La reina Isabel I la Católica fomentó la afición del latín como principal medio de expresión de un importante foco humanista. Entre sus principales eruditos estaban Beatriz Galindo, Alfonso de Palencia, Lucio Marineo Sículo, Pedro Mártir de Anglería y Elio Antonio de Nebrija.

En 1492, Nebrija componía la primera Gramática de la lengua española, ofrecida a su reina Isabel para ser tomada como lengua del Imperio. Fue la primera gramática escrita de una lengua vulgar, desde entonces el castellano moderno o español fue considerado como una lengua culta al mismo nivel que el latín y el griego. Y tras esta, fueron apareciendo gramáticas de otras lenguas vulgares que se convertían en cultas, como el portugués, el catalán, el francés, el italiano, etc.

estatuas catedráticos Universidad Salamanca Luis León Francisco Vitoria
FRAY LUIS DE LEÓN Y FRANCISCO DE VITORIA

Carlos I impuso el español como la principal lengua de Europa, una lengua de relación y diplomacia entre las Chancillerías, hablándolo y defendiéndolo ante el papa Paulo III.

Pero, a pesar del prestigio que el idioma español había alcanzado durante el Siglo de Oro de las Letras, la inmensa mayoría de las obras dedicadas a la teología, la filosofía, la ciencia, el derecho y la erudición universitaria se escribían en la tradicional lengua latina.

El cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, que publicó la primera Biblia políglota, fundó la Universidad Complutense de Alcalá de Henares como foco humanista. Y la Universidad de Salamanca, con su famosa escuela de escolásticos encabezada por Francisco de Vitoria, se convirtió en el principal centro de pensamiento español, e incluso europeo, en teología y derecho, dando comienzo a la macroeconomía como ciencia moderna y debatiendo los principales problemas filosóficos y morales de la Modernidad, todo ello en latín, la lengua universitaria.

Por contra estuvo el Erasmismo, un movimiento que entroncaba del Humanismo siguiendo la doctrina de Erasmo de Rotterdam, con Luis Vives como máxima figura española. Defendía la utilización de las lenguas nacionales como principal medio de difusión de la cultura y el saber para ponerla a disposición del pueblo llano ignorante del latín, traduciéndose al castellano las obras de Erasmo.

esculturas humanistas Biblioteca nacional Antonio Nebrija Luis Vives
ANTONIO DE NEBRIJA Y LUIS VIVES

También el Misticismo, corriente literaria y religiosa que alcanzó gran profusión e influencia en España, prefirió la lengua vernácula del pueblo. Sus principales representantes fueron Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz, Luis de Granada, Miguel de Molina y Luis de León.

Fray Luis de León fue un gran defensor del español, lo que le tuvo cinco años en las cárceles de la Inquisición. Desde su cátedra salmantina se expresó siempre en español, defendiendo el uso del romance hasta para la difusión de la Biblia, y recordando que todos los autores clásicos escribieron en su lengua materna. Su seguidor, Pedro Simón Abril, reconociendo que el latín era ya lengua eclesiástica o universitaria.

Hasta el siglo XVIII, el latín no desapareció como lengua culta. La Ilustración española y sus instituciones consiguieron que desde entonces el español fuese la única lengua de las publicaciones. Se fundó la Real Academia de la Lengua española, se fundaron decenas de Sociedades Económicas Amigos del País, y se fomentó la prensa escrita, instituciones que promovieron que el español no sólo fuese el medio de expresión de la cultura y la ciencia, sino de la vida social del país.

La permanencia del latín como lengua culta había provocado que hasta llegado el siglo XIX, no existiese en España un vocabulario filosófico. El movimiento del Krausismo creó un verdadero léxico para la filosofía española, gracias a su máximo promotor Julián Sanz del Río.