SISTEMA MÉTRICO DECIMAL POR JOSÉ CHAIX ISNIEL


José Chaix fue un matemático y astrónomo reconocido internacionalmente por su participación en la Comisión para la determinación del metro como unidad de longitud del Sistema Métrico Decimal, dirigido por la Academia de las Ciencias de Francia entre 1792 y 1798.

Siendo director del Observatorio Astronómico de Madrid, aportó investigaciones astronómicas para la revista Anales de Ciencias Naturales. También realizó relevantes aportaciones a las ciencias matemáticas que publicó en el primer volumen de Instituciones de Cálculo diferencial e integral, en 1801, y Memoria sobre un nuevo método general para transformar en serie las funciones trascendentes, en 1807.

SISTEMA MÉTRICO DECIMAL POR JOSÑE CHAIX ISNIEL

José Chaix Isniel había nacido en Játiva (Valencia), en 1765. Realizó estudios en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia, donde obtuvo el título de agrimensor, en 1796. Pero, su vocación estuvo en las matemáticas y la astronomía, probablemente influido por su hermano mayor, el poeta, científico y político Esteban Chaix.

En 1789, a la edad de veinticuatro años, fue pensionado por la Corte española de Carlos IV para ampliar sus estudios sobre astronomía en Inglaterra y Francia. Se trata de un programa de ampliación de estudios para los universitarios más destacados de España bajo el patrocinio del conde de Floridablanca. El objetivo era la adquisición y aprendizaje de los conocimientos científicos más adelantados y vanguardistas que se estuviesen impartiendo en las mejores academias europeas, especialmente en París, y, posteriormente, implantarlo en las empresas y laboratorios españoles.

Durante esta etapa, Chaix pudo visitar los observatorios astronómicos de Oxford, Cambridge, Edimburgo, Glasgow y Greenwich, por la que pasa el "meridiano cero".

Después pasó a París, donde estuvo estudiando en la Academia Francesa de Ciencias. Formaba parte de un grupo de pensionistas españoles, entre los que figuraban Agustín de Betancourt y José María de Lanz.

Trabajó con el físico y matemático Jean Baptiste Biot en investigaciones sobre electromagnetismo. También colaboró con Joseph Jérome de Landale en la redacción de unos Elementos de cálculo diferencial e integral, en 1791, que no se publicaron.

ACADEMIA DE LAS CIENCIAS DE FRANCIA EN PARÍS

En la capital de la recién fundada República de Francia, Chaix estuvo viviendo el proceso revolucionario en primera persona, tomando contacto con los círculos científicos más destacados.

La Revolución llegaba hasta las ciencias. Así, en 1791, la Asamblea Nacional Constituyente pidió a la Academia de las Ciencias que introdujera un nuevo sistema universal de medidas que siguiera un patrón con la naturaleza. Los académicos decidieron medir un meridiano terrestre para calcular el tamaño exacto de un metro, definido como la diez millonésima parte de la distancia de un cuadrante de un meridiano terrestre.

Fue un largo proceso de cálculos para medir la longitud del arco del meridiano que pasa por París, entre la ciudad de Dunquerque, al noroeste de Francia, y la montaña de Montjuic de Barcelona, entre los años 1792 y 1798. Este meridiano es lo que debería servir de base para calcular la longitud del cuarto del meridiano, conectando el Polo Norte con Ecuador.

La expedición estaba dirigida por el astrónomo y matemático Jean Baptiste Delambre y el astrónomo y geógrafo Pierre Méchain. Delambre mediría el meridiano entre Dunkerque y Rodez, al sur de Francia y Méchain haría la parte más al sur, entre Rodez y Barcelona.

Chaix fue elegido por la Corte de España para formar parte de esta comisión científica. Sin duda, la elección estuvo motivada tanto por sus amplios conocimientos en astronomía y matemáticas, como por su experiencia con los académicos parisinos. También formaría parte del grupo de expedicionarios el ingeniero malagueño Juan López de Peñalver.

Los datos recogidos se presentaron a una conferencia internacional en París, en 1798. El resultado de este esfuerzo fue la definición del Sistema Métrico Decimal.

REAL OBSERVATORIO ASTRONÓMICO DE MADRID

En 1793, Chaix volvía a Madrid para servir en el Real Observatorio astronómico de Madrid con el cargo de agregado. Mientras tanto, realizó un par de viajes a Londres para comprobar cómo se estaba fabricando una serie de instrumentos astronómicos que había contratado el observatorio madrileño.

En 1795, fue nombrado vicedirector del Observatorio, con el rango de capitán. Un año después fue director del Cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos, una nueva academia científica organizada por orden del primer ministro Manuel Godoy. Estuvo en dirección del Observatorio hasta 1804, mientras impartía clases de astronomía física y astronomía práctica. También fue comisionado de la Dirección General de Caminos y Canales y catedrático en la Escuela de Ingenieros de Caminos y Canales, establecida en el Palacio del Buen Retiro y dirigida por Agustín de Bethancourt.

Entre 1800 y 1801, realizó observaciones astronómicas en Madrid, para determinar la latitud de varias estrellas de posición conocida, mediante alturas meridianas o distancias al cenit. Los hallazgos fueron efectuados desde la casa del geólogo alemán Christian Herrgen situada en la calle del Turco, en colaboración de Mariano Luis de Urquijo y Agustín de Bethancourt, así como de los instrumentos del observatorio que dirigía.

Los resultados fueron publicados en la revista científica Anales de Ciencias Naturales, durante 1801. Otro trabajo publicado aquel año fue el primer volumen de sus Instituciones de Cálculo Diferencial e Integral con sus aplicaciones principales a las matemáticas puras y mixtas, que incluía una discusión de los principios del cálculo y el desarrollo de la teoría de las superficies curvas y de las curvas de doble curvatura, según los trabajos de Euler, Clairant y Monge.

En 1803, volvió a colaborar con Méchain para prolongar la medición del meridiano hasta las islas Baleares. Aquella comisión, organizada por la Oficina de Longitudes de París, quedó suspendida por la muerte de Méchain en Castellón, en 1804, por enfermedad del paludismo. A su vuelta, incluyó su trabajo Sobre la latitud y longitud de Madrid, en la publicación Variedades de Ciencias, Literatura y Artes.

LA MEDIDA DE TODAS LAS COSAS, POR KEN ALDER

Los análisis del arco de meridiano a Baleares se retomaron en 1806 con la dirección del anterior jefe comisario Jean Baptiste Biot, junto a otros científicos franceses como Pierre Simón Laplace y Dominique François Jean Arago, o los españoles José Chaix y José Rodríguez González. La comisión comenzó sus operaciones a lo largo de los Pirineos, tomando mediciones hasta el punto más meridional donde podía obtenerse una medida del meridiano, la isla Formentera.

En 1807, publicó una Memoria sobre un nuevo método general para transformar en serie las funciones trascendentes, trabajo dedicado a Manuel Godoy. Para esta obra empleó el binomio de Isak Newton y utilizó relaciones y técnicas puramente algebraicas, lo que le diferenciaba de Giuseppe Lagrange, quien relacionaba los desarrollos en serie con las derivadas sucesivas de la función.

En 1808, tras el inicio de la Guerra de la Independencia, obtuvo el cargo de miembro honorario de la Comisión de Guerra. En junio del año siguiente, fue comisionado por la Junta Suprema Central para que ofreciera una valoración acerca del innovador sistema de telegrafía óptica propuesto por el franciscano Juan Soler y Sintes. Este medio de comunicación podía transmitir noticias diarias a través de "thalagrafos". Finalmente, el proyecto fue rechazado.

Chaix se comprometió a desarrollar otro sistema de telegrafía en colaboración con el matemático Miguel Plá. El sistema telegráfico de Chaix estaba basado en el telégrafo de ventanas de Murray que había conocido durante su estancia en Inglaterra. Estaba basado en seis paneles que se pueden ocultar independientemente, dando lugar a un primitivo código binario.

Los últimos días de su vida transcurrieron en su villa natal Játiva, donde murió en 1809, a los 44 años.

INSTRUMENTOS DEL SISTEMA TELEGRÁFICO POR JOSÉ CHAIX

ESCUELA ARBITRISTA DE TOLEDO


La Escuela Arbitrista de Toledo fue un movimiento de economistas, mercaderes, artistas, literatos y eclesiásticos procedentes de dicha ciudad desarrollado en las primeras décadas del siglo XVII. Se dedicaba al análisis de la decadencia económica de su ciudad y el empeoramiento del erario de la Corte de Felipe III y de Felipe IV, así como a plantear soluciones de corte proteccionista y mercantilista de la industria nacional, que fueron descritos en forma de arbitrios.

Sus principales representantes fueron Sancho de Moncada, Baltasar Elisio de Medina, Jerónimo de Ceballos, Damián de Olivares, García Herrera de Contreras, Juan Belluga de Moncada, Pedro Hurtado de Alcocer, y Fernando de Toledo.

ESCUELA ARBITRISTA DE TOLEDO

La Escuela Arbitrista de Toledo fue un grupo de pensadores y escritores toledanos relacionados con el movimiento de Arbitrismo económico español entre los años 1615 y 1630.

Este Grupo Económico de Toledo se dedicó a analizar las causas de la decadencia económica y financiera tanto su ciudad como del Imperio español, y aportar soluciones prácticas y reformas para mejorar la situación en forma de arbitrios, fomentando la producción nacional y la prosperidad.

Este movimiento de pensamiento económico, que giraba en torno al ayuntamiento y a la universidad, no era una escuela formal, sino un conjunto de intelectuales que, a través de sus escritos y consejos, intentaron mejorar la economía en una época de crisis. España atravesaba un periodo de decadencia durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, y el erario de la Monarquía española atravesaba una enorme deuda debido al desarrollo de la Guerra de los Treinta Años, entre 1618 y 1648.

Estos temas llevaron al grupo a ser fuertemente proteccionistas de su sector industrial. El Proteccionismo del grupo de Toledo estaba motivado no sólo porque la ciudad sufría un proceso de decadencia debido entre otras cosas al establecimiento de la Corte en Madrid, sino también por la competencia de productos manufacturados procedentes del norte de Europa, especialmente los textiles flamencos.

Estuvo influenciado y relacionado con la Escuela de Salamanca, especialmente por Juan de Marina. El arbitrismo fue una evolución y reacción a los problemas que la Escuela salmantina ya había abordado en el siglo XVI.

Sus miembros eran economistas, mercaderes, artistas, literatos y eclesiásticos. El arbitrista más representativo fue Sancho de Moncada. Otros miembros y colaboradores de esta escuela, estudiados por historiadores como Jean Vilar, participaron activamente en este debate económico. Estos fueron Baltasar Elisio de Medina, Jerónimo de Ceballos, Damián de Olivares, García Herrera de Contreras, Juan Vázquez, Juan Belluga de Moncada, Pedro Hurtado de Alcocer, Fernando de Toledo, o Eugenio Narbona.

REAL UNIVERSIDAD DE TOLEDO

Sancho de Moncada fue clérigo, economista y catedrático de Teología en la Universidad de Toledo. Considerado un precursor del Mercantilismo, fue posiblemente el representante más destacado del pensamiento económico español del siglo XVII. Sus estudios buscaban la mejora de la agricultura, la manufactura y la hacienda real. Profundizó en la inflación y en la Teoría Cuantitativa del Dinero que definió Martín de Azpilcueta un siglo antes.

A través de sus Discursos, que publicó en 1619, advirtió las debilidades de la economía española, la penuria hacendística y la invasión de productos extranjeros, y denunció que el reino se había convertido en un deudor de las potencias enemigas. Explicaba que la decadencia se debía a la importación de metales preciosos, que hizo elevar los precios de las manufacturas, por lo que de economía de exportación se pasó a economía de importación.

Su solución fue proponer un severo Proteccionismo de carácter mercantilista y la necesidad de autarquía. Además, había que fomentar la industria, como propondría más tarde Colbert en Francia. Defendió la nacionalización de la vida económica y política, consideraba que los problemas económicos sólo son eficaces si se ejecutan desde el punto de vista del Estado, pues sólo las economías nacionales son unidades económicas autónomas.

Entre sus propuestas a tomar estaban: restringir la exportación de materias primas, prohibir la importación de manufacturas extranjeras, nacionalizar la industria y el comercio, perseguir el fraude y combatir la ineficacia administrativa, reducir las alcabalas a un impuesto único sobre los cereales y que el producto de las rentas no estuviese en manos de prestamistas extranjeros.

Su obra Discursos gozó de gran prestigio en Europa y fue fuente de inspiración de la rama científica de la literatura arbitrista. Fue asumida por los grandes ilustrados del siglo XVIII, en el que se reeditó como Restauración política de España.

RESTAURACIÓN POLÍTICA DE ESPAÑA, POR SANCHO DE MONCADA

Baltasar Elisio de Medinilla fue literato especializado en la poesía, perteneciente a una prestigiosa familia hidalga toledana. Además, era humanista, pues escribía en latín y griego, asistía a las juntas literarias de su ciudad, fue un gran lector de la riquísima biblioteca de Francisco de Rojas, y fue íntimo amigo y seguidor de Félix Lope de Vega.

Su famosa propuesta arbitrista fue recogida en el Memorial a la Imperial Ciudad de Toledo, publicado en 1618, en estilo prosa, poco antes de su muerte.

En el texto, reivindicaba justicia para una ciudad humillada por el traslado de la Corte a Madrid en 1561. Solicitó a Felipe III una Cancillería para Toledo, lo que obligaría a regresar a sus casas a quienes la abandonaron para servir en Madrid. Aquella decisión de Felipe II había diezmado su población y provocado su ruina:
"Una ciudad celebrada en todas las naciones del mundo por su grandeza, fortaleza, riqueza, población, letras, armas y nobleza ha venido en miserable estado por haberla desamparado los eclesiásticos de mayores rentas, los caballeros y mayorazgos, los hombres de negocios y una gran suma de oficiales."

Pretendía nacionalizar los empleos honoríficos y cargos eclesiásticos que, con la complicidad del rey, habían pasado a manos extranjeras. Además, se quejó de lo mal que estaban repartidas las prebendas, algunas favoreciendo a productores extranjeros como es el caso de los textiles que se importaban de fuera.

BALTASAR ELISIO DE MEDINILLA

Jerónimo de Ceballos fue consultor del Santo Oficio y presidente del Consejo Real, administrador perpetuo del arzobispado de Toledo y capellán de su majestad.

Escribió uno de los tratados de ciencia política más influyentes del reinado de Felipe IV, el Arte real para el buen gobierno de los reyes y príncipes y de sus vasallos, publicado en 1623. Fue coincidencia con las ideas del conde-duque de Olivares, hasta el punto de que la obra parece un anteproyecto, en muchos puntos, del programa de reformas que adoptó el valido de Felipe IV.

En sus documentos, recuperaba algunos de los proyectos de política económica de mayor interés ya formulados con anterioridad. Así, por ejemplo, el documento III relanzó la idea de fundar una red de erario público para facilitar el crédito privado y desempeñar la Hacienda Real, idea avanzada en primer lugar por Luis Valle de la Cerda a finales del siglo anterior, y replanteado en 1622 por López de Ugarte. Los documentos XX y XXI volvían a plantear el problema de la reforma fiscal y la contribución única, y el documento XXVIII retomaba una medida proteccionista basada en la limitación de exportar materias primas, esencialmente la lana, y en la prohibición a la importación de productos elaborados en el extranjero, al objeto de que fuesen fabricados en manufacturas nacionales.

Esta última idea ya había sido abordada dos años antes, en 1620, durante el reinado de Felipe III, en el Memorial para suplicar al rey que se prohíba la entrada a las mercaderías labradas fuera del reino y la salida de las lanas y materiales en que se han de ocupar y trabajar los naturales.

También elaboró un Discurso para tratar de los arbitrios convenientes al bien y aumento de la Imperial ciudad de Toledo, otro estudio más que aborda los problemas específicos del declive económico de su ciudad como consecuencia del cambio de capitalidad y crecimiento vertiginoso de Madrid. Era conocido que los objetivos de mantener la estabilidad del real por parte de la Corte eran contrarios a los intereses de la manufactura toledana. Por eso, Ceballos defendió su postura, a sabiendas que perjudicaban las rentas reales y, por tanto, a la Corona.

Fue el principal ponente durante el primer gran debate arbitrista en el seno del Ayuntamiento, organizado en 1618, junto al licenciado Ceballos y al doctor Herrera de Contreras. Ceballos expuso el contraste entre el grandioso pasado de la ciudad y el lamentable estado actual de la misma:
"Es gran lástima ver que está en tanta disminución por vecinos de los ciudadanos y no poderse sustentar en ella, de que viene gran daño no sólo a la ciudad sino a las rentas reales de Su Majestad, porque van vacando en mucha cantidad; de suerte que no se pagan los juros que están entrados, de que viene notables daños a los pobres y ricos у limosnas y capellanías que tienen situada su comida en los dichos juros; y también los herederos no pueden gastar sus vinos y cosechas por la falta de gente, y así es fuerza haberse de perder las heredades y las haciendas; y el trato y el comercio está más acabado y las casas no se alquilan, de que los eclesiásticos y seglares son muy perjudicados."

JERÓNIMO DE CEBALLOS

Damián de Olivares fue un mercader sedero cuyos estudios serían recomendados por el secretario real Campomanes un siglo y medio después por su impecable método, y por sus interesantes cálculos sobre población y manufacturas. Es destacable su memorial impreso en Madrid, en 1622, con el título Respuesta de Damián de Olivares a un memorial del doctor Guillén Ramón Mora de Almenar, en favor de la ciudad de Valencia, sobre la pretensión que ella tiene en materia de la saca de la seda, contra aquel reino.

Dos obras más destacadas fueron Memorial sobre la Fábrica de Toledo y Memorial para prohibir la entrada de géneros extranjeros. En ellas presentaba un análisis sobre las nefastas implicaciones que conllevaba la importación de mercancías de otros países, en las fábricas de textiles de Segovia, Toledo y La Mancha, por eso también aconsejaba la prohibición a la entrada de mercancías extranjeras a España.

Apoyaba el Bullonismo, teoría económica de los siglos XVI y XVII que define la riqueza como la cantidad de metales preciosos de los que se es propietario. La práctica del Metalismo estaba basada en la acumulación de monedas o lingotes de oro, plata y otros metales preciosos como única riqueza posible. Este pilar del pensamiento mercantilista aseguraba que la mejor forma de servir a la riqueza y poder nacional era acumular esta forma de dinero.

Un informe del Gremio de la Seda, al que pertenecía Olivares, evidencia la mala situación en que se encontraba el sector sedero en Toledo en cuanto a la producción, elaboración y confección (con una pronunciada reducción de telares, de 2.000 a 300) y, por tanto, solicitaba urgentemente la intervención del Ayuntamiento.

DAMIÁN DE OLIVARES

García Herrera de Contreras fue abogado, hijo del mercader Alonso Herrera de Contreras. Estudió Jurisprudencia en la Universidad de Santa Catalina, doctorándose en Derecho en 1585. Su condición de arbitrista es conocida por su Memorial A la Ciudad de Toledo, que imprimió el Ayuntamiento a su costa en 1618. Respaldaba la propuesta de Tomás Cardona, que pretendía devaluar el real de plata, medida que teóricamente afectaba positivamente a los intereses de la producción manufacturera toledana.

Juan Belluga de Moncada fue escribano mayor de rentas reales, durante el reinado de Felipe II, promovido por su tío Sancho de Moncada. Su hermano Andrés Belluga de Moncada también fue escribano. Con Felipe III, continuó en Valladolid como secretario real. A partir de 1605 apareció esporádicamente por Toledo para asistir a las reuniones del cabildo de jurados. Escribió varios arbitrios para denunciar la decadencia de Toledo, aunque más que autor fue recopilador de las ideas contenidas en los múltiples memoriales que entonces circulaban.

Pedro Hurtado de Alcocer elaboró todo un memorial sobre la despoblación toledana con la particularidad de manejar cifras y estadísticas para demostrar sus postulados. Aquel memorial fue coincidente, por su carácter práctico, con el trabajo de Damián de Olivares.

TOLEDO, SIGLO XVI

Fernando de Toledo, alférez mayor y comisario de la ciudad ante la Corte, se presentó en repetidas ocasiones ante el Real Consejo de Castilla para exponer arbitrios y memoriales aprobados por el Ayuntamiento toledano. Entre los de su autoría destaca el Memorial para su majestad del señor don Fernando de Toledo, efectuado en 1621, y contenido en el Libro Capitular número 40.

También pertenecían al grupo los doctores Alonso de Narbona y Eugenio Narbona. Este último destacó por su Doctrina política civil escrita en aforismos, publicado en 1604. Un trabajo que la Inquisición ordenó retirar de la circulación hasta 1621.

Cierran el grupo Juan Vázquez, cuyo informe sobre la evolución demográfica de Toledo fue utilizado por Sancho de Moncada; el doctor Pablo de Moncada; el contador Eugenio Garcés de Molina; o el regidor Jacome Pinelo.

UNIVERSIDAD DE TOLEDO, FACULTAD DE HUMANIDADES

PACIFISMO Y DECADENCIA IMPERIAL DE ANTONIO LÓPEZ DE VEGA


Crítico literario, poeta, filósofo, moralista y arbitrista hispano-portugués, Antonio López de Vega fue precursor del espíritu de la Ilustración española en pleno Barroco y uno de los principales escritores del siglo XVII en abordar el tema de la decadencia del Imperio español como tema.

Sus ideas filosóficas moralistas y arbitristas renovaron la corriente del Neo-Estoicismo, convirtiéndose en un ferviente defensor del Pacifismo y en contra del ideal de Guerra Justa. Predicó la tolerancia y solidaridad, el amor al prójimo y el uso de la razón, y definió las características del virtuoso gobernante cristiano.

Sus principales obras filosóficas fueron El Perfecto señor. Sueño político, Paradoxas racionales, y Heráclito y Demócrito. Diálogos morales.

ANTONIO LÓPEZ DE VEGA

Antonio Lopes da Veiga nació en Lisboa en 1586 y tenía un origen judeoconverso. Aunque portugués de nacimiento, era súbdito español, pues desde 1580 hasta 1640 el Reino de Portugal quedó integrado en la Monarquía hispánica por Felipe II. Trabajó al servicio de la Corte madrileña de los Habsburgo bajo el nombre castellanizado de Antonio López de Vega, ocupando diversos cargos administrativos. Fue protegido en la Corte por su tío, el influyente teólogo agustino Diego López de Andrade, amigo y secretario real de Felipe III y nombrado obispo de Otranto por Felipe IV, en 1623.

Estudió cánones y leyes en la Universidad de Alcalá de Henares. Fue también jurista, profesor de Cánones y Leyes y secretario del condestable de Castilla, Bernardino Fernández de Velasco entre 1609 y 1652. También protegido por el conde-duque de Olivares, como otros portugueses judeoconversos que pudieron regresar tras la unión dinástica de España y Portugal. Cuando el valido de Felipe IV fue destituido, López de Vega encontró en 1652 a otro protector de alta alcurnia, Francisco Fernández de la Cueva, nombrado virrey de Nueva España al año siguiente. Falleció en Madrid poco después, hacia 1656.

Su afán por la poesía y la literatura le llevaron a participar en los círculos intelectuales y artísticos de su tiempo, por ejemplo, en el concurso poético organizado para las fiestas de beatificación de Teresa de Jesús, en el convento de las carmelitas descalzas de San Hermenegildo de Madrid, editado su primera obra en 1615. También participó en otros certámenes y academias, algunas de ellas celebradas en su propia casa.

UNIVERSIDAD DE ALCALÁ DE HENARES

En 1620, escribió su principal obra poética Poesía lírica, que mereció los elogios de Félix Lope de Vega en El laurel de Apolo. Recogió versos escritos en latín, castellano, portugués e italiano.

Fue uno de los principales tratadistas de la Decadencia del Imperio español durante la primera mitad del siglo XVII, junto a otros contemporáneos como Pedro Fernández de Navarrete y Francisco de Quevedo, como dejó de manifiesto en sus reflexiones y actitudes, asimilándola y tratando de extraer de ella algunos de sus errores para plantear soluciones.

En 1626, publicó la obra política El Perfecto señor. Sueño político, con otros varios discursos, y últimas poesías varias. Está concebida como un sueño alegórico, aunque no impide considerarla como un ensayo sui generis de trabajo pedagógico-político. Su estilo está, en bastantes aspectos, emparentado con el de su contemporáneo Baltasar Gracián, partiendo de la idea de que el buen gobernante debe "temer y amar a Dios es principio de todos los aciertos, fundamento general de la gloria y firmeza de todos los estados".

Pero algunos rasgos importantes lo diferencian de otros arbitristas de su época. La virtud, por ejemplo, no debe caer en hipocresía o superstición; la devoción no debe dar en la afectación; relativizó la cultura que debe tener el príncipe, puesto que "aunque le deseamos docto, dispensamos en que no sea doctísimo", pero no parece olvidar nada esencial. Se planteaba el problema de las relaciones entre el noble y sus superiores (rey y privado), iguales e inferiores. Por último, advirtió:
"Que todas sus acciones y costumbres consulte y registre en el toque de la razón, no haciendo caso de ejemplos que no se conformen con ella, ni de envejecidas y inmemoriales observaciones de su casa."

SUEÑO POLÍTICO Y PARADOJAS RACIONALES POR LÓPEZ DE VEGA

Las ideas filosóficas de López de Vega lo convierten en un precursor español del espíritu de la Ilustración, independiente, estoico, tolerante y solidario. Fue teórico del teatro, lector de Séneca, filósofo moral vinculado a la corriente del Neo-Estoicismo, político y pensador heterodoxo y pirronista, y autor polígrafo. Predicó la tolerancia, el amor al prójimo y el uso de la razón. Como judeoconverso, fue crítico con la nobleza de sangre o nacimiento.

En 1641, recogió sus ideas arbitristas en un fundamental trabajo titulado Heráclito y Demócrito de nuestro siglo, con el subtítulo Diálogos morales sobre tres materias: la Nobleza, la Riqueza y las Letras. Obra de gran interés literario, contenido filosófico, moral y pedagógico, y fuente de conocimiento del estado político y social de la época. En ella expuso la causa de la decadencia de España a las interminables guerras como instrumento de la política. Incluido en esta obra está su Diálogo de los poetas, donde expuso sus ideas literarias sobre preceptiva, teorizó sobre el teatro, y se mostró seguidor de Félix Lope de Vega y contrario a Góngora y al Conceptismo literario.

Su pensamiento del Neoestoicismo quedó expresado en Paradoxas racionales escritas en forma de diálogos del género narrativo entre un cartesiano y un filósofo, escritas en 1650. Son seis diálogos entre un cortesano, un filósofo y un personaje llamado Gerardo, "solitario en la Corte" que parece identificarse con él. El título recuerda a las Paradojas de los estoicos de Cicerón. Fue esta su única obra manuscrita, a pesar de que tenía todas las aprobaciones y licencias para imprimirse desde hacía muchos años. Quizás prefirió mantenerla inédita por temor a ser considerada una obra de opinión polémica.

Uno de sus principales temas políticos fue la Decadencia imperial española, cuyas reflexiones tratan de superarla y sustraerse a sus maleficios. La cuarta de sus Paradoxas racionales, es un ataque a la guerra y a la milicia como elementos perturbadores de la convivencia humana, y causa de la decadencia española. Se opuso enérgicamente al militarismo y a las teorías de la Guerra Justa de Juan Ginés de Sepúlveda, y defendió la tolerancia y la solidaridad universal.

Las tesis defendidas por López de Vega son textualmente las siguientes:
1. "Que la profesión de las armas es una brutalidad indigna de hombres."
2. "Que el valor militar se debe antes llamar fiereza que valor."

El resto del cuarto diálogo es una argumentación y desarrollo de estas tesis, que defendió en ocasiones con especial énfasis:
"Os confiesso que la profesión que más abomino es la de la milicia; i que a cuantos la siguen miro como a salvajes en forma de hombres."

Analizó las causas de la guerra, y consideraba que son muy pocas las que se justifican con algún motivo serio. Según López de Vega la mayoría de los conflictos se deben a "puntillos de razón de Estado, venganças o conveniencias imaginarias de los príncipes." Y la conclusión es reafirmarse en su creencia de que el llamado valor militar es antes fiereza que valor, porque:
"Todo lo que haze, todos los esfuerzos que ostenta i aun todas las industrias que usa, i todo lo que consigue, no es más ni menos de los que pudiera esperarse de una fiera: ruinas, asolaciones, destroços, crueldades, robos, sangre y muertes, i esto de hombres contra hombres... i esto no más de por una razoncilla de Estado, tema o vanidad de los príncipes. ¡O deslumbramiento humano que a un epítome o junta extensiva, no abreviada, de todas las inquidades das el nombre i estimación de valor i gloria!"

ALCÁZAR Y CORTE REAL DE MADRID

Por todo ello, López de Vega consideraba que el ejercicio de las armas es infamante, y constituye un atentado contra la dignidad de la naturaleza humana; por eso pensaba también que la mayor bestialidad de la guerra es "el ser de hombres contra hombres, animales de la misma especie, i que como tales debieran antes amarse, unirse y atender recíprocamente a su conservación y aumento."

Para López de Vega, uno de los aspectos más aberrantes de la guerra es lo que conlleva de Nacionamismo. Le aterraba el "que vaya cada uno de los militares con el mismo rencor a ensangrentar la espada en quien no conoce ni le ha hecho en su vida particular agravio, no más de porque la nación, según las razones políticas, es tenida por contraria." Y terminó con un alegato cosmopolitista que más parece de un joven pacifista del siglo XXI que de un escritor español del siglo XVII.
"Esto del amor de la nación propia i aversión de las extrañas, aunque siempre ha sido inclinación común a todas, no es más que como una extensión y escassez juntamente del amor que cada uno se tiene de sí mismo; aunque puede también dezirse ser un afecto adquirido en la comunicación más frecuente que el amor se tiene a la nación propia i una como extrañeza procedida de no comunicarse el poco cariño que se tiene a las naciones diferentes. Pero al hombre de juicio, como todo el mundo le es patria, todos sus habitadores le son también paysanos; soy francés, soy alemán, soy inglés, soy hespañol, es lenguaje de gente vulgar. Las virtudes y vicios de unos i otros es lo que sólo nos deve hazer afectos o aversos."

La propuesta implícita de un Pacifismo a ultranza es muestra de la disconformidad con una política que había llevado a España a una situación de postración e inferioridad. Los remedios que propuso López de Vega no alcanzaron a los estratos de la alta política. Se limitaba a predicar la tolerancia, el amor al prójimo y, sobre todo, el uso de la razón por encima de todo. La primera de las paradojas, que tituló El solitario en la Corte, parece que es un autorretrato del autor, aunque puesto en tercera persona. El solitario que vive retirado a las afueras de Madrid, y reflexiona:
"Aquí me estoy sin atender a más que a gobernarme por el dictamen de la razón."

En su Heráclito y Demócrito de nuestro siglo, López de Vega arremetió contra la opinión de que el filósofo debe practicar las armas y, por extensión, la milicia y la guerra. Así dejó escrito:
"Está introducida en el mundo esta aprehensión errada de que, sin distinción de causas y motivos de la guerra, sea calidad dignísima de todo hombre la de ser insigne por la Milicia. Y aunque todos sus oficios y cargos tienen el uso en saber matarse los hombres uno a otros están en nuestra República, como en los demás, apoderados del mayor grado de nobleza, aquellos cuyos pasados no entendieron en otra cosa que en deshumanizarse, hacerse horribles y conocidos por la sangrienta eminencia en tan gentil ejercicio."

Según el pensamiento de López de Vega, la solución a los excesos del pasado que han traído la lamentable situación de la España de su tiempo sólo puede estar en el ejercicio de la razón. Consciente de la decadencia a que ha llegado la sociedad española, López de Vega propuso soluciones por el lado contrario al de los extremos y desmesuras que habían conducido a tal situación. Por eso se pronunció siempre a favor del término medio, de esa aurea mediocritas de influencia erasmista. Al tratar si conviene al filósofo estoico ser pobre o rico, se manifiesta partidario del "cómodo sosiego", renegando al mismo tiempo de la suma riqueza y de la suma pobreza, ambas perturbadoras de la tranquilidad del ánimo.

DIÁLOGOS MORALES Y EL PERFECTO SEÑOR POR LÓPEZ DE VEGA

En el siglo XVIII, fue un escritor muy apreciado a causa de su talante clasicista y su espíritu moderadamente crítico. Fue elogiado por Gregorio Mayáns y Siscar y por Juan Pablo Forner, y en el siglo XIX por Marcelino Menéndez Pelayo.

En el siglo XX, José Antonio Maraval lo consideró como un pensador crítico con la nobleza. Paulino Garagorri lo describió como un "filosofo de capa y espada, un espíritu fuerte" que anuncia ya el Siglo XVIII. Antonio Domínguez Ortiz lo consideró como un pensador heterodoxo adscrito a la corriente de los judeoconversos. Y Spinoza ofreció de él la hipótesis del juego de falso creyente.

Para Julio Caro Baroja fue un heterodoxo probado, y para José Antonio Fernández Santamaría fue un pirronista. Henri Méchoulant lo describió como un político ateo y un heterodoxo no apreciado, en obra Pensadores heterodoxos del mundo hispánico.


INSTITUCIONES PROMOTORAS DEL HUMANISMO ESPAÑOL


Los principios y valores del Humanismo español de los siglos XV y XVI se desarrollaron en la sociedad a través de tres instituciones o movimientos: las Universidades, las Bibliotecas y la Imprenta.

Durante el siglo XV, en la España peninsular se fundaron cerca de veinte universidades, proceso que continuó durante casi todo el siglo XVI, y se expandió a los virreinatos de América. Destacaron las de Salamanca, Valladolid y Alcalá.

Las nuevas bibliotecas fueron consecuencia del interés de algunos nobles y literatos por adquirir libros de textos clásicos como los de Séneca, Cicerón, Tácito, etc.

Durante el último cuarto del siglo XV se instalaron las primeras imprentas por muchas ciudades de España, desarrollándose una industria impresora en ciudades con una intensa actividad universitaria y cultural.

Un aspecto que ayudó al despertar del Humanismo fue el desarrollo de la prosa romance en el siglo XIV, destacando las obras literarias del arcipreste de Hita Juan Ruiz, el infante Juan Manuel, y el canciller Pedro López de Ayala.

INSTITUCIONES PROMOTORAS DEL HUMANISMO ESPAÑOL

En el siglo XV, tránsito de la Baja Edad Media y la Edad Moderna, surgieron una serie de condicionantes para la aparición de un Prehumanismo en los principales reinos cristianos de Europa, incluidos los reinos que conformarían España. Esta tendencia humanista no solo estuvo influenciada por el aporte italiano, sino que encontró aspectos sociales e intelectuales para que este movimiento fuese apareciendo y desarrollándose en territorios español durante el siglo XV, hasta tener una auténtica eclosión del Humanismo durante el XVI.

Ya en los siglos XIII y XIV, en los representantes del pensamiento escolástico de daban algunas características de un Humanismo incipiente, como es la atención que prestaban a los textos clásicos paganos de la Antigüedad o el interés por los primeros humanistas italianos.

Los últimos escolásticos y los primeros humanistas convivieron y debatieron en aquel momento crucial de la cultura y el pensamiento occidental. En este sentido, las órdenes religiosas y las universidades medievales, que habían ocupado el primer plano de la cultura desde el siglo XIII, vieron mermada su influencia por las Cortes (reales y papales) y por los ambientes nobiliarios, en torno a los cuales se desarrollaron las nuevas inquietudes. Incluso las universidades, basadas en los estudios generales catedralicios, fueron condicionadas por los beneficios y privilegios que fueron concediéndoles reyes y papas. De ellas fue surgiendo una nueva clase social o gremial: el letrado.

El letrado era considerado por documentos de la época como un "hombre de saber", una expresión del cambio social que se estaba produciendo en los siglos de la Baja Edad Media. Eran momentos en que un creciente pluralismo estamental llevaba a una paralela diversificación de funciones sociales. El nuevo grupo social de los letrados fue adquiriendo una conciencia estamental por su valor y aportación a la comunidad mediante el empleo de su profesión: consejeros, jueces, notarios, escribas, literatos, etc.

Ahora bien, los letrados no fueron los únicos artífices del florecimiento del Humanismo. Junto a ellos estuvieron una serie de infraestructuras lo que potenciaron. Entre estas ocuparon una labor destacada las universidades, las bibliotecas y el desarrollo de la imprenta.

LETRADO HUMANISTA ESPAÑOL

1. LAS UNIVERSIDADES

Un primer promotor del movimiento renacentista a nivel europeo fue el papa Benedicto XIII, conocido como Pedro de Luna, que ocupó en Aviñón el pontificado entre 1394 y 1416, fecha en que fue depuesto, retornando al castillo de Peñíscola. La Corte de Aviñón se convirtió en centro de encuentro de diversas corrientes intelectuales, en gran parte promovidas por Pedro de Luna. Este pudo atraer a su Corte a buen número de profesores y graduados de los reinos hispánicos, generándose en torno suyo un creciente interés por los textos clásicos. Aviñón se convirtió en foco irradiador para la nueva conciencia prehumanista española, y el papa Luna trató de potenciar la labor universitaria mediante nuevas concesiones y privilegios, lo que mejoró la calidad de la enseñanza y aumentó la cantidad de alumnos.

Este impulso generó dar un fuerte ritmo fundacional de estudios mayores por todo el territorio español. Así, durante el siglo XV, en la España peninsular se fundaron cerca de 20 universidades, proceso que continuó durante casi todo el siglo XVI: Barcelona, Toledo (1485), Sigüenza (1485), Valencia (1501), Sevilla (1502), Ávila (1504), Santiago de Compostela (1506), Alcalá de Henares (1508), Sahagún (1534), Granada (1540), Gandía (1546), Osuna (1548), Oñate (1548), Burgo de Osma (1554), Zaragoza (1574) y Oviedo (1608). Además, se mantendrían abiertas la de Salamanca y la de Valladolid, fundadas durante la Baja Edad Media.

El resultado fue que en 16019, entre universidades mayores y menores, llegaron a funcionar hasta una total de 32 y unos 4.000 estudios de Gramática. Las universidades mayores eran aquellas que tenían todas las facultades: Artes, Cánones, Gramática, Leyes, Medicina y Teología. Entre esta destacaron las de Salamanca, Valladolid y Alcalá.

UNIVERSIDAD DE ALCALÁ

2.
LAS BIBLIOTECAS

Muy vinculada a la función de universidades está la creación de bibliotecas, producto del deseo de adquirir y multiplicar los libros existentes. Entre los nobles y hombres cultos de la época se produjo una intención de formar su biblioteca personal, alguna de las cuales alcanzaron cierta relevancia, por ejemplo las de Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana; Fernán Pérez de Guzmán, señor de Batres; y Enrique de Aragón, marqués de Villena. Menos fama obtuvieron las bibliotecas creadas por Rodrigo Alonso de Pimentel, conde de Benavente; Sancho Palomeque, obispo de Cuenca; Pedro Ponce de León, obispo de Plasencia; Luis Núñez de Guzmán, maestre de Calatrava; Juan de Segovia, etc.

En Cataluña, el reinado de Martín I el Humano, entre los años 1395 y 1410, fue decisivo en este aspecto, especialmente en la influencia italiana sobre las letras renacentistas. Tras un estancia en Sicilia, dos de sus consejeros se dejaron influir por aquel ambiente latinista: el secretario de la Tesorería, Bernat Metge, y el predicador de la Corte, Antoni Canals. Las traducciones de Petrarca y de Dante, así como otras versiones del gusto clásico, se unieron a creaciones originales del mismo estilo. El rey Martín I impulsó las versiones de moralistas paganos, entre los que despuntaron Séneca y Cicerón, llegando a reunir 300 códices. El papa Pedro de Luna (Benedicto XIII) se implicó y remitió a Martín I una enciclopedia senequista inventariada en orden alfabético, compuesta por el italiano Lucas Mannelli, obra que fue vertida al catalán bajo el título de Taula per alphabet de tots els llibres de Séneca.

BIBLIOTECA DE LA CASA-MUSEO DE LOPE DE VEGA

La influencia de Séneca a la literatura catalana lo fue tanto como a la castellana. Ejemplo de ello son el florilegio senequista
Flors o Autoritats, formado con extractos de las Cartas a Lucilio. Antoni Canals había traducido De providentia; Pere Mollá compiló una Sumari de Séneca; y Antoni Vilaregut comenzó la traducción de diez tragedias de Séneca.

Esta tendencia senequista fue general en los humanistas españoles de la época. En Castilla, una gran parte de la obra literaria de Íñigo López de Mendoza era senequista: Doctrinal de privados; Proverbios; Diálogos de Bías contra Fortuna; Doctrinales; Comedieta de Ponza.

Fernán Pérez de Guzmán aprendió italiano a partir de la Divina comedia de Dante. Estuvo influenciado por el humanista y amigo suyo Alfonso de Cartagena y por la filosofía estoica al que pertenecía Séneca, cuya inspiración dio como resultados los libros Floresta de Filósofos, Libro de Job y Proverbios.

Enrique de Aragón poseyó una biblioteca con un registro de 146 autores distintos, con predominio de las obras de Séneca o de Cicerón. Sus Consolatoria es una imitación de las Consolaciones de Séneca, y su libro De los doce trabajos de Hércules es una interpretación de los mismo desde una perspectiva estoico-senequista.

BIBLIOTECA REAL DE EL ESCORIAL

3.
LA IMPRENTA

El gran impulso para la formación de bibliotecas fue la invención de la imprenta, en un momento en el que la sociedad prerrenacentista de Europa se estaba interesando en la posesión y lectura de libros. 
Aunque el descubrimiento de Juan Guttenberg tuvo lugar hacia 1436, no se llevó a la práctica hasta que recibió el apoyo financiero de sus socios Juan Fust y Pedro Schoeffer, que le permitió publicar los primeros incunables, entre ellos la Biblia de 42 líneas o Biblia Mazarina, considerada como el primer libro impreso.

Los letrados y humanistas españoles fueron los grandes impulsores y beneficiarios de este revolucionario instrumento de difusión cultural. La primera imprenta española fue instalada en Valencia, en 1474, e inmediatamente después llegaron a otras ciudades: Zaragoza y Barcelona (1475), Sevilla (1476), Lérida (1479), Mallorca y Salamanca (1480), Guadalajara, Zamora, Gerona, Toledo y Huete (1482), Tarragona (1484), Murcia (1487), Pamplona y Valladolid (1492), Granada (1496), Alcalá de Henares (1502), Santiago de Compostela (1504), Medina del Campo (1511).

Alguna ciudades llevó a tener varias imprentas, debido a que tenían una agitada vida universitaria y cultural. Por ejemplo, Salamanca instaló las presas de Domingo Portinariis y Alfonso de Neila, entre otras; el Colegio de San Esteban tuvo su propia imprenta, dirigida por Antonio y Andrés Reatenaut. Los hijos de Antonio de Nebrija también emprendieron el negocio editorial mientras el gran latinista impartía su cátedra de Retórica en la Universidad salmantina, de hecho sus Introductiones latinae fueron la segunda obra impresa en esta ciudad.

En Alcalá de Henares alcanzaron cierta fama las imprentas de Miguel de Eguía y de Sancho de Ezpeleta. También en Valencia, Valladolid y Zaragoza se instalaron varias empresas de impresión de códices.

IMPRENTA RENACENTISTAS ESPAÑOLA

4. LA PROSA ROMANCE

Un aspecto que ayudó al despertar del Humanismo en España fue el desarrollo de la prosa romance. Tres escritores aportaron al idioma castellano un fuerte impulso en el siglo XIV:

1. el arcipreste de Hita, Juan Ruiz, autor del Libro del buen amor

2. el infante Juan Manuel, con su libro Conde de Lucanor se adelantó a la literatura didáctica del siglo XV

3. el canciller Pedro López de Ayala, autor del Rimado de Palacio y traductor de Boccaccio

Estos tres escritores dominaron el panorama literario del siglo con una personalidad y originalidad de fomentó un nuevo ambiente cultural. Su sensibilidad estuvo basada en una presencia personal de sus sentimientos y opiniones, aportando una especie de autobiografía a sus producciones, en claro contraste con el impersonalismo medieval. En el caso de López de Ayala, su literatura íntima parece anticipar la creación de nuevas corrientes. Aunque no desaparece el tono didáctico de la época anterior, se trata de un didactismo de amplio carácter moral, muy alejado del tono eclesial y casuístico propio del Medievo.

El crítico literario Ángel del Río se refirió a este fenómeno en su Historia de la literatura española:
"Aunque la literatura se supedita hasta hasta cierto punto a un propósito didáctico, el didactismo adquiere signo distinto. No va encaminado ya a la propaganda religiosa (menester de clerecía), o a la divulgación científica (obra alfonsina), sino al adoctrinamiento del hombre, sea en situaciones vitales y hasta íntimas, sea en si trato con los demás (amor, amistad o enemistad) o con la sociedad. Un didactismo de enorme amplitud comparado con el anterior, en el que caben los jocundos consejos de Arcipreste a los enamorados, el moralismo intelectual de don Jua Manuel y la severidad ascética de Ayala."
JUAN RUIZ, JUAN MANUEL Y PEDRO LÓPEZ DE AYALA

REGENERACIONISMO ESPAÑOL DE JOAQUÍN COSTA


Joaquín Costa fue un político, historiador, jurista, economista, abogado del Estado y defensor del Socialismo y Reformismo agrario. Considerado el mayor representante del movimiento intelectual decimonónico Regeneracionismo español.

REGENERACIONISMO ESPAÑOL POR JOAQUÍN COSTA

Joaquín Costa Martínez nació en Monzón, provincia de Huesca en 1846. Era el hijo mayor de una modesta familia de labradores, por lo que tuvo q trabajar en varios oficios manuales para pagarse sus estudios de bachillerato. Gracias a la generosa ayuda de un tío suyo, pudo cursar Magisterio Superior, Delineante y Agrimensor.

Pensionado por la Diputación Provincial de Huesca, en 1867, visitó la Exposición Universal de París. Entonces, permaneció dos años en Francia como maestro particular. Esta estancia en el país galo le sirvió para ensanchar su horizonte cultural y adquirir conciencia, por analogía, del atraso de su propio país, sin llegar a convertirse en un afrancesado.

De nuevo en España, y tras cumplir el servicio militar, cursó en Madrid las carreras de Derecho y de Filosofía y Letras, de forma simultánea. Obtuvo la licenciatura de ambas en 1873, y el doctorado con premio extraordinario en 1875. Durante esta etapa universitaria, se vinculó al Krausismo, del cual "tomó la idea de la primacía de la sociedad frente al Estado", como señaló Rafael Pérez de la Dehesa en un estudio biográfico.

JOAQUÍN COSTA MARTÍNEZ

En los siguientes años, trabajó primero en el Cuerpo de Notarios y después en el Cuerpo Superior de Abogados del Estado en varias ciudades: Granada, Jaén, Cuenca y Huesca. Escribió sus primeras obras: La vida del Derecho, Cuestiones celtíberas: religiones, organización política, civil y religiosa de los celtíberos, y Derecho consuetudinario del Alto Aragón.

De nuevo en Madrid, fue profesor auxiliar en la Universidad Central de Madrid, cargo al que renunció en protesta por la política educativa de la Restauración, junto a Francisco Giner de los Ríos y otros catedráticos.

Desde 1880, fue miembro de la Institución Libre de Enseñanza, dirigiendo su Boletín, dando clases y participando en el Congreso Pedagógico Nacional de 1882. La Institución era una organización educativa de carácter laico, inspirada en la filosofía del alemán Karl Krausse.

En 1881, publicó su trabajo sobre los orígenes del derecho consuetudinario español en su libro Introducción a un tratado de política textualmente de los refraneros, romanceros y gestas de la Península. Una obra de contenido jurídico que fue ampliada, años más tarde, en 1887, en su Plan de una Historia del Derecho español en la antigüedad.

Colaboró en la Revista de España, en la Revista General de Legislación y Jurisprudencia y en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, donde presentó sus Estudios jurídicos y políticos y su Teoría del hecho jurídico individual y social.

Tomó parte de varias conferencias africanistas y abolicionistas, planteando su visión de El comercio español y la cuestión de África, libro publicado en 1882. Dirigió el Congreso Español de Geografía Colonial y Mercantil, en 1883. Cofundó la Sociedad de Africanistas y Colonialistas que organizaba las expediciones al África occidental y ecuatorial. Y colaboró en la Revista de Geografía Colonial, entre los años 1885 y 1887.

escultura Joaquín Costa grupo escolar Zaragoza
ESCULTURA DE JOAQUÍN COSTA

Una progresiva enfermedad de atrofia muscular le hizo regresar a su villa natal Graus para recuperarse. A pesar de todo, organizó a la Liga de Contribuyentes de Ribagorza, en 1891, que derivó en movimiento político de inclinaciones sociales. Como miembro de esta Liga participó en varias campañas por todo el Alto Aragón, a partir de 1892, con el fin de potenciar la producción agraria gracias al regadío y mediante obras hidráulicas que, según su opinión, debía hacer el Estado. Esta organización regional se transformó en la Cámara Agrícola del Alto Aragón. Otro de sus actos fue la asistencia al Congreso de Jurisconsultos Aragoneses, en Zaragoza.

Estuvo en contacto con la Extensión Universitaria y fue presidente de la sección de Ciencias Históricas, Morales y Política del Ateneo de Madrid, en 1895.

En 1898 ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas con un discurso sobre El problema de la ignorancia del Derecho y sus relaciones con el status individual, el referéndum y la costumbre. Y en años siguientes estudió temas jurídicos relevantes como Derecho consuetudinario y economía popular en España, en 1902.

OBRAS DE JOAQUÍN COSTA

Mediante sus mensajes a las Cámaras Agrarias aragonesas consiguió la creación de una Asamblea Nacional de Productores, en 1899. Esta entidad política alió con las Cámaras de Comercio, lideraba Basilio Paraíso Lasús, y con la Liga Agraria, formada por las clases propietarias castellanas dirigidas por Santiago Alba Rico. Y fruto de la suma de estas tres organizaciones se fundó la Unión Nacional, en 1900. Era un nuevo partido político popular muy crítico con el sistema de la Restauración canovista. Esta propuesta tripartida resultó demasiado heterogénea en su ideología, haciendo perder a muchos militantes al republicanismo.

Aunque en la Unión Nacional estaban contempladas las ideas de Joaquín Costa, este aceptó un cargo en el Directorio y redactó el mensaje protesta al Congreso de los Diputados, que se publicó en la prensa el 1 de abril de 1900. Su intento de organizar manifestaciones a la calle fue infructuoso, ya que se prohibió la de Madrid y se suspendieron las demás de forma interna.

La siguiente estrategia política fue debatida: Lasús pugnó por acciones directas como una huelga de contribuyentes, mientras Costa creyó improbable un alto seguimiento de esa acción por los trabajadores. Costar era más partidario de ejecutar una estrategia de educación al pueblo y trabajo dialéctico. El enfrentamiento entre posturas contrarias hizo que Costa abandonase el directorio del partido. Además, Alba Rico y sus gremios madrileños también se alejaron de Lasús. La Unión Nacional se desintegró por la tensión entre los intereses populares y los corporativos. No obstante, todavía en abril de 1901, celebró un mitin en Barcelona y, tanto Costa como Lasús aseguraron sendos escaños de diputados liberales para la siguiente legislatura.

escultura Joaquín Costa Zaragoza lápida Madrid
ESCULTURAS DE JOAQUÍN COSTA

Afectado profundamente por el fracaso de la Unión Nacional, Costa continuó atribuyendo responsabilidades por la situación española a la propia Monarquía en Quiénes deben gobernar después de la catástrofe. Reconstrucción y europeización de España.

Costa percibió que el poder, tal como estaba configurado, no acometería nunca reformas regeneracionistas. En este empeño, Costa se hallaba completamente solo, aún soñaba con fundar un partido de intelectuales, más que de activistas callejeros. Pero finalmente, ingresó en la Unión Republicana, en 1903, que estaba liderada por Nicolás Salmerón, un antiguo compañero en la Institución Libre de Enseñanza de ideales reformistas y krausistas.

Aquel año ya estaba de vuelta en Madrid, ocupando una plaza de notario y preparando su gran obra Colectivismo agrario, con una visión mucho más política y científico-social que sus anteriores más jurisconsultas.

En adelante Joaquín Costa fue con frecuencia portavoz y jefe de fila de quienes propusieron una respuesta mucho más efectiva, objetiva, positiva y activa a los graves problemas de España que la propuesta por la Generación del 98. Aun así, su lucha contra frente el sistema del turno de partidos de la Restauración, y su denuncia de las torpezas y egoísmos de los políticos no obtuvieron repercusión alguna.

En 1904, fue elegido diputado republicano a Cortes, sin compadecer en el Parlamento de forma habitual, en momentos en que había perdido casi del todo la esperanza de regenerar a España. Pero fue entonces cuando propuso un "cirujano de hierro" que acometiera las reformas de urgencia que necesitaba España para escapar de la decadencia, cirujanos que mucho más tarde fueron Miguel Primo de Rivera y Francisco Franco.

CARICATURAS DE JOAQUÍN COSTA

Su fracaso político le radicalizó verbalmente, acercándose en sus últimos años al Socialismo. Harto de las decisiones e intrigas de Alejandro Lerroux y otros correligionarios, rompió con Unión Republicana, en 1906, retirándose definitivamente a Graus.

Tan solo salió de allí en 1908 para manifestarse en contra del Proyecto de Ley Antiterrorista que prepara el presidente Antonio Maura. Siguió protestando contra otros proyectos gubernamentales y ofrecer sus Siete criterios de gobierno, por lo que fue llamado el "León de Graus".

En 1910, se adhirió al Centro de Estudios Históricos, proyectado por Francisco Giner de los Ríos, Eduardo de Hinojosa y Naveros y José Castillejo Duarte.

Su muerte provocó una gran convulsión nacional. Fue enterrado en Zaragoza ante la oposición que mostró el pueblo aragonés al traslado de sus restos en el futuro Panteón Nacional; además, los políticos monárquicos no deseaban un entierro multitudinario capaz de presentarse como un plebiscito contra el sistema.

Joaquín Costa Academia Ciencias Morales Políticas
ESCULTURA DE JOAQUÍN COSTA
EN LA ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS

En 1911, aparecieron todos sus discursos y escritos sobre política hidráulica. La obra de Joaquín Costa es tan compleja y polifacética como su vida, era un hombre tan culto como dotado de un gran sentido práctico. Sus textos están sembrados de citas cultas y vehementes, expresadas en un estilo de rica, bella y versátil oratoria, casi romántico, cuyos lemas fueron "Escuela, despensa" y "Siete llaves para el sepulcro del Cid". Escribió además dos novelas didácticas: Justo de Valdediós y Último día del paganismo, que fue inconclusa.

Fue el máximo representante del Regeneracionismo español, gran movimiento intelectual que pretendía revertir el profundo estado decadencia que llevaba sufriendo la España de su tiempo.

En su pensamiento político, económico y social sobresalen tres rasgos esenciales: su preocupación por los problemas sociales, su amor a España y su propósito de transformar la nación de forma integral a través de un proceso de reformas.

Los aspectos socialistas en el Regeneracionismo español que defendió Joaquín Costa Martínez influyeron ampliamente en el pensamiento de José Ortega y Gasset durante su juventud.

Oligarquía caciquismo España Joaquín Costa
OLIGARQUÍA Y CACIQUISMO POR JOAQUÍN COSTA

Desde el Ateneo de Madrid realizó una espectacular encuesta en colaboración de muchas grandes figuras de la cultura y la sociedad española (desde Miguel de Unamuno a Emilia Pardo Bazán) para redactar información para su gran publicación: Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España. Urgencia y modo de cambiarla, del año 1901. Era una enérgica y documentada denuncia de la corrupción establecida en el sistema político canovista de la Restauración monárquica.

Así, en la presentación de su Oligarquía y caciquismo en el Ateneo madrileño, exigía:
"... fundar improvisadamente en la Península una España nueva, es decir, una España rica y que coma, una España fuerte y que venza, una España, en fin, contemporánea de la Humanidad que al trasponer las fronteras no se sienta forastera, como su hubiera penetrado en otro planeta o en otro siglo."
Para Joaquín Costa era muy necesario acabar con el régimen oligárquico y caciquil que dominaba en España, una transformación en la que también incluyó a los partidos políticos, a los que definió como "facciones, banderías o parcialidades de carácter marcadamente personal". El remedio contra "el gobierno de los peores" pasaba por la movilización y el fomento del denominado "auto-gobierno" y de la conciencia cívica y democrática de las fuerzas vivas de la Nación española. Mientras no se cumpliesen estos requisitos, "no seremos, ni con Monarquía ni con República, una Nación libre, digna de llamarse europea".

Propuso un programa de reformas que abarcase desde la "educación nacional" y la "colonización interior" a las infraestructuras estatales y la "desafricanización y europeización de España". Sus planteamientos eran algo revolucionarios para la mentalidad de la época, pero siempre tuvo claro que habría que establecerlos por vías legales y en proceso. Si era necesario se debían implantar mediante un "cirujano de hierro" dotado de amplios poderes, aunque en modo alguno ilimitados y no sujetos al control de los órganos legislativos. Esta idea le generó que algunos le acusasen de querer imponer un sistema dictatorial.

En Oligarquía y caciquismo, Costa aprobaba un sistema "Neoliberalismo orgánico, ético y sustantivo", alejándose de lo denominó como "Liberalismo abstracto".

Joaquín Costa amigos fotografía
JOAQUÍN COSTA Y AMIGOS

El historiador español Alberto Gil Novales ha visto con claridad la gran contradicción de Joaquín Costa en este trabajo: denunciaba desde dentro el mismo sistema político que pretendía destruir. Además, la información que utilizó en su obra no excluye a los caciques y oligarcas en cuanto a hombres representativos de la cultura de su época.


Como resumen definitivo de la encuesta, Costa elaboró un programa de enunciados prácticos, casi su testamento político, en el que mezclaba grandes estrategias y algunas observaciones menores, casi comarcanas:
1. Cambio radical en la aplicación y dirección de los recursos y energías nacionales.
2. Reforma de la educación en todos sus grados.
3. Abaratamiento rápido del pan y de la carne.
4. Un sistema nuevo de comercio.
5. Mejoramiento de los caminos de herradura.
6. Suministro de tierra cultivable.
7. Legislación social.
8. Sanear y europeizar la moneda.
9. Creación de un poder judicial digno.
10. Municipalización de servicios públicos y de ciertas industrias y comercios.
11. Renovación del liberalismo abstracto y legalista imperante.
12. Renovación de todo el personal gobernante.

COLECTIVISMO AGRARIO EN ESPAÑA POR JOAQUÍN COSTA

De origen campesino y conocedor de las miserables condiciones imperantes en la España rural, era lógico que se ocupase de la problemática del entorno agrario, lo que hizo especialmente y de forma extensa en su libro Colectivismo agrario en España. Doctrina y hechos, publicado en 1898. Se trata de una amplia historia económica de los sistemas de propiedad y sus diversas modalidades, desde los cotos a las tierras concejiles y comunales, las formas de explotación, etc., remontándose hasta los primeros momentos de la Romanización.


Con notable agudeza, abordó el control sobre el agua y sus diversas formas de propiedad, de las cofradías pesqueras, etc., describiendo la gran tradición de colectivización agraria en España, desde Alonso del Castrillo (siglo XVI) hasta Álvaro Flórez Estrada (siglo XIX). Insistió en los beneficios que podría obtener el sector agrario si el Estado se implicase en el desarrollo de un plan de irrigación de agua sobre los campos de cultivo.

Realizó una dura crítica de la destrucción de los sistemas de propiedad comunal y otras prácticas de ancestrales, que describió muy documentadamente, debido a las amortizaciones que había efectuado el Estado liberal sobre el entono rural el siglo XIX.

Retrato Joaquín Costa pintura Victoriano Balasanz
JOAQUÍN COSTA MARTÍNEZ, POR VICTORIANO BALASANZ

Exponía su sistema de producción y distribución de la riqueza a medio camino
"entre los dos sistemas extremos comunistas e individualistas, en cuanto declara propiedad común o social los instrumentos de trabajo, o sea de producción, pero deja los productos bajo el régimen de la propiedad individual". Aplicado al problema agrario, de los propietarios del suelo y de las clases campesinas, esto significa que la tierra no puede ser propiedad exclusiva de nadie y tiene que permanecer en manos colectivas.

Costa olvidó casi por completo el mundo industrial, y sus propuestas reformadoras agraristas eran muy poco revolucionarias. Pero globalmente se trata de una clara propuesta modernizadora, de mejoras legales e institucionales, europeizadoras.

Más que exponer sus propios puntos de vista, la obra de Costa constituyó una exposición y reivindicación de las doctrinas sociales y comunitarias de los grandes humanistas, teólogos y arbitristas de los siglos XVI y XVII, una apología que extiende a los ilustrados Arana, Campomanes, Olavide y Floridablanca, así como a Flórez Estrada y otros teóricos del siglo XIX. En este contexto, hizo crítica a Jovellanos por su "fanatismo individualista".

Retrato Joaquín Costa pintura Victoriano Salazar
JOAQUÍN COSTA MARTÍNEZ, POR VICTORIANO BALASANZ

En
Reconstitución y europeización de España, de 1900, resumía su programa político-económico: que España sea rica para todos, antes que pensar en repartir la miseria común; y por europeización entendió predominantemente la transformación del espacio físico económico de España: repoblación forestal, canales y pantanos, regadíos; y revolución de la agricultura y de toda su producción.

En La fórmula de la agricultura española, reiteró su preocupación por la situación agraria, obrera y social de España. En defensa por las clases humildes expresaba con estas palabras su indignación:
"Los labradores y braceros del campo, los menestrales, obreros de la industria y proletarios, que son en España más diecisiete millones y medio, han pagado con ríos de sangre y de oro, en cien años de guerra, la civilización que disfruta el medio millón restante."
Por su acentuada visión negativa sobre la historia de España, se generó algunos enemigos que le calificaron de mal español o anti-patriota. Nada de eso si se tiene en cuanta su prólogo en el libro Juan Corazón, de R. Sánchez Díaz, en el que escribía:
"Como Fitche creía en la eternidad de la raza alemana, creamos nosotros aún en la eternidad de la raza española."
Incluso hacía apología a la expansión de la raza española por ejemplo en África, como contrapeso material y moral a la expansión de la raza anglosajona, como declaró en el discurso inaugural de un Congreso de Geografía Colonial:
"Como hace falta que un hemisferio se contraponga a otro hemisferio para asegurar el equilibrio material del astro, la Humanidad terrestre necesita una raza española grande y poderosa, contrapuesta a la raza sajona, para sostener el equilibrio moral en el juego infinito de la historia… Por esto os digo, señores, no ya por impulsos de vanagloria, no ya por sugestiones del patriotismo, mas por altos deberes de Humanidad estamos obligados a fomentar el crecimiento y la expansión de la raza española."
Todo esto fue dicho en un momento de pesimismo patrio tras el Desastre de 1898, y la pérdida de las últimas provincias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) durante una guerra contra Estados Unidos.

Costa expuso su visión nacionalista e, incluso, mesiánica, de España. En momentos de euforia patriótica, llegó a asignar a la raza española un papel primordial en la historia de la Humanidad según la providencia.

Un contemporáneo suyo, el filósofo Miguel de Unamuno le calificó de "archiespañol". En un discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid en febrero de 1932, le relacionó con "nuestros sinceros, ingenuos y castizos tradicionalistas españoles".

PANTEÓN JOAQUÍN COSTA